A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

¡¿Por unas moras?! Parte II
— ¡Koréen! ¡¡Koréen!! Sabía que había alguien gritando su nombre a su espalda, pero no iba a girarse, no iba a detenerse, seguiría corriendo hasta llegar a un lugar en específico. “no estamos lejos de las cuevas” “estas moras pueden ser un día más para un guerrero como yo” Se lo repetía una y otra vez mientras se internaba sin rumbo entre los árboles, podía oír el bullicio de la pelea a sus espaldas, los gritos de aquella mujer enloquecida y las corrientes violentas de aire que golpeaban su espalda. — ¡¡Koréen ve más despacio, te vas a perder!! Solo una mirada, se permitió solo una mirada hacia atrás encontrándose con el rostro angustiado de Rosario a unos cuantos pasos de distancia, tratando de alcanzarla mientras que a poco de ella unos ojos hambrientos en sangre se camuflaban entre las sombras del bosque, poco antes de que los arboles cedieran ante el filo de un arma, de una alabarda. Koréen apretó los dientes, así como el pequeño puñal, su punta era una burla como para usarla de arma y aquel demonio de mujer iba tras sus pasos, podía oír los llamados angustiados de Rosario a cada paso que daba, el grimorio chocaría contra su cadera una y otra vez al saltar sobre las raíces elevadas, solo ahí sabría que estaba más cerca de su plantío. Los arboles a su alrededor parecían apiñarse uno sobre otro, impidiendo el paso, pero siempre dejando un angosto recoveco por lo que pasaría, solo en uno sintió como sus trenzas parecían engancharse con algo, tirándola al piso con fuerza, con el sabor de la sangre en su garganta cerraría los ojos en un intento de tomar fuerzas. Gritando cuando era jalada hacia atrás, por el piso, de su cabello, zarandeo su brazo con el pequeño puñal, chocando en algo suave, pero correcto para lograr librarse de su captor. Ya no miro atrás, se levantó entre tropezones y siguió corriendo por los recovecos de la arboleda, notando al final de tantos una luz enceguecedora, antes de ver el pequeño tragaluz junto a su plantío. — ¡¡Huye, corre!! Saliendo del ultimo recoveco tropezaría para caer de frente al plantío, solo ahí daría una mirada hacia atrás, donde Rosario se había atorado entre dos árboles, dejando solo el paso a una de sus manos que agitaba en desesperación. — ¡¡Huye, huye!! Rosario gritaría antes de desaparecer en la arboleda, si la habían alcanzado, no lo sabía y de forma asombrosa un grueso tronco se deslizo hasta cubrir la figura de Rosario; Koréen solo podía ver aquello, mientras jadeaba, antes de arrastrase en el suelo dando pequeños gritos. Su plantío; las hojas, los tallos, las flores, se retorcían a su alrededor con suavidad, casi como una caricia, algunos se envolverían en sus tobillos para luego rozar sus pies. En la carrera había perdido uno de sus zapatos. El plantío parecía recibirle con alegría y ante sus ojos una enorme enredadera se arrastró hasta cubrir por donde había entrado, dejando a la visto los huesos blancos de lo que sería el oso que había visto antes. Koréen retrocedió un poco más, aterrorizada por lo que veía. Pero parecía que aquel lugar le tenía cierto afecto ¿tal vez porque pensaban que las había alimentado con aquel oso? las enredaderas no se comportaron violentas, algunas bordeaban sus raspones como si tratasen de calmarle. Buscando en sus manos ya no tenía ni la bolsa ni el puñal, tartamudeando con torpeza por ambos objetos, el plantío le respondería dejando caer sus hojas sobre su cabeza antes de reptar por la superficie y sacar a relucir la bolsa Dolphin, pero esta vez repleta de moras. Dejando la bolsa a sus pies las enredaderas empujaron a Koréen a ponerse de pie, librando el paso para que ella pudiese andar sin pisarlas, dejando un camino de hierba crecida que conducía hacia el interior de la caverna, que cuando Koréen le diese una mirada confundida, su interior parpadearía a causa de puntos de luz, de luciérnagas. El suelo bajo sus pies vibro y dentro dela caverna el eco trajo a sus oídos el sonido de la batalla. — ¡¡Gracias!! — gritó, tomando la bolsa para cerrarla y convertirla de nuevo a su pequeña apariencia, corrió en dirección del tragaluz, saltaría para no caer como antes y correría por los pasajes mientras las luciérnagas alumbraban su camino, mirando por encima de su hombro creía haber visto como las hojas se despedían con un suave movimiento, como si estuviesen entristecidas ¿o tal vez fue el viento? Un nuevo retumbar atrajo su atención al frente Reconocía aquel sonido, la lucha se estaba dando en la entrada, donde había encontrado una vez a Alecksz y esta vez deseaba poder llegar un poco antes. — Solo un poco más— se convenció, aferrándose a la pequeña bolsa. Fuera de la caverna Alecksz se apoyaba en la espalda de Kiara, al llegar al diez habían corrido en direcciones contrarias, Koréen se había metido entre los árboles y Rosario siguió sus pasos al instante, ignorando el llamado por parte de Kiara. Quedando solo aquel par corrieron en dirección contraria a aquellas dos, llevándose con ellos a los guerreros. Aquella mujer había decidido seguir los pasos de Koréen. —Me lleva— maldijo, habían intentado regresar sobre sus pasos, pero los guerreros los habían llevado hasta donde estaban, atacando por los costados, no de forma letal…parecía como si estuviesen arriando ganado. — Cuidadito que pueden ser tus últimas palabras— dijo Kiara, dando un pequeño empujón al hombre encaraba a la otra parte de guerreros, no les atacaban, pero parecía que su paciencia estaba al borde o el tiempo se agotaba haciendo más pequeño el círculo que les rodeaba. — me vas a deber una ¿me oíste? Kiara siseo las últimas palabras, mientras su respiración se aceleraba las marcas en su piel se iluminaron y oculto en la pañoleta de su cadera la luz empezaría a salir como pequeños rayos a la par de que sacaba una hoz de filo curvo unido a una cadena gruesa que caería al suelo como peso muerto. El rostro de Kiara palidecería mientras se tambalea débilmente, quedándose segundos en la espalda de Alecksz antes de volver a tomar su postura erguida, algo que en Alecksz causo asombro fue notar como su piel tan abundante de runas ahora estaba limpia, casi vacía. — Espero que tengas un maldito plan— Kiara se apoyó en su pierna izquierda, dejando correr la cadena en su mano y solo sujetando la punta, empezando a girarla sobre su cabeza hasta que adquiriese una velocidad considerable. Alecksz empezó a retroceder con lentitud hacia las cavernas, sabe que si se metía ahí ellos no podrían seguirle los pasos, pero de forma extraña, a sabiendas de la presencia de Kiara a solo unos centímetros de él, cuando dio un paso más cerca de la entrada vio como la figura de Kiara se alejaba. De la misma forma, Kiara había visto desaparecer y aparecer a Alecksz, maldiciendo por lo bajo concentro su ataque en los guerreros ya desesperados que se acercaban al radio de su hoja. Alecksz vio el interior de la caverna por segundos antes de maldecir y volver junto a Kiara, mientras algunos de sus atacantes pasaban por debajo del radio de daño, él se encargaría de asestarles una estocada. Pronto el chillido del ave los alertaría, Kiara vería al cielo esperanzada por encontrar al ruiseñor de madera en este, bajaría la velocidad de la cadena mientras Alecksz vería por el rabillo del ojo salir a Koréen de la caverna. Los soldados se distraerían un segundo al notarla y dirigirían sus armas a la entrada de la caverna. Del borde del campo saldría a la luz la figura de Cyara, blandiendo en el aire su alabarda para atravesar la pequeña ave de madera. — ¡¡No!! — la voz de horror de Rosario se escucharía en el campo de batalla, se había arrojado a la espalda de Cyara, logrando que fallase en su ataque. Cyara no mediría su furia y tomaría de las ropas a Rosario lanzándola a sus pies, pisando su torso con fuerza una y otras vez. — ¡¡Rosario!! — gritó Kiara, retomando la cadena en su mano la giro diagonalmente abriéndose paso entre los atacantes, quien se acercase demasiado terminaría sin un pedazo de carne. Y así paso, en breve, sus pequeñas vueltas acarreaban hilos de sangre acompañadas de gritos funestos. — ¡¡Rosario!! — llamo Kiara, siendo frenada por los hombres, podía quitar uno que otro, pero en multitud solo podía defenderse. Busco hacia atrás a Alecksz con la intensión de pedir ayuda. Encontrándolo al nivel de Koréen, es decir, ya lejos de ellas. — ¡¡Rosario, hazlo!! Las patadas que había recibido Rosario la habían dejado debilitada, su cuerpo no estaba acostumbrado a la lucha y la debilidad la había embargado, con las pocas fuerzas que logro reunir atrapo el pie de Cyara, envuelto en su armadura; apretó los dientes con fuerza mientras que de sus manos el fulgor que caracterizaba a sus ojos se extendió con violencia sobre la superficie por unos breves segundos. Rosario gritaría en agonía cuando la gema de su frente pronunciaría un chasquido agudo, parecía que se había roto. Cyara retrocedía por la fuerza de impacto, para tambalearse y apoyarse en su alabarda mientras su rostro se desfiguraba en rabia viendo como Rosario se arrastraría por el suelo, aferrándose a la maleza con tal de alejarse de ella. — ¡¡Vámonos!! — Alecksz gritaría en el oído de Rosario, no solo sorprendiéndola, sino activando su Don de forma involuntaria. Su cuerpo se iluminaria, las runas de su piel caerían hacia el suelo antes de que un circulo de luz se extendiéndose a pocos metros de donde Rosario se encontraba. Sin poder frenarlo, Kiara vería el rostro indiferente de Alecksz, que sostenía a Koréen de su cintura y por lo visto la había jaloneado, casi arrastrado a donde estaba ella. El sello ya casi formado alertaría a los guerreros por una amenaza desconocida, quedándose fuera del mismo y preparándose para el siguiente ataque. Cyara se apoyaría en la alabarda antes de levantarla en el aire, ella ya había entendido que sucedía. — ¡¡Rosario!! — llamaba insistentemente, en su piel ya casi no quedaba mancha alguna y sus venas se marcaban pulsantes en la misma, a simple vista doloroso. La mencionada tropezaría antes de ponerse en pie y unos segundos antes de que el sello se iluminase por completo, Alecksz aferró con fuerza su mano a la cintura de Koréen mientras veía como Rosario daba un último salto inútil hacia ellos. El resto fue bañado por la luz antes de desaparecer.
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