A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

¡¿Por unas moras?!
Koréen soltó un grito antes de tomar el grimorio y usarlo como escudo contra las flechas. El campo de fuerza del libro se accionaria cuando chocasen, la barrera eléctrica la rodearía por segundos antes de causar una explosión. Koréen caería sobre su trasero sintiendo sus manos entumecidas por la descarga y el metal de las flechas se deformaría hasta convertirse en una masa amorfa. — maldición— podía oír a alguien maldecir mientras la electricidad remanente en sus manos se extendía por su cuerpo hasta forma un tic nervioso en su rostro. El hilo de su muñeca se tensaría antes de que el chillido agudo del ave ensordeciese a Koréen, quien solo atino a cubrirse las orejas mientras el bosque respondía a aquel llamado con un nuevo ataque, una oleada de flechas saldría de ambos lados del camino con obvio objetivo de choque. Koréen no lo dudo y se aferró al grimorio, pegando su cuerpo lo más que podía al libro, cerrando los ojos para entregarse a la corriente de la barrera, así como al choque de la misma con las flechas; gritando entre dientes cada vez que una descarga eléctrica recorriese su cuerpo creyó oír el llamado de su nombre a la distancia. El ave seguía emitiendo su chillido como una bocina, el sonido era tan agudo que incluso Alecksz y el otro par se cubrieron los oídos mientras recorrían la distancia que les separaba de Koréen. Para cuando una nueva ola de flechas se dirigía a atacarle, Alecksz había desenvainado su espada, interferiría el ataque, ya que, a sus ojos, una descarga más seria posible para cocinar el cuerpo flacucho de Koréen. Estando solo a un par de pasos de ella un circulo en el piso de luz brillante se adelantó hasta rodear la posición de la castaña, seguido de símbolos rúnicos incompletos para ser encerrados en otro circulo de luz; el primero giraría a la derecha, el segundo iría a la izquierda mientras las letras se contraerían para luego expandirse sobre si mismas, imitando una pulsación. A sabiendas de que Kiara y Rosario estarían a sus espaldas, Alecksz dirigió el filo de su espada al hilo de la muñeca de Koréen, encontrando cierta resistencia a ser cortado, así como un tirón del cuello de su camisa que lo llevaría un paso hacia atrás. ¿El resto? Su visión se vería cegada por la luz incandescente proveniente del sello, lo que sabía era que estaba en el camino, en medio de un ataque y al segundo siguiente estaba rodeado por la vasta vegetación que rodeaba los bordes de las cavernas ¿Cómo no distinguirlo? Antes, su equipo había recorrido aquella zona hasta el cansancio, tratando de encontrar una entrada a las cuevas. Tal era el choque en sus ideas que palmeo su rostro buscando sus anteojos, preguntándose si los había extraviado y ahora no veía nada. — Demonios— la voz de Kiara le alertó, sentándose de golpe noto que aún tenía su espada en mano, dirigiéndola hacia la figura agazapada de la mujer con clara amenaza. — ¿Qué demonios te has creído? Aleja esa cosa de mí. Alecksz no bajo la guardia, dando una mirada rápida a su entorno notaria la falta de dos cabezas, la de Koréen y la de Rosario. — ¿Dónde está? — Alecksz se pararía y con el filo de su espada apuntaría al cuello de Kiara, esta solo le sonreiría en burla, divertida de su comportamiento hablo con hastió. — Gracias a ti no tengo idea ¿Qué crees que era ese maldito hilo? Aparecieron en La Plaza atrayendo problemas y esa chica parecer ser un imán para ellos, debía de ser solo una maldita señal para encontrarla si se perdía. — Alecksz mostro sorpresa en su rostro, no por las palabras de Kiara, sino por la apariencia que daba esta. Estaba sentada en la maleza, levantaba su rostro para ver con burla a Alecksz, sacando a relucir una horrorosa cicatriz, donde antes un mechón de pelo la ocultaba estaba la piel oscurecida de una profunda marca que cubría desde su frente, pasaría a través de su parpado y desaparecería en su mascarilla. No era un experto, pero tal vez su ojo bajo esas marcas había quedado inútil. Kiara no tardo en notar la mirada de Alecksz sobre su marca, tapándosela con la palma de su mano mostro enojo por primera vez. — ¡Que estas mirando! ¿¡Te divierte o que!? — ella empujaría la espada a un lado para intentar ponerse de pie, fracasando al segundo siguiente, cayendo sobre sus rodilla con un sonido seco. Kiara se agacharía sobre sí misma en un intento de soportar el dolor y sisearía un sinfín de maldiciones a todo lo que le rodeaba. — Rosario debería estar cerca El hombre no podía decir si era una pregunta o una afirmación, dando una mirada a sus alrededores para volver a la marchita Kiara notaria algo más; la pañoleta que colgaba de sus caderas se había caído mostrando un pequeño mecanismo de madera en su muslo. Kiara tenía parte de su muslo y pierna convertidos en un mecanismo de madera, tendría hilos como el ave que había visto antes, pero a diferencia de este, en los extremos aún existía carne y al parecer el dolor de Kiara provenía de ahí. — Escucha bien— jadeo, apoyándose en el piso intento nuevamente levantarse— no te metas con los Dones de los demás o esto va acabar muy mal. El bosque entraría en silencio, no por las palabras de Kiara sino por la presencia de una amenaza mayor, ambos podían sentirlo, algo les asechaba desde las sombras, algo dispuesto a matarles y como algo auspiciado, de los rincones entre los arboles figuras erguidas, envueltas en capas salieron con sus cascos dorados, rodeándolos. No muy lejos de ahí, Koréen abría sus ojos con lentitud, un molesto zumbido se situaba en sus oídos, pero creía oír que alguien le llamaba insistentemente. Cuando sus ideas se acomodaron notó que estaba a unos metros del suelo. Para ella ya era habitual despertar en un lugar y no tener idea de que había sucedido, por lo que solo miro a lo que le sujetaba. El pequeño ruiseñor de madera la miraba desde una rama cercana, ahí supo que debía estar en un árbol, con sus extremidades apresadas notaria que los hilos de su peculiar cometa se habían envuelto alrededor de sus brazos y enredado en las ramas más bajas. — ¡Koréen! — el llamado se hizo claro y con una mirada al suelo se encontraría con la mirada preocupada de Rosario, parecía que ella había tenido una caída más aparatosa, teniendo su rostro cubierto de rasguños. — ¡Me alegro de encontrarte! Déjame ayudarte a bajar. Rosario pondría sobre su boca dos dedos, provocando un silbido, y la pequeña ave se moviera entre ramas hasta liberar a Koréen, quien caería irremediablemente sobre las raíces del árbol. — Lo siento, lo siento; creí que saltarías— Rosario se le aproximo, brindando su mano para ayudarla a ponerse de pie, solo que con las palabras anteriores de Kiara, Koréen rechazaría esta oferta, apoyándose en su grimorio para ponerse en pie. — ¿Qué paso? — preguntó extrañada, mirando confundida la densa arboleda que les rodeaba. — Kiara nos salvo — ¿eh? — Koréen centro su atención en la figura preocupada de Rosario, que sostenía a la pequeña ave, apoyando sus patas en su dedo índice. — Sus flechas, la punta de sus flechas eran doradas— afirmo, sorprendiendo a la castaña, pues solo había visto que iban en su dirección, cualquier otro detalle desaparecía— solo hay un grupo de bandidos que usen el oro como símbolo y créeme, ni siquiera nosotras queremos chocar con ese grupo. ¿recuerdas a aquel guerrero que entró a la tienda de Paul? El de casco dorado, debió ser uno de sus integrantes que vino a ver tu pequeña mercancía. — ¿Dónde estamos? Aun podemos ir a la caverna a traer mas — No— Rosario le trasmitió su preocupación a Koréen, su persona seguía siendo gentil, pero en el borde de sus ojos se instala el miedo— ellos no quieren solo un poco, desean todo; su líder debe quererlo todo, créeme, Cyara no se detendrá hasta arrebatarte todo. Debemos reunirnos con los demás, pronto. Rosario acaricio la pequeña cabeza del ave antes de impulsarlo hacia los cielos con clara esperanza en su rostro; Koréen se apegaría un poco a su persona viendo el bosque como un enemigo. — El ave debía ser una forma de localizarnos, pero Alecksz corto el hilo, solo podemos esperar a que lo vean y los guie hasta nosotros. — Koréen creía haber presenciado como el hilo tan delgado se había resistido al filo de la espada y a modo de controlar el miedo en su interior preguntó. — ¿Qué era ese hilo? — Es hilo de araña— Rosario se encamino entre la arboleda, incitando a andar a tientas por el bosque, teniendo a Koréen a sus espaldas, que la seguía mientras veía erráticamente a su alrededor. — puedes poner un hilo sobre otro, sobre otro y otro, muchas veces hasta crear uno más resistente que el acero, no debía de romperse por un guerrero tan débil, fue una sorpresa hasta para mí. Kiara intento evitarlo jalándote, pero él no entendió nada…en serio aborrezco a la gente tan obstinada. Koréen se centró en la espalda de Rosario, no habían pasado mucho tiempo juntas, pero su apariencia la hacía ver suave, simpática, pero ahora parecía maldecir a Alecksz de una forma muy personal, y toda la calidez que había mostrado antes, se desvanecía en sus hombros tensos, que ahora parecían cargar mucha ira. — ¿Sabes dónde estamos? — Sí, estamos muy cerca de las cavernas, ya te lo dije ¿no? Kiara nos salvó y sería mejor si nos encontramos pronto con ella. — ¡estará bien! Parece muy fuerte— trató de consolarle, causando un pequeño silencio donde los hombros de Rosario iniciaron un temblor, parecía que estaba llorando. Sintiéndose incomoda, Koréen se centró en los alrededores, atenta a cualquier cosa que le parezca un poco extraña, llegando a sospechar hasta de las sombras de las ramas, ya era medio día y la noche podía ser peligrosa en aquel lugar. — … En realidad, Kiara me necesita— susurró Rosario con voz atona— ese es el problema del Don de Kiara, la información, puede manipularla, crear en base de esta; pero nada es perpetuo, todo cambia y ella paga con su cuerpo esa diferencia. Manejar un Don es un problema, me costó dominarlo y ahora ella me necesita por eso ¿teletransportación? Tuvimos suerte en que estuvimos por aquí hace poco y que ella sea tan predecible. No entendía que sucedida, aquello le parecía una confesión ¿o una despedida? Inconscientemente había detenido su andar para ver la espada de Rosario alejarse cada vez más, hasta que pronto se detuvo en seco, no hablo más y fue solo ahí cuando Koréen se extrañó por lo silencioso del bosque, ni siquiera el chapoteo habitual de los peces se podía oír, era total silencio. Siguiendo sus instintos se apegó a uno de los arboles más robustos que tenía cerca, en un intento de fundirse con su sombra y pasar desapercibida de aquello que las asechaba. Rosario se giraría hacia Koréen, entregándole una sonrisa dulce que no llego a sus ojos y que erizaría los pelos de quien la viese. No entendía porque, pero Koréen tenía el impulso de salir corriendo. — ¿¡Pero que tenemos aquí!? — una voz femenina provino de entre los árboles, oculta en las sombras, un casco dorado se presentó entre ellas; Rosario daría unos pasos atrás, levantando sus brazos en un intento de defenderse, sacando a Koréen de su trance, indicándole que el verdadero peligro era aquel guerrero de oro. — ¡ja, ja, ja! Se carcajeo con burla, dando una mirada despectiva a Rosario dirigió su cabeza a donde Koréen trataba inútilmente fundirse con el árbol. — ¿lo has encontrado? ¡los has encontrado! Déjame felicitarte por eso— dejando las sombras atrás, la guerrera saco a relucir su armadura con detalles dorados, voluminosa como ostentosa daba paso al manejo diestro de una alabarda, que, en su diversión del momento, la giro en el aire antes de apuntar hacia Koréen. —en-tre-ga-me-lo. Era una voz cantarina, agradable, aunque no se podía decir si era por la lentitud con la que hablaba, la burla en sus palabras o por que la alabarda apuntaba su “cabeza de armas"; una punta de lanza como peto superior, una cuchilla transversal con forma de hoja de hacha, por un lado, y otro peto de punza o de enganchar más pequeño, a la pequeña bolsa Dolphin en la cintura de Koréen que le hacía retroceder. — ¡Cyara! — llamó Rosario, la mujer dejaría cae su cabeza sobre su hombro para sacarse el casco dorado y tirarlo lejos; sin el casco lucia más aterradora que antes, sobre todo cuando sonreía de forma ladina hacia Rosario, entreabriendo su boca, lo suficiente para dejar ver el borde de su dentadura, de sus puntiagudos caninos. Su cabello rojo marchito le daría un aire demoniaco. Como algo extra pasaría su lengua sobre sus labios antes de hablar con el mismo tono. — Este no es ¡tú asunto! — la mujer de nombre Cyara blandió en el aire la alabarda, de punta dorada y filo blanco, en dirección de Rosario; su impulso y fuerza causaría una corriente de viento que llevaría a Rosario varios pasos atrás, mientras se cubría su rostro con los brazos. Para cuando el impulso desapareciera en el suelo se marcaría una hendidura profunda donde había tocado el filo de la alabarda, terminando justo a los pies de Rosario, que por la impresión no puedo más que caer con las piernas temblorosas. Una carcajada más fuerte, Cyara se reía de ella con diversión; irguiendo su postura volvió apuntar a Koréen. — ¡Son mías, así que devuélvelas! — Cyara levantaría en alto su arma, sonriendo enloquecida se dispondría a bajarla con mayor fuerza que antes. Koréen palmeo su grimorio, lo usaría como defensa, pero la sonrisa ladina de aquella mujer le freno en seco, parecía gritarle que aquello no funcionaria. — ¡¡Son mías!! Cyara se giró con rapidez, bloqueando con el asta el ataque de la espada de Alecksz, manteniendo su sonrisa demente por segundos antes de abrir los ojos sorprendida por retroceder un poco. Alecksz no tentó su suerte dando un salto hacia atrás antes de que la alabarda barriera el lugar, cortando parte de la tierra a su paso. Alecksz las esquivaría para rodearla, dando pasos hacia atrás hasta alcanzar a Koréen. Cyara se mantuvo de espalda a ellos con los hombros caídos antes de que estallase en risas; Alecksz solo podía aferrarse a su espada soltando un pequeño gruñido al sentir la piel viva en sus palmas. — ¿Duele verdad? Nunca antes me habían hecho retroceder…así que esto será interesante. El bosque rugiría con fuerza, de la misma dirección de la que había salido Alecksz los guerreros que antes le habían rodeado se colocaban en filas detrás de aquella mujer, dejando que por una esquina la figura de Kiara se escabullese hasta llegar junto a Rosario. En su mano estaría el pequeño ruiseñor de madera profiriendo un chillido en protesta. — ¡Todos ustedes! — habló Kiara, a la par que los tatuajes en su piel se iluminasen por segundos y ella anunciase. — ¡es un jugador, traidores, ella es un jugador! Los guerreros a la espalda de Cyara no se inmutaron, dejando a Kiara a la espera de que todo se descontrolase, pero no, solo Cyara se carcajeo con burla de sus intentos, apoyándose en su alabarda la miro con ternura. — Estos inútiles saben lo que es la fuerza, ladronzuela, esto no es solo interesante, también es muy divertido ¿jugamos un juego? — Cyara paseo el filo de su arma sobre el suelo, formando un pequeño círculo a su alrededor, el suelo se desprendería en pequeños fragmentos creando un vacío— Yo, nosotros, asesinos de dioses contra ustedes…vamos a jugar a atraparlos ¡Uno! Los guerreros llevaron su mano a la empuñadura de sus espadas en un movimiento coordinado, listos a la siguiente orden. — ¡Dos! — siguió, dirigiendo el filo a la mitad del campo antes de seguir contando— ¡tres! Alecksz dio un paso hacia atrás a la par que veía la figura aterrada de Koréen aferrarse a la corteza del árbol, girándose lo suficiente para arrebatar la bolsa Dolphin de la cintura de la castaña, cubriéndolo con su cuerpo, susurro unas cuantas palabras. — Toma esto y corre— Koréen vio la mano de Alecksz, tan rápido como había tomado la bolsa Dolphin esta había desaparecido por completo y en su lugar estaba otra bolsa de aspecto andrajosos, con un gran parche en el medio y unos cuantos hilos deshilachados colgando. — ¡Seis! La cuenta seguía, Alecksz bajo su espada y se encaró hacia Koréen, metiendo en sus manos la pequeña bolsa sucia y ante la mirada confusa de la castaña tomo del borde de las manoplas un pequeño objeto que igual lo encajo en las manos de la castaña. Solo ahí se dio cuenta que los guanteletes de metal tenían pequeñas escamas en la parte inferior y que una de esas escamas había sido removida para convertirse en un pequeño puñal, de igual forma estos habían adquirido una tonalidad rojiza mezclada con el metal. — Presiona y no sueltes— el pequeño círculo que Cyara había marcado a su alrededor empezó a vibrar, extendiendo las grietas por el suelo con forme su cuenta llegaba al final— ve al otro lado. — ¡¡Diez!! — ¡¡¡Corre!!!
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