A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

El ave de madera que podía volar
Una dirección. Eso había costado casi todas las moras que había recolectado Koréen al momento de partir, eso y unas partes no muy útiles de la armadura original de Alecksz; las manoplas y la escarcela o como Kiara había decidido llamarle, unos guantes y una faldita de metal barato. — Esto es solo hierro con níquel como base ¡es inútil para una armadura! — había mencionado Kiara, cuando sostuvo entre sus manos aquellas partes, arrojándolas a su dueño con claro desprecio. Alecksz no solo estaba molesto por esto ¿¡quién se atrevía a despreciar sus cosas!? Él era un guerrero capaz de acabar con ejércitos una vez que vestía su armadura, también había mantenido su ira por el negocio mal llevado a cabo por parte de Koréen; si uno lo analizaba detenidamente, habían sido engañados por aquel viejo que solo les había dado una vaga indicación —“No puedo decirles exactamente donde termino el resto de las partes, pero el peto fue comprado por un aventurero muy joven de Sydan, dijo que iba a matar a un bicho que se comía a su ganado. Koréen no estaba dispuesta a dar el colgante de Arth, aún estaba en sus planes volver a encontrarse con él y hacerlo sin su obsequio le parecía incorrecto, más al saber el valor de esa pequeña garra. Paul había sido un usurero, justificándose en que Carlos y aquel otro cliente se fueron sin comprar nada y que tal vez habían robado algo a sus espaldas por lo que pidió una gran compensación; las moras parecían tener un alto valor en este mundo y Koréen solo podía verlas maravillada, siempre recordando la cantidad abismal que aún quedaba en su pequeño plantío. Con su moneda de cambio algo escasa y con la sutil sugerencia de Kiara se había decidido ir primero a por más… Solo que el reino de Sydan estaba al otro lado de las cuevas en las tierras lejanas, en paralelo con Vertsand y al final de la cadena montañosa que nacía más arriba de las cuevas, era un gran trecho que recorrer. Aunque esta vez ya no bordearían el camino por el bosque, tomarían la ruta más recta con el afán de recortar ese tiempo de viaje — ¿Realmente está bien que vayamos por el camino? — habían recorrido un cuarto de viaje por los caminos que se habían erigido para La Plaza de Los Tres Reinos, encontrándose con algunas carpas de ladrones y otros viajeros armados hasta los dientes. — En esta profesión nadie tiene interés en robarnos— se jactó Kiara, quitándose la camisa ancha que llevaba para mostrar más piel, dejando solo un pequeño top que cubría sus pechos. — Después de todo, tengo la oportunidad de arruinarlos. Eran runas, eso era lo que mostraba con orgullo. Runas tatuadas en su piel, en una especie de código que no podía entender, pero que parecía ser muy importante para la mujer, algo que si había notado era como la tinta parecía apiñarse una sobre otra cuando ella pasaba sus manos por los objetos, siempre irradiando un poco de luz de sus dedos. — Toda la información está aquí— señalo sus brazos— sus tesoros, sus conquistas y sus traiciones, yo lo sé todo, por lo que no quieren meterse conmigo o con el pequeño rayito de sol de Rosario— Kiara guiño el ojo con complicidad. Koréen podía imaginar la historia de fondo, Kiara, una ladrona despiadada que solo oirá las palabras de Rosario cuando su ira se desata ¡ja! Era posible con la mascarilla y el mechón de pelo en su rostro y sin la camisa, Kiara sacaba a relucir su figura esbelta, sí, poseía curvas alucinantes, pero sus delgados brazos no eran flácidos, dejando a relucir una suave musculatura y un par de cosas más. Paul no estaba tan equivocado, le habían robado, especialmente Kiara había tomado un poco de bisutería, en especial varios brazaletes que ahora lucían en sus muñecas, provocando un suave tintineo a cada paso que daba, incluso había ofrecido un par a Koréen, tratando de distraerla de su grimorio. Después de un día de viaje siguiendo los caminos que cruzaban el bosque, ya se habían familiarizado con la figura de Rosario y de Kiara, siendo esta última una biblioteca parlante que parecía desconocer la palabra silencio. Desde las estaciones en aquel mundo hasta el comportamiento de las especies, parecía conocerlo, y sin parar ni un solo momento pasearía tocando todo con sus manos. — ¿hasta dónde leerás ese viejo libro? — preguntó, apoyándose en su hombro con la intención de tocar las hojas del grimorio, siendo este reacio a que lo toquen, generando un pequeño campo fuerza impidiéndolo. — es tan misterioso como su dueña. — Déjala— intervino Alecksz, que como era habitual, caminaba varios pasos delante de aquel trio, dando una que otra mirada hacia atrás para estar seguro. — Ya es tan inútil, que debe usar uno de esos, al menos que lo aprenda a usar. Kiara inflo los cachetes en reproche de sus palabras, causando que Koréen solo negase con la cabeza con algo de vergüenza, centrándose otra vez en su grimorio paso las hojas con lentitud hasta detenerse en una con dibujos de círculos y algunos triángulos deformados. Pasando sus dedos por las letras pronto se convirtieron en una palabra clara para ella. — Rayo. – balbuceo por lo bajo, y al igual que antes, de las hojas sucias empezaron a salir chispas que se dispersaron, para luego chocar entre sí y crear otra, llegando incluso a impactar con su rostro y dejando una pequeña mancha roja de laceración. De aquella forma tan ruidosa se creó en el aire una bola blanca chispeante, inestable en su forma que desapareció tras unos segundos con un fuerte estallido, causando un grito agudo en Koréen y un silbido por parte de Kiara. — La práctica realmente falta— soltó Alecksz, causando que Koréen encogiera los hombros frustrada, todo el viaje había estado practicando sin resultados satisfactorios. — ¿Los recuerdos ayudarían? – se preguntó en un susurro, se cuestionaba si el haber olvidado todo, era la explicación a su nula habilidad con algo que parecía que en aquel mundo era tan habitual como respirar. A este punto sabía que absolutamente todo ser que habitase en ese mundo de videojuego poseía una habilidad, jugador o NPC, tendrían una que podrían desarrollar con el fin de hacerse más fuertes, Kiara les había llamado Dones y no podía explicarle de forma simple que era algo innato. Luciendo lastimera a los ojos de Kiara, que no dudo en intervenir, golpeando su espalda con el afán de animarla le habló con el mismo entusiasmo. — ¿Te cuento un secreto? El sentimiento de no saber qué hacer no es solo tuyo, también lo sentí en su momento. No saber adónde ir, que hacer o si simplemente decidir seguir. Recuerdo una vez que yo ame la danza, me tenías bailando todo el día frente al espejo, una y otra vez solo para ver mi reflejo en el… Pero un día me mire en ese mismo espejo y me pregunte ¿A dónde voy con todo esto? La otra persona frente a mí no fue capaz de responderme, solo me miro mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y pronto ambas lloramos. — ¿Qué estamos haciendo? — complementó Koréen en su cabeza y de igual forma no hubo respuesta, deseaba preguntar a Kiara si ella había obtenido la suya, pero el gesto nostálgico que embargaba su rosto era suficiente para entenderlo. Había dicho que amaba la danza, amaba; en pasado…tal vez esa era la respuesta a sus dudas, todo volvería a la “normalidad” dentro de poco, sus recuerdos volverían, dejarían aquel juego, seguirían sus vidas fingiendo que nunca se habían conocido, pronto todos los hermosos colores que había visto, las cosas hermosas como aterradoras desaparecerían en su memoria, solo como figuras grises que se acoplarían a un cuadro de vida, su vida normal…de cierta manera agradecía estar aun en ese mundo. No tenía pruebas, pero algo le gritaba en su interior que a fuera no tendría nada. — No se siente bien— susurró, pasando unos mechones sueltos atrás de su oreja, cohibida de la posible respuesta de Kiara. — Todo tiene un lugar— intervino Rosario— todo tiene una misión, algo que debe hacer y algo a lo que debe apegarse, ese es el lema de vida que decidimos seguir. — Tenemos una sola cosa que hacer— afirmó Kiara— el resto solo son distracciones…uno aprende a vivir así, por lo que pronto lo entenderás La conversación ya se había alejado de ella, y solo podía ver a Kiara y a Rosario, una y otra vez tratando de entrever la historia de ambas. — Es idiota, no le metan ideas extrañas— advirtió Alecksz, que había retardado su andar, llegando estar casi a la par, lo suficiente para poder oírlas. Evitando la mirada de las tres damas volvió a retomar la distancia. — Es mejor que nuestra “maga” se tome un descanso antes de quemar toda su cara— intervino Kiara, dejando de lado el incómodo momento con solo agitar sus manos y haciendo señas a Rosario probó la dirección del viento antes de volver a hablar— Estamos a un cuarto de camino, será hora de poner el pájaro en el aire. Tal frase extraña había atraído la atención de todos, podía ser realmente discordante y hasta algo obsceno en un mal contexto, notando esto último Rosario, con el rostro con algo de rubor, saco de sus mangas un poco de lo que parecía maíz molido. Por otro lado, Kiara no dejaba de pasar sus manos por las cosas del camino, dirigiendo su propia mano a las runas de su pecho, descendiendo hasta su cintura, donde la pañoleta de sus caderas le impedía seguir. Las runas que había tocado adquirieron un fulgor, intensificándose en su garganta y antes de abrir su boca su ojo tomaría su fosforescencia hechizante, siendo todo un espectáculo pronuncio un par de palabras ¿palabras? No, era un cantico agudo de un ave, en breve, de las copas de los árboles se aproximaría un pequeño ruiseñor que se pasearía por los aires con un vuelo errático, casi cayendo en picada varias veces hasta instalarse en las manos de Rosario. Kiara se silenció, guiñando a Koréen su ojo volvió a la normalidad, bueno, al menos ella imaginaba que le guiñaba, era difícil decirlo con un solo ojo. — Y esta es una de mis habilidades y la prueba irrefutable de que la información es poder — No la confundas— respondió Rosario pasando el dorso de su mano en el pelaje del ave, que parecía entregada a comer todo el maíz. — Es la verdad— afirmó, volviendo a pasar las manos por lo que estuviese a su alcance en el camino. — puedo tomar información de lo que toco, mientras más información más poder, más habilidades ¿cantar como un ruiseñor e hipnotizarlo con mi voz? Eso es posible y más. — Si no fuera por qué leíste esos libros antes de venir aquí no podrías hacer nada— replicó Rosario en un intento de bajarle de su nube— la información puede ser peligrosa, más en ti que necesitas tenerla al 80 % para que funcione. — Vale, vale, pero es útil cuando debe y tú no te quedas atrás linda Rosario— ante la clara intención de Kiara en apoyarse en Rosario, así como la obvia negativa de esta última, fue a encimarse sobre Koréen— mira lo que puede hacer esta ti-ti-ri-te-ra. — ¿titiritera? — repitió confundida, concentrándose en la pequeña ave que giraba su cabeza para verlas con interés, sacándole una sonrisa. Solo ahí había reparado en las manos de Rosario, aunque Alecksz ya las había visto como algo curiosas, ella no le dio más de una mirada, pero ahora con la pequeña ave destacaban en demasía. Sus manos estaban cubiertas por guantes de cuero grueso, algo peculiares, no las hacía ver delicadas, es más, parecía que les daba más volumen. En las puntas tenia dedales unidos al cuero, al menos en la mano derecha, en la izquierda, que más ocultaba en sus ropas tenía una superficie a la vista áspera; era increíble pensar que un ave se sentase a gusto en sus manos, pero ahí estaba, el pequeño pájaro la veía con curiosidad, moviendo su cabecita a cada instante, sin alejarse o asustarse cuando ella lo encerró en sus dos manos, soltando solo un chillido en respuesta. —Anda, muéstraselo— animo Kiara al ver la expectación en los ojos de Koréen; aquello había incomodado visiblemente a Rosario, que solo daba una mirada de disculpa a ambas antes dar un soplido a sus manos y aunque pasaba desapercibido la pequeña gema como sus ojos habían adquirido su fosforescencia por breves instantes. Parecía que ese era el indicativo cuando su Don se ponía en marcha. Abriendo sus manos pronto el rostro de Koréen palidecería. — ¿Qué ha sucedido? — Incluso Alecksz se mostraba interesado ¿y cómo no? El pequeño pájaro había abandonado su forma anterior, siendo inmortalizado en madera donde sus cuencas vacías ocultaban el hecho de si había sufrido, cualquier rastro de plumas había desaparecido dejando en su lugar la madera lisa. Nadie decía nada, era obvio que aquel pájaro estaba muerto y convertido en madera. — A que es impresionante verdad, Rosario puede hacer marionetas de cualquier cosa, siempre y cuando sean más débiles que ella. Sorprendente, sí, pero a Koréen solo le causo un retorcijón en las tripas, causando que tragase la saliva de forma ruidosa. Aunque Rosario le parecía alguien de suave comportamiento no podía evitar imaginarse igual que el pobre ruiseñor. De forma muy obvia dio un paso más lejos de Rosario, podrías llamarlo sentido de supervivencia, pero para los ojos de Kiara solo era diversión infinita. — Nuestra maga tiene miedo, miedo— palmeando sus hombros volvió a acercarla a Rosario, quien parecía concentrada en la pequeña estatua de madera— solo mírala hacerlo. Rosario parecía entregada a su tarea; de los troncos que cargaba en su espada sacaría un pequeño pedazo tras otro para unirlos a la pequeña ave, pasaría sus dedos una y otra vez sobre la superficie para volver añadir otro pequeño pedazo de madera y todo parecía unirlo con un hilo infinitamente delgado, que incluso había pasado desapercibido envolviendo su cintura y parte de sus hombros. Para cuando terminase su labor, vería con emoción genuina a Koréen, mostrándole con júbilo su pequeña obra de arte. Los pequeños fragmentos de madera que se habían añadido cumplían la función de imitar las plumas de sus alas o una cresta en la cabeza, también había añadido detalles en su cola, y todo el cuerpo del ave brillaba a causa de los hilos entrelazados en sus extremidades; ante tal obra impresionante Koréen se vio atraída a tocarlo. — Ustedes— intervino Alecksz, que se había girado hacia ellas y detenido su andar, su llamado estaba cargado en advertencia mientras su mirar agudo se concentraba en la figura de Rosario. Tal presión había llegado a Koréen que aparto su mano para refugiarla en su pecho, siendo Kiara quien le respondería apretando sus hombros. — Es seguro, es seguro. Rosario ha aprendido a manejarlo bastante bien— quitarle la importancia a todo parecía ser algo distintivo de Kiara y aunque le sonreía a Alecksz, en un intento de tranquilizarle se aproximó al oído de Koréen para susurrar— pero es mejor si evitas tocarla de sorpresa — ¿Kiara, deseas dirigirlo? — preguntó Rosario, ajena al cuchicheo como a la mirada fija del hombre. — No, no, nuestra maga que lo lleve, que se separe un poco de su libro. Rosario dirigió su atención a Koréen, y sonriéndole con dulzura se alcanzó la pequeña gema de gota en su cabeza, que desaparecía en sus dedos robustos. Para cuando alejase su mano en la punta de su dedo índice descansaría un pequeño fragmento verde que llevaría a colocar sobre la frente de la pequeña ave de madera. No solo sus ojos adquirieron fulgor, el pequeño fragmento verde brillaría con mayor intensidad por varios segundos, hasta que esa misma luz se introdujese dentro de las cuencas vacías del ave; solo ahí Koréen repararía en la pequeña gema entre las cejas de Rosario, brillaba, sí, pero líneas delgadas oscuras la dividían en ocho fragmentos y donde parecía carecer de una, su brillo era opaco en comparación al resto. El sonido mecánico la atrajo de vuelta a las manos de Rosario, donde el ave de madera se levantaba con movimientos robóticos, movía su cabeza con un pequeño clic, clic y sus ojos verdes parpadearían cuando levantaba sus alas para que se admiraran sus plumas. — Nuestra titiritera pueda darles “vida” a sus marionetas y unas cuantas ordenes de por medio. — Así suena como si fuese un villano — ¿Para qué necesitamos a…bueno esto? — preguntó Koréen. — El señorito con falda fue por toda La Plaza preguntando por la armadura de un jugador y muchos más vieron como sacabas a relucir unas moras para Arth— explicó Kiara, quitando de las manos de Rosario el ave para jugar con los hilos que le envolvía, siempre con el cuidado de no tocar su frente— hay muchos otros que no quieren solo robarnos, por eso este amiguito nos dará una vista desde el cielo. Kiara arrojo al ave hacia el cielo, la cual con un constante sonido de clic, clic tomaría los vientos para empezar a volar sobre ellos, casi al mismo tiempo Kiara envolvería el hilo sobrante en la muñeca de Koréen, en un par de segundos el hilo se tensaría y el ave emitiría un chillido en queja. — Anda, es como una cometa. Dando un paso dudoso y con un nuevo tirón por parte del ave, Koréen miraría a los cielos y empezaría andar con diversión, soltando una que otra risa cuando la pequeña ave cambiaba de dirección y la llevaba a zigzaguear por el camino. Kiara tenía razón, había dejado al grimorio colgando de su cintura y ella estaba dando tumbos por el camino hasta chocar con alguien, solo ahí bajo la mirada para disculparse, encontrándose con la mirada descontenta de Alecksz — ¡No tan rápido! — gritó Kiara a sus espaldas— ¡cuidado que te escapes sin pagarnos! Koréen vio como el ojo derecho de Alecksz parpadeaba en una especie de tic; y encontrándole relación con las palabras de la mujer le entrego una amplia sonrisa. — No te preocupes, al final de todo esto; las moras que quedan el plantío serán solo tuyas, lo prometo. En su momento de diversión e infantilismo elevo su dedo meñique con la intención de hacer una promesa, todo ante la mirada algo molesta del hombre, algo en lo que ella no reparo y antes de recibir un posible regaño de la otra parte el ave tiro con fuerza del hilo de su muñeca, salvándole de un buen golpe en la cabeza y llevándola varios pasos por delante del grupo, soltando un par más de carcajadas se volvió a entregar a su diversión. Aquellos momentos los vivía segundo a segundo, disfrutándolos al máximo y dejando todo atrás, podía ser llamada tonta, pero esa era su forma de ser feliz. En breve existiría una distancia considerable entre ella y los demás; aunque Alecksz había apresurado el paso, Kiara mantenía su lentitud con el afán de recolectar más datos de lo que le rodeaba, diciendo con tranquilidad que si algo iba a pasar el ave les indicaría con un chillar. Solo cuando parecía que Koréen se había detenido en medio camino a esperarles Alecksz notaria una anomalía en el ave, que parecía decidida a que Koréen diera un par de pasos más; viendo por encima del hombro la sonrisa gentil de Rosario pronto escucharía a lo lejos el vibrar en el aire. — ¡Rápido! —llamó Koréen, ignorando el tironeo constante del ave y dando un paso hacia atrás con la intención de volver con ellos. — ¡¡Cuidado!! — Alecksz gritaría y se lanzaría en su dirección. El golpe de algo detuvo en seco a Koréen, dando una mirada rápida a su espalda, donde antes estaba, un grupo de flechas de acero se habían incrustado en el camino, de los extremos colgaban gruesas cadenas que se retraían hasta sacar las flechas del camino llevándose pedazos de tierra. Fácilmente su cuerpo podía haber ocupado ese lugar El bosque que estaba quieto estallo en un graznido de advertencia, las aves abandonarían las copas de los árboles y el zumbido del aire volvería a estar presente. Alecksz estaba muy lejos y Koréen creía a ver visto el borde de una de las flechas salir de las copas de los árboles, siendo ella el punto de impacto.
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