A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

El trio de ojos verdes
¿Negocio? Koréen pensó inmediatamente en sus moras, y ante la mirada preocupada de Arth, no las saco como antes, solo alcanzó su bolsa Dolphin a aquella chica, que con el mismo cuidado la abrió para ver en su interior, quien preguntaría con suavidad. — Lo siento, este elemento es raro y no puedo analizarlo sin tu permiso Koréen no entendía sus palabras y aunque Rosario le respondió con una sonrisa incómoda para señalar sus ojos, como si fuera lo más obvio del mundo, Koréen solo pudo fijarse en lo llamativos que le parecían. Eran verdes, una mezcla de verdes oscuro que parecía terminar siendo difuminado en su pupila. Había visto a animales en dos patas, pero aquellos ojos realmente le dejaron sin palabras ¿alguna vez vieron los ojos de una bestia en la noche? Brillantes, atentos, hasta analíticos; pero ahora no se trataba de una bestia sino de una mujer de aspecto agradable, tal oposición de ideas había sido suficiente para causarle un corto circuito en sus pensamientos, por lo que solo asintió en respuesta. —Gracias— apoyándose en las manos de Koréen, Rosario acercó su rostro a las moras, a esa pequeña distancia sus ojos, ya impresionantes de por sí, adquirieron un fulgor que los volvía casi fosforescentes. Aunque esto no duro mucho, fue lo suficiente para que Koréen reparara en la extraña gema en forma de gota que poseía entre ceja y ceja, y que de la misma forma que sus ojos, se había iluminado por segundos. — Sí, estas son; por favor acompáñame, debemos alcanzar a Alecksz. Koréen sintió en sus hombros el peso delas patas de Arth, presionando con suavidad parecía querer advertirle de algo, elevando su rostro y solo encontrando el pecho peludo de Arth, palmeo una de sus patas. “Está bien” tenía el deseo de decírselo, pero parecía que Arth no había podido comprenderle, por lo que la giro para estar cara a cara, y antes de que Koréen soltase alguna palabra, él arranco de su pata derecha su uña más pequeña. Arth gruño por lo bajo por la leve incomodidad, pero dejándola atrás se concentró en tomar material de sus pequeñas lámparas de papel, en concreto un hilo grueso que envolvió a su pequeña garra, y ante la mirada atenta de Rosario le entrego aquel colgante improvisado a Koréen, colocándoselo mientras se despedía. —Los osos blancos somos muy escasos, si alguna vez vas a Ruhsiel y necesitas ayuda, no dudes en mostrar esto, y por favor come más para crecer. Con el colgante entregado, Arth palmeo la espada de Koréen, indicándole que siguiese a Rosario, quien solo se alejaba a pasos lentos. Agradeciéndolo, con rapidez se alejó a pasos rápidos del puesto de Arth, dando una última mirada al gentil oso que parecía despedir a un hijo, luciendo casi melancólico. Para cuando alcanzo a Rosario, esta se reía por lo bajo, cubriendo su boca con sus manos, se disculpaba por si le había parecido grosera. — Lo siento, lo siento, es que Arth parece que te ha confundido con alguien de su tribu o al menos le has agradado mucho. — ¿Tribu? — Sí, hay muchas tribus regadas por aquí, normalmente no se involucran con otras tribus, pero Arth es uno de los pocos que ha encontrado su hogar en Ruhsiel— con algo de diversión, Rosario indico en el aire la diferencia de estaturas de ella y Koréen, siendo no menos de diez centímetros. — Los cachorros más enfermizos tiene más o menos tu altura, no me sorprende que te haya tomado cariño. — ¡Que sois lentos! — el llamado urgente de una voz femenina se interpuso en su conversación. Alzando la mirada, Koréen podía ver a la figura ceñuda de Alecksz junto a quien les había llamado la atención; contrario a Rosario, esta parecía un pirata salido de un cuento infantil; pañoleta, camisa desarreglada, pantalones anchos y otra pañoleta atada a la cintura, solo le faltaba la pata de palo, porque incluso tenía su ojo derecho cubierto con un mechón de cabello. Cuando estuvieron un poco más cerca, la mujer se acercó a zancadas hasta estar frente a Koréen, jalando de su cuello el pequeño colgante que hace poco Arth le había obsequiado. — ¡Esto es una garra de oso blanco! ¿Cómo es que la has conseguido? Ha sido Arth, debe ser, ya que es el único oso blanco de la zona y tú debes ser nuestra pequeña clienta— al tenerla cerca de su persona, ella era más sorprendente, no solo cubría la mitad de su rostro con su pelo rubio, también llevaba una especie de bozal o mascarilla con un pequeño respirador donde debería estar la boca. — Mira que ha sido malvado, pensar que te mataríamos para poner una maldición sobre nosotros. Koréen dio un paso atrás, la persona que se dirigía a ella le parecía por demás extravagante, pues su piel estaba tatuada con miles de símbolos similares a los de su grimorio, y aunque estos ella no podía entenderlos, las palabras que decía encendían las alarmas en su cabeza. — Kiara, la estas asustando— intervino Rosario, librándola del agarre sobre su colgante. — Perdónale, es muy entusiasta. — ¿¡A qué hora piensan moverse!? — regañó Alecksz, al verle, Koréen se escabullo para estar a sus espaldas. Aunque su refugio tendía a separarse de ella casi al instante, dejándola expuesta para volver a ocultarse, así, en un ciclo interminable. — ¿Y ahora que maldición traes? — Esa es una garra de oso blanco— informó Kiara— sus grabados son únicos de su especie y cuando alguien muere antes de tiempo esta desprende un olor muy característico para las bestias, indicándoles que fuiste su asesino. — No me interesa, vamos. Alecksz no le dio más importancia, adelantándose unos pasos para dejar atrás a Koréen, quien no dudo en apresurarse en resguardarse a la sombra de Rosario, viendo de reojo el andar despreocupado de quien recordaba había sido llamada Kiara. — ¿A dónde vamos? — susurró, siendo Rosario la única que parecía dispuesta a responder, hablo con su armoniosa voz. — Veremos a un chatarrero, es un viejo colega nuestro y él puede tener lo que buscan ¿una armadura, creo que es eso? A falta de respuesta de Alecksz, ella solo asintió. — Quietecita en ese lugar, porque, aunque no tiene problema con el origen de las cosas que venda, si tiene una opinión muy dramática respecto a los jugadores. Ahí estaba otra vez, Koréen se había encogido sus hombros al oír la palabra, temiendo lo peor solo vio el rostro sonriente de Rosario. Parecía que esa palabra no las afectaba y eso le daba algo de consuelo, asumiendo su postura original, se relajó casi por completo. — Al viejo ese le gustan las cosas robadas que le llevan— ¿robo? Koréen podía sentir un cosquilleo culposo por sus objetos al oírlo— más si se trata de estos dos ladrones. — ¡ladrones de muertos! — añadió orgullosa Kiara— que quede claro que a los vivos los dejamos tranquilos. Koréen contuvo una risa nerviosa ¡un robo es un robo! Aunque parecía que aquella lógica no se aplicaba en aquella mujer; sí, en su cabecita Koréen había montado la idea de que Kiara era quien hurtaba y tal vez Rosario solo era una acompañante, tantas eran sus miradas por el rabillo del ojo que pronto se chocó con el ojo de esta mujer. — Tenemos a una niña curiosa— hablo con diversión, quitando la distancia entre ellas apoyo su cuerpo en el hombro de Koréen— anda pequeñaja ¡pregúntame lo que quieras! — Kiara, por favor no la agobies— Rosario se había apartado de ellas, dejando un poco de espacio para evitar cualquier contacto, a lo que Kiara solo respondió agitando la mano, quitándole importancia. Koréen se sentía incomoda, aquella mujer parecía querer examinarla con su único ojo, otra vez, apretando su agarre hasta casi aplastar su pecho robusto contra el hombro de Koréen. Reuniendo su poco valor miro por lo bajo a esta mujer, descubriendo una similitud sorprendente con los ojos de Rosario y, teniéndola a solo unos pasos de distancia, parecía que ambas era una versión de la otra Rosario era bajita y Kiara podía compararse en complexión con Alecksz, lo extraño de sus vestimentas eran una contradicción de la otra y, mientras Rosario gozaba de unos ojos grandes y expresivos, Kiara tenía los ojos algo pequeños, un poco rasgados, y que te llevaban a creer que te analiza en todo el tiempo. — No hay nada…— susurró Kiara, la fosforescencia de sus ojos desaparecido y solo quedaba la sorpresa. Rosario parecía también oírle por lo que se detuvo abruptamente. — ¿Cómo que nada? — No, no hay nada— Kiara también detuvo su andar, obligando a que Koréen lo hiciera también. Colocando ambas manos en los hombros delgados de Koréen, Kiara acerco su rostro hasta estar solo un centímetro cerca de su nariz, a la par, sus ojos volvían a adquirir el fulgor que parecía característico en ellas, aunque solo por unos segundos. — Pero ¿de dónde demonios has salido? — Kiara no detuvo su curiosidad estirando su rostro con sus dos manos, llegando hasta abrir su boca para ver el interior con clara intención de encontrar algo. — ¡por favor, Kiara! — Rosario trató de detener las acciones de su compañera, deteniéndose en el aire para volver a acobijar sus manos entre sus mangas anchas de su vestido. — ¡la suelto, la suelto! — Kiara soltó el rostro de Koréen, quien no dudo en ocultar su boca debajo de sus manos— pero de verdad que no encuentro nada en ella. — ¿esperas encontrarle caries o qué? — la voz de Alecksz detuvo a las tres mujeres, parecía que era una especie de maestro a cargo de tres niñas pequeñas. Soltando un suspiro se quitó los lentes para presionar su tabique con clara resignación, antes de ponérselos volvió a tomar aire. — Que vamos. Rosario bajó la cabeza avergonzada, su rostro se había pintado en rosa y como parecía muy normal, Kiara se libraba del sentimiento incomodo solo levantando los hombros. La casa del chatarrero estaba en uno de los caminos que desembocaban en La Plaza de los Tres Reinos, algo cerca y cubierta de la sombra de los altos árboles que rodeaban el camino; con lo que habían andado ya podían ver la fachada destartalada que tenía. Aunque seguían caminando, Koréen volvería a dar miradas hacia Kiara, curiosa de lo que había dicho antes, sorprendiéndose al ver como pasaba sus manos por las ramas bajas delos árboles, ocasionado un pequeño brillo de la punta de sus dedos cuando entraba en contacto con ellos. Kiara no tardo en descubrirla. — Aun funciona— anunció, moviendo sus dedos en el aire, si podría ver ambos ojos diría que hasta estaba giñando un ojo— la información es todo, ese mi negocio. — ¿entonces porque no funciono con ella? — se adelantó Rosario, a lo que Kiara solo volvió la atención a Koréen. — Ella lo sabrá y ya que estaremos juntas sería bueno que lo explique— la mencionada solo las miro confusa, desviando su vista a la espalda ancha de Alecksz, lo que causo la exasperación en Kiara— espera ¡¿Qué él no te ha dicho nada?! — al ver la negación, soplo aire frustrada. — Es parte de mi culpa, no le pude decir mucho— se disculpó Rosario— veras, hace un par de días llegamos a las cuevas que están antes de las tierras lejanas, encontramos mucho para vender al viejo Paul, él es el único que puede vender piezas que pertenecieron a un jugador. — Y la joyita de Alecksz nos prometió a cambio de recuperarla, lo que tú le prometiste a él— Koréen palmeo la pequeña bolsa Dolphin al oírle— ¡exacto! Y ya que es casi seguro que Paul ya haya vendido todo lo que le llevamos, vamos a recuperarlo. Solo robamos a muertos y ahora tenemos que hacer una especie de reembolso, así que anda, dinos que ocultas. — Yo no, no sé de qué hablan. — Te dije que la información es mi negocio, cuanto mas conozco puedo usar más mi Don, ya te he dicho mucho así que dime— alargando la última vocal se volvió a apoyar en Koréen, la apretaría hasta que dijese la verdad. — Es que, yo, yo no sabría decirlo— tartamudeó— solo que no recuerdo nada. Kiara soltó a Koréen, sentía algo de culpa por tocar un tema delicado y aunque Koréen lo desconocía, podía existir algo de afinidad con su situación. Para suavizar la incómoda situación, Rosario intervino con sus palabras suaves, en un intento de consolarle. — El paso del mundo real al videojuego puede ser muy violento para algunos— sugirió— con el tiempo todo volverá a su sitio. — ¡pero que bellezas más exuberantes! — la voz gutural de un hombre intervino en su conversación. Kiara anticipó lo siguiente, adelantándose unos pasos tiro de Koréen, un segundo después un hombre se había lanzado a ese lugar ¡la habría aplastado! A estas alturas la castaña ya estaba segura de que todos eran muchos más altos que ella y aunque Alecksz se podía llamar un hombre fornido, aquel sujeto era llamativamente musculoso, de ese tipo que sientes que puedes pincharlo y desinflarlo, lo que causaba gracia era que solo de la cintura para arriba gozaba de esa condición, siendo sus piernas delgadas y flácidas. — ¿acaso vamos a viajar con este? — mascullo irritada, mirando a Kiara en busca de explicaciones, quien solo negaba con la cabeza. — ¿a quién quieres robarme linda Kiara? — preguntó el hombre desde el piso, apoyándose en su codo para hablar galantería. — esa pequeña cría como una esclava no me vendría mal, destrozarla bajo mi fuerza sería un deleite único. — Deja tus bromas malas, Carlos. ¿¡Eso era una broma!? Koréen realmente había sentido un escalofrió bajo la mirada de aquel tipo. Su discusión no llego a más, el sonido estridente de una puerta azotándose atrajo la atención de todos; Alecksz ya había llegado a la pequeña cabaña y aunque había esperado, aquel grupo solo se detenía a jugar, viendo a la que creía la única culpable hablo entre dientes con notable furia. —¡¡Entrad, de una buena vez!! Ante el peligro, Koréen termino prefiriendo al guerrero molesto, entrando a la pequeña cabaña junto a él, siendo Rosario y Kiara quienes venían detrás, esta última había cerrado la puerta en la cara de Carlos; aunque este la volvería abrir, pero acompañado de un guerreo de casco dorado disfrazado con una capa. Al adentrarse en la pequeña tienda se veían apilados una infinidad de cacharros; ollas, arcos, sartenes, escudos y una escultura enorme de un ángel al que le faltaba un ala. En el fondo de todo estaría un pequeño recibidor de cristal sucio, donde se exhibían figurillas de madera. En el recibidor estaba un anciano delgado, encorvado sobre sí mismo, intentando pasar el hilo por la aguja, a la par que achinaba los ojos, al tenerlo de frente este no tardaría en reconocerles. — Pero si son mis tres ojos verdes favoritos ¿Qué traéis para mi hoy? Carlos, no robes nada y un nuevo cliente ¿eh? Mira por ahí, que hay cosas buenas con un precio decente. — apoyándose en el mueble se elevó para ver más de cerca a la figura de Koréen— ¿saben que yo no vendo cosas de carne? — No, nada de eso Paul— se carcajeo Kiara. — ¿Entonces de donde viene esta niña? Koréen sintió una mala premonición, Alecksz no parecía tener recelo en decir que eran jugadores y Kiara parecía floja de boca. — Veras, es que ella es nueva---- El gesto torcido de Paul indico a Koréen que se avecinaban problemas, el pequeño hombre anciano dejo de lado todo rastro de debilidad senil, su rostro adquirió color rojo y parecía haber recuperado algunos años, sus brazos delgados se hinchaban en fuerza y la presión que ejercía sobre el pobre aparador de cristal empezó a quebrarlo, para cuando su cuerpo tomó el doble de proporciones, terminó por destruirse. Había sido tan rápido que Koréen solo podía sentir la presión que se dirigía a su persona, así como una mano en su hombro antes de que la voz apacible de Rosario interviniese. — Ella ha crecido conmigo en la granja, pero el último invierno termino desolando el lugar y ella probo suerte con un gremio, aunque sin resultados, es bastante nueva en depender de su fuerza por lo que necesitamos un poco de equipo para ella Al escuchar la explicación, Paul retomo su forma anciana en un segundo, ajustándose los lentes sobre sus ojos vio más claramente a Koréen para susurrar. — Así que es eso, la próxima debes explicarte más antes Kiara, mira lo que me has hecho hacer. Y tú, muchachita, dime que necesitas y podre hacerte una oferta. — Una armadura— intervino Alecksz— necesita una armadura de un jugador, ellas dos dijeron que se la vendieron a usted. El viejo vio algo confundido al hombre, desviando su vista a Kiara que parecía entretenerse con una sartén colgada del techo. — ¿para qué quieren algo de un jugador? Ahí estaba otra vez la duda, Koréen no deseaba volver a aquel ser casi infernal en el que podía convertirse el anciano y con la certeza de lo que Alecksz diría, intervino, tal vez mentir no se le daba tan mal, pero por si acaso mantenía el rostro bajo. — Señor, lo que pasa es que buscamos el rastro de nuestro antiguo líder, él era un jugador traicionero que nos engañó para robarnos y casi matarnos, se hacia el herido para que nos fiásemos de él— pronto Alecksz sentía un pequeño tic en el ojo— nos robó la comida y la armadura que habíamos pagado entre todos, cuando logramos hallar una pista solo encontramos unas cuantas moras que cuidaba como su tesoro ¡solo queremos recuperar al armadura que nos robó! — ¿era ese gremio de antes? — el anciano negó con la cabeza antes de escupir a un lado y maldecir— esos jugadores, son más basura que otra cosa; bueno, no sé exactamente donde terminaron las partes, pero si a quien se las vendió y creo que quedo algo en la parte de atrás, déjame y reviso. Rosario ¿podrías ver mis pequeñas esculturas de madera? El viejo se retiró con esas palabras, teniendo a Kiara entretenida con otros artefactos Rosario se entregó a la tarea de revisar las estatuillas entre sus manos, siendo frenado por el agarre de Alecksz, este le había tomado desprevenida, por lo que trato de liberarse, para entonces el hombre la veía de reojo con reticencia. — ¿Qué clase de guantes son para una ladrona?— Rosario sonrió incomoda, ocultando sus manos entre sus mangas se excusó. — No tolero mucho que me toquen--- — ¡es cierto! — corroboro Kiara, apoyando su cuerpo en Koréen una vez más— ni siquiera a mí, que soy su amiga más cercana por aquí, me deja tocarla y bueno, esos guantes solo son parte de su don. Rosario dio una sonrisa como disculpa, volviendo a concentrarse en las figuras de madera a la par que ponía un poco de distancia entre Alecksz y ella. Algo cohibida tomo en sus manos una figura, tras solo unos segundos esta tendría unos tallados más ricos junto a una forma mejor definida. Antes de que Alecksz se lanzara a preguntar más, el viejo volvió a al recibidor, trayendo a sus espaldas vario rollos de papel; antes de exponerlos miro a Koréen con una sonrisa astuta. —No te pido mucha señorita, pero ya que mis otros dos clientes se cansaron de esperarme, temo que tendré que pedirle esa garra de oso como pago o bien la mitad de las moras que su exlíder dejo atrás a cambio de la información que te voy a dar. ¡Viejo usurero!
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