Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 11
La mañana siguiente al bajar a desayunar voy en absoluto silencio. Todo lo ocurrido la tarde anterior no para de rebotar en mi cabeza, no ha habido un solo momento en que deje de pensar en ello. Incluso al dormir soñé con lo ocurrido, pero en el sueño la fantasía que tuve de Bradley besándome si se hacía realidad lo que me deja más fuera de mí. Bradley es un idiota, pero aún así fantaseas con la idea de que te bese, me reprende mi mente. Me frustro conmigo misma y suelto un resoplido a mitad del desayuno, todos voltean a mirarme confundidos por mi actitud. –¿Pasa algo Kaylee? –pregunta Mady. La miro entre avergonzada y molesta conmigo misma. –Nada –respondo. Mi mirada sin querer viaja a dónde Bradley, él levanta la mirada y por un pequeño instante nuestras miradas se cruzan, veo el golpe que tiene en el labio, un golpe que yo le dí y eso solo aviva más el recuerdo. Regreso la vista a mi desayuno el cual sigue tal como lo encontré al sentarme a la mesa. La verdad es que no tengo apetito, todo el embrollo que tuve con Bradley aún está en mi mente, no por él sino por todo lo que dijo. ¿En verdad he actuado así? Quito la servilletas que tengo en mis piernas y la devuelvo a la mesa, me dispongo a levantarme. –Lo siento –hablo –no tengo apetito. Me retiraré a traer mis cosas. Joan me mira y asiente con una sonrisa paternal. Me levanto sin dirigir la mirada a ninguno de ellos, no tengo los ánimos. Camino a paso apresurado hacía mí habitación, subo las escaleras y entro a mi destino. Tomo mi mochila y guardo las cosas que podría necesitar, algunos cuadernos, una pluma para tomar notas y por último meto mi ordenador. Voy hasta la mesa de noche, busco las lentes de contacto  y cuando las encuentro camino hasta el baño para poder ponermelas frente al espejo. Finalmente reviso tener mis armas en los sitios correctos para después bajar con la mochila a la espalda e ir directamente a la calle. Estoy siendo maleducada al no ir a despedirme de Mady y Joan pero no quiero ver de nuevo a Bradley. Abro la puerta, respiro aliviada al sentir el impacto del aire frío en mi rostro, avanzado hasta el auto donde hemos ido estos dos últimos días, me siento sobre el capo y cierro los ojos para relajarme. –¿Tan mal estoy haciendo las cosas? – pregunto en un susurro aún con los ojos cerrados. El aroma de Vladimir ha delatado su presencia, abro los ojos solo para comprobar que es quien espero y efectivamente es él. Me mira con una ligera sonrisa que no logra contagiarme. –No todo lo que haz hecho me parece correcto –responde –pero tampoco hay que negar que tus hazañas nos han dado buenos resultados. Aunque si tal vez deberías pensar más las cosas antes de hacerlas y quizá tomar en cuenta lo que te podamos decir. Agacho la cabeza abatida y él lo nota en mi semblante pues enseguida se acerca quedando a pocos centímetros de mi, lleva sus pulgares a mi mentón y eleva mi rostro para que lo mire a los ojos. Sus ojos azules son hermosos, me gusta si aspecto y tenerlo tan cerca se siente bien. –Vale –sigue diciendo –puede que seas impulsiva y que estés haciendo las cosas un poco mal pero también hay que admitir que Bradley no es precisamente el más indicado para decírtelo. Sonrío. –Tu hermano es un imbécil –digo aún sonriendo. Se le escapa una risa y asiente. –Si también lo he pensado, creo que de los dos soy quien se quedó con toda la parte razonable. Quita sus dedos de mi rostro y se me queda mirando pero no hace nada por alejarse. Sin embargo no me incómoda la cercanía en la que nos encontramos. Oímos la puerta de la casa ser cerrada, ambos giramos la cabeza en esa dirección, vemos a un muy serio e incluso amenazante Bradley pero no decimos nada. Nos separamos para luego subir al auto. El trayecto a la universidad es reinado por un tenso silencio, el aire está tan pesado que dan ganas de salir huyendo de aquí pero esa no es una opción. Algún tiempo después llegamos a la universidad, Bradley aparca en el mismo sitio que los dos días anteriores. Vladimir baja del auto no sin antes darme una mirada cargada de algo que no logro identificar. –Nos vemos en la tarde –dice a ambos. Yo solo asiento porque no sé que decir, después de eso se marcha. Tanto Bradley como yo permanecemos en silencio, la tensión crece con cada segundo que pasamos encerrados en el auto. Cómo no encuentro la manera de liberar la tensión porque evidentemente no pienso hablarle optó por la manera más fácil de evadir el problema. Tomo mi mochila y abro la puerta del auto, no voy a seguir perdiendo el tiempo con este idiota. Bajo del auto y luego cierro, me importa poco lo que piense de mí. Camino por la solitaria acera que conduce a la avenida principal de la universidad. A mí espalda escucho una maldición y seguido de ello el golpe que emite la puerta al ser cerrada. Sonrío porque con eso solo me demuestra que odia el silencio. Sigo avanzando sin voltear a mirarlo, pero soy conciente de que ahora me sigue. Sin previo aviso me toma por el codo y me hace detenerme, soy obligada por él a dar la vuelta sobre mis talones para mirarlo a la cara. Sus verdes ojos me miran con astucia, recorren mi rostro con curiosidad y con lo que también distingo como sopresa. En cambio yo lo miro con desconfianza y por así decirlo a la defensiva. Estoy lista para reaccionar a lo que sea que me diga. A pesar de eso su cercanía me afecta de una forma indescriptible, sus ojos me aturden, su aroma me embriaga, si sola presencia me afecta pero no sé lo hago notar. Pero aún con todo eso sé que es un idiota. –Yo –empieza a decir con nerviosismo –lo siento ¿vale? Recordar lo que pasó ayer en el cuarto de entrenamiento me hace hervir de furia nuevamente, es como si el enojo nuevamente resurgiera. Aprieto la mandíbula aún con enojo. –Cállate ¿vale? –hablo a la defensiva. Me libero de su agarre y él se ve afectado por mi actitud. –Solo déjame en paz –sigo diciendo –ya sé y ya me dijiste lo que piensas y sientes. Solo deja de joderme de una vez. –Kaylee –susurra un tanto abatido. –No te molestes en disculparte Bradley –le digo –ya dentro de poco te liberas de mi, no te preocupes por eso. No le digo más y me alejo. Probablemente estoy siendo muy dramática pero no puedo evitar sentir furia por todos lo que me dijo ayer en la tarde. Soy orgullosa y debo admitir que me duele mi orgullo. Se comportó como un idiota al decir que yo no debería estar al frente de la misión y si no entendí mal el trasfondo de sus palabras también quiso decir que no soy capaz de lograrlo por el solo hecho de ser una chica, sinceramente eso es lo que más me enoja. Si hay algo que odio es que duden de mi. Resoplo y me olvido del tema sin pensar de nuevo en ello. Entro al edificio de la universidad, voy tan distraída que no me percato de la presencia de André a mi lado. –Hola Natalie –habla el chico a mi lado. Me detengo de forma abrupta y le doy un beso en la mejilla, el cual termina quedando cerca de la comisura de su boca. Se le ve tan perplejo que me da risa pero no me río porque debo mantener la compostura, en lugar de ello le sonrío con coquetería. Me devuelve el gesto. –Hola André –digo inocente y coqueta a la vez. Si el teatro sigue éste ritmo en menos de lo que pienso lograré que haga lo que le pido o al menos podré tener su confianza para poder averiguar lo que deseo. Caminamos juntos sin decir una palabra más. –Ayer en todo el día se me hizo raro no verte, me sorprendió mucho verte solo en la tarde –comenta vagamente. ¿Qué le debo de decir en una situación como ésta? Una mentira es seguro, pues con él eso siempre funciona. –Si –digo haciéndome la interesante –había un asunto que me requería por eso no pude venir pero ya estoy de vuelta. Asiente interesado. –¿Qué clase de asunto? –pregunta. –De momento no puedo decirlo – hablo clavando mis ojos en los de él –tal vez en el futuro. Detengo mis pasos y me le acerco de forma depredadora a él. Me muerdo el labio y trazo con mi dedo sobre su pecho, le oigo respirar con pesadez. Empieza a estar donde quiero que esté. –Nos vemos más tarde André –le susurro cerca de sus labios. Se ve más nervioso y eso me alegra. Me doy media vuelta y me marcho satisfecha con mis muchos o pocos logros. Cuando llega la hora del primer descanso en vez de ir al lugar de los chicos tomo la decisión de ir a la biblioteca de la universidad, pues aunque no es el mejor sitio para investigar hay internet y sin ser captada puedo revisar sobre Bartolomeu. Llego a un enorme edifico de puerta y paredes de cristal, tiene un estilo tan futurista que me hace alucinar, pero como no estoy aquí para admirar la arquitectura del edificio sigo mi recorrido. Entro al edificio y ahí me encuentro con la recepción, una pelirroja está detrás del mostrador. Le sonrío y me acerco hasta ella. –¿Puedo pasar? –pregunto indecisa. –Solo anota tu nombre en la libreta y ya está –dice. Asiento y anoto un nombre que no es el mío, ni el de la chica que estoy suplantando, sino pongo otro nombre por seguridad. Pongo también una firma inventada a último momento y después me pasó de largo sin decir nada más. Subo las escaleras que llevan a lo que realmente es la biblioteca, el lugar es hermoso pero no me concentro en ello. Al llegar al pie de las escaleras me detengo y analizo hacia donde iré, escaneo el sitio en busca del lugar donde hay menos estudiantes. En la lejanía veo a un muchacho sentado mientras estudia, a su espalda hay cinco mesas más pero ninguna de ella está ocupada. Voy hacia la última y tomo asiento ahí porque me instinto me lo indica. Saco mi portátil de la mochila y la enciendo rápidamente, navegó por la pantalla y unos segundos después ya estoy conectada a la red de la biblioteca sin ser vista por los demás servidores. No tengo idea de por dónde empezar a buscar por lo que pierdo unos pocos segundos pensando en que es lo que quiero saber Mi objetivo es claro: Bartolomeu Silva. Entro a la base central, dese ahí busco la base de datos del banco de Portugal, estoy segura que en él encontraré algún tipo de cuenta que me lleve directamente a Bartolomeu. No espero encontrarlo con su nombre pero si con el de alguna de sus primas o del mismo André. Pongo en el buscador el nombre de nombre de las chicas, primero el de una y luego el de otra, pero en ambos casos me dice que no hay ningún cliente con ese nombre. Pruebo con el nombre de André, el resultado de mi búsqueda es el mismo que las dos veces anteriores. Me frustro porque no se como más buscar. Pruebo con el nombre del mismo Bartolomeu y pasa lo mismo de nuevo. Decido empezar combinar nombres pero ni aún así encuentro lo que busco. De todos modos me reprendo por hacer la tontería de combinar sus nombres, pies según sé se necesitan presentar documentos originales, así que es imposible combinar los nombres. Pienso en que otro nombre podrían usar, pero ninguno me viene a la mente. Tecleo el nombre de algunos de los tipos que los chicos mencionaron tienen relación con los Silva pero tampoco ocurre nada. Me paso las manos por el pelo desesperada porque no he conseguido nada de información. 'Piensa fríamente Kaylee'. Intento nuevamente, pero ahora con el nombre de su padre, sigue saliendo lo mismo. Finalmente sin más opciones pongo el nombre de su madre aunque sé que quizás no sirva de nada. La barra que indica el proceso de búsqueda se llena de forma lenta, después de unos eternos segundos mi búsqueda se ha completado. En total hay siete Mirari Silva, toda tienen la foto de una mujer excepto una. Reviso todos las datos de cada una de esas mujeres pero ninguna parece ser la madre de Bartolomeu dado las seis que voy revisando solo tienen datos de residencia de otras partes de Portugal. Voy a la última sin esperanza de encontrar lo que busco. En esa cuenta bancaria hay una cifra tan alta que me pone alerta, la mujer tiene recidencia en Lisboa y no hay más información. Algo me dice que es ella pero no estoy convencida del todo. Introduzco un par de claves para poder acceder a los datos más ocultos de la cuenta. Poco a poco voy descubriendo que esa cuenta está ligada a otras con diferentes nombres y que en su mayoría están administradas por bancos suizos. Accedo a los nombres que están vinculados a la cuenta de Mirari, hay infinidad de cuentas que transfieren dinero a ésta pero la más reciente es una a nombre del mismo Bartolomeu Silva. Suelto un suspiro de alivio al encontrar aquello. Entro a la información de la cuenta y al igual que en las veces anteriores solo hay pocos datos, rebusco entre los datos hasta que logró obtener una foto del cliente, es decir del mismo Bartolomeu. Lo he logrado. Pero todo se viene abajo al descubrir el verdadero rostro de Bartolomeu Silva.
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