La Boda de mi Ex

Capítulo Cincuenta. Parte Uno
Como no tenía a adonde ir me pasé toda la tarde en casa de sus padres hablando sobre casi cualquier cosa que se nos ocurriera e incluso Morgan se unió a la plática aunque se retiró cuando empezó la lluvia de preguntas de su novio. Me despido de todos subiendo a la camioneta dejando que Ethan me llevara. —¿Sabes a dónde fue? —El señor Bornout no siempre me avisa donde estará, Eryn —responde mirándome por el espejo retrovisor—. Lo siento. Asiento mirando por la ventana pensando en qué estaba pasando con todo últimamente, todo estaba bastante bien a pesar de lo que había pasado aunque tenía agendado ir a Nueva York una vez más para ver lo de la casa de mi madre. Al entrar a mi casa saludo a Becker y luego a mi hermano. —¿Dónde andabas? —pregunta siguiéndome hasta mi cuarto. —Fui a casa de los padres de Chris —explico dejando mi saco en la silla del escritorio y dejando mis cosas en la mesa—. Tomé el té con ella. —Bueno, cámbiate y ven a cenar. Cierra la puerta detrás de si dándome la privacidad de ponerme mi pijama y atarme el cabello en una coleta alta, miro el teléfono unos segundos y escribo un rápido mensaje para dejarlo sobre mi cama y salir. Jason había servidos dos platos de cereal junto con una taza de cafe, me siento frente a él notando que era mi cereal favorito, comienzo a mover las pequeñas figuras de bombón con la cuchara. —Dalia está en Los Ángeles —suelto como si nada sin alzar la mirada—. Hará un nuevo viaje, y me pidió ir a España.. —Ve —me interrumpe. —¿Qué? —alzo la mirada sorprendida—. ¿Qué dijiste? —Dije que vayas —me mira fijo—. Has tenido unos meses bastante difíciles y esto podría ser la oportunidad de respirar otro aire y relajarte. —No puedo ir, tengo que arreglar lo de la casa de Nueva York —comienzo a hablar—. Tengo que comprarme una nueva computadora. —Eryn, cada vez que sacas excusas es porque quieres que te digan lo contrario de lo que quieres escuchar —sentencia con la mirada firme—. Tú quieres que te digan que vayas y te estoy diciendo que vayas así que no me saques más excusas para negarte. Yo arreglaré todo mientras no estés. —¿Esperas que me vaya por un mes a otro país y te deje con un montón de cosas por hacer? —Si, eso espero. Soy tu hermano mayor, mocosa —se cruza de brazos—. Además, tú has hecho lo mismo cuando me iba a los entrenamientos o a otro país. —Eso era diferente. —No lo es, irás a España, disfrutarás aquel mes y para cuando regreses todo estará bien. Dejo escapar un gruñido al sentir la derrota sobre mi persona, no podía pelear con alguien que me conocía tan bien como él lo hacia y volví a gruñir al ver su sonrisa de satisfacción, termino de cenar para luego meterme en mi cuarto tomando el teléfono al dejarme caer en la cama, mandé dos mensajes más con diferentes destinatarios para acomodarme entre las cobijas y dormir. Cuelgo el teléfono y me paso los dedos por el cabello, gracias a que sabía japonés me la pasé hablando con unos de la compañía de Japón que querían que Christian fuera a visitarlos para dar su aprobación sobre unos papales aunque logré que enviaran una copia de ellos para que se los entregara. —¿Qué tan difícil era mandar los papeles por correo? —pregunto viendo a Cass. —No sé que dijiste —responde curiosa. Me di cuenta de que seguí hablando en japonés sin notarlo y le traduzco mis palabras nuevamente. —Es más fácil que él los tenga en físico para poder hacer manejo de ellos —explica una vez que entendió mi pregunta. —Tardarán demasiado en llegar, ¿no? —hablo imaginando el trayecto que tendrían que hacer. —No tanto, normalmente en un día ya está aquí. Asiento conformandome con la respuesta, aún seguía pensando la forma de decirle a Christian que me iría pero no respondió ningún mensaje ni pasó por mí en la mañana como usualmente hace pero esta vez fue mi hermano quien me trajo pero también no se encontraba en su oficina así que lo único que podía hacer era atender llamadas y ajustar la agenda, con un suspiro me levanto. —Voy a la cafetería —aviso estirándome—. Necesito un jugo, ¿te traigo algo? —Un café, por favor. Tomo el elevador y salgo recorriendo las mesas de comida hasta encontrar los jugos, tomo una botella y camino hacia la cafetera para hacer el café de Cass mientras pensaba que hacer con todo lo del viaje, necesitaba muchas cosas y la única que podría ayudarme sería Allison aunque primero debía decirle a Christian que me iría. —¿Qué estás haciendo? —¡Mierda! —exclamo al escuchar la voz de alguien en mí oído a la vez que me abrazaban por la cintura—. Eso no se hace. Christian ríe como chiquillo dándome un beso en el cuello para separarse con una sonrisa. —¿Donde andabas? —pregunto tomando el vaso de cartón de café y mi jugo—. No te he visto en todo el día. —He estado ocupado. —¿Y ayer? —Tenía que atender un reunión de emergencia —responde con un tono que no incitaba a seguir preguntando—.  Pero hoy tengo libre toda la tarde, ¿que quieres hacer? Pienso en lo del viaje y las palabras de Jason mientras me muerdo el labio en un amago de ganar más tiempo. —Tengo antojo de algo dulce —comento lento. —Dulce... —murmura pensativo y asiento—. Hecho, te llevaré a un buen lugar cuando salgamos. Ambos subimos nuevamente a nuestro piso donde le doy el café a Cass para volver a mi asiento abriendo mi jugo para darle un sorbo y seguir trabajando para después terminar siendo llevada a un lugar llamado Hansen's Cakes donde compramos una gran variedad de cupcakes que prometían darte algo más que una diabetes pero es que se veían tan deliciosos que no pude decidirme de solo uno. Fuimos hasta Santa Mónica donde compramos café frío. —¿Qué tienes? —pregunto antes de morder mi cupcake. —¿A qué te refieres? —Has estado muy callado y mágicamente hay juntas que no están tu agenda, al menos no las de emergencia —comento como si nada atrayendo su mirada sorprendida—. Seré tú novia pero todavía sigo siendo tú asistente y quien maneja tu agenda así que dime —volteo hasta quedar frente a él y repito—: ¿Qué tienes? —Nada —responde tras unos segundos y al ver mi rostro me toma por las mejillas—. Nada, no tengo nada. En serio. Lo dejo pasar encogiéndome de hombros mientras ambos comíamos en silencio, como siempre no importa de lo que estuviésemos hablando ya que ambos disfrutábamos sólo de nuestra presencia. Así que durante la semana en secreto tuve que preparar mi viaje con sumo cuidado y con ayuda de mi hermano y Allison quienes estuvieron comprando las cosas que me hacían falta a la vez que yo hablaba con Dalia para lo del viaje y donde me quedaría aunque fue hasta el día anterior a mi vuelo que pedí mis vacaciones para evitar que Christian se enterara de ello y me detuviera así que el día que tuve que ir al aeropuerto me sorprendí al encontrar la mochila militar de mi hermano con mis cosas adentro cerca de la puerta. —¿Qué? ¿Por qué? —pregunto viéndolo. —Es más cómoda y es una mejor opción para un viaje largo —responde tomándola por una cinta del costado—. Es prestada así que tienes que devolverla cuando regreses. Asiento varias veces, me había quedado sin palabras ya que el no era de dar sus cosas del ejército así de simple, sabía que todas las tenía metidas en cajas dentro de su armario, lo único que portaba era su placa de identificación y esto significa algo como darme las joyas de la corona. Ambos subimos a mi camioneta para llevarme al aeropuerto mientras abrazaba a Becker para evitar que saliera brincando por la ventana. Al llegar, me despido una vez más de los dos y bajo con la mochila acomodada a mi espalda para entrar al aeropuerto. En cuanto llego a revisar el boleto para abordar la azafata quien primero me miro un poco sorprendida y luego volvió a ponerse seria llamo a otra chica que tambien revisaba el boleto haciendo la misma expresión y quien me guío hacia un coche negro que me llevó directo al avión, la cosa rara fue que terminé en primera clase aún sin intender nada de lo que ocurría. —Debe de haber un error, señorita —comento sin pensarlo al ver donde estaba y donde querían sentarme—. Este no es mi asiento. —No hay ningún error —habla como si hubiese perdido la cabeza y retifica—: De acuerdo a su boleto, este es su asiento. Se va dejándome con la palabra en la boca, sentada en un lujoso asiento de piel en algo parecido a un mini cuarto aunque esperaba que nadie se sentara a mi lado, comienzo a hurgar en la bolsa que había traído con mis cosas para el vuelo buscando mi libro cuando siento a alguien sentarse junto a mí, con cuidado y viendo a través de mi cabello doy un vistazo rápido. —¿Qué haces aquí? —pregunto horrorizada abrazando mi libro y cayendo en la cuenta de como terminé en primera clase. —Creí que sería divertido darme unas ligeras vacaciones —se ríe divertido por mi reacción. —¿Cómo te enteraste? Mi mente voló hacia las películas de espias y de policias donde rastreaban al sujeto por culquier lado y me cuestione sobre si eso habría pasado cuando su risa me distrae. —No me costó mucho averiguarlo —se encoje de hombros como si nada. —Christian, en serio, ¿cómo lo supiste? —Me notificaron la ausencia de mi secretaria por un mes, lo que en cierto modo me sorprende que hayas escondido todo este asunto —habla mirándome fijo—. Tuve que comprar un boleto de avión y darle una mejoría al tuyo cuando fácilmente pudimos ir en mi avión sin problema. —Vamos Christian, ¿cuál era el problema realmente? ¿Me lo ibas a impedir? —reclamo claramente molesta—. ¿Me ibas a encerrar en mi casa o en la tuya? —No, no te lo iba a impedir. ¡Demonios, Eryn! —se queda callado unos segundos al notar que había elevado la voz—. Te prometí llevarte por el mundo, ¿ok?  Tengo que revisar unos asuntos allá así que tendrás una semana con tus amigos y luego tendrás que ser sólo mía. Y no, no acepto reclamos además para que conste en el récord te dije que no soy como Alexander. —Sé que no lo eres, pero sólo quería salir una vez —murmuro rendida—. Perdón por no decirte. —Esta bien, por ahora disfrutemos de las trece horas de viaje que tenemos por delante. Cuando Dalia voltea a verme después de avisarle que había llegado casi corrió a abrazarme, estaba en un restaurante dónde vi a otros chicos que estaban con ella. Sonrío saludándolos en español, después de haber llegado al aeropuerto de Madrid y de explicar mi plan de viaje y estadía aunque no le parecía mala idea, lo malo era que no se lo contará así después de instalarnos en uno de sus hoteles, darme una ducha y cambiarme de ropa salí en un coche con un nuevo chófer quien me llevó a mi reunión. —Lía, temo que no podré ir con ustedes en el viaje —hablo después de saludar a todos y ponernos al corriente—. Tengo un problema. —¿De qué hablas? —Yo soy el problema —habla una voz muy conocida a mi espaldas con un español casi perfecto. Lo que para mí sólo era una frase que mandaba escalofríos por mi columna al igual que un poco de placer para ellos realmente era una amenaza totalmente clara y precisa. —Chicos, el es Christian Bornout, mi novio —hablo calmada dándole un sorbo a la cerveza que estaba tomando. —Si él es un problema no me molestaría darle un mordisco —comenta una de las nuevas amigas de Delia con un susurro. —Si necesitan hospedaje en alguno de los lugares donde pasen tanto aquí como en Francia—habla Christian ignorando el comentario—. Serán bienvenidos en cualquiera de mis hoteles. Eso fue suficiente para que olvidarán el asunto del porqué no haría el viaje con ellos y el asunto de que un magnate viniera con una imagen amenazadora. E incluso fue invitado a sentarse comer con todos nosotros, al principio lo trataban con la cordialidad de alguien que tenía una cuenta con muchos números en ella pero después el ambiente se fue relajando lentamente hasta que todo el mundo se trataba normal aunque habían veces que tenía que traducir las palabras que Christian no recordaba como se decían en español, al salir del lugar y subirnos de nuevo al coche que inicialmente me había traído fue donde ocurrió. —¿Qué te parece desayunar en París? —¿Qué? —volteo a verlo sorprendida—. ¿Eso es posible? —Podemos ir en tren —responde el pellizcando mi mejilla con una sonrisa—. Podemos ir al Louvre en la tarde. —Oye, casi no pude disfrutar nada de España —reclamo como niña pequeña. —Ni modo —me da un beso distrayéndome—. Vendremos en otra ocasión. Al llegar al hotel tomamos nuestras cosas para volver a subir al coche e ir a la estación de trenes donde estuve más que sorprendida de ver un tren de alta velocidad frente a mí lo que hizo que Christian se riera de mi mientras compraba los boletos, cuando dejo mi mochila en el suelo al llegar a los asientos noto su mirada sobre ella. —No tenía pensado que necesitaría mi maleta porque no creí que alguien secuestraría mi viaje —explico un poco molesta—. Y no le hagas caras a la mochila de mi hermano. —Ya suponía que era de tu hermano —responde sentándose—. Tú no eres de usar el estilo militar. Lo golpeo en el hombro justo cuando el tren comienza a moverse ganando velocidad a cada segundo haciendo que la vista que tenía de la ventana se volviera un poco borrosa. —Duerme, tenemos 9 horas de viaje para llegar allá. Me acomodo en el asiento rojo recargando mi cabeza en su hombro mientras que el sacaba de su maleta una de sus chamarras para cubrirme con ella, al final, parece que este viaje será realmente interesante.
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