La Boda de mi Ex

Capítulo Cuarenta y Siete
—No vayas a Nueva York —murmura contra mi hombro dejando un beso. —Tengo que ir, Chris, mi madre cuenta con ello. Me levanto de la cama dejando a Chris sentado, me agacho tomando su camisa blanca para ponérmela y abotonarla, mi madre me había hecho prometer que iría en navidad a verla cuando fui hace unos meses a Nueva York, el problema es que por culpa de mi hermano tuve que comprar los boletos para ir la siguiente semana y ya después se haría la visita navideña. Miro hacia el ramo que descansaba en una de las mesas del cuarto de Christian, después de la boda vinimos a su casa como siempre cediendo al deseo de tenernos el uno al otro. —¿Por qué se lanza el ramo? —pregunto volteando a verlo—. ¿Realmente se cree que la siguiente persona se casará? —Se cree que al hacerlo se desea la misma felicidad que esta pasando la novia —comenta mirándome desde la cama—. Esperando que algún día vivas esa alegría. —No creo tener el material de esposa. Me cruzo de brazos recargándome en el mueble con la mirada neutra, él extiende su mano hacía mí haciendo que en automático me sienta atraída hacia su persona, me siento en el borde de la cama pero sin darme cuenta cuando me tomo en brazos y me acomodo como a un bebé envolviéndome en su presencia. —Yo creo que serías la mejor esposa de mundo, seas como seas —murmura dejando un beso en mi frente—. Con esa torpeza total, la sonrisa encantadora y esos ojos castaños que enamoran. Me sonrió al instante sacándole una pequeña risa mientras me besaba la sien, el pómulo, la mejilla para terminar en los labios, un beso cálido, lleno de seguridad y amor. Amaba tanto sus besos que era como volverse adicta al mejor chocolate del mundo y lo bueno, es que este chocolate era sólo mío. La siguiente semana estuve trabajando únicamente con Christian, yendo a juntas y arreglando la agenda ya que como se había acabado lo de la organización de la boda ya no tenía gran cosa que hacer y ahora salía temprano del trabajo haciendo que me encariñara con el pequeño Becker, el ahora ya nombrado cachorro de Jason quien realmente se estaba tomando en serio el adiestramiento lo que me evitaba la parte de las travesuras. Empaque la ropa que llevaría a Nueva York que no sería mucha y Christian como acto de buena voluntad o para que nos tocara andar en aeropuerto arregló que usaramos su avión para ir y regresar lo que evitaba de cierta forma hacer todos los trámites. —¿Ya arreglaste lo de Becker con Guillian? —grito desde mi habitación mientras me ponía una sudadera. —Le dejé comida y un juego de las llaves por si necesita algo de adentro. No le dije que Guill ya tenía una copia de las llaves por la vez que estuve en esa especie de arresto domiciliario por mis heridas para evitar que me pasara algo y nadie más le dijo a Jay tampoco. Tomo mi maleta y salgo viendo a mi hermano con el cachorro en brazos. —Vas a estar bien orejón —murmuro acariciando su cabeza—. Volveremos en una semana. Pasamos a dejarlo con mi vecino quien prometió cuidar bien del pequeño y que nos mandaría fotos, al bajar Ethan ya nos estaba esperando y a petición de Bornout, también vendría con nosotros así que después de subir las maletas nos pusimos en camino al aeropuerto. Allie me marcó para asegurarse primero de si escuchó bien sobre nuestro viaje en el avión privado de Christian también para decirme que cuidará bien de Becker y que no diéramos problemas en casa. Pasamos por el aeropuerto sin atraer tanta atención hasta llegar a la pista donde el avión ya se encontraba esperándonos, saludó al capitán subiendo por las escaleras. —¿Así que esto es un avión privado? —preguta Jay dejándose caer sobre uno de los sillones—. Estoy sintiendo un poco de envidia. —Disfruta mientras dure —murmuro aceptando el jugo de naranja que una de las chicas me trajo—. Porque tardaremos menos que los vuelos normales. Me recargo en el sillón notando la sonrisa amplia de Ethan que parecía bastante entretenido con la plática de mi hermano y yo. Así que durante el viaje sólo gozamos de los placeres de un avión de lujo y un servicio exclusivo de primera calidad cosa que yo sólo disfruté en los pocos viajes que había hecho con Christian y que probablemente tardaría mucho para volverlo a disfrutar, al aterrizar en Nueva York volvimos a subir a una de las camionetas negras donde di la dirección al chofer para que nos llevara a la casa de mi madre. Ethan se ofreció a ayudarme con mi maleta a pesar de las veces en que me negué por lo que fui la primera en tocar la puerta e igual que la vez pasada Cary abrió sonriendo hacia nosotros y abrazándonos aunque algo en su rostro no me hizo sentir que todo estaba bien aunque de momento deje pasar aquello mientras le presentaba a Ethan. Al entrar todo seguía igual que hace unos meses pero al ver a mi madre me di cuenta de que estaba un poco más delgada que la última vez. —¿Has estado comiendo? —Un "hola, mamá" era lo que esperaba —habla con la voz un poco cansada mientras se levantaba del sillón para abrazarme. —Hablo en serio, ¿has estado comiendo? —pregunto nuevamente. —Si, Eryn —responde un poco molesta—. Recuerda que yo soy la madre y tú la hija. —Yo también podría preguntarte lo mismo —interrumpe Jay. —Dios mío, acaban de llegar, ¿podríamos sólo disfrutar por unos segundos su llegada? Miro a mi hermano por unos segundos, habían pocas ocasiones en que ambos nos podíamos comunicar sin usar las palabras sólo con vernos bastaba para entendernos. Y en ese momento sabíamos que no preguntaríamos nada, al menos no a ella. De momento sólo estuvimos hablando de cualquier cosa, y como era costumbre, Cary trajo el té de fresas con menta y por ordenes de Christian, Ethan no podía alejarse mucho así que con un poco de pena mi madre le ofreció el sillón para que se quedara en nuestra casa así que tuve que ayudarla a hacer una cama improvisada mientras seguía disculpándos con mi guardaespaldas por no poder ofrecerle algo mejor, al ver a la mejor amiga de mi mamá irse miro a mi hermano quien se dedica a distraer a mi madre. —Cary, dime la verdad —suplico deteniéndola frente al elevador. Ella voltea a verme con el rostro amable que conocía desde niña y aquel que usaba cuando no sabía que hacer. —Tú madre se hizo estudios hace unos meses —murmura lento abrazando su bolsa—. Ha vuelto. Doy un paso atrás sorprendida de lo que había dicho, mi madre se encontraba en remisión por un cáncer cervicouterino desde hace ya varios meses, parte de mis salarios durante ese tiempo y los de mi hermano iban dirigidos a los tratamientos médicos. —¿Qué sigue ahora? —Esperar a que el tratamiento funciona de nuevo —murmura ella—. Ha estado deprimida desde que se enteró y sólo espero que su presencia la anime un poco. Asiento lentamente despidiéndome de ella para volver a entrar a la casa mirando a mi mamá en la cocina tarareando alguna canción mientras secaba las tazas que Jason había lavado, mi hermano voltea a verme y pareció notar que era algo malo pero no lo demostró de la misma forma en que yo lo estaba haciendo, en cuanto tuve la oportunidad de decirle lo que ocurría también se mostró abatido. Me meto a mi cuarto tirando de mi maleta para ponerla a un costado de mi cama, tomo el teléfono al sentirlo vibrar en el bolsillo de mi sudadera. —Hola Chris. —¿Qué tienes? —pregunta al instante. —Nada, sólo estoy cansada. —¿Crees que no te conozco? —habla con la voz seria—. Sé que no estas bien, así que dime, ¿qué ocurrió? —Nada en serio, es sólo de que me siento mal por el hecho de que Ethan duerma en el sillón de mi madre. Lo escucho reír del otro lado del teléfono, estuvimos parte de la noche hablando de todo y nada como sucedía siempre que estaba hablando con él pero tuve que colgar la llamada a causa de que era ya demasiado tarde y ambos necesitábamos dormir aunque tardé un poco más de lo normal ya que mi cabeza siguió recordándome el diagnóstico. Al despertar lo primero que escuché afuera de mi cuarto fueron los pasos rápidos de mi hermano mientras gritaba "yo primero" que lo único que hizo fue traer tecuerdos de cuando peleábamos por quien entraría primero al baño. Me levanto peinando mi cabello en una coleta y salgo de mi cuarto viendo a Ethan en la cocina con mi madre. —No sabía que cocinaras —hablo parándome del otro lado de la barra. —Soy más que sólo un guardaespaldas —sonríe de lado mientras corta la fruta—. Y ya que no das tanto problemas me das tiempo suficiente para aprender cosas nuevas. —Pues gracias a Dios por eso. Lo escucho reír ante mi comentario e intenté quitar a mi madre de la cocina disimuladamente pero no funcionó demasiado ya que se molestó por mi presencia en la cocina. —¿Y qué harán hoy? —pregunta después de darme un leve golpe en la mano por intentar robar un poco de los hotcakes. —Yo tenía planeado que fueramos a Central Park —interrumpe mi hermano con el cabello mojado—. ¿Qué opinan? —Suena bien —coincido. Desayunamos todos juntos y se sentía como si Ethan fuese un hermano más en la familia aunque a mi madre no se le había pasado el hecho de que necesitara un guardaespaldas por lo que en cuanto estuvimos en Central Park después de que tuvimos que tomar turnos para podernos bañar. Así que mientras caminábamos en el parque mi hermano y mi guardaespaldas se retiraron a comprar unos helados, me ajusto uno de los suéteres azules que había pedido "prestado" de las últimas veces que estuve en su casa. —¿Es de Alexander? —pregunta mi mamá atrayendo mi atención. —¿Qué? —pregunto volteando a verla y cuando repite la pregunta hago una mueca—. No, es de otro chico. —¿Y qué pasó con Alex? Creí que se querían. —Simplemente no funcionó —me encojo de hombros—. Además de que él ya se casó. —¿En serio? Y bueno, ¿quién es este nuevo chico como para necesitar un guardaespaldas? —inclina la cabeza llena de curiosa—. ¿Lo conozco? —Bueno, es imposible no conocerlo, es Christian Bornout. Cielos, hubiese dado lo que fuera por haber podido tomarle una foto al rostro de mi madre cuando se enteró de quien era mi novio aunque luego fue como una sensación de incomodidad cuando tuvo que preguntarles a Ethan y a Jay sobre si era cierto lo que dije, cuando la respuesta fue afirmatoria por parte de ellos lo que la hizo ver mucho más alegre de lo usual. En el paso de la semana muy a pesar de que todo iba bien las visitas de Cary me traían el recuerdo de lo que estaba sucediendo y no fue hasta que en el quinto día cuando cada quien estaba en sus asuntos ya entrada la noche, el sonido de platos romperse y algo caer rompió la pequeña paz que se había formado, salgo primero de mi cuarto volteando a ver la puerta de mi hermano abrirse con la misma confusión que yo, Ethan no estaba ya qué había salido así que lo único que quedaba era mi madre, salimos corriendo hacia la cocina encontrándola en el suelo. —¡Mamá! Me acerco a ella al instante en que mi hermano me hace a un lado para tomarle el pulso y al instante comenzar a hacer RCP contando mientras hacia compresiones. —Llama al 911 —ordena entre las compresiones—. ¡Eryn! Lo miro asustada mientras me levanto y tomo el teléfono de la barra marcando el número también viendo entrar a Ethan un poco desconcertado al verme, escuche a mi hermano gritar algo al igual que la operadora me hablaba. Ethan corre a mí quitándome el teléfono. Lo que sucedió después fue como verlo en otra perspectiva, los paramédicos llegaron atendiendo a mi mamá, el primer diagnóstico fue un ataque al corazón y en cuanto llegó la camilla fue cuando quitaron a mi hermano de encima para que ina fe las paramédicos lo retomara. Prácticamente tuve que insistir en que me dejaran ir en la ambulancia obligando a mi hermano y a Ethan a ir detrás de ella en la camioneta negra, al entrar tomada de la mano de mi madre quién aún no mostraba algún signo fue ingresada dejándome en el pasillo blanco y estéril sola por unos segundos hasta que unos brazos me tomaron por los hombro abrazándome.  Tuvimos que esperar en la sala tomando un café horrible hasta que un doctor nos dijo que todo estaba bien y que por desgracia era un efecto colateral de su enfermedad, que de momento se quedaría unos días en observación pero que no había un gran pronóstico para ella. Decidí quedarme la noche con ella prometiendo avisar si pasaba algo e incluso bromeando de que no había un lugar mejor para un ataque de ansiedad que un hospital. En cuanto se van saco mi teléfono haciendo una única llamada pero por la hora supuse que estaba dormido así que al entrar al buzón hablo: —Hola Christian, supongo que estas ocupado —murmuro sin saber que decirle—. Me quedaré un par de días más en Nueva York, ¿ok? No te preocupes, estaré bien. Te quiero. Cuelgo el teléfono y respiro hondo entrando a la habitación nuevamente viendo a mi madre conectada a un electrocardiograma que indicaba su pulso y cada pitido, por muy irritante que fuera me calmaba lo suficiente.
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