Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 10
Llegamos a casa en completo silencio, eso me hace pensar que Bradley está hecho una furia por mi inocente confesión de hace un rato pues en todo el camino me dirigió la palabra a mi y tampoco a Vladimir. Con eso solo compruebo que está muy furioso. Aparca el auto frente a su casa y después sale sin decir algo. La verdad es que no entiendo su estúpida actitud, es lógico que este enojado conmigo, incluso entiendo que no me dirija la palabra pero no es justo que la tomé con su hermano también. Definitivamente ese chico es un imbécil. –¿Qué le dijiste a Bradley para que se pusiera como loco? –pregunta Vladimir sacándome de mis pensamientos. Sale del auto, yo también abro la puerta y salgo. –Le conté que casi me atrapan en el almacén –respondo. Vladimir me mira sorprendido pero a diferencia de su hermano no reacciona como un loco, sino se mantiene sereno a que diga más. –Afortunadamente tenía Efkolos Hypnos por eso es que estoy sana y salva aquí. Suelta un suspiro que me hace saber que le alivia mi respuesta. Abre la puerta, me deja pasar primero y luego entra atrás de mí, para después cerrar la puerta a mis espaldas. –Estás loca Kaylee –dice tranquilamente. Si manera de decirlo es tan dulce que lejos de parecer un insulto parece un halago, tampoco parece un regalo o una pregunta sino una afirmación y me gusta que sea así, porque se siente como si me aceptara con esa parte mía. –Ya sé que no debí exponerme –digo –pero son riesgos que se tienen que correr, no es como que todo te aparecerá de la nada. Niega ligeramente como si con ello me dijera no está de acuerdo pero que a su vez no se va a oponer a lo que haga. Subimos por las escaleras sin decir una palabra más, al llegar al final de las escaleras es hora de tomar caminos opuestos. Cada uno se va a su habitación, entro a la mía, arrojo mi mochila sobre el escritorio, me quito la sudadera y me pongo una más ligera, cambio mi calzado por otro más cómodo. Me siento frente a mi ordenador que está en el escritorio donde puse la mochila, enciendo la computadora para poder revisar alguna nueva noticia que pueda tener. Rápidamente se enciende la pantalla, voy hasta mi sección de correos y entro. Hace días que no sé nada de mamá y papá, así como de Lawrence, un correo de alguno de ellos no me vendría mal. Aunque también entiendo que como parte de la misión debo de tener poco contacto o incluso nada de él con mi familia. En mi bandeja de entrada solo hay cinco mensajes nuevos, uno es de mamá, otro de Lawrence y los otros tres por parte de la academia. Mamá solo me saluda y me desea suerte en la "escuela" sé perfectamente a qué se refiere, también me dice que estará ausente por un tiempo por efectos de trabajo y para darme espacio a "conocer personas". Todo eso lo traduzco como que no sabré más de ella hasta pasado un tiempo porque no quiere que nada de la misión se vaya por el caño. Lawrence por su parte también me desea suerte, me dice que me extraña y desea que pronto nos volvamos a ver para darnos las "buenas noticias", todo eso lo traduzco a un atrapa a los malos y vuelve pronto amiga. Eso me arranca una sonrisa. Respondo los dos mensajes y finalmente voy a ver los tres últimos, en ellos no hay nada relevante solo me dan información de los chicos con los que estoy trabajando, como a esos correos no debo responder pues no lo hago. Salgo de mi correo y por último apago la computadora. Levanto mis brazos para poder estirarme, camino por la habitación y luego de un rato decido abandonarla para ir a ver a Mady, quizá pueda necesitar de alguien para hacer algunas cosas. Llego a la cocina y no encuentro a nadie, al llevar mi vista al refrigerador veo la nota que ha dejado. 'Chicos: Tuve que ir a trabajar, no pude hacer algo de comer así que espero uno de ustedes dos pueda cocinar algo. Kaylee es nuestra invitada, haga la sentir en casa. Nos vemos en la noche. Mamá.' Sonrío al ver la forma en que Mady trata a los chicos, son muy afortunados de tenerla. Me doy cuenta de que les pide hacer para comer, así que le tomaré la palabra y aprovecharé para cocinar algo. Pienso en que podría preparar y se me ocurre hacer una lasaña. Busco los ingredientes en la alacena y en el refrigerador, saco todo y lo pongo en la encimera. Me amarro el cabello en una cola de caballo. Comienzo a preparar lasaña mientras pongo música en mi celular. Sigo con mis actividades en la cocina en tanto tarareo la letra de And I love her de The Beatles. A love like ours Could never die As long as I Have you near me Bright are the stars that shine Dark is the sky I know this love of mine Will never die And I love her Repentinamente una voz masculina se une a mi tarareo, asustada por haber sido vista volteó a ver al chico, porque sé que uno de ellos es pues sus padres no están, que ahora canta conmigo. La imagen de un Vladimir relajado y apoyado en el umbral de la puerta me saca una sonrisa pero al recordar que me ha visto cantar el rubor invade mis mejillas. –Que buena música –dice entrando a la cocina y llegando hasta la encimera. Empiezo a preparar la salsa para la lasaña, Vladimir se sienta frente a mí mientras me observa. –Me gusta tu voz –habla. Pongo un sartén al fuego, la verdad es que no sé cómo reaccionar por ello es que no respondo nada. –Gracias –susurro un rato más tarde. Dejo de mover la salsa, me doy la vuelta y me pongo a picar las verduras para el relleno. Levanto la cabeza para encontrarme con la mirada de Vladimir que capta cada uno de mis movimientos, no puedo evitar sonrojarme de nuevo, este chico y su habilidad para hacerme sonrojar. Apenada solo le doy una sonrisa pero él solo sigue mirándome. –¿Dónde está mamá? –pregunta aún con su mirada puesta en mí. –Dejo una nota en el refrigerador –hablo aún con las verduras –dijo que iría a trabajar y volvería en la noche. Dejó dicho que preparen algo para comer. Ahí está la nota si quieres mirar –señalo el sitio donde aún está la nota. Asiente y va a ver la nota. –Aqui dice que nosotros debemos cocinar, no tú. Le doy una sonrisa inocente. I was made for lovin' you comienza a escuchar por mi celular. –Deja eso Kay –dice –yo lo termino. –No hay problema ya lo estoy haciendo –hablo. –Pero mamá dijo... –Mady no sabrá que fui yo quien cocinó. Suspira frustrado y se pasa los dedos por su cabellera rubia. –No vas a desistir, ¿verdad?. Lo miro y niego, finalmente se sienta de nuevo donde se encontraba hace un rato. –Mejor cuéntame todo el embrollo que hiciste un rato –pide. Me río al recordar todo lo que pase hace un rato y con ello empiezo mi largo relato, el cual logra arrancarle unas pocas carcajadas. –En definitiva estás loca Kaylee –digo –te arriesgaste mucho haciendo todo eso, sin embargo me alegro que Danilo estuviera contigo y que nada pasara. Aún así no le perdonaré tan fácilmente a Thiago el haberte facilitado el auto y no acompañarte. –Vladimir –empiezo a decir –son riesgos que se deben correr, tú al igual que yo lo sabes. –Lo sé Kaylee, pero aún así pienso que debiste ser más cuidadosa, ¿y si Efkolos Hypnos falla? –No va a fallar –digo –a éstas alturas ya me estarían buscando, cosa que no ha pasado. Porque si André está en todo este rollo, él mismo lideraría mi búsqueda y ya estaría aquí. Asiente dándome la razón. Termino de cocinar las verduras con los condimentos correspondientes para tener listo el relleno, pongo la salsa, el relleno y demás cosas en un refractario. Coloco alumino sobre éste y después lo meto al horno para que se termine de cocinar. Me siento frente a Vladimir. –Por eso con justa razón Bradley está furioso –me dice Vladimir. –¿Aún está molesto conmigo? –Si, de hecho está descargando su furia en el cuarto de entrenamiento. Me quedo pensando en que debería hablar con él, después de todo somos un equipo y lo que más necesitamos es estar unidos por el bien de la misión. –¿Puedo dejar a tu cargo la lasaña? Lo mejor será que hable con tu hermano, por el bien de todos debo arreglar las cosas. –Claro, yo cuido la comida –responde –u justo eso pensaba sugerir. Me pongo de pie y salgo de la cocina para ir a buscar a Bradley al cuarto de entrenamiento. Ando por el pasillo, doblo a la izquierda y luego bajó las escaleras para ir al sitio. Me detengo en la puerta, debato mentalmente entre tocar o solo entrar y espantar cualquier reacción de su parte, pero con mi impulsividad por delante decido abrir la puerta y entrar sin permiso. La vista de un muy cabreado Bradley me recibe, el golpe seco de una patada suya al costal de boxeo me lo dice por si solo. Lleva las manos envueltas en vendas, un pantalón de deporte negro cuelga de sus caderas, su torso va al descubierto lo que de pronto me hace ponerme nerviosa pero prefiero no prestar atención a ello. Tiene los pies descalzos, la frente está perlada por el sudor mientras que el cabello se le pega a la frente. Por algún motivo lo encuentro sumamente atractivo estando en ese estado y de esa forma. Niego espantando ese tipo de pensamientos. Aún no me ha notado, eso me da un poco más de tiempo para admirarlo. Sin embargo como no todo es eterno pronto se percata de mi presencia, se detiene y me mira. Sus ojos están más verdes de lo habitual, aún sigue enojado. –Si solo veniste a quitarme la tranquilidad puedes irte por dónde veniste –dice con brusquedad. Empieza a golpear el saco de boxeo con los puños, sus nudillos se ponen rojos pero no sangran. –Bradley –hablo aún en mi sitio –solo vine a hablar contigo. Sigue en su tarea de golpear el saco pero aún así habla. –Vete de una vez Kaylee, no hay nada que hablar. Déjame en paz. Resoplo por su estúpida actitud huraña, odio cuando se pone así. –En serio que solo vine a hablar –avanzo hacía dónde aún sigue golpeando el saco pero ahora co más fuerza –no vine a buscar pelea ni nada. –Vete –susurra. –Tienes razón, ¿vale? –hablo –si me puse en riesgo y todo eso, pero volví bien y es lo que más importa. Conseguí pruebas, Danilo me acompañó y ambos estamos bien. Aún así tienes que entender que hay riesgo que se deben correr, de esto se trata ésto. Resopla fastidiado. –Mira –dice y se vuelve a verme –entiendo todo lo que dices, hay riesgos que correr, hay cosas que se deben hacer, de eso se trata. Pero no puedes ir por la vida poniéndote una jodida soga al cuello, tampoco puedes pretender trabajar en equipo cuando no nos tomas en cuenta. Veniste a Portugal a desmantelar a la mafia pero se te olvida que tienes un equipo, haces lo que se te pega la gana y si todo se va por la borda no te importa porque lo único que quieres es tener el mérito tu sola. Lo miro impactada por lo que acaba de decir. –¿Así que de eso va todo? –pregunto enojada ahora –lo que menos te importa es lo que realmente me pase, tú lo que quieres es quedar bien en todo esto, lo quieres a tu manera y con todos los méritos para ti solo. Se ríe de mí y con ello solo logra enojarme más. Empieza a avanzar hacía mí, en tanto yo retroceso a paso lento del mismo modo que él avanza al frente. –No seas estúpida Kaylee –dice hechando fuego por los ojos y adoptando una postura amenazante –por supuesto que también me preocupo por ti, pero entiende de una jodida vez que no se trata de lo que puedas lograr sola o arriegandote, se trata de hacer las cosas bien y sin poner en peligro nada, pero a ti eso no te importa porque vale más tu maldito ego. Mi espalda topa con la pared, pero en ningún momento despegó la mirada de él. –Realmente se me hace una estupidez que te pongas así por esto, mi ego es lo que menos importa en esto, los méritos que pueda obtener me valen un mísero comino. Yo más que nadie quiero que todo vaya bien y también se me hace una estupidez que todo el tiempo pretendas verme como la indefensa en todo esto cuando sabes que soy tan capaz como tú, incluso se me hace estúpido pelear por esto. Lo mejor es que me vaya –digo con la mandíbula apretada. Estoy enojada y conociéndome no voy a contenerme más sin darle un golpe para que cierre la boca. Niega con la cabeza a modo de burla. –A mí se me hace una gran estupidez que siquiera seas "tú quien nos dirige" –dice haciendo comillas con los dedos –cuando evidentemente no estás preparada para ésto. Acerca tanto su rostro al decirlo que nuestra narices se rozan, nuestros alientos están a poco de mezclarse. Su cercanía me pone nerviosa, fantaseo con la idea de que me bese pero al terminar de oír lo que dice y analizar sus palabras me caigo de mi nube. La furia me recorre todo el cuerpo como una corriente eléctrica. Sin pensarlo dos veces le asesto un puñetazo en la boca para que se calle, su rostro se gira hacia un lado y un hilo de sangre no tarda en recorrer la comisura de su boca. Se vuelve a verme furioso. –Eres un maldito imbécil –digo sintiéndome humillada. Me salgo de dónde estoy acorralada y huyo rápidamente del cuarto de entrenamiento, abro la puerta, justo en ese momento me percato de la presencia de Vladimir. Lo miro y me alejo de ahí sin volver atrás.
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