La Tercera hija del Rey

Capítulo 10
Los sentimientos de Xana se enfriaron en aquella celda. La jóven sabía que la única manera de sobrevivir ella y su hermana era aferrarse al principe de Ronda. No sabía a ciencia cierta si lo que decía el hombre era cierto pero lo sabría una vez hablara con su hermana. Ella le diría si fue el reino Nevado o Dorado el que había conquistado el suyo. Si el Dorado lo había conquistado después de la invasión tal como había dicho Ronda, no tenía nada que pelear con él. Habían pasado varias semanas desde su último encuentro con el príncipe. Esperaba que este ya hubiese pensado como liberarla. Las puertas de la celda se abrieron dando paso a Ronda. La mirada de tormenta se posó sobre las brasas de Xana. —La sacaré de aquí —¿Cómo lo hará? —Mis hombres están esperando, debemos salir antes que los guardias terminen me comer. Generaremos un incendio, pondremos un cuerpo y dejaremos la cadena, nadie sabrá que en realidad estás viva. —Nadie sabe que eres una de las hijas del rey Franco, ¿verdad? —Nadie lo sabe. Xana esperó con impaciencia la llegada del principe. No sé sentía preparada. Sintió nuevamente el paso de los guardias a su espalda y el nerviosismo tomó posesión de ella, ¿qué le pasaba? No era una persona nerviosa ni asustadiza. El lugar quedó en total silencio y Xana con el corazón en la mano. El tintineo de las llaves le avisó la presencia de Ronda. —Dame ese collar que llevas puesto —Esto es mío, me lo dio mi padre, no te lo daré. —Tu padre murió, pero tú no tienes que correr la misma suerte. Debes vivir—al ver que la princesa cedía a las lágrimas y aunque luchaba por no derramarlas, Ronda la abraza y Xana se desploma en su pecho. Ronda coloca sobre los hombros de la mujer una capa oscura y salen con rapidez de la cárcel. Xana ve como el hombre le entrega a sus hombres sus pertenencias y las llaves de la celda. Minutos más tarde el fuego que había en su celda empezó a salir y llamar la atención de los carceleros. A lo lejos Xana podía ver cómo el fuego consumía sin contemplación aquella celda, los largos brazos del fuego salían con sed. El carruaje empezó a moverse, alejándose cada vez más de aquel lugar. —¿Cuáles son sus motivos, alteza?—interroga Xana —El matrimonio permite estabilizar mi poder, usted me ayudará a hacerlo, este país será suyo. —¿Cómo cree que le seré útil? Ahora, no soy nada. No tengo familia, no tengo riqueza, nada. —Usted es astuta y de mente ágil. Eso es justamente lo que necesito. —Entiendo. Le seré útil en su ascenso al trono, ¿qué le hace pensar que seré su peón? —Usted será un peón que se convertirá en la reina. Sacará mucho provecho, pues sacará de la deshonra la dinastía Lundqvist. Se convertirá en la emperatriz después de la unificación. Xana no imaginó que los deseos del príncipe fuesen la unificación del imperio, aquel que cayó hace 200 años. Volver a la riqueza y el esplendor de aquellos tiempos sería un verdadero reto, uno muy grande. —Planea hacerse con los 4 reinos —No solo con los 4 reinos. También, con países vecinos. Hacer de este un gran imperio. —Se enfrente a un verdadero reto, alteza —Por eso la elegí a usted. La considero mi estratega aquí. Dígame su nombre, tercera princesa. —Xana Lundqvist —Usted es muy osada al usar todavía su apellido. Yo soy Jaden Ahlström. —el hombre sonríe levemente *** Teniendo bajo su protección a la tercera hija del rey Franco, Jaden Ahlström corría un verdadero peligro. Si alguien lo descubría podría ser desterrado, declarado traidor o enviado a la horca junto con Xana Lundqvist. Debía ser muy cuidadoso con sus pasos para no despertar sospechas en sus primos. También tenía otro problema, ¿dónde escondería a la princesa? No podía tenerla en la mansión. Pensó en el resto de sus propiedades y la mansión de verano Hoffman era la más indicada. Debía idear un plan. Primero, enviaría a la mujer hacia esa residencia junto con sus mejores hombres para protegerla. Luego, tendría que acabar lo más rápido posible con Witgate y Lanes, eliminar sus oponentes del tablero. No podía permitir que ellos reconocieran a la mujer pues ahí estaba su punto de caída. Nada podía salir mal, pero como muy bien sabía nada sale como se planea. —Alteza, encontramos algo que le podría servir—su guardaespaldas entró al despacho con unos documentos en sus manos —¿Qué son? —Los pasos de Witgate, seguro le servirá, alteza. Sus ojos grises se centran en el contenido del documento. —Verifica la información si resulta ser cierta, no tuvimos que mover mucho, sus mismos hombres lo entregaron. —Asi es, alteza —Leonard, ¿dónde está la señorita? —La instalamos en una posada cerca de la entrada de la ciudad. —¿Hay suficientes hombres? —Si, alteza —Vigila bien la zona, no dejes que nadie sepa nada acerca de ella. —Si, alteza. Hay otra cosa, la princesa Céline le mandó una misiva. Ronda tomó la carta y la leyó, la princesa Céline, sobrina del rey Malón. Conocía a la mujer hace tiempo, con cada visita al país, siempre la muchacha se afanaba en tratarlo, tal vez buscaba una posición estable dentro del escalafón social. Su padre, el marqués de Midler había expresado en algunas ocasiones la intención de casamiento con la princesa, pero Ronda había rechazado rotundo la idea, no quería emparentarse con alguien que no tuviera su mismo interés por el trono. Jaden había pasado 10 de sus 27 años de vida trazando un plan completo y detallado de su ascenso al trono, nadie podría arruinar eso.
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