Cuarto Reino

Cap. 19.1
Cap. 19 Todos levantan sus copas haciendo una reverencia a Ivana, ésta se levanta trastabillando, horrorizada, tapándose la boca con las manos para evitar gritar, jadeando y repitiendo una y otra vez, no puede ser, una mano sujeta la suya delicadamente guiándola hasta la silla principal, sin embargo Ivana aparta la mano de la joven que la guiaba como si ésta le quemara, Katherine se acerca a su lado con una sonrisa llena de admiración y calma. ─ Todo está bien, Ivana ─ No… nada está bien… ¡nada está bien! ─ Ivana sale corriendo del comedor, todos se miran atónitos por la reacción de Ivana. ─ Yo hablaré con ella ─ se ofrece Katherine. ─ Aun falta abrir la cripta de Mónica y solo ella puede abrirla ─ Pero no podemos hasta que todos los principales miembros de la familia, incluyendo a los Lidell de Gran Bretaña, estén presentes, no sabíamos a ciencia cierta que algo tan obvio fuera así para saber que es ella ─ Aun no lo sabemos, Christina ─ refuta Kiev. ─ La mayor prueba es abrir la cripta de Mónica. Si ella logra abrirla, estaremos totalmente seguros de que es Paola, mentora de Mónica, nuestra Mentora y ancestro inmortal, pronto volverán a nosotros cuando Paola recupere sus memorias ─ Katherine se retira del comedor en busca de Ivana al igual que Kiev, dejando a todos los presentes cuchichear entre ellos, sacando conclusiones de las posibilidades de que Ivana sea o no Paola Doménico. Ivana se encontraba caminando de un lado a otro en su habitación, nerviosa, con la mirada fija en la nada como una paranoica, su corazón desbocado a punto de salir por su garganta, tocan la puerta, Ivana da un respingo. ─ Qui… qui… ¿Quién…? ─ Abre Ivana, soy yo, Katherine ─ Ivana abre la puerta tirando del brazo de Katherine bruscamente haciendo entrar a trompicones a la pobre muchacha. ─ ¡Ay!, ¡cuidado!, ¡mi brazo! ─ Dime que no es verdad. Que no soy Paola, esto es demasiado. Dime que no es verdad. Que no puede ser, yo, yo, yo, no… no puede ser, yo… Paola, no… eso, no… no… no ─ Katherine la sujeta por los hombros obligándola a mirarla a los ojos. ─ Ivana, mírame, mírame, ¡Ivana! ─ ¡¿Qué?! ─ Todo estará bien, aun falta abrir la cripta de Mónica ─ ¿Qué cripta?, no me digas ─ comentó Ivana levantando la mano, volviendo a caminar de un lado a otro otra vez. ─ Es la mayor prueba, si no la abres, todo estará bien, no eres Paola ─ ¿Y si la a… a… a… abro? ─ Está bien, solo hay que esperar ─ Pero… ¿Si la abro? ─ Ivana, esa cripta la han tratado de abrir por más de cuatrocientos años y hasta ahora no han podido, nadie a podido ─ Entiendo, (risita demencial), entiendo, es imposible que lo haga, ya que no soy Paola, (risita demencial), no soy ella, (risita demencial), pero ¿Y si la abro? ─ Entonces eres Paola ─ Ay mierda no ─ dijo Ivana con los hombros caído en derrota sentándose sobre la cama, Katherine se sienta a su lado, frotándole el brazo. ─ Todo estará bien, solo tienes que descansar, ¿De acuerdo? ─ Ivana hace una mueca con los ojos aguados a punto de llorar. ─ No quiero ser Paola ─ los ojos suplicantes le provocaron una sonrisa llena de ternura a Katherine, la abraza susurrándole al oído para que logre descansar, antes de salir, Katherine le da las buenas noches y le recuerda descansar, Ivana asiente haciendo un mohín. ─ Tú tienes más derecho de ser Paola, mucho más que yo ─ ¿Por qué? ─ Ivana se encoge de hombros. ─ Eres más linda y atenta… tienes modales ─ Katherine cierra la puerta detrás de ella con una sonrisa, Kiev esperaba en el pasillo y Katherine le explica lo sucedido. A la mañana siguiente, tocan a la puerta del cuarto de Ivana, ésta aun se encontraba acostada con la mirada perdida hacia el techo con sombras en sus ojos, revelando que no pudo pegar un ojo toda la noche, vuelven a tocar a la puerta. ─ Pase ─ invitó Ivana con voz monótona y sin ganas aun con la mirada fija al techo. ─ Aquí le traigo el desayuno, señorita Ivana ─ Gracias ─ era la mujer de cara de pocos amigos, ésta vez con algo más de buen semblante, parece estar de buen humor, Ivana enarca una ceja, la mira de reojo y nota que ésta le hace una reverencia antes de salir. ─ Tengo que salir de éste manicomio ─ pensó Ivana poniéndose de pie, se viste con la misma ropa de la noche anterior, mira con desconfianza el carrito del desayuno, se arregla su cabello enmarañado frente al espejo haciéndose una cola, llega a la puerta, sujeta el picaporte y vuelve a echar otro ojo al carrito, sopesa las ideas en conflicto en su cabeza hasta… ─ Después de comer, no llegaré lejos con el estomago vacío ─ se sienta a comer. Vuelven a tocar a la puerta, ésta vez es Kiev con Silvia como su acompañante. ─ Veo que te levantaste con apetito ─ saludó Silvia con una sonrisa. Silvia juega con sus dedos algo nerviosa al no obtener algún comentario por parte de Ivana, solo una mirada plana y el bocado a medio camino, por tal razón, Kiev agrega con una pregunta. ─ ¿Qué tal tu noche? ─ Pésima. No dormí. Gracias por preguntar ─ contesta con la boca llena. ─ El resto de las familias llegan pasado mañana ─ informa Kiev, Ivana deja de comer para mirarlo en silencio con una expresión inescrutable, Silvia sonríe para cortar el momento incómodo. ─ Pero no es para que te sientas nerviosa, Ivana, estás en tu… ─ Escúchame, señorita cortesía ─ interrumpe Ivana bruscamente, señalando a Silvia con un muslo de pollo. ─ El hecho de que presuntamente yo sea “Paola”, no quiere decir que seamos las mejores amigas, ¿Queda claro? ─ Ivana toma un sorbo de jugo. ─ Y el que me parezca a esa mujer del cuadro no quiere decir que sea ella ─ Ivana, no somos tus enemigos ─ objeta Kiev tratando ser la voz de la razón. ─ ¿Hasta cuando estarás a la defensiva? ─ Sus caras dijeron todo lo contrario antes de que se dieran cuenta el parecido ─ refuta Ivana tirando el hueso de pollo sobre el plato. ─ Ahora si me lo permiten, quiero estar sola… gracias ─ Kiev se retira de la habitación sin decir otra palabra, Silvia estuvo a punto de hacer una reverencia cuando Ivana levanta la mano en un gesto para que no hiciera tal cosa con una sonrisa desdeñosa, la mujer se retira con la mirada puesta en el suelo. Ivana suspira de exasperación sintiendo algo de alivio por su soledad, quería estar sola, la presencia de gente como la de anoche le hacían querer vomitar. Media hora más tarde vuelven a tocar la puerta. ─ ¡Largo! ─ Disculpe señorita… ─ ¿Ahora soy señorita? ─ Perdone, vengo por el carrito de su desayuno ─ Ivana tomó el carrito por el asidero y lo llevó hasta la puerta, abrió la puerta entregando el carrito dando las gracias por el desayuno, la mujer se retira sin levantar la mirada, al cerrar la puerta, no habían pasado ni diez minutos cuando volvieron a tocar. ─ ¿Ahora que? ─ gruñó Ivana mientras abría la puerta de golpe, Katherine abre los ojos asombrada por el temperamento de Ivana. Jugando con sus dedos algo nerviosa se disculpa. ─ No es necesario que te disculpes, Katherine ─ ¿De verdad no es mi culpa? ─ No… no es tu culpa… ¿Quieres pasar? ─ ¿Segura? ─ Si, claro, siempre eres bienvenida, pasa ─ Ivana abre más la puerta para darle paso a Katherine. Katherine, sentándose en la cama, pregunta sobre la noche y como la había pasado, Ivana resopla desdeñosamente mientras caminaba de un lado a otro, desahogando su frustración sobre la familia y sus estupideces y sus criticas y sobre todo, le confesó que se largaba, Katherine horrorizada por la decisión de Ivana trata de objetar para convencerla de que no se fuera. ─ ¡Pero Katherine!, no soporto a ésta gente, fíjate, no era nadie antes de que vieran el parecido que tengo con la mujer del cuadro, ¿Ahora soy la mayor de la realeza?… y eso no lo tolero, ¡es una mierda! ─ Ivana se sienta al lado de Katherine, la cual, mantenía su mirada fija en el suelo. ─ ¿Sabes una cosa?... por lo menos eres la única que no me ha juzgado ─ Si te confieso algo… ¿No te enfureces conmigo? ─ Dime, puedes estar tranquila, has sido honesta conmigo, por lo menos es algo que agradezco de ti ─ A decir verdad… cuando te conocí… si te juzgue un poquitín ─ confesó Katherine con una sonrisa nerviosa, apenada, y su mirada temerosa. ─ ¿Y que te hizo cambiar de idea? ─ El diario de Mónica ─ ¡¿otra vez…?! ─ No te molestes, por favor, es que en ella cuenta muchas cosas de Paola, de ti… y a pesar de tu carácter, eres como ella ─ ¿Qué quieres decir? ─ Proteges, antepones a las personas antes que tu, Paola fue así con sus padres y sus amigos, incluyendo a Mónica… y lo demostraste cuando protegiste a Kiev de tu amigo poseído y… en el barco, pensaste que nos habíamos involucrado en esto sin saber ─ Katherine toma las manos de Ivana con aquel brillo en su mirar. ─ Créeme, Ivana, sabemos perfectamente donde nos metimos y donde estamos ─. Ivana se quedó reflexivamente en silencio, observando aquellos ojos suplicantes, su mano pequeña apretando la suya, sin embargo, Katherine no sabía si había tocado su corazón o no, sintió su pecho encogerse al no recibir respuesta alguna de Ivana, agacha la mirada en un gesto de derrota, Ivana aprieta gentilmente la mano de Katherine suspirando profundamente. ─ ¿Dónde está la cripta de Mónica? ─ Katherine levanta la mirada asombrada. ─ ¿Qué? ─ La cripta de Mónica, quiero verla ─ Pero no podemos, no hasta que lleguen las otras familias ─ Por favor, solo verla, no voy a tocar nada, lo prometo ─ Katherine sopesa la petición de Ivana, después de unos minutos de cavilar accede. ─ Con una condición ─ ¿Cual? ─ Entramos y salimos rápido ─ Okay… como tu digas, entrar y salir ─ Y no tocar ─ Y no tocar ─ ambas ríen en complicidad. Ambas se ponen de pie con entusiasmo, con sonrisas cómplices plasmadas en sus caras y se enfilaron a la cripta. ─ Esto no le va a gustar a mi hermano ─ comentaba Katherine con una risa llena de travesura. Bajaron por el salón recibidor, cruzaron a la izquierda para encontrarse con un pasillo que comunicaba con la parte posterior de la casa, un largo corredor mostrando una puerta que conducía al jardín trasero. ─ Por aquí cortaremos camino ─ indicó Katherine tomando la mano de Ivana. Saliendo al jardín, cruzaron un pequeño laberinto de setos que le llegaban a la cintura. El cielo brillante y despejado, los pájaros trinando en los árboles alegremente. ─ ¿Qué tan lejos está? ─ pregunta Ivana intrigada con una sonrisa en sus labios. ─ Paciencia, ya casi estamos ─ contesta Katherine tirando más de su mano, atravesaron un bosque, a pesar de que sus árboles brindaron sombras, el calor del sol se hizo sentir en su piel. Llegaron a un claro después de un pequeño lago, al otro lado del lago, una edificación se encontraba erigida con estilo renacentista, por el tamaño a juzgar, era una cripta de una sola persona, Katherine corre adelantándose para abrir la verja. ─ ¡Por aquí! ─ grita Katherine entrando a la cripta con entusiasmo.
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