Cuarto Reino

Cap. 18.2
Ambos se retiran a sus habitaciones, dejando a Ivana sumergirse en una habitación tan grande para ella sola, un baño amplio con cerámicas de blanco y negro, una tina enorme para ella sola, un librero de piso al techo; descartó el librero ya que no sabía leer; ventanales amplios y una puerta de cristal que comunicaban a un gran balcón adornado con algunas plantas, un escritorio y una cama con dosel tan grande que cabrían cuatro personas fácilmente, cortinas de tela transparente y ligeras moviéndose al poco viento que se colaba por la hendiduras de los amplios ventanales, Ivana suspira sintiéndose en la gloria al estar entre tanto lujo, se anima, ¿Qué podría ponerse en una reunión familiar con una familia que no conoce?, comienza a curiosear sobre los estantes o armarios donde podría ella escoger su ropa. Abriendo un armario pequeño, su sonrisa se ensancha increíblemente al ver que era una licorera, botellas de licores de todo tipo y toda marca, recorre los dedos por las etiquetas de las botellas, esto sí lo conocía ella a la perfección, se decide por una de whisky llevándosela al baño silbando una canción alegre, agitaba los brazos al aire con botella en mano olvidándose por completo de la ropa. Todos se encuentran reunidos en el gran salón comedor, conversando en distintos idiomas queriendo matar la curiosidad de cómo será el hallazgo de Kiev, solamente el joven expresaba paciencia dejando a todos en una intriga total, de todos modos, aun no habían colocado los platos de la mesa y nadie podía empezar a comer sin la miembro más importante, o sea la invitada de Kiev, así había sido desde el principio solo para guardar respeto a la persona que posiblemente fuera ser la reencarnación de Paola, no obstante los minutos fueron pasando y nada de Ivana, ya Katherine y Kiev se mostraban algo impacientes al igual que el resto de los presentes, Katherine se excusa un momento, llega a la habitación de Ivana, toca a la puerta, no hubo respuesta, toca con más insistencia, nada, abre la puerta un poco, solo lo suficiente para asomar la cabeza, no había señales de Ivana por toda la habitación. ─ ¿Ivana? ─ llama Katherine dubitativamente, sin embargo no tuvo respuesta, vuelve a intentarlo con más fuerza, de pronto sale Ivana del baño totalmente desnuda y exasperada. ─ ¡Gracias al cielo que estás aquí!, ¡¿Dónde coño guardan las toallas en esta mierda?!, llevo más de una hora y no las encuentro ─ Katherine trata de calmarla y entrara en razón, sin embargo Ivana no dejaba su perorata, Katherine ruborizada al tener al frente a Ivana desnuda, suspira con resignación, la toma de la mano, Ivana protesta, pero se deja llevar. Entrando al baño, Katherine le muestra unos gabinetes detrás de la puerta donde se encontraban las toallas, Ivana apenada por su ignorancia solo sonreía como una idiota soltando risitas tontas. ─ Gracias ─ fue todo lo que dijo. ─ Todos te están esperando ─ Perdón, ya me cambio, solo dame unos minutos ─ Okay, no tardes ─ Tranquila yo me visto rápido, espérame, no te vayas ─ tal y como dijo Ivana, no tardó mucho en vestirse detrás de una pantalla, al salir, Katherine bebía un pequeño sorbo de vino, en el instante que mira la vestimenta de Ivana escupe el vino. ─ No pensarás bajar así ─ ¿Qué tiene de malo? ─ Ni en sueños… ─ ¡Hey!, ¿Es como ustedes dicen o como a mi me de la gana?, soy la elegida ¿no? y bajo como yo quiera ─ Katherine lanza un gruñido de frustración levantando las manos al aire después de intentos e intentos de convencerla de cambiarse de ropa. ─ Has lo que quieras ─ ¡Excelente! ─ agregó Ivana con una sonrisa socarrona, Katherine sale de la habitación cerrándola de un portazo. Katherine llega al comedor dando zancadas, Kiev susurra preguntando por Ivana, Katherine señala con la cabeza en dirección a Ivana que hacia acto de presencia dejando a todos con la boca abierta, cargando un suéter tejido beige, con el cuello corte en V amplio, mostrando uno de sus hombros, las mangas tapaban sus manos, el suéter se mostraba algo desgastado por el uso, pantalones marrones con parches en las rodillas y en la entrepiernas, sujetadas con tirantes, la cual el suéter tapaba, y unas botas desgastadas, negras y rayadas, el cabello a la altura de los hombros lo tenía recogido en una cola de caballo, saluda a todos agitando una mano sonriendo con la manga ocultando sus dedos, todos los presentes miraban a Ivana como si fuera una pieza fuera de lugar, algo que no encajaba en el ambiente destrozando la armonía, Kiev se disculpa con los presentes en portugués, logrando así desviar la atención de todos de Ivana. Hace un espacio para Ivana a su lado, sin embargo la gran mesa tenía un espacio sin ocupar, el espacio principal que ocupaba Mónica en vida, una silla estilo trono tallada en caoba con incrustaciones de gemas preciosas acolchadas con un cojín de terciopelo rojo, en espera de su ocupante original, Ivana desliza los dedos por el asiento principal, más no prestó mucha atención en ello y se sentó al lado de Kiev, éste reprende a su hermana en voz baja con los dientes apretados por no haberle buscado algo más apropiado, pero ésta se encogió de hombros tomando un sorbo de agua como si no le importara nada lo que dijera su hermano. La comida por fin fue servida e Ivana no comió, devoró la comida con avidez, no tuvo reparo, ni le importó que la estuviesen mirando, trató de disimular un eructo limpiándose la boca con el dorso de la manga de su suéter, luego cuadrando sus hombros le mostró una sonrisa solemne a todos los presentes, Kiev trata de desviar la atención nuevamente de los invitados de Ivana, que no la dejaban de mirar con asombro y perplejidad, para Ivana fue el momento de su vida, ver la cara de idiotas con la boca abierta de todos no tenía precio, Kiev les explica hablando en portugués acerca del como fue el hallazgo de Ivana, otros preguntan también en el mismo idioma acerca de cómo se le ocurrió en buscar entre los callejones de Rusia, otras preguntas más sobre Ivana se hicieron, desde luego Ivana sabia que hablaban de ella ya que lo único que podía entender era su nombre, toma un sorbo de vino recorriendo con la mirada a todos los presentes, se limpia con su servilleta y lo tira en la mesa logrando captar toda la atención de todos otra vez, Kiev suspira de frustración dejando la mirada en blanco, Ivana respira profundamente aclarándose la garganta, y con tono sarcástico… ─ Sé que no tengo el nivel cultural de todos ustedes ─ inició Ivana acomodándose un mechón suelto de su cabello detrás de su oído. ─ Sé que no soy Tan refinada, pero noto como me miran como un bicho raro, no tengo vestidos costosos como el de ustedes por la misma forma en que me miran, pero por favor, ¡¿Alguien podría hablar en mi maldito idioma?!, sé que no soy ignorante en saber de que hablan de mi, criticándome, y no se hagan los horrorizados y los idiotas porque también sé perfectamente que me entienden ─ hubo un silencio en el salón, largo e incómodo, tenso y sepulcral. Una voz femenina se aclara la garganta. ─ Gracias por tu… aclaratoria y observación, Ivana ─ (sonrisa desdeñosa), ¡Hola!, y… ¿Tu quién coño eres? ─ Me llamo Silvia Brigartti, soy de Italia ─ ¿Y? ─ Resulta que de allí proceden Paola y Mónica ─ Okay, ¿Algo más? ─ Quisiéramos saber, Ivana, donde te criaste, ¿Cómo fue tu vida? ─ Me crié en un orfanato en Rusia, en Moscú, el orfanato… ─ ¡Espera!, perdona que te interrumpa, ¿Dijiste orfanato? ─ Si, ¿Por qué? ─ Me llamo Han Lee, soy de China, posiblemente tus padres eran como nosotros ─ ¿Qué quieres decir? ─ Descendientes de Mónica y Paola ─ No tengo ni idea, ni me importa ─ agrega Ivana con una mueca desdeñosa. ─ Prosigue, querida ─ instó Silvia con un gesto de su mano. ─ Como venia diciendo, el orfanato se incendió… nadie supo explicarlo y unos hombres me llevaron con ellos y me criaron y… ─ ¿Qué hombres?, disculpa, me llamo Terry Donald, soy norteamericano ─ Unos… hombres, uno era un pescador, el otro un inmigrante de Alemania… ─ Kiev menciona que conocías a un tercer joven, soy Claudine Shanté, de Francia ─ Ivana la mira de reojo inquisitivamente, ya su paciencia se acercaba a los límites de rebosarse. ─ Se llamaba Zackaeff, era como un hermano ─ ¿Era? ─ Quiso matarme, matarnos y… ─ no lo logró… ─ Ivana golpea la mesa con la mano con fuerza estremeciendo las copas y cubiertos en un tintineo. ─ ¡¿Me van a dejar de interrumpir de una maldita vez?! ─ Ivana cálmate, solo quieren saber de ti. Conocerte ─ dijo Kiev en voz baja para tratar de calmarla, apretando su mano, Ivana lo mira comprensivamente, respira largo y profundo, pidió disculpas a todos los presentes. ─ No, discúlpanos a nosotros, es que… resulta imposible de que seas… tu ─ ¿Por qué resulta imposible? ─ Es que Paola en su vida pasada era una… ─ ¿Muchacha refinada?, ¿De buena familia?, lamento decepcionarlos, con permiso, ya no tengo hambre ─ ¡Espera!, Ivana, por favor, toma asiento ─ Y… ¿Tu quien coño eres? ─ Me llamo Christina Von Crownler, soy de Alemania ─ Es un… placer ─ contestaba Ivana tomando asiento nuevamente. ─ ¿Qué quieres saber? ─ Solo queremos saber si es verdad que no recuerdas nada, disculpa si suena algo ilógico y abrupto, pero el diario de Mónica dice que Paola Doménico no recordaba nada de sus habilidades ni mucho menos de quien era antes de ser Paola ─ Ni siquiera sé quien es Paola, ni mucho menos esa tal Mónica ─ Ivana toma un sorbo de vino. ─ Y supongo que son ellas dos ─ señaló Ivana con su copa hacia el cuadro de ambas mujeres detrás de la silla principal de la larga mesa, pero su rostro empalidece llena de asombro y perplejidad poco a poco, abriendo los ojos de par en par al ver el gran parecido, su piel acanelada clara, sus ojos marrones y su cabello negro sedoso. ─ No puede ser ─ jadeó Ivana sintiéndose mareada, todos los presentes se dan cuenta del gran parecido. Todos en la mesa se levantan llenos de perplejidad, otros con horror con la boca abierta, incluyendo a Katherine y Kiev.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Cuarto Reino

Populares

Populares

close 0/500