Varios Relatos De Terror y Suspenso

No Deberíamos Estar Acá
Dicen que hablar sobre algo que nos atormenta ayuda, pero, ¿Qué hacer cuando eso que nos atormenta es algo de lo que no podemos hablar? Ayer me pasó algo muy raro, ví a una persona que no debería haber visto. Estaba en una tienda, haciendo compras y ví como esa persona pasaba entre las estanterías, primero solamente de reojo, después presté atención cuando la ví pasar por segunda vez y sí, era exactamente esa persona. Tuve miedo, no entendía qué pasaba, ¿Estaba buscándome? Miraba hacia los lados sin percatarse de que yo la estaba viendo. Parecía no saber que yo estaba ahí. Si lo sabía, entonces podía fingir muy bien. Parecía no estar haciendo nada fuera de lo usual, nada fuera de lo normal, lo que cualquier persona va a hacer a una tienda grande. Empecé a sentirme cada vez más nervioso. No entendía el porqué estaba ahí. Tanto esa persona, en ese lugar, como yo, que no me iba. Tal vez era el miedo de ir y dejarla a mi espalda, lo que para mí sería como convertirme automáticamente en la presa. Si seguía así, mirándola, observando todo lo que hacía, podía sentirme más seguro, sentiría que era yo quien la acechaba, que era yo quien tenía la ventaja, que era yo quien estaba cazando. Muy rápido dejé de lado mis compras y empecé a seguir a esa persona, sin dejar de preguntarme el porqué de ella estar en ese lugar, donde estaba yo. Es que no podía ser. La vi caminar, parar, caminar, voltear, caminar, girar, caminar, parar, caminar, levantar la vista, caminar, parar, caminar, caminar, caminar... Por estar tan preso en esa actitud, por estar tan centrado en observarla, por estar tan atento a seguir sus pasos, no pude ver a la persona con la que choqué de frente, la que con disgusto me dijo que me fijara por dónde camino, que preste atención, que no estaba en mi casa para actuar como dueño del lugar. Mis disculpas fueron sinceras, pero despreocupadas, lo que realmente me importaba era seguir viendo a esa persona, que por desgracia había perdido de vista. Entonces la desesperación empezó a apoderarse de mí. El miedo me estaba consumiendo. La ansiedad me envolvía. La paranoia tomó el control por completo. Ya no era yo, era solamente el animal más pequeño e indefenso que pueda existir en la naturaleza, pudiendo servir de alimento para todos los demás animales existentes. Y así estaba, a la espera de que llegue ese depredador desconocido y me ataque desde atrás, entonces giraba, cubría mi espalda, pero me daba cuenta de que ahora la dirección a la que estaba viendo anteriormente estaba detrás de mi, entonces esa cosa podría atacarme desde ahí. Giraba otra vez... y otra vez y otra vez... hasta que volví a verla. Estaba a la distancia, fingiendo que no me veía, fingiendo que no me odiaba por estar defendiéndome tan bien, o tal vez, realmente no me veía y no me quería atacar... pero lo importante era que, después de haberla avistado de nuevo, no podía dejar que se me pierda de vista otra vez. La miraba con mucho cuidado, mientras al mismo tiempo, me aseguraba de que mi alrededor estuviera despejado de personas y obstáculos, porque anteriormente no lo había pensado, pero, ¿Qué tal que ella decidiera atacarme? ¿Qué haría? ¿Lucharía? No creo poder hacerlo. ¿Huiría? Si decidiera huir (que sería lo más probable), debería tener pensada una ruta de escape. Así estuve aproximadamente una hora, observando cada detalle de sus movimientos, viendo cada rincón por el cual podría escaparme, hasta que la ví ir en dirección a la salida. Envuelto en alivio y miedo, la seguí hasta afuera. Ví como cargaba sus bolsas y se alejaba en la distancia. Casi me sentí completamente aliviado, pero para estar seguro, decidí precipitarme hacia mi coche y salir lo más rápido posible de ese lugar y dejar a esa persona en el olvido... lo que no pude hacer. La seguí viendo. La vi cuando giré y salí a la calle, la ví cuando levanté la vista al espejo retrovisor, la ví desde el puente cuando tomé la autopista... y ahora que estoy en mi casa, dónde debería estar a salvo, la estoy viendo llegar desde mi ventana.
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