Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 9
Se queda callado por un momento, luego continua hablando. –Es que sigo sin entender –dice. –En el laboratorio que trabajaba el chico se estaba creando una nueva droga, la cual permitiera el sometimiento de una persona, se pudiera manejar a voluntad del administrador de la droga y así mismo alterar los recuerdos de dicha persona. Cuando el FBI tomó el mando del laboratorio portugués que almacenaba la droga experimental, la Élite del FBI empezó a verificar la droga y usarla a favor –digo y hago una pausa antes de seguir hablando. –¿El laboratorio está en Portugal? –pregunta curioso. –Si –digo –pero jamás supimos a quien pertenecía y ahora que lo analizo quizá pertenece a los Silva y si no es así entonces a quien vine a atrapar pero a fin de cuentas me veré la cara al creador de Efkolos Hypnos. –Tal vez tengas razón –dice –pero sigue con lo que me contabas –pide. –La droga fue probada en ratas y después se experimentó en personas, el resultado siempre era el mismo. Una vez probada administrada la droga en una persona tenías el poder absoluto de ella. Podrías hacerle daño y si le pedías que lo disfrutara así era pero a la Élite no le agradaba eso. Una cosa es que seamos estrictos otra muy diferente es que seamos crueles –digo con la vista pegada a la carretera –por ello después de varias modificaciones y de nuevas dosis lograron tener Efkolos Hypnos. El gobierno de Estados Unidos dictaminó que la droga solo quedará bajo el resguardo del FBI, ni siquiera la CIA o la DEA tienen acceso a ella. En las manos equivocadas y en dosis extremas es brutal, por eso ni siquiera nosotros tenemos acceso a ella. Gira su cabeza en mi dirección y me mira sorprendido. –¿Entonces realmente perteneces a la Élite y no a los infiltrados como dijiste al llegar? –No –exclamo –claro que soy una infiltrada, solo que a mi me regalaron una porción de Efkolos Hypnos. Me sigue mirando extrañado. –¿Como la conseguiste? –pregunta de nuevo. Suelto un suspiro porque me siga preguntando. Sin poder evitarlo mi mente evoca recuerdos que ya no quiero que me persigan. El día en que se fue, los días después de eso, la operación que pedí a mis padres, mi cambio de actitud y sobretodo mi ingreso a la academia de los infiltrados. Mis días de entrenamiento y mi amiga Lawrence que se hizo tan afecta a mí que se sintió feo venir a Portugal y tener que dejarla. Pero sé que es parte del trabajo. Después recuerdo el día en que Lawrence me dió la droga y me dijo como usarla. –Hace cuatro años decidí ingresar a la academia –empiezo hablando, mi voz se torna sombría y Danilo lo nota pero no dice nada –ahi conocí a Lawrence una amiga, somos muy cercanas. Hace tres meses fue mi cumpleaños número veinte y de regalo me dió la pulsera con alfileres inyectados en Efkolos Hypnos, me habló sobre la droga me dijo que en pequeñas dosis solo te deja alterar los recuerdos del último minuto de la persona a la que se la apliques, te permite controlar las acciones de esa persona por un pequeño instante. Los recuerdos los borra si se lo pides y pone algo coherente en su lugar. Sin embargo si una persona aparece o habla en ese recuerdo y en un plazo de veinticuatro horas te ve o escucha la persona de inmediato evocará los recuerdos. –¿Entonces no estamos del todo salvados? –Claro que estamos salvados solo es cuestión de no aparecer por aquí mañana y todo estará resuelto. Me mira aliviado. –Lawrence la consiguió con su hermano, él es parte de la Élite. –Vale –dice –ahora entiendo muchas cosas. Asiento dándole la razón. –Ojalá pueda tener un poco de ella –habla Danilo –siempre es bueno tener un arma bajo el brazo. –Cuando vayas a Estados Unidos puedo conseguir un poco de ella para ti. Asiente. El resto del camino no hablamos más, hasta que estamos a poco de llegar a la universidad. Verifico la hora en el móvil, faltan veinte minutos para las cuatro de la tarde. –Detente por aquí –dice Danilo. Hago lo que pide y espero a que me diga lo que piensa. –Debo bajarme aquí, nadie debe vernos juntos. Tú vé sola hasta el aparcamiento, deja el auto de Thiago en si sitio, yo le mandaré un mensaje para que sepa que si auto está en su lugar. Deja las llaves en su taquilla, es la dos mil trescientos noventa y ocho. Nos vemos mañana. –De acuerdo –respondo tranquilamente. Danilo baja del auto, cierra la puerta y camina por la acera. Saco la cabeza del auto. –Gracias por todo –le digo. Se voltea a mirarme y me sonríe a modo de afirmación. Retomo mi camino, conduzco el auto hasta la entrada de la universidad. Avanzó por el estacionamiento hasta que doy con el lugar donde estaba el auto. Me detengo, subo los vidrios y pongo los seguros a las puertas. Me despojo de toda mi vestimenta sospechosa, me acomodo la ropa y salgo a toda velocidad. Con las llaves en la mano corro hasta la entrada de la universidad, voy hasta los pasillos dónde están las taquillas, busco con desespero la de Thiago. Debo dejar las llaves lo más rápido posible por varias razones. Los universitarios ya están saliendo de sus clases, se supone que Thiago y yo no nos conocemos por lo que no debería de estar cerca de su taquilla y mucho menos usara su auto. Tampoco debo dejar que André me vea porque al no verme en la mañana por aquí seguro piensa que no vine a clases. Corro por los pasillos buscando su taquilla. Veo las que empiezan en mil pero ninguna con el dos mil. Sigo mi búsqueda con desespero, en el reloj de la escuela veo que solo faltan cinco minutos para las cuatro, debo salir lo antes posible de aquí. Mil novecientos setenta, corro un poco más. Dos mil ciento cuarenta y tres, corro más. Dos mil trescientos noventa y ocho, bingo. Introduzco un alfiler en la cerradura, muevo tal como aprendí hasta que un ligero clic me alerta de que está abierta la taquilla. Guardo las llaves y cierro rápidamente justamente cuando el reloj marca las cuatro en punto. Libero un suspiro en parte aliviada porque lo he logrado. Sin demorar un minuto más avanzo hacia el frente, es más probable que al salir no me encuentre a André si salgo por este lado. Camino apresuradamente porque debo irme de aquí lo más pronto posible. –¿Natalie? –habla la voz de André a mi espalda –pensé que no habías venido hoy. ¿Dónde estuviste? Me detengo de inmediato y me congelo en mi sitio al escucharlo. Fui tan cuidadosa para no ser vista y ahora resulta que me atrapa justo cuando voy a salir de aquí. Maldita mi suerte. No puedo simplemente ignorarlo y seguir mi camino porque sería muy obvio, eso solo me podría poner en evidencia. Sin embargo tampoco quiero voltearme porque ahora que lo recuerdo mis ojos están en su color natural, no tengo puestos los lentes de contacto por ello si me volteo no sé que le diré. Pero no tengo otra opción. Me vuelvo y le miro. –André –digo con una sonrisa forzada pero hago todo para que parezca natural –no te había visto. Se acerca a paso agigantados a mi, se detiene frente a mí y me mira directo a los ojos. –Natalie –habla –¿dónde te metiste? No te vi en todo el día. Sonrío forzadamente. –Solo... –balbuceo sin saber que decir. ¿Qué le invento para que me crea? –Yo solo vine por un libro que olvidé en el mi taquilla –digo indecisa. –¿Libro? –inquiere. Asiento. –Olvidé un libro y vine por él. Me mira a detalle, aún no se ha dado cuenta de mis ojos y espero que no lo haga pero si se da cuenta debo elaborar una buena mentira que me libre de la situación. –Tus ojos se ven raros –comenta vagamente. Bajo la mirada rápidamente por miedo a que se termine de dar cuenta pero algo me dice que hacerlo es un error. La mano de André aparece en mi campo de visión y va a mi barbilla, pone sus dedos en ella para después levantar mi mentón. Me obliga a mirarlo a los ojos, no quiero hacerlo pero lo termino haciendo. –Tus ojos... –dice ahora con seguridad –¿qué les pasó? Si no mal recuerdo son verdes pero en este momento los veo de otro color. Trago saliva nerviosa. ¿Qué le digo? –Son... son lentes de contacto –hablo con un poco de mi seguridad habitual –los tengo conmigo desde mucho antes de venir aquí y me pareció gracioso ponermelos –finalizo con una sonrisa un tanto insegura. Ladea la cabeza como analizando mi respuesta. Ojalá que se trague todas mis mentiras. Finalmente asiente convencido. –Debo irme –hablo apresuradamente –debo volver a casa. –Puedo llevarte si quieres –ofrece –sirve que nos conocemos más –insinua. Trago saliva porque aunque sé de qué va la situación no sé cómo manejarla. Después de entrar a la academia me volví muy segura de mi misma, he estado antes en estás situaciones pero las puedo controlar porque solo es eso lo que me agobia y nada más, ahora sí le sumas el hecho de que mentí sobre mis ojos y sobre porque no vine a clases y otras cosas más entonces tienes como resultado una Kaylee muy insegura. –Eh... –balbuceo –pues yo... yo iba a buscar a Br...–voy a decir Bradley cuando recuerdo que su nombre es Zed –Zed, pienso irme con él. Me mira interrogante. Ha notado mi actitud y seguramente pensará que él me puedo en ese estado. Lo que menos quiero es que se haga ideas pero si debo elegir entre que se haga ideas y que se descubra la misión prefiero la primera. Qué se haga las ideas que quiera pero la misión no se pone en riesgo por nada. –Zed acaba de irse –me informa –hoy no había nada por resolver por eso se ha ido pronto. Abro los ojos enormemente porque ahora no tengo como volver a casa. Mierda, mil veces mierda. Bradley ya se ha ido, eso quiere decir que Vladimir también. ¿Y si se fueron a buscarme al ver que no llegaba y no recibir ninguna llamada mía? Diablos, esto podría irse por la borda. Ellos saben que fui al almacén, seguramente estarán de camino ahí pensando que quizá algo me pasó. Si llegan al lugar puede que se encuentren con Bartolomeu y su gente. Eso solo hará que todo quede al descubierto. ¿Por qué demonios no se me ocurrió llamar a Bradley y decirle de mi ubicación? Decirle a André que me lleve a casa no es una opción, lo mejor será buscar a alguno de los chicos y que sea uno de ellos quien me devuelva a casa. Pero antes debo deshacerme de él para poder irme libremente. –A todo esto Natalie, ¿dónde está el libro que venías a buscar? Mi garganta se seca al oír lo que me pregunta. –El libro –susurro desconcertada –aun no voy por él –digo rápidamente –es que me perdí entre los pasillos. Esta es mi oportunidad para librarme de él. –Debo irme –hablo –nos vemos mañana. No espero por una respuesta y me doy la vuelta, justo en ese momento del otro lado de pasillo oigo la voz de Bradley, siento como al alma me vuelve al cuerpo. –Nate –dice alegre –pensé que no vendrías o que ya te habías ido pero que buena suerte que no fuera así. Se acerca hasta donde me encuentro y detiene sus pasos a mi lado. –Creí que ya te habías ido –le digo –iré contigo. Nos vemos mañana André. Tomo del brazo a Bradley y lo arrastro conmigo hacía la salida. –Vamos que si no salgo de aquí ahora mismo seguro me dará un infarto. Camina conmigo sin oponer resistencia. –¿Estás enferma? –pregunta Bradley alarmado. Niego con la cabeza. –No –respondo. –¿Entonces? –Tantos sustos pueden matar a una persona. Inclina la cabeza curioso por saber a qué me refiero con ello. –Casi me atrapan –suelto con una sonrisa inocente. Aprieta la mandíbula, se zafa de mí agarre y camina lejos de mi dejándome sola.
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Entre tú y yo (TúYo #1)

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