Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 8
Mi respiración está acelerada y por más que trato de calmarme la adrenalina no me ayuda ni un poco, es como si mi respiración ahora hiciera el mismo ruido que hace el motor de un camión y me odio por eso. Por mi torpeza ahora todo se vino abajo. Genial Kaylee. Dos días y ya lo jodiste. –Cálmate –me exige Danilo en un susurro amenazante. Un escalofrío me recorre y ya no sé si es por la adrenalina que aún llevó dentro o porque está demasiado cerca de mí y eso me pone nerviosa. Suelto un pequeño respiro que para mi buena fortuna pasa desapercibido, llevo mi mano a la suya y la quito. Respiro profundo llenando cada rincón de mis pulmones de un aire con hedor a ratas, polvo y cosas viejas. Siento ganas de toser pero no es la mejor opción en estos momentos. Los pasos se hacen cada vez más fuertes y las voces más atronadoras. –Busquen cuidadosamente, no dejen ningún sitio sin revisar –dice la voz gruesa de un hombre. Los pasos se escuchan cerca de la puerta, incluso siento que están detrás de mí. Las demás puertas del pasillo empiezan a ser abiertas. El sonido de las bisagras es lastimero, puertas se abren y cierran, una tras otra. Eso aumenta la adrenalina que hay en el aire. –¿Qué hacemos? –le susurro a Danilo. Vuelve a poner una mano sobre mi boca y lleva sus labios a mi oreja. –No hagas ruido –dice con voz tranquila, suave y baja –tranquiliza a tu acelerado corazón, todo va a estar bien. Asiento lentamente, sus palabras y su cercanía empiezan a hacer efecto. Mi respiración se hace suave y pacífica, mi corazón sigue latiendo a un ritmo lento. Me siento más tranquila aunque el peligro sigue cerca. Dirijo mi vista a dónde entramos, en tanto sigo manteniendo mi respiración día e e inaudible. El reflejo de una linterna encendida me pone en alerta pero sin alterar mis nervios, una pequeña luz se cuela por la rendija de la puerta lo que me indica de inmediato que están frente a la puerta. Deseo con todas mis fuerzas que no revisen está habitación porque si no estamos perdidos. –¿Estás seguro que hay alguien por aquí? –dice la voz de otro hombre. –Por supuesto que si –dice la voz mandona de hace un rato –¿cómo explicas que esto esté en el suelo? –Tal vez lo tiraron algunos animales o quizá se cayó porque no la acomodaron bien. –Serás imbécil –replica el hombre. La lámpara apunta en dirección a esta puerta, me siento tan ansiosa por saber que es lo que pasará. –Revisa ahí –ordena –yo revisaré está última puerta y queda todo cubierto. Si no hay nada entonces tienes razón. ¿Por qué no puede simplemente dejarlo ir y ya? Trabar la puerta ya no es una opción y poner el seguro tampoco, lo único que queda por hacer es esperar. La perrilla es girada, la puerta está tan vieja que ya no abre con facilidad por lo que hay que empujarla para que abra bien lo que ocasiona que haga ruido. Mi respiración amenaza con hacerse audible pero hago todo lo que puedo para mantenerme en calma. El tipo entra y alumbra con la linterna que tiene consigo, cada espacio del lugar es iluminado. Puedo ver cajas de lo que supongo es droga, hay muebles viejos y podridos llenos de polvo, papeles desperdiciados por doquier, una mesa en el centro del cuarto con una silla a su lado, sobre la mesa hay una rata comiendo uno de los tantos papeles que hay regados, al tocarle la luz sale corriendo a su escondite. Va iluminando cada centímetro de la habitación, estoy segura que en cualquier momento alumbrará en nuestra dirección y nos descubrirá. Ante eso solo me quedan pocas opciones porque lo que va a suceder es demasiado predecible. A mi espalda siento a Danilo sacar lo que supongo es un arma de su cintura, puedo decir que es una daga porque no es estúpido como para querer sacar una pistola y dispararle. Sabe que eso solo nos delataría. Por eso llevo mi mano a la suya, dibujó un "No" en su palma, para después poner mi dedo en sus labios indicándole que guarde silencio y lo hace. La estancia se sigue iluminando, cada vez está más cerca de reparar en nosotros, mi mente corre a toda velocidad buscando una solución a esta gran problema. '...te sacará de cualquier situación complicada.' Saco de mi pulsera uno de los tantos alfileres que hay clavados en ella, ya tengo la solución para poder ilesos de ésta situación. La luz está cinco centímetros de nosotros, me pongo alerta para atacarlo y poder someterlo. Suelto un ligero suspiro lista para lo que viene. Primero se ilumina uno de los brazos de Danilo, poco a poco la luz avanza y cae en su rostro cegándolo por un rato. Gracias a eso puedo ver al pelirrojo de hace un rato apuntarlo con la lámpara, por fortuna aún me ha visto, saca una pistola de su cintura y apunta a Danilo. –Levanta la manos dónde pueda verlas –le indica. –Eh... tranquilo hermano, yo solo entré por curiosidad. Si me dejas ir no diré nada. Danilo un tanto nervioso hace lo que le pide, avanza pausadamente hasta el tipo y sé que esa es mi oportunidad para actuar. El pelirrojo avanza hacia Danilo, en tanto yo me desplazo hasta quedar a su espalda. Afortunadamente somos de la misma estatura por lo que no me cuesta trabajo llevar la daga que alcanzó a sacar de mi cintura a su garganta, se sobresalta cuando siente el frío filo de la daga, lo noto por su reacción. Me bajo el pañuelo que cubre la mitad de mi rostro y llevo mis labios a su oído. –Baja el arma, cariño. No hagas ruido porque no tendré problema alguno en cortarte la garganta –susurro amenazante. –¿Quién eres? –pregunta. –Eso no importa –respondo tranquilamente. El tipo tiembla y con eso sé que todo está resuelto. Baja el arma hasta tenerla a su costado, no espero ni un segundo más y clavo el alfiler en su garganta, quitó la dga de su cuello y cae al suelo. –¿Qué mierda hiciste? –dice desesperado Danilo. No le respondo porque justo entonces el sujeto se poner de pie nuevamente. Debo actuar rápidamente. –Levanta el arma y guárdala en dónde la tenías –ordeno –toma tu linterna y sigue tu búsqueda. Olvida que nos viste, dí que no encontraste nada, sal de aquí  –termino de hablar rápidamente. Se queda estático por un instante, seguro está procesando lo que hará. Una pequeña parte de mí está temerosa de que el alfiler no haga efecto. Me acerco un poco a él y arranco el pequeño artefacto de su cuello. Un segundo más que me parece una eternidad pasa y luego hace todo lo que le pido. Levanta el arma para luego guardarla en la cintura de su pantalón, toma la linterna y finalmente sale de la estancia cerrando la puerta consigo. Suelto un suspiro de alivio porque todo está resuelto, o eso creo. Se escuchan los pasos de nuevo, es como si estuvieran acercando y otra vez nos encontramos en peligro pero eso no puede ser porque le apliqué Efkolos Hypnos. Los pasos se detienen. –¿Encontraste algo? –pregunta la voz que da las ordenes. –No hay nada –responde el pelirrojo con lo que notó es seguridad –solo había una rata sobre la mesa pero nada más. De nuevo suelto la respiración porque ahora sí puedo cantar victoria. –Eso estuvo cerca –dice Danilo cerca de mí oído. Devuelvo a su lugar el pañuelo que estaba en mi rostro. Los pasos se vuelven a escuchar, pero está vez alejándose por dónde hace un rato vinieron. Nos quedamos en silencio, lo más inteligente es quedarse a esperar hasta que pase algo de tiempo para así después salir con tranquilidad y sin tanto riesgo de ser vistos. De pronto me siento sola como si no hubiera nadie conmigo pero claramente sé que Danilo está justo detrás de mí, aún así la sensación no se va, por ello llevo mi mano a mi espalda dónde sé que se encuentra. Primero me recibe el aire, pero después toco más hacia el fondo siento que topa con algo entre suave y duro. Paseo mi mano de arriba hacia abajo y doy con que manoseo el abdomen de Danilo. –¿Qué? –pide saber al sentir mi mano. Niego pero es inútil porque no me puede ver. –Pensé que habías desaparecido –contesto en un susurro. Libera un suspiro casi inaudible. –¿Ahora sí puedes explicarme lo que le hiciste al tipo? –susurra interrogante. Asiento pero sé que sigue sin verme por ello respondo. –Efkolos Hypnos –digo. Recuerdo que no sabe a qué me refiero, por eso me armo de paciencia para poder explicarle. –¿Qué? –pregunta. –Te explico en el auto –respondo –no es tan simple, mejor hay que ocuparnos en salir de aquí. –De acuerdo –responde. Saco mi móvil y reviso la hora, pasan de las dos con treinta de la tarde. Prometí a Thiago volver antes de las cuatro así que aún tengo un poco de tiempo de sobra, el justo para poder salir con mucha más tranquilidad del sitio y sin ser vistos. Esperamos en silencio por algún tiempo, me desespera estar en la oscuridad, sin poder hablar y esperando a poder salir. Cuando son las dos con cincuenta y cinco minutos decido que es hora de salir. Danilo solo está a la espera de lo que haga, por ello al verme salir me sigue de inmediato. Seguimos nuestro camino por el pasillo que veníamos recorriendo antes de que pasara lo de las cajas, está vez camino con mucho más sigilo y cuidado. Pronto llegamos a la puerta trasera, la abrimos, salimos del edificio viejo y por último cerramos la puerta con sumo cuidado para no hacer ruido. Reviso que no haya nadie a nuestros alrededores para empezar nuestra huida. El camino está despejado por ello corremos a toda velocidad para desaparecer rápidamente de su radar. Mis pies se mueven velozmente uno tras otro, Danilo viene a mi lado y mantiene el mismo ritmo que yo. Quince minutos después nos detenemos frente al auto de Thiago mientras regulamos nuestra respiración. A pocos pasos del auto veo una motocicleta rápidamente concluyo que es de Danilo. –Vas en moto o te vienes conmigo –le digo. Me mira con la respiración aún acelerada. –Vamos –dice –le diré al imbécil de Thiago que me traiga para llevar mi moto, es lo mínimo que puede hacer por haber hecho semejante estupidez. Sé que hace referencia a lo de en la mañana, solo asiento y subimos al auto. Me despojo del pañuelo, mis armas y me quito el gorro. Respiro hondo. Pongo en marcha el auto y me integro a la carretera de vuelta a la universidad. Los primeros cinco minutos del trayecto vamos en silencio, ninguno de los dos se atreve a decir algo hasta que al fin Danilo da el primer paso. –¿Efkolos Hypnos? –pregunta –explícame. Asiento en tanto sigo conduciendo. –Es una droga que te sirve para momentos como éste –digo. –¿Droga? –pregunta aterrorizado. –Si –respondo exasperada –droga, alucinógeno, medicamento o como quieras llamarlo. –¿Estás loca? –pregunta alterado. –Tranquilo, ¿vale? –digo. –Estás drogando gente y me pides que me calmé –sigue alardeando –se supone que vienes a atrapar mafiosos que venden droga y tú vienes y drogas a uno de ellos. ¿Te has vuelto demente? –Cállate Danilo y deja que hable. Suspira rendido y es mi turno de hablar. –Hace seis años un grupo de infiltrados logró desmantelar más de cien laboratorios clandestinos alrededor del mundo, en ellos se elaboraban drogas sintéticas. En uno de los tantos laboratorios atraparon a un chico que ayudaba en la elaboración de las drogas, fue condenado a juicio pero días antes de que se llevara a cabo dijo que él solo quería ser libre, deseaba volver con su familia –cuento –los agentes a cargo de su caso le dijeron que podrían reducir su condena si decía nombres y ubicaciones, pero el chico dijo que tenía miedo y no pudo hacer eso. A cambio prometió dar pistas contundentes, pidió protección para su familia y también nos dió un arma de utilidad. Me mira confundido porque no entiende a dónde va todo esto que le digo, pero para que me entienda debo explicar desde el principio y después decirle lo importante. –El chico nos regaló Efkolos Hypnos –suelto finalmente. –¿Y dónde está? –Bajo la protección del gobierno de Estados Unidos.
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