Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 7
Conduzco a toda velocidad por la carretera que sé me llevará a mi destino, ayer cuando venimos recuerdo que esta ruta es la que tomamos. Cuarenta minutos después de haber salido de la universidad me encuentro buscando un sitio alejado de donde quiero ir, no puedo permitir que me vean, así que lo mejor será terminar de ir a la bodega a pie. Estaciono el auto en medio de unos árboles, están lo suficientemente alejados de la carretera principal como para que sea visto, y si en caso de que sea visto nadie querrá saber que hay cerca del auto. Cierro el auto y activo la alarma. Justo antes de empezar a andar me acomodo la capucha de la sudadera negra. Oculto mi cabello dentro del gorro, me pongo un pañuelo para cubrir gran parte de mí rostro. Nunca se sabe lo que puede llegar a suceder, por lo que debo estar preparada para todo, me chequeo las botas verificando que el arma que suelo llevar en una de ellas esté en su sitio, en la otra también veo mi daga, me reviso en la cintura y en uno de los brazos, con todo eso en orden empiezo la travesía. Comienzo a correr llevando un ritmo normal en la respiración, cada paso me acerca más, no sé que pueda encontrar en ese lugar pero sea lo que sea lo usaré en contra de quien esté ahí dentro y si al final no hay nada, al menos lo intenté. Me detengo cuando ya estoy a pocos metros del que parece un edificio, me oculto detrás de unos arbustos. Todo está en calma, hay unos pocos autos que rodean el lugar, eso me da un poco de esperanza. Mi respiración es ruidosa y está acelerada por haber corrido un largo rato, debo calmarme para poder ser cuidadosa a la hora de entrar. Observó todo mientras estoy tranquilizándome, poco a poco empiezo a avanzar hacia la entrada del edificio. Los arbustos me cubren sin taparme la vista, estoy a pocos metros de la entrada. Saco el móvil y tecleo en el aparato para poder detectar la señal, si es que la hay, de cámaras que puedan captar mis movimientos. Para mí buena suerte no hay ninguna, eso me arranca un suspiro de alivio. Corro a toda velocidad a la parte trasera del edificio, en esa parte el lugar está más desolado que en la delantera y eso es de gran ayuda. Entro por la pequeña puerta que hay, camino por los pasillos haciendo el mínimo ruido, me detengo un momento y agudizó los oídos. A lo lejos puedo escuchar voces, presto más atención para saber de donde vienen, avanzo en esa dirección. Conforme me voy acercando las voces se hacen más fuertes y más claras, hasta que las escucho a la perfección, busco por el lugar hasta detenerme en el sitio de dónde provienen las voces. Son tres hombres en total, los tres van de negro, no reconozco a ninguno. Enciendo la grabadora del móvil para poder captar todo lo que pueda llegar a servir. –La carga está por llegar –dice un moreno que por lo que veo tiene los brazos tatuados  de cosas que no tengo la menor idea –Bartolomeu no tardará en llegar a verificar que todo esté en orden. Después quiero que salgan a hacerle los entregos a los distribuidores de la ciudad. Los otros dos asienten. –¿Cuánto es lo que vamos a recibir? –pregunta uno de los dos que no han hablado hasta ese momento. –Llegara una tonelada de cocaína, otra de cristal y una más de heroína. Toda ya saben que hay que llevarla a la segunda planta. Los hombres vuelven a asentir. Así que los verdaderos almacenes están en la parte de arriba. Eso tengo que verlo, pero creo que será para otro momento. Uno de los tipos desaparece y luego vuelve. –Ya está listo el espacio para la nueva mercancía –anuncia. El moreno solo asiente. Después de lo que parecen ser cinco minutos empiezan a entrar hombres con paquetes que van llevando a lo que parece ser la segunda planta. De manera discreta empiezo a hacerles fotos de lo que están haciendo, cuando ya tengo suficientes decido guardarlo de nuevo dónde lo tenía, la grabadora sigue captando sus voces. Poco tiempo después terminan de llevar toda la mercancía y salen, dejando a los tres del principio, entonces hace su aparición. Entra escoltado de dos hombres más, los cuales aparentan tener la misma edad que él. Uno pelirrojo y el otro castaño. Al igual que ayer que le ví por primera vez va enfundado en ropa negra, solo que ésta vez logro ver qué lleva unas botas tipo militar y unos pantalones ajustados, lo que hace que desde mi ángulo lo vea más atractivo de lo que ya es. Deja de pensar que el enemigo es sexy. Al menos me regaño de esa forma para dejar de mirar al hombre. Aunque si no me equivoco, tal vez sea de la misma edad que André o tal vez igual que yo, pero si ese fuera el caso, es demasiado joven para ir a prisión y además para ser el líder de la mafia portuguesa, porque con eso me hago más a la idea de que lo es. Si no como se explica que lo esperen como si se tratara de un un dios. Anoto nuevamente en mis cosas por hacer investigar a Bartolomeu Silva. Del mismo modo que ayer en las carreras lleva la gorra y las gafas que no me dejan ver su rostro, solo necesito verlo una vez para saber de quién se trata, porque me intriga demasiado. Justo en ese instante siento la presencia de alguien a mis espaldas, de inmediato mis niveles de adrenalina se disparan por todo mi sistema, así como también el miedo y la ansiedad. ¿Y si me descubrieron? ¿Qué demonios se supone que haré? El corazón me late a mil, es como si de pronto tuviera en la garganta el corazon, pero no puedo hacerme espera más, me volteo lentamente porque el miedo que corre a toda velocidad por mi torrente sanguíneo no me permite hacerlo más rápido. Mi cuerpo sigue helado y mis extremidades no reaccionan del todo bien. Tengo miedo de quién está a mi espalda. Me encuentro con el rostro de Danilo, el alivio recorre todo mi cuerpo. –Mierda Danilo –grito en un susurro –me asustaste. Él sonríe. –Lo siento –dice. –Pensé que me habían atrapado. –Pues ya ves que no es así. Asiento. –¿Qué haces aquí? –exijo saber. –Es evidente –responde Danilo –vine a acompañarte. El imbécil de Thiago no debió dejarte venir sola, no me malinterpretes, sé que te puedes defender que vinieras no está mal pero si me jode que hayas venido sola. Lo miro y le doy la razón con un asentimiento de cabeza. –¿Qué haz descubierto? –demanda saber. Vuelvo a mi posición anterior mientras busco cómo responder su pregunta. –Solo que llegó un cargamento de drogas y planean distribuirlas a la ciudad. –De acuerdo –dice. Seguimos mirando, Bartolomeu habla con unos de los hombres que ya estaban antes de su llegada, en tanto el pelirrojo que venía escoltando lo saca un radio de algún lugar de la cintura y habla. Desde mi posición no logro oír lo que hablan pero espero que cuando acaben de hablar cada uno por su cuenta puedan decir algo de utilidad. El pelirrojo deja el radio de nuevo en su cintura y está vez se dirige a Bartolomeu. –La mercancía faltante ha llegado –anuncia –el perímetro está cubierto para que nadie ajeno a nosotros vea lo que hacemos. Bartolomeu asiente pero no dice nada. Poco después entran lo que parecen ser mozos, sobre sus espaldas llevan los cargamentos de droga hechos en pequeños paquetes. Lucen como personas tan ajenas a lo que realmente hacen, es como si no quisieran hacer todo aquello. Uno por uno se pierden por un pasillo en el que supongo les conduce a la planta de arriba. Los hombres que estaban desde mi llegada, los guardias de Bartolomeu y el mismo Bartolomeu no dicen nada más, solo observan cómo va entrando la mercancía. Por eso me centro en ver y capturar en fotos todo lo que veo, a mi lado Danilo también mira lo que hago y lo que hacen, a pesar de todo eso me da curiosidad por saber que hay en la planta de arriba, seguro en esa parte hay más cosas por descubrir, quiero subir pero al menos esperaré un poco más. Me volteó a donde Danilo y suelto la pregunta sin más. –¿Quién es Bartolomeu Silva? –digo en un susurro. Se me queda mirando mientras fórmula una respuesta. –No tengo la más mínima idea de quién sea. Si me preguntas si lo he investigado pues si lo he hecho pero nunca encuentro información sobre él, salvo que lleva viviendo cuatro años en el país y que es primo de André, fuera de eso no hay más. Es conocido por estar en cosas ilegales pero no hay nada comprobado. Asiento a lo que me dice, vuelvo la mirada a dónde se encuentra Bartolomeu. Me intriga ese hombre, me da curiosidad saber que rostro se esconde detrás de todo ese disfraz. –Algo me dice que la policía también tiene que ver en esto –pienso en voz alta. –¿Qué? –pide saber Danilo. –Se me hace sospechoso que no haya información de él y lo más curioso es que jamás le comprueben nada ni él, ni a sus padres. Me agarra de los hombros y me hace mirarlo, me toma a loca pero no es tan descabellado lo que pienso. ¿Por qué no han ido a la cárcel? ¿Y por qué no logran comprobarles los delitos que comenten? Es como si tuvieran un muy buen contacto que con un gran soborno logran manejar a su antojo. –¿Insinuas que nosotros encubrimos a Silva? –pregunta molesto. Lo miro a los ojos seriamente, porque claramente se lo está tomando personal y en verdad que yo no creo que sea él o alguno de los chicos sino quizá alguien que está dentro de la policía de Portugal no dentro de los infiltrados. –Por supuesto que no me refiero a ti o a los chicos, me refiero a algún miembro de la policía. Nunca sabes que pasa realmente. Me sigue mirando con molestia. –Estás loca –me dice. Suelto un bufido. –Piensa lo que quieras, con o sin tu ayuda lo descubriré porque para eso vine. Me doy la vuelta para mirar de nuevo hacía dónde está Bartolomeu y su hombres, siguen en el mismo sitio, los paquetes aún siguen entrando. Reviso la hora en el móvil, faltan siete minutos para la una de la tarde, es hora de que empiece a irme, hay cosas que me gustaría comenzar a investigar por mi propia cuenta, como el mismo Bartolomeu y el hecho de que jamás se le comprueben negocios ilícitos quedando solo en especulaciones. Giro sobre mis talones para ir en la dirección opuesta a la que vine, a pesar de que Danilo se ya portado como un estúpido no pienso dejarlo aquí. –¿Vienes? –pregunto. Asiente y me sigue. El pasillo por el que vamos es oscuro, apenas y puedo ver las puertas por las que vamos pasando, estoy segura que detrás de cada una de ellas también hasta una pequeña sorpresita pero como ahora ya no es conveniente registrar por eso mismo sigo  mi camino. Son demasiadas puertas lo que quiere decir que hay muchas cosas por descubrir. Pienso que este lugar aún debe ser explorado por mi misma, por ello me ocuparé de saber que día puedo venir, porque seguro hay un día en que nadie vigila el sitio. Repentinamente mis piernas golpean lo que siento son cajas, se deslizan por el suelo y después caen una tras otra causando un estruendo que se oye en todo el pasillo. Si no nos habían descubierto estoy segura que ahora sí ya lo hicieron. Jadeo al ver todo lo que he hecho. Una voz se escucha por el lugar, seguido de pisadas, sé que son ellos porque no hay nadie más. Una mano me cubre la boca para que ningún ruido salga de mis labios, es Danilo. –Lo acabas de joder Kaylee –me dice en un ligero susurro. Lleva su otra mano a mi cintura y me pega a su cuerpo, nos arrastra silenciosamente hasta la puerta más cercana, las pisadas son cada ve más cercanas. Abre la puerta más próxima y nos precipita hacía dentro, cierra la puerta al momento en que una voz se hace presente. –Estoy seguro que hay alguien por aquí. –Revisa cada rincón y cuando lo encuentres lo llevas a su presencia –dice alguien más. Trago saliva nerviosa porque sé que ahora sí todo se fue por la borda.
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Entre tú y yo (TúYo #1)

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