Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 5
Una hora de viaje después y llegamos a nuestro destino. Me asombra ver a dónde hemos llegado aunque no debe ser así, este chico y seguramente también el moreno frecuentan mucho estos sitios. Trato de no mostrar mi asombro porque se supone yo también soy parte de este mundo. ¿Por qué lo dije? No sé, pero es un arma que sentí podía usar en ese momento. Estamos a las afueras de la ciudad, así que por lo tanto las casas son escasas, mejor dicho no hay ni una sola. Bajo del auto y mi mirada viaja al edificio abandonado que se encuentra a mi espalda, debo recordar decirle a los chicos que indaguen en este lugar, estoy segura que algo hay en ese sitio. Decido que es mejor concentrarme en la escena frente a mí. Avanzamos hacía el centro de lo que es una gran multitud, la cual está rodeada en su totalidad por autos deportivos de último modelo, por supuesto que vendríamos a una carrera de autos ilegal, es el lugar ideal para cualquier negocio turbio. Drogas, alcohol, carreras ilegales y quién sabe cuánto más hay en todo esto. Camino detrás de ellos viendo todo lo que me rodea. Chicas que están más desnudas que vestidas, autos deportivos último modelo, música a todo volumen, chicos y chicas bebiendo y tantas cosas más que no alcanzo a enumerarlas. Los chicos van delante de mi, así que veo a la perfección cuando dos chicas por supuesto con muy poca dignidad así como su ropa se les acercan y se cuelgan del cuello de cada uno como si fueran garrapatas. Asco, yo jamás haría eso. Lo que sea. Concéntrate. André se va con la chica y lo sigo con la mirada, necesito ver qué piensa hacer, desde mi posición veo como saca cosas de la bolsa de su pantalón, lo entrega a otro chico quien le da algo, luego lleva la mano de vuelta a su bolsillo. Por supuesto que ya me hice una idea de lo que saca de su pantalón. Bradley se acerca a mí, ya no tiene a la chica de revista Playboy pegada a su cuello, me toma del codo y empieza a susurrar enojado. –Estás demente. ¿Qué mierda te pasa? ¿Por qué desobedeces lo que te digo? Me zafo de su agarre enojada por su actitud. –Deja de ser imbécil –espeto –sabes que de igual forma esto nos beneficia. –Pero te estás exponiendo –replica –estás corriendo peligro. –Tú también te expones, así que estamos en la misma postura. –Pero me se defender. –Ahora eres idiota y además machista –digo con burla –pues yo también me sé defender, si no porque estaría con los infiltrados. Será estúpido, ahora sí estoy enojada. Me voy lejos de él, no quiero estar cerca del imbécil. Empiezo a buscar con la mirada a André pero es en vano, me sigo mezclado con las multitudes, puedo ver a chicos que casi están teniendo sexo sobre el capo de un auto. Pobre auto, no quisiera ser él. Más allá veo a dos chicas que bailan como si nada les importara, de la nada una de ellas se saca la blusa quedando en brassier. Hay algo raro en eso, la chica sigue bailando al igual que la otra, pero de un momento a otro, se termina quitando el sostén también, dejando así sus grandes pechos al aire. Definitivamente algo está mal con esa chica y su amiga, supongo que también están en el mismo estado su pequeño grupo de amistades. Esto huele a drogas, también huele a respuestas. Camino en su dirección sin pensar mucho en lo que les diré. Me detengo a unos pasos de ellos, hay tres chicos más, todos hombres, no me detengo a detallarlos, no vine a socializar por lo que no me interesa saber que apariencia tienen. Medito mis palabras antes de soltarlas, porque evidentemente no puedo dejarme al descubierto, no sé nada de ellos, así que un paso en falso puede costarme todo lo que llevo logrando, lo cual no es mucho pero es algo, acercarme a André. Hace tiempo leí en una revista un artículo sobre el consumo de drogas, ahí decía que según las estadísticas, en Europa se prefiere la cocaína y drogas más sintéticas, heroína, cristal y otras estupideces que personas como ellos se meten al cuerpo. Emprendo de nuevo mi caminata me pongo frente a un chico que de inmediato repara en mi presencia, su mirada sé clava en mi y yo al igual que él pongo mis ojos en los suyos. Sus ojos están rojos, pero detrás de ellos se esconden unos iris café claro, algo así como cappuccino, si no fuera porque está drogado sus ojos lucirían hermosos, pero no estoy aquí para decir cosas como esas. –Hola caramelito –dice, si que está en otro mundo. –Quiero que compartas tus dulces –le digo ansiosa –tú sabes cocaína o la que tengas –pido. –Me temo que no –dice molesto. Perfecto. No esperaba que me compartiera, aunque si lo hacía tendría que guardar apariencias y fingir inhalar frente a sus ojos, lo cual no sería tan difícil pues está tan drogado que seguro no sabe ni su nombre. –¿Dónde la consigo? Me mira asustado. –La necesito –susurro ansiosa. Tratando de sonar creíble. –El chico de allá –señala. Mi vista va a André quien es rodeado por gran parte de la multitud. –Su nombre –ordeno. Esta vez me mira con miedo, uno que yo con mi voz ocasiono. Como sea no lo recordara después. –A-André Silva –tartamudea. Asiento satisfecha, una suerte que puse la grabadora de voz desde que bajé del auto. –¿Quién más? –inquiero. Traga saliva. –En verdad la necesito –digo más ansiosa que antes. Me mira sin saber que decir. –Bartolomeu Silva –susurra –pero no está aquí. –Gracias –digo, porque en verdad le agradezco. Me alejo de él. De nuevo me dejo consumir por la multitud. –¿Qué crees que haces? –me dice un furioso Bradley. Me toma por los hombros fuertemente y me guía hacía el centro de la multitud. –¿Tú que crees? –pregunto sarcástica. Suelta un gruñido en mi oído. –Por supuesto genio que estoy buscando pruebas –le respondo. –Pero no así –dice con los dientes apretados. Giro los ojos molesta por qué sea un estúpido. –Siempre se debe correr un riesgo. Bufa derrotado y eso me arranca una sonrisa. Edificio abandonado y Bartolomeu Silva agrego a mi nota mental de investigaciones por hacer. –Aquí estás –dice la voz de André. Me saca un susto por no haberle visto venir. –Vamos pequeño corredor de Fórmula 1 –le pasa un brazo a Brad y lo atrae hacía si –es tu turno. Ve y pateales el trasero. Así que Bradley también corre, ésta parte la tendré que borrar de la grabadora, no puedo afectar a Bradley. Lo lleva hasta el frente y lo acerca hasta un deportivo azúl, el cual sé que no es suyo porque venimos en el Porsche rojo, es un Mustang. Tiene buen gusto el chico. Le dice algunas cosas a las cuales el moreno asiente y después entra al auto. André viene de nuevo a dónde me encuentro y se queda de pie a mi lado, primero no me presta atención y aunque eso está bien para mi, sé que para la misión no. –¿Y tú cuando correrás? –pregunto mientras busco la manera de tener toda su atención. –Yo no acostumbro a correr nena –me dice dándome una sonrisa. Sonrió para mis adentros porque ya está donde quiero que esté. –No me llames nena –le digo molesta. –¿Ahora jugaras a ser dura? –pregunta. –Yo no estoy jugando a nada, tú eres el que se está haciendo de esas estupideces unas ideas. Suelta una carcajada. –Fuiste tú quien quiso besarme. Más que perfecto. Ahora solo debo hacer que quiera aquello que es tan complicado de conseguir, porque sé perfectamente que los chicos como él están acostumbrados a las cosas fáciles y peor aún a qué las cosas jamás se les niegan. Eso es un gran punto a mi favor y claro que para él eso será su perdición estando en mis manos. –¿Y si así fue qué? ¿qué hay de problema en eso? –digo con ironía –¿acaso no puedo querer hacerlo solo para sacarme el jodido gusto? Aprieta la mandíbula mientras me mira sin expresión alguna. Creo que me excedí un poco pero eso ya no importa. –¿Hasta donde corre Zed? –le pregunto dejando en el olvido nuestra conversación de minutos antes. Se gira a verme nuevamente, me da esa mirada de ¿Qué le pasa a esta desquiciada? Pero no me contesta. Me importa un comino lo que piense de mi, pero sin importar lo que piense estoy segura que él está deseando ya que esté rendida a sus pies como las chicas que suele frecuentar. Los minutos pasan y solo sigo escuchando a la multitud que sigue en su fiesta, hasta que de pronto todas las personas comienzan a concentrarse en el centro de la pista, los murmullos de que ya están por llegar los corredores no paran de crecer. Poco después el rugido de los motores se hace presente y finalmente, los autos aparecen. Bradley es el primero en aparcar, André va hasta él, sin dirigirme una mirada siquiera. Bradley solo busca algo con la mirada, mientras un par de chicas, las cuales es más grande su trasero que su dignidad se le acercan, mejor dicho, se le lanzan encima. Cuando me encuentra me sonríe y me guiña el ojo. André llega hasta él y lo estruja contra su cuerpo dándole palabras de aliento y seguramente diciéndole lo genial que es, o cosas por el estilo. Ambos chicos vienen en mi dirección y es Bradley quien hace el intento de empezar una conversación, pero su intento se va al caño. Algunos minutos después unas chicas se acercan y se llevan a André, quien no duda ni un solo instante en meterle mano a ambas. Es simplemente asqueroso. Estoy por separarme del lado del que supuestamente es mi primo, pero repentinamente me detiene del brazo, como impidiendo que me vaya de su lado. –¿A dónde vas? –cuestiona seriamente. –A buscar más pruebas claramente –le digo como si fuera lo más obvio del mundo. Se rasca la nuca frustrado. –¿Qué conseguiste? –pregunta discretamente. –Bartolomeu Silva –respondo –¿le conoces? ¿sabes quién es? Se queda pensando un rato. –Si te refieres a que lo conozco así como a André, la verdad es que no. De vez en cuando se pasa por aquí, pero siempre viene usando gafas y una gorra que oculta muy bien su rostro. Nadie sabe el color de sus ojos o cosas por el estilo. Solo he hablado una vez con él, nada más. Medito sus palabras. –¿Qué es para André? –le pregunto. –Sé que es su primo, según he notado está por arriba de André, he visto que es él quien le da ordenes. –¿Crees que sea él? –susurro. –No tengo ni la menor idea pero podríamos averiguarlo. Empezamos a escuchar mucho bullicio, eso me pone en alerta, algo debe estar sucediendo, tal vez la policía ha de venir y si ese es el caso debo salir lo más pronto de aquí junto con Brad, porque eso es lo que a toda costa debemos evitar. –¿Qué está sucediendo? –le pregunto alarmada. Justo antes de que él siquiera pueda decir algo un despampanante Alfa Romeo deportivo en color negro hace su entrada. Todos los presentes le abren paso dejando así un pasillo que hace que parezca que es de alguien importante de quién se trata. Eso es lo que me llama más la atención. –Ese es Bartolomeu Silva –me dice Brad en un susurro. Ahora estoy más ansiosa. Me dedico a no despegar la vista ni un solo instante del sitio donde se detuvo el auto. Miles de chicas se arremolinan a su lado, seguramente esperando por el tipo. La puerta del auto se abre y después de eso, sale un hombre. Es alto, de espalda ancha y musculatura, fácilmente podría entrar a los infiltrados porque tiene la condición necesaria. Lleva una gorra que cubre su cabello negro, al menos eso es lo que sale de esta. Unas enormes gafas le cubren los ojos y gran parte de la cara, su piel por lo poco que puedo ver es bronceada, su nariz afilada y sus labios son carnosos. Siento tanta curiosidad de saber que es lo que esconden sus gafas y su gorra, pero más curiosidad me da saber si es él a quien vine a capturar. Si es así, esto será más rápido de lo que pienso.
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