Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 2
Las palabras de Vladimir son muy ciertas y no dejan de hacer eco en mi cerebro, pero me centro de nuevo en el ahora. Veo que nos vamos aproximando a la universidad, lo noto por la cantidad de chicos de nuestra edad que hay a los alrededores y porque desde la lejanía logro mirar los grandes edificios que forman parte del campus. Bradley entra por la puerta principal del estacionamiento, avanza alejándose cada vez más de la entrada y los edificios de clases. Al principio siento temor de que nos puedan ver y sobretodo a ellos dos juntos pero al ver los vidrios tintados me doy cuenta que no se distinguen a los que venimos a bordo del auto. Busca un sitio lo más apartado de todo dónde casi ya no hay alumnos, solo unos pocos despistados o podría decir que aquellos que consumen drogas. Espero a que diga que haremos. –Como ya te dije –vuelve a hablar Bradley –aquí Vlad y yo no somos nada, ni siquiera conocidos porque él estudia Literatura y yo Informática. Tú y yo somos primos, estudiamos lo mismo y eres inglesa. Tu nombre ya sabes cuál es y te gusta que te digan Nate –asiento a todo lo que me dice –el objetivo principal es un chico de nombre André Silva, él suponemos que es la vía más directa al líder. Lo principal es que tú logres ser muy cercana a él. Asiento. –Kaylee –me llama Vladimir, se vuelve a mirarme y toma mi mano de forma cariñosa –sé que esto que te estamos pidiendo es muy arriesgado pero en verdad que es necesario. No quisiéramos que te veas forzada, solo sé sincera si lo quieres o no hacer, sino pues buscamos otra manera. Estoy acostumbrada a esto, no es nada nuevo para mí, al contrario hasta es en cierto modo emocionante. –Estoy bien con eso –respondo –aunque puedo saber ¿por qué cada uno pertenece a su mundo? –Aquí no nos conocemos - dice Bradley - somos desconocidos, pero lo que más queremos es tener el mayor territorio cubierto. Así que mientras yo trato de indagar estando con los chicos más populares, él lo hacer con los más estudiosos. Te sorprendería ver qué hay muchos chicos de gran coeficiente intelectual metidos en ese embrollo. Pero tú estarás conmigo que es a dónde pertenece André. Me parece mucha información pero lo veo muy necesario para no estar a ciegas, aunque estoy segura que aún falta mucho por saber. –Debo irme –anuncia Vladimir. Toma su mochila y se dispone a bajar del auto. –Recuerda que nos vemos en la hora libre –le dice Vladimir a Bradley. Este solo asiente. –¿Para que nos reuniremos con él? –pregunto. –Hoy conocerás al resto de tu equipo. Solo afirmó con la cabeza. –Sabes –comienzo –no parezco mucho tu prima –digo después de mirarme por el espejo retrovisor –mis ojos son muy extravagantes. Creo que sí me pongo estás lentes de contacto me veré diferente. Él asiente. Me los pongo, entonces mis ojos quedaa del mismo color que los de él. –Vamos Nate –me dice –se hace tarde. Sonrío por como me llama. Tomo mi mochila y bajo con él, avanzamos por la acera, luego doblamos para ir sobre la avenida principal de la universidad, la cual lleva a la puerta del edificio al que nos dirigimos. Noto como todas las miradas se centran en nosotros y en cada paso que damos. –¿Por qué nos miran tanto? –pregunto de forma silenciosa. –Te miran a ti y también a mí, esto es lo que significa ser popular, acostumbrate a ello. Comprendo lo que me dice y sé que lleva mucha razón en eso, entramos al edificio, veo a Bradley sacar algo de su mochila y luego me lo entrega, es una hoja. En ella leo mi horario y el número de mi taquilla. Al parecer en esta universidad si son compasivos con los alumnos y los dejan guardar una pocas cosas para no llevar todo a casa, en Estados Unidos no es así. –Gracias –le digo. Dejo a Bradley en su pasillo mientras saca unas cosas de su taquilla, yo en tanto empiezo a buscar la mía. Encuentro mi taquilla a unos pasillos más allá de la de Brad, la abro con la combinación que me dio, observo que solo hay libros de las materias que tomaré a lo largo del curso. Saco los que ví en mi horario que ocuparé, los dejo en mi brazo y con la mano que tengo desocupada cierro la puerta de la taquilla. Me doy la vuelta de forma un tanto brusca y al dar un paso para emprender mi camino me estrello con algo. Mis libros caen al piso causando un estruendo en el pasillo desolado, mis gafas también caen provocando que mi mirada se desenfoque por la reciente perdida, aunque no es como hace tiempo. Cuando él aún no me había dejado, solía usar anteojos, realmente los necesitaba, pero después de que se fuera les rogué a mis padres que me operaran la vista, para que así poco más tarde pudiera integrarme a los infiltrados. Así que en verdad no los necesito pero si es para despistar en cierto modo. A pesar de eso me siento despistada por la perdida de los anteojos. Me pongo en mis rodillas para recuperar mis cosas. –Fíjate por dónde caminas –me dice la voz de un chico y de inmediato mi cabeza gira en su dirección. Su tono es frío y tosco, hasta es grosero. Me tira y se enoja. Imbécil. Lo repaso con la mirada. Su cabello es castaño, ondulado, un poco largo y su piel es clara. Su rostro es alargado, con las cejas gruesas, los labios delgados y la nariz afilada, no reparo en sus ojos. Es alto pero no mucho, es delgado sin ser flaco y no tiene músculos, parece un chico lindo, pero su actitud deja ver otra cosa. Finalmente voy a sus ojos. Siento un golpe en el estómago que me deja sin aliento y hasta me hace caer sobre mi trasero quedando así sentada en el suelo, desvío la vista de sus ojos. Pienso en que es una mala jugada de mis ojos. Solo estoy alucinando. –El que debería ver por dónde va es otro –digo casi balbuceando. El shock no me permite hablar fluidamente. –Eres tan torpe cuatro ojos –dice con burla. Oírlo decir eso es como si me clavaran un cuchillo en el pecho, porque de inmediato voy a esos días en que mi vida se resumía a eso, a maltrato en la escuela. Y no puedo evitar evocar los recuerdos de cuando un chico de ojos grises con motas azules me defendía. –Y tú eres tan imbécil –espeto con enojo. Clava sus ojos en los míos y de nuevo la sensación está ahí. Unos ojos grises me miran con burla y frialdad, pero no es eso lo que hace que esté muda, sino el hecho de que esos ojos grises tiene el mismo tono de gris y hasta unas motas azules muy características en ellos, me recuerdan a los ojos que solo he visto en una persona. Estoy segura que sus ojos son iguales, suena loco y tonto pero es cierto. ¿Por qué? Mi mente vuelve a esos días, él solía defenderme y es irónico que alguien con los ojos como los de él ahora sea quien me trate así. ¿Por qué pareciera que la vida está en mi contra? Vine aquí con todo el deseo de continuar y es esto lo primero que encuentro. Niego desapareciendo las ideas que aún están en mi cabeza y no me dejan en paz, no es momento para esto. Me pongo de pie y lo enfrento. –Cuidado con el tono que usas conmigo, cuatro ojos –dice. Su voz es amenazante y se acerca a mi de forma retadora, le miro a los ojos de la misma manera. Aprieto la mandíbula dispuesta a contestar, en este momento me importa muy poco no tener los anteojos, aunque eso no hace falta ya que le veo perfectamente. –¿Nate? –escucho la voz de Bradley a mi espalda. Solo le doy una mirada rápida y volteo a ver al imbécil frente a mí. –André, amigo –continúa –¿qué haces por aquí? Ojalá que pueda largarme rápido de aquí. Diablos, ¿dijo André? ¿Cuántos André existen? Miles, así que no es el mismo. Estoy loca en definitiva. André se pasa una mano por el pelo despeinandolo de una forma que aún así lo hace lucir bien. –Me tropecé con esta cuatro ojos –dice de forma repugnante –así que técnicamente estoy perdiendo mi tiempo. Ahora sí estoy furiosa. –Eres un... –empiezo a susurrar. –Nate –llama mi atención Bradley y me mira con advertencia –él es André Silva mi mejor amigo –dice con una sonrisa que trata de parecer natural. Abro la boca por la impresión. Mil veces mierda. ¿Cómo se supone que me voy a hacer cercana a André si casi me le he lanzado a golpes sin saber quién era? Diablos, ¿qué voy a hacer ahora? Lo acabo de arruinar. El chico me mira con el ceño fruncido. –¿Conoces a la cuatro ojos? –pregunta y me enoja la forma en que se refiere a mi. Pero debo contenerme por el bien de todo. –Es mi prima y no la llames así –le dice Bradley con cierta molestia. Al menos está haciendo algo para enmendar lo que he hecho. André me vuelve a mirar con detenimiento, tal vez está buscando una similitud. Cómo sea. –Soy Natalie Evans –le digo tratando de empezar a resolver este embrollo –lamento lo de hace un rato. Me mira sin expresión en el rostro y eso me preocupa, me ignora y se dedica a centrar su atención en Brad. –Nos vemos más tarde –le dice a Bradley. Éste solo asiente y juntos vemos cómo desaparece de nuestra vista. ¿Cómo voy a arreglar haberla jodido a lo grande? Suspiro por la frustración. –Vamos –me dice el ojiverde a mi lado. Asiento. –¿Qué fue eso? –pregunta de camino a nuestra primera clase. En esta estamos juntos, en algunas más también pero hay otras en las que no. –Tiró mis libros y mis anteojos, no se disculpó –relato –al contrario me llamó cuatro ojos y yo le dije lo imbécil que es. –¿Por qué le dijiste eso? –pregunta –no debiste, lo haz jodido. Me paso las manos por el pelo y tiro de éste. –Ya lo sé, pero me enfureció su apodo. Aún así no puedes negar que es un imbécil. –No lo niego pero esto está jodido. –¿Cómo enmendaré el error? Cómo sea algo debo hacer. Llegamos nuestra aula y entramos, todos ya están adentro, el profesor ya está dando la clase, lo que hace voltear a todos. –Lamento la interrupción señor D' Cruze –dice. El profesor solo asiente y continua con lo que estaba explicando. Por fortuna eso es algo que ya conozco, así que no me preocupa si me pierdo algunas clases. Al final sé que no voy a reprobar. Nos sentamos juntos, lado a lado y centramos toda la atención en la explicación que nos está dando. Una hora pasa y la clase llega a su fin, salimos para ir cada uno a su clase, yo tengo Cálculo. –Tu aula está por ahí –me señala –la mía está de ese lado, después nos vemos aquí para ir a comer, es tu hora libre. ¿De acuerdo, Nate? –Si –contesto –nos vemos en un rato. Sé que "ir a comer" significa ir a conocer al resto de mi equipo, debo admitir que estoy muy ansiosa por eso. Sé que vine a desmantelar a la mafia portuguesa, pero no me imaginaba que tendría a tanta gente trabajando en ésto también, por lo visto me equivoqué. Siempre he trabajado de manera individual, es la primera vez que trabajo en grupo, y más aún que soy la líder por así decirlo. Eso me tiene aún más nerviosa. Entro al aula y me siento en uno de los sitios de en medio, para mí buena suerte está vacío así que pude estar sola. Poco a poco van entrando más chicos y chicas hasta que todo se llena, para mí fortuna aún está libre el sitio a mi lado. Me alegro porque no tendré compañero. Poco después llega la profesora. Justo atrás de ella viene un chico, corre a toda prisa y está a poco de estrellarse con la espalda de la profesora, por suerte logra detenerse. Se sienta a mi lado. Creo que era demasiado bueno para ser verdad. –Hola –saluda. Le sonrío. –Hola. –Soy Ronaldo. –Natalie. Asiente complacido y centra la atención en la clase. Reparo en él. Es alto y de musculatura, como si hiciera mucho ejercicio, tiene un estilo rockero, chamarra de cuero, pantalones de cadenillas y camisa negra, botas militares, su cabello alborotado. Los ojos de color ámbar y la piel clara, el cabello negro y lacio. Tiene un aire misterioso, puedo jurar que este chico al igual que yo oculta algo grande.
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Entre tú y yo (TúYo #1)

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