Entre tú y yo (TúYo #1)

Capítulo 1
Solo fue un sueño me repito, coloco una mano sobre el corazón que descansa en mi cuello. Pero se sintió tan real, es que fue real, sin embargo es pasado ya. Han pasado cuatro años y aún sigo teniendo ese sueño. Lo sigo recordando como si fuera ayer, dejé de tenerlo hace tres años y decide reaparecer justo ahora. Justo que estoy por iniciar de nuevo en Lisboa, donde tal vez conozca a alguien y quizá lo olvide lo cual es poco probable dado que siempre está presente de algún u otro modo. Aún sigo sin comprender porque se fue y me dejó, odio que haya hecho eso, quiero olvidar pero es tan complicado, sobretodo cuando todo me recuerda a él. Niego con la cabeza porque debo dejar de pensar en eso. La azafata anuncia el aterrizaje, pide que abrochemos el cinturón para iniciar el descenso, hago lo que dice y espero para poder bajar del avión. Estoy tan ansiosa por empezar una nueva vida y sobretodo para comenzar a ser una infiltrada. Esto va a ser emocionante. Después de varios minutos el viaje por fin llega a su termino, me desabrocho el cinturón y tomo mi bolso para bajar. Aquí es otoño así que trato de abrigarme bien, al bajar quedo maravillada con lo que veo. A simple vista es una ciudad hermosa y muy lujosa, camino por los pasillos del aeropuerto mientras comienzo a buscar a la mujer con la mirada. Madeline es la mejor amiga de la infancia de mamá, crecieron juntas pero cuando ella se enamoró y se casó con un portugués se tuvo que mudar, ahora hace casi veinte años que reside aquí, ella al igual que mamá trabaja para el FBI, pero aquí se llama de otro modo. Hasta donde sé su esposo trabaja en lo mismo. Por eso cuando el cuerpo de infiltrados del FBI me comisionó venir aquí mamá sin dudar me apoyó, pues dijo que Madeline podría recibirme y así no viviría sola. Yo acepté, dado que no me gusta estar sola pues eso me mantiene desocupada y hace que miles de recuerdos de él florezcan. Recuerdo vagamente a la mujer, solo la he visto una vez en mi vida y bueno esos días no fueron los mejores de mi vida, dejé de prestarle atención a la vida, quizá por eso no la recuerdo mucho. Fue la única vez que nos visitó, hasta ahora la volveré a ver. Solo sé que es una mujer de la edad de mamá, el cabello negro, la piel blanca y los ojos verde azul. Encuentro a la mujer, me reconoce y sonríe, está aferrada al brazo de un hombre, parece tener la edad de papá, es alto y con musculatura, su piel es bronceada y por lo que distingo sus ojos azules, su cabello es rubio platinado, es un hombre guapo, su aura intimida pero no es algo que me asusté. Me acerco y les sonrío. –Kaylee –dice eufórica -–estás tan hermosa. –Gracias Mady. Me alegra verte –dejo que me dé un abrazo. –Vamos –dice –fue un viaje largo debes estar agotada linda –no deja de sonreír –por cierto él es mi esposo Joan. –Un gusto –le digo y estrecho su mano. –El gusto es mío, Mady no deja de hablar de ti. Eres más linda en persona –dice, me regala una sonrisa paternal. –Bueno, vayamos a casa –habla Mady. Yo asiento. Caminamos hasta su auto. Es un audi negro, es muy cálido por dentro y muy lujoso por fuera. Conduce por lo que parece media hora, observo el paisaje que nos rodea. Los lujos predominan a loa alrededores, los árboles se mueven al compás del viento. La ciudad se ve hermosa. Después se detiene en una gran casa que casi parece una mansión, es hermosa, es blanca y de dos pisos, luego de apagar el motor, Joan baja, saca mi maleta la cual él mismo lleva hasta el interior. Una vez en dentro de la casa me deshago del abrigo. –Bienvenida a casa cariño –dice Mady –chicos bajen a saludar –grita. Me quedo sorprendida, no recuerdo que tenga hijos, pero como lo voy a recordar si de esos días no recuerdo mucho. Niego con la cabeza. Es entonces que escucho pasos procedentes de la cocina en seguida un chico aparece con un vaso de ¿leche? Creo que si. En verdad es atractivo ojos azul cielo, cabello rubio platino como Joan, alto, delgado, musculoso y piel blanca. El tipo de chico que se te antoja catalogar como inocente. –¿Es ella? –pregunta. Su mamá asiente. –Hola –dice y camina hacia mí, deja su vaso sobre la mesa de centro –soy Vladimir -se presenta el rubio. Me estrecha la mano que le ofrezco, luego me dio un abrazo y un beso en la mejilla. Le sonrío, parece muy simpático. El rubio va vestido con una camiseta blanca, unos jeans del mismo color, unos converse igualmente blancos y un suéter blanco arremangado hasta los codos, se ve más blanco de lo que es. –Kaylee –digo y le regalo una sonrisa. Un rato más tarde por las escaleras aparece otro chico, parece de la misma edad que Vladimir, pero él parecía todo lo contrario a Vladimir puesto que es moreno, de ojos verde esmeralda, cabello negro azabache, alto, delgado e igualmente musculoso. No voy a negar que también es atractivo, él a diferencia de su hermano va vestido totalmente de negro, botas negras, vaqueros negros, una camiseta del mismo color y una chamarra de cuero igualmente negra. Me sonríe. –Kaylee, ¿no? –tiene un hermoso acento portugués al igual que su hermano –soy Bradley –dice y se acerca a darme un beso. Le devuelvo la sonrisa. –Un gusto Bradley –y le estrecho la mano. –¿Ellos saben a lo que vengo? –pregunto a Mady. –Ellos son tu equipo –contesta. Agrando los ojos por la sorpresa, eso no me la esperaba en lo absoluto. –Eso no es algo que esperara –comento. –De hecho solo somos una parte de tu equipo –habla Vladimir –al resto lo conocerás mañana. Vaya. No me esperaba tener tanta ayuda, aunque no me viene nada mal debo admitir. –¿Todos son infiltrados? –pregunto curiosa. –Si –contesta el pelinegro. –Pero ya habrá tiempo que los conozcas mañana –interfiere Mady –por ahora Bradley te enseñará tu habitación y después puedes bajar a cenar. La verdad es que ya me siento muy cansada y lo único que me apetece es tener una cama cerca y dormir hasta mañana, el cambio de horario me está afectando aún. Deben ser como las seis de la tarde pero se siente como si ya fuera más de media noche y no hubiese dormido en años. –Mady, en verdad agradezco todo esto pero si no te molesta preferiría dormir ya, estoy muy agotada. –Kaylee tu madre me dejó como tú responsable y no creo que le agrade que te vayas así a la cama –dijo en tono maternal. –Lo sé mamá se preocupa demasiado por mi pero en verdad, preferiría ir a dormir. Asiente abatida y yo sigo a Bradley. La casa es amplia, tiene un aire elegante, tranquilo y familiar. Las paredes están pintadas en tonalidades blancas y cafés, la la decoración es solo la necesaria. Se detiene frente a una puerta de madera y la abre para mí, hasta ese momento reparo en que lleva mi maleta, entra y la deja a un lado de la cama. –Espero tu estancia sea agradable –habla –si necesitas algo solo tienes que llamarnos. Asiento. –Mañana nos vamos a siete y treinta de aquí –me dice. –¿Y a dónde van? –pregunto sin la más mínima idea de que es eso que quieren que haga con ellos. –A la universidad –responde. Frunzo el ceño al oír la respuesta. –Creo que no te dijeron nada –habla –pero mejor así. Supongo que sabes que estás aquí para que podamos desmantelar a la mafia portuguesa. Asiento mientras toma asiento en la cama. –Pues hemos estado investigando y ya tenemos algunos nombres. Sabemos que una de las más grandes conexiones con el líder de la mafia está en la universidad. Incluso lo hemos seguido y todo pero no logramos más. Estoy seguro que con tu ayuda si lo lograremos. –Claro –respondo –a todo esto, ¿qué papel juego? –Estarás infiltrada con los estudiantes igual que nosotros, solo que trataremos que te muevas en otros círculos. Es lo que hacemos. Pero sin que te ofendas tenemos planeado que tú seas quien se involucre directamente con ellos. Aunque lo mejor será hablar de ello mañana –me dice –por cierto, ya estás matriculada en la universidad, y estarás usando el nombre con el que ingresaste al país. –Perfecto –digo soltando un bostezo. –Nos vemos mañana –responde –descansa. Y con eso se va. La mañana siguiente me despierto mucho antes de que la alarma suene, aunque pensándolo bien no recuerdo haberla puesto. Reviso la hora son las seis y veinticinco, aún tengo una hora antes de que nos vayamos a la universidad. Me levanto y decido que puedo salir a correr, no me permitiré perder la costumbre, me pongo unos pantalones deportivos, una camiseta, una sudadera y unos zapatos de deporte, amarro mi cabello en una cola de caballo. Salgo rumbo a la que será mi nueva ruta. El frío de la mañana me da la bienvenida, comienzo con mis estiramientos y después corrp hasta el parque que está cerca de la casa. Una vez en el parque realizo una rutina de ejercicios y vuelvo corriendo para finalizar con mis estiramientos. Entro de nuevo a la casa, voy directo a mi habitación. Al llegar a la cima de las escaleras me topo con Vladimir. –Hola buenos días –saluda –parece que alguien aquí ya fue a hacer deporte. Le regalo una sonrisa. –Hola Vladimir –digo con una sonrisa –es que no quiero perder la costumbre. –Perfecto –dice –nos vemos en la cocina. Entro a mi habitación, dirijo mis pasos al cuarto de baño, me descargo de toda mi ropa y entro bajo el chorro de agua. Salgo del baño, cierro las llaves de agua, me envuelvo en una toalla y voy hasta el armario donde acomode la ropa que traje conmigo. Busco en la ropa unos jeans negros para después ponermelos, no sin antes colocarme la ropa interior, una blusa roja de mangas largas, la paso por la cabeza y la deslizo por el resto de mi torso. Saco unas botas, un gorro y abrigo. Al final me pongo los anteojos que en ocasiones suelo usar. Me veo un poco diferente. Bajo a prisa con rumbo a la cocina, ya están reunidos todos, están empenzando a desayunar. Hay fruta, jugo, café y tostadas. Me sirvo una taza de café y una tostada a la que le unto mermelada de fresa. Después de unos minutos es hora de irnos, subo de nuevo a mi habitación, dónde me lavo los dientes y tomo una mochila dónde puedo llevar algunos cuadernos para tomar apuntes si es que hace falta, aprovecho de guardar alguna que otra arma en caso de llegar a necesitarla. De nuevo salgo y voy por las escaleras, llego a la sala donde ya me esperan los chicos. –Nos vemos Mady –digo a modo de despedida. –Nos vemos en la tarde linda –contesta con alegría –mucha suerte en tu misión –me dice. Le regalo una sonrisa a modo de respuesta. Cruzo la puerta mientras los chicos se despiden de su madre, me subo al auto, Bradley se sienta en el asiento del conductor y Vladimir va como copiloto, yo por mi parte voy atrás. Detallo a los chicos y su vestimenta, aunque son mellizos según me dijeron no se parecen en lo absoluto, de hecho son todo lo contrario. Bradley por su parte parece todo un Playboy, mientras Vladimir tiene toda la pinta de ser un chico cerebrito, no logro comprender su actitud. –Kaylee –me llama Bradley –hay varias cosas que no te pudieron decir por temor a que alguien estuviera infiltrado. De hecho, muy pocos saben que estás aquí, tu venida se manejo con mucha discreción. Asiento, todo esto si lo sé y no es nada nuevo para mí. –Si –digo –sé algunas cosas de esto. –El punto es que aquí en la universidad serás Natalie Evans es el nombre con el que entraste al país, debemos mantener nuestra identidad oculta. –Está bien –admito. –Nosotros aquí no somos hermanos –continua Vladimir –y nuestros nombres son otros. Soy Stefano Ferro y él es Zed Rocha. No tenemos relación alguna y pertenecemos a mundos diferentes. –Vaya, se toman muy en serio esto. –Por supuesto, un paso en falso puedo ser letal –amenaza. Y es cierto.
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Entre tú y yo (TúYo #1)

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