Entre tú y yo (TúYo #1)

Prefacio
El subir y bajar de su pecho me hace despertar. Miro a mi alrededor, estoy en su habitación, todo huele a él y simplemente eso me gusta. Sonrío al recordar que he dormido con él. Me siento en la cama y lo miro. Se ve tan en paz y tan guapo como siempre. Alexander, mi Alexander. Su cabello negro azabache está revuelto, sus largas pestañas abanican sus pómulos, sus cejas pobladas, su piel bronceada, su nariz fuerte, sus labios carnosos y sonrosados, su mentón definido, su cuello suave, su torso desnudo y bien dibujado, sus brazos marcados por el ejercicio, sus manos perfectas de dibujante, y todo lo demás lo hacen perfecto, para cualquier chica, menos para mí. Porque él es perfecto y yo soy solo yo. Y como olvidar esos hermosos ojos grises como la tormenta, con motas azules que los hacen confusos, delirantes e hipnóticos. Sonrío ante el recuerdo de que aún estoy con él. Abre un ojo y me sonríe. –¿Ya terminaste de admirar? –pregunta. Sonrío y siento mis mejillas arder. Se sienta, me mira, levanta mi barbilla y conecta sus ojos con los míos. Podría vivir toda mi vida admirándolo. –Buenos días, Kaylee. –Buenos días, Alec. Sonríe. Deposita un beso casto en mis labios y me mira. –¿Qué tanto piensas? –pregunta con esa voz suya, tan dulce, seductora, suave como el terciopelo y como miel sobre hojuelas. –¿En ti? –digo tímida, pero suena más a pregunta, bajo la mirada. Sube mi barbilla, conecta de nuevo nuestros ojos. –¿Yo? -pregunta sorprendido. Asiento. –A veces pienso que eres tan perfecto para estar conmigo –murmuro. –Kay, tú eres perfecta –me dijo. –Es que, Xander de todas me elegiste a mí y no lo entiendo. –Y lo haría mil veces más. Te amo Kaylee –habla sincero. –Yo también, te amo. –Siempre lo voy a hacer –susurra. Le sonrío. –Igual yo Alexis –sonríe como un niño, por oírme llamarlo de varias formas. Le doy un beso y me voy a su baño. Me miro en el espejo, mi cabello está desordenado y mi pijama de heladitos está algo arrugada. Me lavo los dientes, acomodo un poco mi pelo y salgo a buscar ropa para darme una ducha. Busco entre mi bolso, saco unos shorts de mezclilla, una camiseta de tirantes, mi ropa interior y mis converse blancas. Alex ya no se ve por lo que supongo que está en el otro baño. Regreso al baño y me ducho, cuando salgo de nuevo a la habitación Xander ya está de vuelta, recién duchado. Una camiseta blanca, unos jeans negros y sus converse blancas. Me sonríe, me tiende mis gafas. Me las coloco y lo enfoco mucho mejor, así lo veo más a detalle y con mayor claridad. –Gracias, Alex. Se acerca, me abraza escondiendo su rostro en el hueco de mi cuello. Le correspondo. –Te amo tanto Kaylee. –Y yo a ti. Nos separamos y nos miramos a los ojos. –¿Qué quieres hacer hoy? –pregunta. –Primero desayunar y luego lo que te apetezca –le sonrío. –De acuerdo, te preparé el desayuno –asiente feliz. Me toma de la mano y avanza hacia la puerta pero me detengo, se gira a mirarme. –Kay, ¿sucede algo? –pregunta preocupado. Lo tomo de la mano y lo arrastro conmigo al borde de la cama, lo obligó a sentarse en ella. Me mira expectante. Llevo mi mano al cuello y tomo el corazón que descansa en él. Y recuerdo. Alexander y yo eramos los mejores amigos, siempre lo hemos sido, desde pequeños. Según lo que mamá me ha contado nuestra historia juntos se remota hasta antes de que siquiera alguno de los dos naciera. 'Mamá y papá se conocieron en la universidad, cuando ambos tenían 18 años, ellos iban en la misma facultad por lo que al paso del tiempo comenzaron una relación, la cual acabó en una boda dos años después. Luego de su boda se mudaron a vivir a la casa en la que ahora vivimos. Justo cuando ellos se graduaron, dos años más tarde, una joven pareja y al parecer de recién casados llegó a vivir a la casa de al lado. Al principio ni siquiera se miraban, pero todo cambió una tarde. Mamá salió a hacer las compras al súper, cuando venía de vuelta el auto de averió y llamó al seguro pero este no llegó, ella se quedó encerrada en el auto mientras llovía. De pronto pasó la pareja vecina y se ofreció a llevarla de regreso, luego de eso comenzaron una linda amistad. Tiempo después, casi ya tres años más tarde de su llegada, la esposa quedó embarazada, luego de mucho esfuerzo, ya que al parecer el doctor le pronosticó que eran muy pocas las posibilidades de que tuviera un hijo. A partir de entonces mis padres estuvieron apoyándolos, pasaron seis meses, entonces se pudo saber el sexo del bebe. Sería un niño, y su nombre sería Alexander. Por esos días mamá tuvo un grave accidente automovilístico en el que casi perdió la vida, al ser ingresada al hospital se enteraron de mi existencia y que por fortuna no morí. Supuestamente era dos meses más pequeña que Alexander por lo que no podían saber que sería. Alexander nació y a mi aún me faltaban dos meses para hacerlo pero justo un mes después de su nacimiento, yo nací. El doctor decía que no sobreviviría dado que nací a los ocho meses, al final de todo logré vivir. Con el tiempo ambos fuimos creciendo, él por delante, yo siguiendo sus pasos, pero él siempre esperando a por mí y eso nos hizo unidos. Un día cuando teníamos seis años y salimos a una excursión escolar fue cuando compramos estos corazones de cuarzo beta. Al salir del sitio que visitamos ví que había lugares en los que vendían figuras hechas con ese material. Me acerqué a uno de esos lugares y observé, en el puesto había dos figuras en forma de corazón, de color rojo. Me gustaron. –¿Cuanto cuesta? –pregunté. –Cinco dólares –dijo la señora. Asentí y me fui. Corrí a donde a Alec, tomé su mano. –Alex –dije tirando de él. –¿Pasa algo Kaylee? –preguntó preocupado. Para tener ocho años me protegía mucho. –¡Ven! –y lo arrastré conmigo hasta el puesto donde ví los corazones. –Mira –le dije una vez ahí y le señalé los corazones. –Son bonitos –dijo –¿te gusta? –preguntó. Afirmé con la cabeza. –¿Quieres que lo compre para tí? –preguntó otra vez. –No –negué –solo estoy pidiendo tu opinión para comprarlo para mí. Lo compraré –aseguré. –Yo también puedo comprar uno para mí –propuso. –Si –dije feliz. Le dí el dinero para que pagara, mientras yo los tomaba. –¿Por qué rojo? –pregunté curiosa a la mujer. –Significa el amor que puedes llegar a tenerle a una persona y lo que estarías dispuesta a hacer por ella –explicó. Asentí. –Puedo grabarle sus nombres –me propuso. –Si –susurré. Alex pagó y yo esperé para dárselos, me tendió una hoja y me pidió escribir los nombres. Alexander. Kaylee. –Son nombres muy bonitos –dijo mientras grababa los nombres. Afirmé. Luego me los entregó y jalé de la mano a Alex, llevándolo conmigo. –Toma –le dije y le entregué el suyo. Se sentó en una banca mientras los demás a lo lejos almorzaban. Lo miró con atención durante un rato, luego a mí y finalmente habló. –Tómalo –me dijo y lo puso frente a mis ojos –quiero que lo tengas tú –me dijo. –No Xander –dije con cariño –¿no oíste lo que dijo la mujer? –pregunté confusa. –Lo oí –afirmó. –Por eso no lo puedo tener –informé –significa el amor que le puedes llegar a tener a alguien. –Y por eso quiero que lo tengas tú. –No Alex –negué con la cabeza –un día te vas a enamorar de una hermosa chica, te va a querer y amar como te mereces, es a ella a quien se lo darás –le dije. –Quiero que seas tú –suplicó. –Soy una niña, Alec –le miré á los ojos. –Pero dejarás de serlo –me sonrió dulce e inocente. –Es cierto, pero no te mereceré Alexander, mereces una bella chica, no alguien como yo. Es evidente que no soy ni seré bonita. No digas que seré yo o que quieres que sea yo porque aun te falta mucho por conocer, habrá infinidad de chicas que te adoren, yo seré una de ellas pero no seré esa chica. Te voy a querer siempre Alex. Pero tú no puedes asegurarme lo mismo. No me des tú corazón porque un día te vas a enamorar de alguien más, eso me dolerá y no quiero ser la intrusa que se robó tu inocente corazón. No lo olvides jamás Alexander, siempre te voy a querer –le dije y sonreí. –No digas eso Kaylee. Siempre te voy a querer, nadie va a cambiar eso. Te lo prometo –me dio un beso en la mejilla y me sonrió.' Parpadeo volviendo a la realidad. Sigo en la habitación de Alec. Mi Alexander. Me llevo una mano al corazón que pende de mi cuello y lo aprieto en mi mano. Lo miré, él también me mira. Siento como las lágrimas ruedan por mis mejillas. Él limpia mis lágrimas con sus pulgares. –¿Qué pasa princesa? –pregunta preocupado. –Recordé t-tu promesa. ¿La recuerdas? La cumpliste. Sigues cumpliéndola y yo no te creí, lo siento –hablo apresuradamente. Toma mi rostro entre sus manos y clava sus ojos en los míos. –Jamás voy a romperla. Te amo ahora lo sé y siempre lo haré. Recuérdalo siempre. -Yo también te amo –dice. Lo beso hasta que nos quedamos sin aliento y nos tenemos que separar. Me quito el collar del corazón con mi nombre, lo empuño en mi mano. –Toma –le digo –si hay alguien que debe tenerlo eres tú. No lo quiero más, quiero que a partir de hoy sea tuyo. No quiero que mi corazón lata si esta lejos de ti. Es tuyo, tómalo, haz con él lo que quieras. No lo quiero si no está contigo –le susurro. Lo pongo en su mano, él me mira sorprendido, también se quita el suyo y me lo da. –Tampoco quiero el mío sino es contigo con quien esté. Lo tomo y me lo coloco. –A partir de hoy, mi corazón y todo yo soy tuyo. Hoy, mañana y siempre. No le respondo, solo lo beso hasta cansarme. Nuestra promesa estaba sellada y ni una eternidad nos separará. –Ni la eternidad me separara de tí –le juro. Después de nuestro lindo momento, ambos bajamos a preparar nuestro desayuno. Yo preparo hot cakes y huevos con tocino mientras él prepara el jugo, el café y la fruta. Terminamos y nos dispusimos a desayunar. –¿Qué haremos hoy? –pregunto. –Pensé que iríamos por tus padres –me dice. –De hecho llegan a hasta la tarde, tengo el día libre, o casi me el día libre –respondo. –¿Entonces que propones hacer? –me pregunta. –Lo que tú quieras. –¿Parque de atracciones? –asiento. –Perfecto –añado. Terminamos de desayunar y mientras el limpia la cocina subo a su habitación a recoger mis cosas. Cuando bajo me mira curioso. –¿Por qué pareciera que huyes y tratas de borrar la evidencia? –pregunta, me regala una sonrisa. –Papá no sabe que dormí contigo. –¿Lo desobedeciste? –pregunta curioso. Afirmo con la cabeza. –¿Por qué? –pregunta de nuevo. –Por tí –respondo. –No –niega –me refiero a por qué no quería que durmieramos juntos. Bajo las escaleras que faltan, pero me intercepta quitándome mis cosas, bloqueándome el paso y acercándose mucho a mi poniéndome nerviosa. –Kaylee –susurra esperando una respuesta de mi parte. –Pensó que sería mala idea. –¿Por qué? –inquiere de nuevo. –Cree que voy a hacer algo para lo que aún no estoy preparada –digo –cree que iba a tener sexo contigo –susurro con timidez y me siento arder. Me tapo la cara por la vergüenza, él me quitó las manos de ésta. –Princesa –dice conectando sus ojos con los míos –no haría algo así contigo. –¿No? –susurro un poco dolida. –No me malentiendas, estaría orgulloso de ser el primero por supuesto pero no te obligaría a algo así. Te amo Kaylee, pero nuestro amor para mí no se basa en lo físico, se basa en lo que sentimos, lo que muestro corazón siente, no lo que el cuerpo quiere. No te lo niego eres hermosa y te deseo, cualquier chico te desearía, cada vez que te tengo cerca tengo que controlarme para no hacerte lo que tanto deseo, pero quiero que para ti sea especial, si quieres que sea conmigo. Le sonrío sonrojándome, por sus palabras. –Eres hermosa, y no dudaría ni un segundo en hacerte mía siempre que estés dispuesta. Mi corazón salta como loco al oírlo. –Eres tan dulce –le digo. –Se llama estar enamorado. Me besa y luego vamos a casa a dejar mis cosas. Después nos marchamos al parque de diversiones. Pasamos a casa por mi auto que es más espacioso. Justo cuando subimos su móvil sonó, lo toma y contesta. –Abuela –habla –estoy con Kaylee...vamos al aeropuerto por sus padres...no puede esperar...¿es muy importante?...vale, entiendo...nos vemos allá...voy para casa. Cuelga. Me mira y suspira. –¿Sucede algo? –pregunto preocupada al ver su gesto. –Mi abuela –habla –quiere verme, dice que es urgente. No te podré acompañar a traer a tus padres, lo siento. –Descuida, puedo ir sola. Ve a verla, te necesita, tus padres están fuera y eres su única familia –asiento. Bajamos del auto y vamos hasta el suyo, se acerca, me besa como jamás lo ha hecho, es dulce, romántico, apasionado y lleno de amor, cundo nos separamos yo estoy jadeando por aire, él también tiene la respiración acelerada, pega su frente a la mía. –Te amo –dice. –Te amo Alexander –le susurro. –Eres y siempre serás mi amor, mi pasado, mi presente y mi futuro, junto, te amo. No lo olvides. Asiento y luego va a la puerta de su auto para subirse. –Desearía acompañarte pero tengo que ir por mis padres –hablo. –Lo sé, descuida –responde –te llamo cuando vuelva. –Vale, espero que vaya bien. Suerte –y con eso se va. Veo el auto salir, para después alejarse a toda velocidad por la calle. No sé por qué pero tengo la sensación de que se despedía de mí cuando me besó, pero yo mejor que nadie sé que eso es imposible, él jamás se irá de mi lado, sé que volverá y esto quedará solo en una tonta sensación. Alexander volverá y se quedará a mi lado eso lo puedo jurar. Él regresará a mi lado.
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Entre tú y yo (TúYo #1)

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