La Boda de mi Ex

Capítulo Cuarenta y Tres
Christian y yo nos habíamos quedado al final de la fiesta cuando todos se habían ido ya a sus casas, mire hacia el lugar dejando escapar un suspiro al notar el desastre que había quedado así que comienzo a buscar una bolsa para comenzar a recoger todo. —Déjalo así —ordena Chris al ver mis intenciones—. Eso lo arreglo yo. —¿Y qué se supone que haremos entonces? Eran cerca de las dos de la madrugada y la luna se alzaba en el cielo además de que no tenía demasiadas opciones para hacer algo, en cambio él, sólo mostró una sonrisa misteriosa y extendía su mano derecha hacía donde pude notar la pulsera adornando su muñeca. —¿Confías en mí? Su sonrisa de algún modo hizo que me sintiera curiosa ante la idea que tenía por lo que sólo extendí mi mano tomando la suya y sonriendo al notar las dos pulseras juntas a la vez que respondí: —Confío en ti. Dejamos tal y como estaban las cosas para salir corriendo hacia el elevador entre risas infantiles y al salir del edificio note los pocos coches que estaban en movimiento, supuse que estaría Ethan o Larch esperando por nosotros pero me sorprendió encontrar el audi negro que Christian usaba de vez en cuando en momentos en que no quería traer chófer y que de seguro alguien había dejado aquí por órdenes de él. Le quita el seguro y abre la puerta del copiloto para que yo pudiera subir. —¿A dónde vamos? —pregunto en cuanto el sube y enciende el motor, el cual fue como un leve ronroneo. —¿Alguna vez has nadado en la noche? —pregunta poniéndonos en movimiento pero sólo volteando por un segundo para notar como negaba con la cabeza—. Bueno, pues yo tampoco. Dejo escapar una risa al escucharlo creyendo que era una especie de broma pero cuando note su decisión y el camino hacía donde íbamos fue cuando dejo de serlo, de todas formas, ¿que importaba? Era algo que él quería hacer y por ende yo quería hacerlo. Así que cuando llegamos al borde la playa de Santa Mónica bajamos riendo como chiquillos, corriendo hacía el borde del mar que se veía tan pacífico. Me quitó los tenis mientras lo veo a el quitándose la chamarra negra y la camisa blanca dejando ver todo su bien trabajado abdomen, decido no quedarme atrás mientras me quitaba el pantalón y la blusa quedando en ropa interior y el sólo en boxer. Por un instante le agradecí mentalmente a Allison por forzarme a usar un conjunto que había comprado recientemente de color blanco. Me toma de la mano y junto corremos hacía el mar sintiendo como el agua fría nos acariciaba, ambos tomamos una gran bocanada para sumergirnos, por unos segundos estuve completamente rodeada de agua y oscuridad, sólo sentía la mano de Christian aferrándose a la mía. Los pulmones comenzaron a pedir oxígeno y el corazón latía con fuerza, así que cuando salí y tomé una bocanada de aire a la vez que me pasaba mi mano libre por mi rostro para quitar el agua de mis ojos. —Creo que esto fue una mala idea —sonríe apenado mientras me mira—. El agua esta terriblemente fría. —Yo creo que fue una buena idea —respondo con una sonrisa—. No está tan fría. Estuvimos nadando por un rato hasta que decidimos salir, al no traer nada con que secarnos decidí usar mi playera para hacerlo ya que traía un suéter que dejé en el coche, Christian también decidió usar su playera. Sabía que por su mirada había más cosas que hacer por lo que me apuré sólo para ser tomada por su mano y llevada de nuevo hacia el coche. —¿Por qué estamos en la oficina? —pregunto cuando pasamos los revisores y saludamos al señor de seguridad. —Vamos a ver una cosa. Tomamos el elevador notando que presiona el último botón haciéndonos subir, sentía su mano tomando mi cintura, cuando las puertas se abrieron me di cuenta de a que habíamos subido. Desde el helipuerto podía ver la ciudad en su estado nocturno con las luces encendiendo los edificios y caminos, me abrazo a mí misma por unos segundos antes de sentir sus brazos alrededor mío. —¿Qué te parece? —Pienso que eres un egoísta por no haberme enseñado esto desde hace tiempo —acuso—. Llevo casi un año trabajando aquí. —Creo que es el mejor año que he tenido —habla recargando su mentón en mi cabeza—. Ése día que te conocí regresaba de una reunión sofocante y una visita con la  directora de la escuela de Morgan, te vi desde que saliste del elevador. Dirás qué estoy loco pero desde ese momento pensé que eras la chica más hermosa que había visto. —Yo diría que en ese momento era la chica más torpe del mundo —sentencio sonrojada—. Lamento eso. —Yo no lo hago, después de que te fuiste obligué a Evelyn para que me dieran tus datos —lo noto reír contra mi espalda—. Hice la excusa falsa del teléfono para poder hablarte. —¿También fue mi torpeza la que hizo que me contrataras? Era una duda que siempre había tenido y que ahora estaba en posibilidades de ser respondida. Christian tardo unos segundos en responder mientras yo me apegaba lo más que podíapara evitar sentir el aire frío. —Yo no coordino a quien se contrata y a quien no por lo que no fue por mí por el te contrataron —responde con tranquilidad—. Supongo que vieron que eras la más indicada. —¿Y si no me hubiesen contratado? —De todas formas tendría que verte de nuevo, por el teléfono —lo siento encogerse de hombros—. Te hubiera invitado a salir desde ese momento. —al final sentencia con seguridad—: Créeme que no te hubiese dejado ir tan fácil. Ahora la que sonrío fui yo, completamente enamorada de aquel chico que por momentos era seriedad total, pero en otros momentos como este, era cuando más hacia latir mi corazón lleno de amor. Me volteo quedando frente a él con una sonrisa, me paro en la punta de los pies, rozo levemente sus labios con los míos sintiendo como su cuerpo temblaba y fue él quien tomo mi barbilla besándome con tal intensidad que me hizo olvidar completamente de todo, como usualmente ocurría cada vez que estaba a su lado. —Mejor vamos a dentro —murmura ronco—. O no podré contenerme y te haré mía en mi oficina. Aquello hizo que mi cuerpo pidieran más, más de él, de su presencia, su fuerza, su toque. Así que cuando entramos de nuevo lejos del aire frío, él no me soltó la mano en ningún momento a excepción de unos segundos en el que ambos subimos al audi de nuevo. Cómo ninguno quería ir a cada Christian decidió que nos quedaríamos en un hotel. Al entrar, la chica que estaba en la recepción muy cansada y aburrida hasta que entro Chris quien no traía del todo cerrada la chamarra y dejaba ver su pecho haciendo que la chica se mostrara más que interesada en él. —¿Qué pasaría si no te controlaras? —pregunto en la habitación como si nada quitándome el suéter quedando sólo con el sostén. —Sabes muy bien lo que pasaría, Pryest —habla con un tono de voz más grave y seductor. —No, no lo sé —respondo encogiéndome de hombros—. Tomaré una ducha, necesito quitarme el mar de encima. En el camino al baño me detengo unos segundos para quitarme el pantalón dejándolo en el suelo y quedando en ropa interior mientras caminaba como si nada sintiendo su mirada puesta en mí. Internamente estaba sonriendo con una seguridad de las pocas veces en que no tenía ni nerviosismo. Ni siquiera me dediqué a cerrar la puerta con seguro así que termino de quitarme la ropa dejándola en el tocador y entro a la regadera abriendo la llave del agua caliente. Mentalmente conté los segundos que pasaban con los ojos cerrados hasta que la puerta se abrióy escuche sus pasos acercarse a mí, lo primero que sentí fueron sus manos rodeando mi cintura haciendo que un escalofrío encendiera mi cuerpo, al sentir sus laboos en mi hombro casi por instinto incline la cabeza sólo para sentir sus besos en la delicada piel de mi cuello haciéndome suspirar de gusto y excitación. —Sabías que no me resistiría —murmura cerca de mi oído para después morder ligeramente el lóbulo. Me volteo notando sus ojos oscurecidos por el deseo y el cabello húmedo, sólo fue un segundo de paz antes de que sus labios se posaran sobre los míos reclamando y saboreando, me dejo derretir en sus brazos acariciando cada centímetro de su pecho y sus brazos sintiendo el músculo firme y fuerte, me pegaba a su cuerpo haciendo que sintiera su excitación lo que hacía que yo temblara y quisiera más, de algún modo terminamos sobre la esponjosa cama cediendo ante la pasión. —Creo que esta es la parte que más me gusta de ti. —¿A que te refieres? —pregunto alzado el rostro para verlo. —Verte así —acaricia mi mejilla con delicadeza—. Tan tranquila y llena de confianza. —Confío en ti —murmuro acurrucándome en su pecho para escuchar el latir de su corazón. —Pero me refiero a que te entregas a mí sin temor —insiste nuevamente abrazándome por la espalda—. Te he hecho pasar por malos ratos pero aún así sigues aquí sorportando. —Es fácil la respuesta, es porque te amo. —Lo sé, y no tienes idea de cuanto te amo. Me besa en la frente y comienzo a tararear completamente en calma, sabía que era de día pero al menos y de momento no debíamos ni trabajar ni hacer nada además estaba tan cómoda que no me atrevía a arruinar el momento. Sólo quería estar en vuelta en los brazos de Christian y disfrutar su compañía pero uno no podía pedir demasiado porque el sonido de algún teléfono rompió la paz. Gruño molesta al notar que era el mío el que estaba sonando y que estaba dentro de la chamarra negra que Chris había dejado en el suelo y fue este quien la recogió para sacar el teléfono y pasármelo antes de que se acabará la llamada. —¿Hola? —hablo al ver el identificador de llamadas. —¿Por qué no me dijiste, Eryn? —escucho su voz totalmente dolida. —¿De qué hablas? Quise jugar la carta de confusión aunque realmente sabía a lo que se estaba refiriendo, me levanto hasta quedar sentada notando a Christian hacer lo mismo. —No finjas, no conmigo —se queda callada por unos momentos hasta que sigue—: Conoces a Alexander y me lo has escondido todo este tiempo. —Anne, vamos a hablarlo en algun lado, ¿sí? —pido volteando a ver a Christian por ayuda. Le doy la dirección de un restaurante que Chris susurró a mi oídopara colgar con un suspiro y explicando lo que estaba pasando a lo que el hizo una llamada rápida. Sabía que estaba hablando con Larch para pedir que viniera con Ethan por nosotros, también hablo sobre una especie de paquete y dió el nombrey número de habitación del hotel. Me mandó o bueno, me obligó a meterme a bañar diciendo que no me dejaría ir sola y al notar que comenzaba a quejarme por tener que usar la ropa de ayer sólo me da un empujón para que saliera de la cama y me bañara. Así que cuando salí envuelta con una toalla y con el cabello seco gracias a la secadora, en la cama me esperaba una bolsa blanca, miro inquisitiva a Christian quién paso a mi lado ignorándome pero notando que traia también una bolsa idéntica a la mía. Miro dentro de ella notando la ropa nueva pulcramente doblada. —A este paso tendré un guardaropa nuevo —murmuro rendida. Dentro estaba un cambio de ropa interior y un vestido de manga larga de color negro con escote en V no tan pronunciado, la falda era pegada y de color gris, dentro de la bolsa también noté un par de tacones negros, ignorando el precio y las etiquetas con nombres elegantes tomo la ropa interior vistiéndome y acomodando  vestido junto con lo tacones. —¿Lista? Volteo a verlo notando que traía unos jeans de mezclilla oscura, una camisa blanca y un saco color gris. Así que solo asiento respondiendo su pregunta, guardo mi ropa del día anterior en la bolsa y ambos salimos del lugar. Saludé a Ethan antes de subir a la camioneta, Chris se encargó de darle la direccion y me tomó de la mano, aún sin entender como había notado mi nerviosismo, era algo que sólo mi hermano podía lograr y mágicamente ahora él también podía. Podía saber mi nerviosismo incluso antes de que yo lo supiera. Ahora íbamos en camino a enfrentar algo que tenía miedo de hacer. Y no, no estaba lista.
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