Cuarto Reino

Cap. 16.2
Krügger se sienta al lado de Ivana con una barra de chocolate, se lo ofrece, pero Ivana mantenía la vista perdida en la nada. ─ Puedes estar tranquila muchacha… no lo he robado… no tengo esas costumbres ─ Gracias, Krügger… pero no tengo hambre (sorbe por la nariz) ─ El chocolate hace subir el buen humor. Te sentirás bien. Toma, come un poco ─ instaba Krügger con una sonrisa paternal. ─ Sigo sin entender como le pudo haber pasado… simplemente no lo acepto… no lo entiendo ─ Krügger se mantuvo en silencio. Colocando el chocolate a un lado, le da unas palmaditas en el hombro mientras se levantaba dejándola sola en su meditar. La noche fue avanzando, Chad y Zackaeff se habían quedado dormidos, uno recostado del otro, el fuego ardiendo en el tonel para mantener el calor en el lugar, Krügger en un rincón dormido de brazos cruzados roncando a todo volumen, en cambio Ivana aun sumida en sus pensamientos no podía pegar un ojo, no solo pensar en la muerte de Lilian, sino en el comentario de aquel muchacho. ─ Es un mensaje… las personas buenas no merecen vivir en éste infierno ─ ¿de verdad fue su voz?, y aquella voz que le habló en sueños. ─ Ya están cerca ─ ¿Quién coño está cerca?, ¿Por qué se sentía tan inquieta?, sea lo que fuere estar cerca, allí sentada no le traería las respuestas, tenía que salir. Pasando a un lado de Krügger tratando de hacer el menor ruido posible, toma su abrigo, se coloca unos guantes y tomando una bufanda oye una advertencia. ─ Está muy tarde, muchacha, las cosas no están bien en las calles ─ Ivana da un respingo colocando una mano en su pecho. ─ Me asustaste, Krügger, creí que estabas dormido ─ por un instante Ivana se queda pensativa. ─ ¿Acaso todo el mundo se puso de acuerdo en asustarme?, es increíble, y puedes estar tranquilo, no iré lejos ─ Más te vale, muchacha, no me hagas que me pare a buscarte ─ Ivana sonríe en respuesta dándole unas palmadas en el pecho del viejo. ─ Puedes estar tranquilo, papá, estás viejo y cansado ─ Krügger ríe ronco por lo bajo. Saliendo del teatro, Ivana se aferra más al abrigo, detallando que la tormenta había parado, sumergiendo las calles a casi treinta centímetros de hielo. Soplándose las manos se dispone a caminar por la calle hacia el este, avanza media cuadra, luego cruza hacia la avenida norte, hacia los muelles; las calles solitarias solo le hicieron sentir algo insegura, y más con el índice delictivo tan alto como lo había mencionado Zackaeff, de pronto unos pasos comenzaron a repiquetear en la distancia, los pasos amortiguados por la nieve delataron la extraña presencia, acercándose poco a poco. Un escalofrío por la espina dorsal le recorrió, sin embargo, tratando de no prestarle mucha atención al asunto, pensó que tal vez era alguien que tampoco podía conciliar el sueño, aunque eso no quitó a Ivana que acelerara un poco el paso. Los pasos que la seguían, también, aceleraron un poco, para cuando se había percatado, ya estaba comenzando a trotar, tratando por todos los medios alejarse de aquella persona, echa un vistazo hacia atrás sobre su hombro para ver si reconocía a su perseguidor, pero la oscuridad ocultaba bien la identidad del acosador; cruzando por una esquina hacia el oeste, luego un puente, llegando a la catedral Kazan, los pasos se detienen, Ivana toma un respiro apoyando sus manos en las rodillas, con la respiración acelerada se gira para ver que se había hecho su perseguidor, ¿acaso se esfumó?, ¿Qué se había hecho?, la gente no desaparece en el aire así como así, ya era la segunda vez que pasaba, primero con el muchacho y ahora con éste hombre, la cosa ya resultaba no solamente incomoda, sino espeluznante. Ya con su respiración más calmada, Ivana se levanta para proseguir su caminar nocturno de regreso al teatro, con las manos en los bolsillos, empuña un cuchillo que siempre guardaba desde los doce, consejo que le dio gracias a Chad por haberle dado. ─ Ten, guárdalo, llévalo contigo siempre, muchacha, nunca se sabe con que clase de hijo de puta te cruces en la vida… así que mantente alerta ─ ¿Otra vez con tus paranoias, Chad? ─ ¡Vete la mierda, Zackaeff! ─ curvando una sonrisa en los labios al recordar el momento, sintió un poco de alivio por que aquellas palabras, le parecieron las más sabias que jamás había oído en la vida. Caminando una cuadra hacia el oeste a zancadas, cruza una avenida hacia el sur tomando la principal Khovaya, percatándose de lo lejos que estaba del teatro. Llegando a la esquina que cruza con Fontanka, una mano le tapa la boca, ella saca su cuchillo y apuñala al hombre, Ivana no supo donde había golpeado, pero supo que había enterrado el cuchillo, solo que éste gruñe de dolor golpeando a Ivana dejándola inconsciente, mira a un lado luego al otro, la toma entre sus brazos llevándola a un callejón oscuro. Poco a poco Ivana va recobrando la conciencia gimiendo de dolor, con su mirada algo borrosa, no pudo distinguir a su captor, una ceja rota marca el lugar donde fue golpeada; en el borde de la inconsciencia, Ivana logra percatarse de una sombra que vuela por los aires golpeando una pared distante con ruido sordo, luego todo se puso negro otra vez. ─ *Ivana… ¡Ivana!* ─ repetían su nombre en la distancia como un eco lejano. ─ ¿Estás bien?, Ivana, mírame, abre los ojos ─ instaba la voz chasqueando los dedos, Ivana parpadea varias veces tratando de sacudir su cabeza para reaccionar y centrar sus pensamientos, pero le era imposible. ─ Que bueno que te encontré a tiempo ─ añadió la voz en un tono de preocupación y alivio cortando las sogas que la ataban a una farola inservible. ─ Don… donde… ¿Dónde estoy? ─ pregunta Ivana ebria por el golpe. ─ Estás a salvo, te llevaré al teatro ─ Gracias, Zack ─ dijo Ivana desmayándose nuevamente en los brazos de aquel desconocido. A la mañana siguiente, muy temprano, Zackaeff le daba de patadas a Krügger para despertarlo. ─ He… viejo senil, ¿Dónde diablos está Ivana? ─ Está dormida ─ ¿En serio?... déjame decirte que no pasó aquí la noche ─ Pero… ¡¿Cómo que no..?! ─ La volviste a perder, ¿No es así? ─ Me dijo que saldría a dar una vuelta, que no iría lejos ─ Son las siete de la mañana y aun no ha llegado, creo que esa caminata se ha prolongado demasiado… y ¿Dónde está Chad que no lo veo? ─ ¿También salió? ─ ¡Maldita sea hombre!, el mundo se cae, se vuelve mierda y tu no te enteras… tenemos que encontrarla y rápido ─ Krügger se levanta pesadamente de su lugar, se da unas palmadas en la cara, ambos toman de sus abrigos y salen en búsqueda de Ivana. Ivana se despierta de golpe, se levanta casi de un brinco mirando a todas partes, su mente comenzó a dar vueltas y su estomago lo sentía en la garganta, para evitar desplomarse, se recuesta nuevamente en el catre, ¿Dónde coño estaba?, al parecer se encontraba en el teatro en la sección de camerinos, Ivana frunce el ceño para detallar mejor el lugar, parándose y dando tumbos se acerca a la peinadora, aun su cabeza le palpitaba como en una feria de tambores, ¿Qué coño pasó?, tratando de recordar mirándose al espejo, se horroriza al ver las imágenes de lo acontecido en la noche, se apoya de la peinadora polvorienta tapándose la boca, jadeando de miedo, con su estomago revuelto a punto de vomitar, estuvo a punto de morir esa noche, pero ¿Quién la había rescatado?, tratando de aclarar sus pensamientos, recordó una vaga figura salir volando por los aires, luego un joven le ayudó a caminar, luego nada, ¿Quién pudo haberla rescatado?, Zack, tuvo que haber sido Zack, no hay de otra. ─ ¿Zack?, ¿Zack, estás ahí? ─ llamó tentativamente al ver la puerta entreabierta, mas no recibió respuesta alguna, acercándose un poco más, dubitativamente vuelve a intentar llamar. ─ Zack no está, pero estoy yo ─ Ivana da un respingo dando un paso hacia atrás. ─ ¿Quién eres? ─ pregunta tratando de mantener la voz firme, el joven hace un mohín en respuesta. ─ De nada por lo de… anoche, y… ─ el joven se aclara la garganta. ─ ¿Cómo te sientes? ─ ¿Quién eres? ─ dijo ésta vez lentamente con más firmeza. ─ Creo que nos hemos visto anteriormente ─ Eso lo sé, en el muelle, ¿No es así? ─ Entonces te sugiero, Ivana, que tomes asiento ─ ¿Cómo sabes mi nombre? ─ Mucho gusto, me llamo Kiev ─ ¿Kiev? ─ Si, Kiev, Kiev Dietrich ─ contestó el joven tomando asiento en una butaca casi destrozada. ─ Iré directo al grano, Ivana, y créeme que no te gustará lo que oirás, ni mucho menos me creerás ─ inició Kiev haciendo un gesto con la mano invitando a Ivana a tomar asiento en el catre. ─ Con referente al muelle, como te dije antes, fue… ─ Un mensaje, eso también lo escuche… ─ interrumpió tomando asiento en el catre. ─ ¿Fuiste tu? ─ pregunta estrechando la mirada aprensivamente hacia Kiev. ─ Si te refieres a ser el autor de tal asesinato, no, pero si te refieres a que si fue mi voz la que escuchaste dentro de tu cabeza, si, fui yo. Estás en peligro, Ivana, ellos están cerca y te están buscando ─ ¿Quién me busca? ─ Gente indeseable ─ Y una de ellas está el… ─ ¿Asesino?... si, dio una gran pelea, pero… pude ahuyentarlo, solo era un simple humano… ─ Espera, espera, espera, ¿Cómo que un simple humano? ─ Kiev resopla dejando la mirada en blanco. ─ Es cierto, aun no recuerdas ─ ¿Qué tengo que recordar?... esto suena desquiciado y será mejor que me vaya ─ comenzó a decir Ivana poniéndose lentamente de pie mostrando una sonrisa incrédula, pensaba que el muchacho deliraba, y eso que la que habían golpeado fue a ella. ─ Soy la persona, una de las pocas de las cuales no debes temer. Ivana, estoy de tu lado, el verdadero peligro está allá afuera, entre las sombras, y te están buscando ─ Déjame adivinar… tu eres mi única salida y mi salvación de una muerte segura ─ opinó Ivana con una sonrisa sardónica. ─ ¿Cómo rayos sabia Mónica de tu memoria? ─ pregunta Kiev más para si mismo tratando de ocultar su fascinación. ─ ¿Mónica?, ¿Quién coño es Mónica? ─ pregunta Ivana con una mueca. Kiev se pone de pie en toda su altura, parándose justamente delante de Ivana. ─ Aunque lo creas o no, tú y yo somos parientes, parientes lejanos ─ confesó Kiev seriamente, Ivana no pudo aguantar al ver la seriedad con la que daba Kiev su aclaratoria, para soltar una carcajada incrédula y revolcarse en el catre a reír sujetándose el estomago. A Ivana se le salen las lágrimas de tanto reír y reír, hasta el punto de que su estomago le dolía. ─ Esto tiene que ser una broma de Zack, tiene que serlo, porque no le veo otra explicación, el siempre alentándome de que vengo de una gran familia y todo esa mierda ─ mascullaba Ivana entrecortadamente tratando de aguantar la risa, después de que se cansó de reír enjugándose las lágrimas, y ver la cara de seriedad de Kiev, trata de controlarse, pero le resultaba casi imposible. ─ Supongo que tiene algo de gracia para ti… ─ Perdón, pero no puedo evitarlo, resulta imposible de creer… ¿Cómo que tu y yo somos… parientes?, ¿Acaso estás escuchando la sarta de mierda que dices?, nuestros apellidos ni siquiera se asemejan en lo más mínimo ─ En el diario de Mónica, revela que Paola, su hermana, creó unos vínculos mágicos de sangre que nos ayudarían a encontrarla. A encontrarte. Luego Mónica hizo unos artefactos mágicos que buscan parientes y familias que compartan ese vinculo ─ Ivana aun luchaba por controlar la risa con todas sus fuerzas. ─ Y tu tienes ese fantástico artefacto ─ Si, lo tengo ─ Ya basta de tanta mierda, deberías irte ─ Veo que no puedo convencerte con palabras ─ refutó el joven mostrando un colgante con incrustaciones de unos cristales que brillaban intensamente estando cerca de Ivana, ésta abre los ojos llenos de perplejidad y pánico ante tal joya. ─ Pero… ¡¿Qué mierda…?! ─ Éste… “artefacto” me ayudó a encontrarte, Paola ─ Yo, yo, yo, yo no sé de que me hablas, yo no soy Paola, yo ni siquiera la conozco, ni sé quien es esa tal… Mo, Mo, Mo, Mónica ─ tartamudeó Ivana empalidecida, parándose de un brinco sobre el catre, muy pegada a la pared, tratando de mantenerse lo más alejada posible de Kiev. ─ ¿Aun no me crees?… ven conmigo, te lo mostraré, te daré más pruebas… ─ Te creo ─ se apresuró Ivana en contestar con las manos tendidas hacia delante con cautela, manteniendo una distancia prudente. ─ De verdad que te creo ─ Entonces… ¿Vendrás conmigo? ─ pregunta Kiev con mirada esperanzada sobre Ivana, pero Ivana, con la mente en blanco solo tenía ojos para el artefacto mágico, ni siquiera había escuchado la propuesta. Aun marcando distancia en el pequeño camerino, se acomoda el cabello, sudando, se mordía las uñas mirando constantemente el colgante que aun brillaba sobre el cuello de Kiev. ─ Esta mierda no me puede estar pasando a mi, si soy solo una huérfana ─ farfullaba Ivana para si misma mirando a todas partes con nerviosismo. ─ ¿Vendrás? ─ pregunta Kiev nuevamente con mirada expectante. ─ Ve, ve, verás, a mi se me enseñó a no salir con extraños, me, me, me, ¿Me entiendes? ─ Si no somos extraños, somos parientes. ─ ¡YA!, basta de esa Mierda de que somos parientes ─ ¡Pero si es la verdad!... el diario de Mónica… ─ ¡A la mierda el diario!, y ¡si!, ya sé que el diario de Mónica dice un montón de porquerías sin sentido… ha… ha… haber, ¿Qué más dice ese tal diario? ─ Que Paola, o sea tu, la dejaste a responsabilidad de muchas cosas, un conocimiento prohibido, y que ahora reposa en Portugal y solo tu, puedes acceder ─ ¡¿Cómo?!, ¿Qué quieres decir?, ¡¿Quieres que viaje a Portugal?!, ¡si ni tengo un quinto donde caerme muerta! ─ Puedes estar tranquila, puedo costear los gastos del viaje en barco ─ Y… ¿Qué va pasar con Zack, Chad, y, y, y Krügger?, ellos son como mi familia ─ Tendrán que aceptarlo, decirles la verdad, que… encontraste unos parientes y ellos te quieren de vuelta ─ No se creerán ni media mierda, ni siquiera me lo creo yo, y me asusta aun más porque te estoy escuchando y sobre todo me asusta que estoy a punto de hacer lo que posiblemente sea la mayor cagada de mi vida ─ Para ser tan linda, dices muchas groserías, y no es ningún error, Ivana, ellos están cerca y tienes que salir de Rusia cuanto antes ─ Te… te… tengo que pensarlo ─ Piénsalo, tenemos hasta pasado mañana en la noche, te veré cerca del gran hotel, el barco zarpa para Portugal en la mañana del día sábado a primera hora, tomaremos una carroza hasta el muelle norte, allí estará el barco esperando por nosotros ─ Okay, pasado mañana entonces, necesito preparar a los muchachos para darles la… (mueca) noticia ─ Y por favor Ivana, no vayas hacer ninguna estupidez, si yo te pude encontrar, ellos también lo harán, esto es una guerra y estamos a contra reloj, sabes donde encontrarme ─ Kiev salió del camerino dejando a Ivana sumergirse en un silencio profundo y extraño ante lo que Kiev le había revelado, ellos eran parientes, pero ¿Qué clase de parientes?, y el diario de una tal Mónica, viajar a Portugal en busca de algo la cual solo ella tiene acceso, ¿Y cómo coño entraron sin que nadie los escuchara?, en el instante de que salió en busca de Kiev, ya no se encontraba por ningún lado. Ivana sale a toda prisa, corriendo por los pasillos, buscando a sus amigos desesperadamente, llegando a la zona de la tarima con vista a los palcos, observa como su amigo Chad entra tomando asiento en el sofá, muerto del cansancio, parecía que también hubiera estado caminando por horas, Ivana baja corriendo para recibirlo y abrazarlo, quería sentirse segura nuevamente. ─ ¡Chad! ─ ¿Ivana?... ¡Ivana!, ¿Dónde coño te habías metido? ─ preguntaba Chad abrazando a Ivana con fuerza. ─ Te estuve buscando por todas partes ─ ¿Me estabas… buscando? ─ Si, ya faltaba poco para el amanecer y no llegabas, así que salí a buscarte, y tu no te tardas tanto cuando sales a caminar, es más, casi nunca sales de madrugada… ni a caminar ─ Perdona, Chad, yo solo… necesitaba aclarar mi mente… sobre todo con lo de Lilian y el caos que se ha vuelto todo esto… ─ ¿Dónde estabas, niña? ─ Solo salí a caminar y… me perdí ─ contestó con una sonrisa nerviosa y apenada. ─ ¿Te perdiste?, ¡bah!, ¿Piensas que me comeré semejante mierda?... tienes mucho que explicar jovencita… a todos nosotros, por cierto, ¿Dónde están los otros? ─ No lo sé, creí que estaban contigo ─ Yo salí antes ─ Ivana asiente, tenía que darles la noticia, pero por ahora lo dejaría pasar, no quería seguirles dando más sorpresas, esperaría que todo estuviera más tranquilo.
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