Cuarto Reino

Cap. 16.1
Cap. 16 Es el año de 1912, Rusia, la época de la explotación de la era industrial, el futuro llamado siglo XX, grandes edificios con enormes chimeneas soltando grandes bocanadas de humo, los primeros autos, toda una avalancha de creatividad y novedades para el nuevo milenio; una joven camina sin alguna dirección aparente a la cual llegar, solo esconderse para protegerse del inclemente frío del duro invierno, las calles atestadas de personas corriendo de un lado al otro, saliendo de sus trabajos apresurados y deseosos a llegar a sus hogares, la joven muchacha cruza por unas de las esquinas de la ciudad de San Petersburgo, frotándose las manos y soplándoselas para entrar en calor. ─ ¡Ivana!, ¡Ivana! ─ grita un hombre en una esquina, la muchacha se gira al ver que éste le hace señas para entrar en un edificio abandonado, un antiguo teatro derruido, la muchacha cruza la calle al trote mirando a ambas direcciones y entra al edificio. Dentro se encontraban otros dos más tratándose de mantener en calor con un tonel de metal con fuego, la joven llega rápidamente a zancadas para calentarse, saluda con un asentimiento al resto. ─ Dura noche, ¿He? ─ comenta el hombre calentando sus manos, Ivana solo gruñe levemente en afirmación. ─ ¿Tienes hambre? ─ pregunta el hombre. ─ ¿Qué clase de pregunta es esa Zackaeff?… claro que tiene hambre ─ el hombre llamado Zackaeff, hurga entre algunas cosas dentro un morral de cuero cuarteado, saca unas bolsas, y de allí saca unas frutas y pan. ─ ¿De donde sacaste eso? ─ pregunta Ivana con el ceño fruncido frotándose las manos cerca del tonel. ─ Digamos que es cortesía de los mercados y abastos de San Petersburgo ─ contestó Zackaeff con un encogimiento de hombros y una sonrisa sardónica llena de arrogancia. ─ Si te atrapan te matarán y lo sabes ─ espetó Ivana con una mirada severa, Zackaeff era un muchacho de no más de veinte años, algo delgado, cabello rojo y pecas sobre su pálida nariz, ojos cafés, y labios rosados por el frío, una mandíbula delgada y dedos largos, su constitución física decía que era un muchacho sano y ágil. Ivana deja de calentarse las manos para sentarse al lado de Zackaeff en un sofá viejo y raído, que al momento de dejarse caer, levanta una bruma de polvo, le da un mordisco a la manzana, brotando de esta el jugo por la comisura de la boca. ─ Está bueno, ¿No? ─ Ivana asiente con la boca llena evitando que se siguiera botando más del delicioso néctar de la fruta, Zackaeff se inclina detrás del sofá para sacar una botella de vodka. ─ (risas), Estás loco definitivamente ─ Agradécemelo después, Ivana ─ replica Zackaeff dejando la mirada en blanco. ─ Ésta noche está más fría que las anteriores ─ comenta uno de los hombres aun tratando de calentarse. ─ Ni lo menciones ─ añadió Zackaeff lanzando un trozo de pan al hombre. ─ ¿Alguna noticia de Lilian con algún trabajo, Chad? ─ pregunta Ivana dando un trago de la botella. ─ No… aun nada, aun no ha llegado desde ayer que se fue a los muelles ─ contestó Chad quitándole la botella a Ivana, la cual, esta protestó a cambio, de pronto Ivana se quedó pensativa con la mirada perdida, Chad un hombre de más o menos en sus cuarenta y tantos, con barba incipiente y una cicatriz en la mejilla de mirada profunda, ojos negros como la noche y cabello negro tapado por un gorro. ─ ¿A dónde fuiste Ivana? ─ pregunta el tercer hombre con una mirada que Ivana no supo interpretar, la muchacha espabila negando con la cabeza. ─ Come, te hará bien ─ instó Zackaeff dándole una hogaza de pan. Zackaeff se da unas palmadas en las rodillas poniéndose de pie. ─ Creo que e hora de ir a dormir ─ anunció dándole unas palmadas a los hombres que estaban parados calentándose en el tonel. ─ Hasta mañana, Ivana ─ Hasta mañana, Zack ─ respondió Ivana con una sonrisa sosteniendo una manzana, se levanta le quita la botella a Chad, da un largo trago y se despide por la noche. ─ No te desveles, Chad, tu tampoco, Krügger ─ ambos afirman gruñendo en respuesta, Krügger era un poco mayor, barba roja y ojos verdes, calvo con una cachucha de pescador para mantener su cabeza cálida, ambos de contextura gruesa y hombres de manos callosas, hombres que crecieron con el trabajo duro del día a día, sin embargo, ellos habían acogido a Ivana entre su cuidado al encontrarla en las afueras, en la capital, con tan solo cinco años de edad, cerca de un orfanato que había sido victima de un cruel incendio donde hubo pocas victimas, y muchos heridos, ciudadanos especularon que fue una falla de las calderas, otros un intento de robo frustrado, sin embargo todo quedó siendo un misterio, desde ese entonces, todos fueron como una familia para ella, no obstante la vida le había endurecido el corazón a la pobre muchacha, realizando trabajos duros y forzados en cualquier parte donde lo consiguiera, bien sea vendiendo diarios, ayudando en los muelles o embarcando camiones en las fabricas, su amiga de grupo, Lilian era quien conseguía los contactos para trabajar, ¿y su hogar?, un teatro abandonado desde hace más de cuarenta años, con un cartel avisando que seria el próximo en ser demolido. Ivana prepara su colchoneta en uno de los palcos VIP del teatro con una frazada mugrienta y raída, sin quitarse las botas, se abriga acurrucándose entre la frazada, con la mirada fija en la nada, el sueño le fue venciendo poco a poco con sus pensamientos vagando en la nada, en el instante que se queda dormida, escucha unas voces, susurros que no supo si eran de un sueño o no, unas voces de alguien que la llamaba por un nombre que no era el de ella, una oscuridad la embargó hasta un punto nulo en sus pensamientos, repentinamente una voz áspera y sombría le susurra al oído. ─ Ya están cerca ─ Ivana se levanta sobresaltada, con la respiración acelerada y su corazón desbocado; ya era de mañana, el sol se colaba por algunas hendiduras entre el tejado, ¿Cuánto tiempo había dormido? Bajando las escaleras, se encontró con sus amigos desayunando pan duro con una botella de licor. ─ Mm, que nutritivo ─ saludó Ivana quitándole la botella a Chad dejándose caer a su lado, una vez que dio su trago, dejó vagar su mirada por todo el lugar, pareciéndole algo extraño no encontrar a sus dos amigos, con ceño fruncido se le cruza una interrogante por la mente. ─ ¿Dónde están Krügger y Zack? ─ pregunta Ivana entregando la botella. ─ Salieron ésta mañana para ver que conseguían ─ ¿Nada de Lilian? ─ Nada ─ contestó Chad tomando un trago de la botella. ─ Esto te matará ─ añadió Chad contemplando la botella. ─ ¿En serio?, ¿Quién lo dice? ─ Yo lo digo ─ ¿Estás ebrio? ─ No ─ Tu aliento apesta a dragón ─ ambos ríen, pero en cuestión de latidos, el momento de diversión se vio interrumpido, Zack había hecho acto de presencia con la cara drenada de todo color y el asombro marcada en sus ojos, parecía haber corrido un maratón de solo Dios sabe donde. ─ Tienen que venir ─ dijo Zack mirando a Chad, luego a Ivana varias veces. ─ ¿Qué pasa, Zack? ─ pregunta Ivana con la preocupación en el rostro. ─ Lilian está… muerta ─ anunció Zack como si aun no se terminara de creer la noticia. ─ Más te vale que sea verdad muchacho o ve despidiéndote de tus dientes ─ espetó Chad levantándose casi de un brinco. Horrorizada por la noticia Ivana pregunta. ─ ¿Muerta?, Lilian… ¿Lilian muerta? ─ La asesinaron en los muelles, encontraron su cuerpo ésta mañana ─ dejando el desayuno y la botella a un lado, Chad e Ivana se enfilan detrás de Zack hacia los muelles, durante el trayecto, Zack le daba los detalles, informando de que todo el sector norte del muelle había sido acordonado por la policía, y el cadáver de Lilian había sido encontrado degollado y atado en una de las farolas, sin ojos. Ivana se detiene al instante, se tapa la boca ahogando un jadeo de horror, trata de no pensar, ni mucho menos imaginarse el estado en que fue hallada, sin embargo, por un segundo, como un flash, una imagen se cruzó por la mente de Ivana, el cuerpo de un hombre de cabello blanco tirado en el suelo, mutilado y sin ojos, Ivana se tambalea apoyándose de uno de los edificios con el estomago revuelto. ─ ¿Estás bien? ─ pregunta Chad preocupado por la palidez poco usual de Ivana. ─ No puede ser ─ murmuró Ivana. ─ ¿Qué no puede ser? ─; pregunta Zack colocando una mano sobre el hombro de Ivana. ─ Será mejor que regreses, muchacha. No te ves nada bien ─ Ivana levanta la mirada hacia su amigo Chad que la escrutaba minuciosamente y dada por su expresión, debía verse miserable. ─ Quiero ir ─ instó Ivana con la mirada fija en sus amigos, ─ Quizás lo que vayas a ver no sea… ─ aclaraba Zack interrumpiéndose a no dar detalles, solo haciendo una mueca para dar énfasis en lo que quería decir. ─ Quiero ir ─ insistió. ─ Que conste que te lo advertimos muchacha ─ señaló Chad con su voz ronca, resignado en no seguir tratando de disuadir a Ivana. Reporteros tomando declaraciones y fotografiando el lugar, mirones rodeando la cinta de seguridad, policías y detectives realizaban su trabajo de investigación, interrogando al celador y otros presuntos testigos, revisando evidencias, tomando notas; ya el cuerpo de Lilian había sido retirado. Los murmullos de las personas compadeciéndose de Lilian, hicieron sentir a Ivana enferma, personas que nunca la conocieron, ni mucho menos trataron con ella, sin embargo debía darles crédito a lo que decían, era la mujer que les daba trabajo, conocía gente, y era de buen corazón, ¿Quién pudo haber hecho tal monstruosidad?, ¿Cómo pudo suceder si Lilian era una mujer fuerte?, ella podía defenderse de un hombre o dos, se preguntaban entre la multitud, incluyendo Ivana, sin embargo alguien contestó desde atrás, oculto entre algunas personas, la cual misteriosamente solo lo pudo oír Ivana. ─ Fue un mensaje ─ Ivana abre los ojos como platos de asombro y comienza a buscar entre la gente detrás de ella, solo un muchacho de cabello castaño, casi amarillo, y ojos negros, facciones de no ser un hombre fornido, sino un simple muchacho de tan solo diecinueve años, pero sus ojos ocultaban que sabía más de lo que su edad aparentaba, con una cachucha beige, pantalón marrón con tirantes, camisa a cuadros y zapatos negros, se encontraba detrás de un hombre gordo vestido de traje y un gran cigarro en la boca, estirando su cuello entre la multitud, tratando de obtener una mejor vista de la escena del crimen, Ivana se percata de que el joven mantenía la mirada fija en ella y una voz se le cruzó por la mente con una frase horrenda. ─ Las personas buenas no merecen vivir en éste infierno, por lo tanto, gente aberrante las asesinan ─ curiosamente el joven se retira haciendo un leve asentimiento hacia Ivana, ¿Dónde estaba Krügger y los demás?, se preguntó Ivana mirando a un lado, luego al otro, pero al no dar con ellos, le invadió una leve sensación de miedo que no supo explicar. Respirando profundamente, se arma de valor y sigue al muchacho que cruza entre unos callejones. Ivana y el muchacho comienzan un juego de zigzaguear entre calles, callejuelas y pequeñas veredas. ─ ¡Hey!, ¡tu!, ¡espera! ─ llama sin recibir respuesta alguna, el muchacho solo seguía caminando en silencio delante de ella. ─ ¡¿Como te llamas?! ─ no recibió respuesta. ─ Mocoso de la mierda ─ farfulló Ivana por lo bajo al sentirse ignorada, pero más que todo reprendiéndose a si misma por la gran estupidez que cometía, ¿y si era una trampa para asesinarla también?, habían asesinado a Lilian, ¿Qué le impedía a éste muchacho que le hiciera lo mismo?, ¿él era el asesino?, Ivana acelera el paso cuando vio que el muchacho cruza por una esquina hacia una vereda que comunica a un callejón sin salida. Asombrada y confundida, se percata de que no solo se topa con una calle sin salida, sino que su sospechoso joven había desaparecido, ¿Dónde coño se metió?, no se lo pudo haber tragado la tierra; solo la basura, polvo y unas hojas de periódicos viejos siendo removidos por un triste viento era lo que había. ─ Debo estar volviéndome loca ─ murmuró Ivana entre parpadeos, traga saliva con fuerza, se da media vuelta sobre sus talones cuando. ─ ¿Alucinando con que? ─ Ivana da un respingo recibiendo un susto de Dios padre y señor nuestro tapándose la boca para opacar su grito. ─ ¡Maldita sea, Zack!, ¡casi me matas del susto! ─ gruñó Ivana empujando a Zackaeff por el hombro, éste levanta las manos en gesto de rendición sonriendo algo apenado. ─ Lo siento, lo siento, no fue mi intención ─ y… ¿Qué haces aquí? ─ pregunta Ivana acomodándose el corto cabello detrás del oído. ─ Eso mismo te iba a preguntar yo ─ Bueno… yo… creí ver… algo… y luego tú… olvídalo, no me hagas caso ─ regresando sobre sus pasos, Ivana le reprendía a Zack en gesto de broma por haberla asustado, ambos ríen por el mal momento. Del callejón sin salida, con las manos en los bolsillos, aparece el joven observando como se alejaba Ivana; mira su colgante brillar hasta el punto de apagarse, sonríe levantando la mirada nuevamente en una expresión triunfal. ─ Te encontré ─ murmuró el joven manteniendo la sonrisa. Llegada la noche acompañada de una fría tormenta nevada, se encontraban todos bebiendo en honor a Lilian en el teatro, con sus caras lacónicas y tristes, Ivana no dejando de sollozar, Chad, Krügger y Zackaeff brindando por ella, preguntándose quien seria el horrendo monstruo que le había hecho tal cosa. ─ La policía dice que éste es el octavo asesinato en lo que va de éstas dos semanas ─ dijo Zackaeff, como si comentarlo ayudaría a resolver la situación. ─ Solo espero que cuando encuentren al maldito me den la oportunidad de tener un par de palabras con él ─ escupió Chad tomando un largo trago de la botella sonando ya ebrio. ─ Ustedes dos deberían dejar de hablar tanta mierda, no son los únicos afectados… esa mujer tenía familia, ¿Saben?, ahora todo se ha ido al carajo y además… ─ quiso agregar Krügger señalando con la cabeza a Ivana, la cual, se encontraba acurrucada, abrazando sus rodillas en un rincón cerca de las butacas reclinables del palco superior. ─ En éste maldito teatro abandonado hay buena acústica, se escucha todo muy bien desde aquí ─ Chad y Zack se miran a las caras como par de idiotas, no era un secreto para ninguno de que Lilian sentía gran aprecio por Ivana, era como una madre regañona, cosa que a Ivana le agradaba, con su cigarrillo en la boca hablándole como una mujer más de su edad, contándole historias de sus amantes en sus años de juventud, claro, no es que Lilian haya sido una anciana, era una mujer hermosa a pesar de sus cincuenta, bien conservada, de cabello rubio largo hasta la mitad de la espalda y bien cuidada, envuelto en un moño clásico, ojos azules como el cielo en la mañana.
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