Cuarto Reino

Cap. 15.2
Y así fue, hombres y mujeres caían muertos al toque de su espada, Paola se percata horrorizada ante lo que estaba viendo. ─ ¡¡MÓNICA, NO!! ─. Reuniendo su poder se iluminan sus ojos y sus manos con runas y símbolos antiguos, aplaude fuertemente emitiendo una explosión de luz haciendo que la turba de personas cayeran inconscientes, Paola detiene a su amiga antes de que le diera el golpe de gracia a una de las personas, Mónica forcejea un poco por soltarse del agarre de su amiga, ella quería eliminar la amenaza. ─ ¡Suéltame! ─ ¡No! ─ ¡Te digo que me sueltes! ─ ¡Tu no eres así! ─ ¡Paola! ─ ¡Están hipnotizados!, ¡los ángeles y los demonios los hipnotizaron! ─ aclaró Paola soltando a su amiga, Mónica se detiene enfocando su atención en su amiga con el ceño fruncido en ira y sorpresa, de pronto sus rasgos se suavizan al ver unas lágrimas en Paola. ─ ¿Qué tienes en los ojos? ─ pregunta Mónica en voz baja aun con la sorpresa y preocupación en su cara. ─ No es nada… ─ contesta Paola murmurando aun aferrándose al brazo de su amiga. ─ ¿No es nada?, ¡estás llorando sangre! ─ He, he, he utilizado un poco de magia de más, no… no es nada grave ─ respondió Paola peinándose el cabello con los dedos, una terrible punzada de dolor y culpa quemó en el pecho de Mónica. ─ ¿Es por mi culpa? ─ ¡No!… no, Mónica, no es tu culpa ─ contestó dulcemente Paola sujetando el rostro de su amiga entre sus manos. ─ Solo quería evitar que mataras inocentes ─ ¡Si ellos nos quieren muertas! ─ Es cierto, pero ellos no saben lo que hacen… están confundidos, te dejaste seducir por la espada… ─ Mónica vuelve a contemplar la espada. ─… y tampoco puedo permitir que tu te pierdas, no ahora, no después de lo mucho que te necesito en este momento ─ Me… ¿Me necesitas? ─ pregunta Mónica sorbiendo por la nariz ahogando un sollozo, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano. ─ No solo como mi aliada, también como mi amiga y mi hermana ─ contestó Paola abrazando a Mónica fuertemente, ésta deja caer la espada para corresponder al abrazo con la misma intensidad, las palabras de Paola se sintieron como un golpe en el corazón, Mónica lucha por reprimir los sollozos, deseando ser fuerte y hacer sentir orgullosa a su amiga que la amaba como una hermana. ─ Gracias ─ dijo Mónica rompiendo el abrazo para limpiarse las lágrimas con el dorso de su mano nuevamente. ─ ¿Por qué? ─ pregunta Paola tomando las manos de Mónica. ─ Por todo lo que haces, comprendiendo las locuras que hago y aun así… dices que soy importante para ti ─ Tu familia y los Doménico fueron como una familia para mi, y me siento orgullosa y privilegiada haber nacido en ésta época y conocerlos. Vamos, agarra la espada, escapemos de todo esto ─ instó Paola tomando de la mano a su amiga llevándola a los muelles, Mónica asiente limpiándose las últimas lágrimas con su mano, sorbiendo por la nariz prosiguen la huida. Toman una góndola, la noche se volvió silenciosa, los gritos de las personas aun en los alrededores, ajenas a ellas, se ahogaban en la distancia, el agitar del remo en las aguas tranquilas, eran música para los oídos de Mónica, al ver como la niebla oculta la ciudad de Venecia y la noche parcialmente encapotada, la oscuridad siendo su aliada, aprovecharían de escabullirse usando cada palmo que les diera cobertura entre las sombras, era el momento perfecto para escapar. ─ Las veces que viajé con papá en góndola no fue por paseo familiar, pero tampoco pensé en viajar en góndola de esta manera ─ comentó Mónica para nadie en particular, Paola sonríe ampliamente. ─ No te imaginarias las formas alocadas que he tenido que escapar ─ agregó Paola mirando en la distancia. ─ ¿A dónde iremos? ─ pregunta Mónica con mirada expectante hacia su amiga. ─ Lejos, muy lejos ─ contesta Paola girando en una de las intersecciones del río, ya saliendo a una zona amplia que separaba los distritos de Venecia, Paola y Mónica dan un leve respiro de alivio, ya faltaba poco. La noche parece nunca terminar, el frío aun más intenso, el viento apenas solo era un leve susurro sobre la piel, la niebla más densa y el silencio tan ensordecedor se hace sentir como una red de desesperación por doquier, la luna yacía más oculta que descubierta, es como si la noche se hubiera tragado todo resto de vida. Llegando a uno de los muelles, Paola ayuda a subir a Mónica sujetando con fuerzas sus manos, tomarían una embarcación pequeña para zarpar al este. Forzando con una barra las puertas de una bodega para buscar víveres y suplementos para su viaje, Paola se detiene en uno de los pasillos, Mónica se gira sobre sus talones para ver la inquietud de su amiga. ─ ¿Qué pasa? ─ Mónica… ─ suspiró profundamente para tomar valor. ─ Si llegase a pasar algo, algo inesperado… algo que amerite separarnos… quisiera que hicieras algo por mi ─ Pero… ¿Qué dices?, si vamos a lograr salir de aquí. Juntas ─ Por favor, tienes que prometerme algo, es importante ─ Okay, (suspiro de resignación), tu dirás ─ Quiero que me prometas que si no llegamos a escapar juntas, prométeme que seguirás viviendo ─ Paola traga saliva con dificultad. ─ Tendrás tu vida normal, tendrás una… familia, (sollozo), y mucho hijos y… (sorbe por la nariz), muchos nietos ─ Paola… ─ Por favor… déjame terminar, tendrás la vida que yo nunca tuve… pero… ─ ¿Pero? ─ Lamento tener que pedirte esto ─ Paola… me estás asustando ─ Mónica, tendrás que guardar mis conocimientos hasta que vuelva ─ Que… ¿Qué quieres decir? ─ Si… llegamos a… no tener salida… ─ Paola… ─ Quiero que me mates ─ ¡¿Qué?!... ¡no!... de ninguna manera ─ Tendrás que hacerlo, Mónica ─ Pero, pero, Paola… yo… ¡no!, yo, ¡no!…─ ¡Es la única forma! ─ ¡Tiene que haber otra forma! ─ Mónica, estos cuerpos no resisten tanto poder… ¿Por qué crees que cada vez que hago magia poderosa aparecen los símbolos?... es porque son sellos que permiten al cuerpo aguantar, pero poco a poco el cuerpo se deteriora. Mónica, lo lamento, quisiera estar en esos momentos, pero… ─ Esto definitivamente es una… mierda y ¡tu, lo sabias!, ¡sabias que no ibas a estar allí!, ¡eres una maldita mentirosa! ─ Mónica. Mónica escúchame, el futuro aun no está escrito ─ Eso es verdad, “hermana”─ convino una voz retumbando en ecos dentro de la bodega, ambas miran en todas direcciones buscando de donde provenía. Pasos sonaron entre los pasillos de la bodega, algunas de las antorchas se fueron encendiendo a cada paso sopesado, de pronto una figura sombría hace acto de presencia entre los toneles de vino. ─ Tristán ─ dijo Paola en voz baja por el asombro. ─ Mm… si y no… “hermanita” ─ contestó el hombre meditando lo mencionado por Paola. ─ ¿Cuántas veces vamos a repetir la misma historia?, tu naces, yo te busco, familias mueren y tu desapareces, a veces esas cosas se vuelven… (suspiro perezoso), aburridas ─ Cuantas veces sea necesaria ─ escupió Paola con desdén fulminándolo con la mirada, en cambio Tristán muestra una sonrisa socarrona. ─ Sabes que no puedes matarme, no en tu condición, y el único que puede o podía hacerme frente, ya no está ─ Tú mataste a Dragnan ─ Mm, si, muy resistente al final, pero si… ahora… ¿Qué dices?, ¿Vendrás conmigo?, te recuerdo que ya no tienes aliados ─ Ni en un millón de años ─ Eso lo veremos, pero falta todavía ─ ¿Quién es él? ─ pregunta Mónica preparada para pelear, sin embargo el miedo se le reflejaba en el rostro, Tristán enfoca su atención en Mónica mostrando una sonrisa con unos dientes blancos y perfectos. ─ Tu debes ser Mónica, la mejor amiga, ¿Correcto? ─ No la metas a ella ─ espetó Paola colocándose delante de Mónica en un gesto protector. ─ Esto es entre tu y yo ─ Tristán lanza un resoplido de aburrimiento. ─ ¿Cuántas veces vamos hacer esto?, esto ya me a-bu-rre ─ Ésta vez será diferente ─ ¿Cómo?, ya tu protector no está… ¡Ah! si, es diferente ahora, él está muerto ─ agregó Tristán con una amplia sonrisa. El brillo de un plata intenso destella en los ojos de Paola. ─ No, hermanita, no te lo recomiendo, tu cuerpo no lo aguantará ─ Eso lo veremos ─ espetó Paola con los dientes apretados, Tristán saca su espada, Paola le quita el sable a su amiga, ambos comienzan a avanzar, preparándose para una fuerte lucha a muerte, de pronto Paola musita unas palabras en otro idioma y pisó fuertemente quebrando el suelo, haciendo un agujero inmenso por la cual Tristán cayó inevitablemente, acto seguido Paola se vuelve hacia su amiga. ─ ¡Mónica, tienes que matarme! ─ pidió Paola con desespero, desde luego Mónica se niega rotundamente dando un paso hacia atrás, Paola da un paso hacia su amiga con las manos tendidas suplicando tal acto. ─ Pero no todo estará perdido, siempre y cuando me mates con algo que no sea mágico ─ Pero… ¡¿Te estás escuchando?! ─ No tenemos tiempo, y créeme que cuando te digo que desde que tomé mi decisión nada ya es normal conmigo, ¿Okay?, tu misma lo has visto… si me matas, volveré a nacer, ¿Qué época?, no lo sé, pero volveré ─ Y… y, ¿De qué poder es ese que decía ese hombre? ─ Es un poder que se me entregó, y no es solo el poder, es algo mucho más que eso y no tengo tiempo de explicar en estos momentos y que ahora voy a darte a ti, pero solo será el conocimiento, y si te doy ese conocimiento, tenlo por seguro que sabrás como encontrarme, bien sea tu o tu descendencia, pero tienes que guardarlo con tu vida ─. Desde lo lejos se comenzaron a escuchar las voces de las personas reuniéndose alrededor de la bodega, cada vez más y más cerca se oían las amenazas y los gritos, los cuchillos y tridentes tintinear al son de los pasos, la presión de Mónica en sus hombros se sentían como dos yunques, y los ojos implorantes de Paola no solo la dejaban sin aliento, sino que su mente la dejaba en blanco también, no podía siquiera pensar en una salida, su corazón desbocado, el sudor por el miedo, por la confusión corriendo a chorros por su frente, de pronto Mónica sintiéndose de manos atadas, acepta tensando cada músculos de su mandíbula. ─ Gracias, de verdad, gracias hermana… ahora rápido dame tu mano ─ Mónica le tiende la mano, ésta saca su daga y se hace un corte en la palma de su mano izquierda, luego en la palma de la mano izquierda a su amiga, Mónica sisea de dolor; tomándose de las manos, chocan sus cortes y Paola comienza a recitar en voz baja unas frases extrañas y de pronto una corriente recorrió el cuerpo de Mónica que la dejó sin aliento nuevamente, sintiendo una presión fuerte en su pecho, Paola sonríe de manera triunfal. ─ Bien, ahora somos hermanas de sangre ─ ¡¿Qué?! ─ pregunta Mónica confundida, luego Paola prosigue abriendo los ojos totalmente en blancos, coloca una mano sobre la frente de Mónica dejando a su amiga sufrir un espasmo y en ese mismo momento sus ojos quedan iguales en blanco lechoso como los de Paola. Susurros, palabras en millones de lenguajes ahora iban cobrando sentido para Mónica, imágenes, recuerdos de lugares jamás vistos pasaban delante de su mente como testigo tácito de todos ellos, la respiración de Mónica cada vez era más irregular, las marcas y runas del cuerpo de Paola se le fueron reflejando en el cuerpo de Mónica, al lapso de varios latidos del corazón, ambas caen al suelo aturdidas. ─ ¿Qué… has hecho? ─ pregunta Mónica con la respiración agitada. ─ Te he dado todo lo que sé, mis recuerdos, todo ─ Pero… ─ Ahora mátame antes que sea demasiado tarde ─ rogó Paola con sus ojos plateados brillando en la oscuridad. ─ ¡Ah!, no, nada de eso ─ se escuchó nuevamente la voz de Tristán acercarse, rápidamente Paola se para poniéndose en guardia, Mónica sujeta una botella rompiéndola, y en el instante de que Tristán asoma su cara por el umbral de la puerta de la bodega, Paola recibe una puñalada en su corazón por parte de Mónica, Paola emite un jadeo agónico y cae de rodillas sonriéndole a su amiga susurrándole las gracias antes de caer totalmente al suelo lánguida y sin vida, Tristán grita de frustración, que resonó como un trueno en mitad de una tormenta haciendo que todo temblara a su alrededor, la cual, Mónica tuvo que taparse los oídos. Éste desaparece apagando las antorchas. Mónica se levanta aturdida, ¿Cuánto tiempo habrá pasado? Lentamente, muy tentativa se va acercando a la puerta de la bodega, aun era de noche, o por lo menos la noche ya se estaba desapareciendo en el horizonte, sube unos escalones para encontrar a toda la turba de toda Venecia tendida en el suelo, todos inconscientes, con mucho dolor y pesar, Mónica toma el cuerpo de su amiga y lo arrastra hacia una barca pequeña, luego busca una gran cantidad de provisiones, ¿Para cuánto tiempo?, no lo sabía a ciencia cierta, con la sensación de la pérdida no podía pensar, decide alejarse hacia mar abierto en dirección al este, con los ojos pesados e hinchados de tanto llorar, despoja a su amiga de sus brazales, su daga y el sable Morrel; con unas plegarias dirigidas a nadie, lanza el cuerpo de Paola al mar, con sus labios temblorosos observaba como el cuerpo de su hermana y mejor amiga se sumerge irremediablemente en el fondo, al sentirse lo suficientemente lejos de todo oído posible, grita con todas sus fuerzas maldiciendo tanto al cielo como al infierno para luego caer sentada en la barca a llorar desconsoladamente abrazando sus rodillas. Una mañana, como cualquier otra, perdida en altamar, sin saber cuanto tiempo había pasado, un barco pesquero se acercaba haciéndole señas, un hombre se baja hasta la barca, la cual, se encontraba hecha un total desastre, con la pequeña barca apestando a mil infiernos, el hombre se consigue con el cuerpo de una joven con un vestido todo rasgado y harapiento, lánguida y flaca hasta los huesos, sus labios partidos y resecos. El hombre la sacude ligeramente, al no obtener respuesta coloca un dedo sobre su nariz notando su respiración débil, ¡aun respira!, el hombre sale y avisa que necesita ayuda y que hay un sobreviviente. Mónica es llevada a bordo del barco. Lentamente Mónica se despierta en una cama grande y cómoda, no era el cuchitril angosto y acalorado de la pequeña barcaza, ¿Dónde estaba?, se levanta sentándose en la cama sujetándose la cabeza algo aturdida, se percata que le habían dado ropas nuevas, se para y camina hacia el espejo del baño con pasos como si fuera una gran anciana de más de noventa años, se mira en el espejo y se da cuenta de lo demacrada que se veía. Tocando a la puerta, un hombre entra con un carrito a la habitación, Mónica con dificultad camina sujetándose al umbral, el hombre se quita su gorro algo nervioso y sonríe apenado, Mónica se percata de que el hombre tenia barba incipiente y su cabello negro hecho un desastre, el hombre se aclara la garganta. ─ Te he traído el desayuno. ─ dijo el hombre en otro idioma, Mónica ladea la cabeza, ¿eran ideas de ella o había entendido al hombre?, ─ Me llamo Francisco Silveira, ¿Entiendes Portugués? ─ si, en efecto Mónica le entendía perfectamente, ¡¿pero como era eso posible?!, desviando la mirada, confundida, comenzó a meditar y a pensar el por qué, de pronto entendió, recordando todo lo que había hecho Paola, sus marcas, sus recuerdos, todo. Levanta la mirada al hombre y asiente levemente, Mónica trata de caminar hacia la cama, pero pierde el equilibrio, el hombre, rápidamente, la ataja antes de que cayera al suelo, con su ayuda, la lleva hasta la cama y le destapa los manjares que le habían traído, puros platos de comida tradicional de Portugal, ella poco a poco comenzó a comer, el olor de la comida fue un despertar para sus sentidos, deleitándose con cada bocado, disfrutando con su paladar la gloria de llevar nuevamente a su boca la deliciosa y bendita comida, era todo un éxtasis, un placer exquisito que tuvo que cerrar los ojos para disfrutarlo aun más. ─ Te dejaré sola para que comas ─ anunció Francisco, desde luego Mónica hizo caso omiso a sus palabras, toda su atención yacía en la comida. Con cada bocado que se llevaba a la boca era un recuerdo compartido con su amiga, sus amigos… su familia, sus paseos por la Piazza, cada vez que iban a la catedral de San Geminiano cuando eran pequeñas, los paseos y los viajes con sus familias, que poco a poco, fue inevitablemente dejar escapar unas lágrimas mientras comía, ella llevaba un bocado tras otro como si con ello fuera a ahogar el llanto, pero con o sin bocado, dejó escapar sollozos descontrolados, casi desesperados, la comida ya no era deliciosa, por un instante dejó de comer para volver a llorar desconsoladamente arrodillándose en el suelo, aferrando en puños mechones de su cabello, sintiendo tanta impotencia de no haber podido salvar a su amiga. Al pasar los días, Mónica comenzó a trabajar en la cocina, no quería ser una carga para nadie en el barco, no habló con casi nadie, y a veces, con el único con quien hablaba era con Francisco, pero no la gran cosa, las veces que trató Francisco de ahondar en el pasado de Mónica, obtenía evasivas o lo dejaba solo, cuando llegó a puerto en Portugal, Mónica desapareció entre la gente con la paga de un tripulante más del barco pesquero, desde ese entonces, no se supo nada más de ella.
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