Cuarto Reino

Cap. 15.1
Cap. 15 Nubes de lluvia y frío encapotaron el cielo azul, Mónica y Paola, sumergidas en la conversación, no se percatan de tan repentino cambio del clima, ya que fue tan sutil como una caricia desapercibida, sin embargo a pesar de las diversas conversaciones y ruidos de las bulliciosas calles venecianas, algo parecía ser diferente, Paola comienza a mirar a su alrededor prestando atención a cualquier indicio de algo, de pronto no escucha ni los ladridos de los perros, ni aves, fueron solo cuestiones de segundos cuando todo vuelve a la normalidad. ─ ¿Paola?, Paola, ¿Qué pasa? ─ pregunta Mónica con la preocupación ya comenzándose a reflejar en su rostro. ─ No, no es nada, creí oír algo, pero tal vez solo… solo sean ideas mías… será mejor volver a casa ─ Mónica estuvo de acuerdo. Mónica fue la primera en entrar a la casa permitiéndole paso a Paola para poder entrar con los obsequios para sus padres, ambas comienzan a recorrer con la mirada por los alrededores, todo se encontraba sumergido en un profundo silencio. ─ ¿Hola? ─ llamó Paola tentativamente. ─ ¡¿Papá?! ¡¿Mamá?! ─ llamó esta vez Mónica, quizás Dragnan estaría en su estudio como siempre, Lucio con sus nuevos amigos de la escuela y los padres de ambas en una de sus conversaciones o debatiendo si aceptar el viaje o no, Paola coloca las compras sobre una mesa, afina sus oídos acomodándose un mechón de su cabello detrás de su oreja. Unos pasos se escuchaban acercarse lentamente, acto seguido, Paola se coloca delante de Mónica en un gesto protector. ─ ¿Qué pasa? ─ No estamos solas ─ Mónica se tensa ante la advertencia de Paola. ─ Me preguntaba cuanto tiempo iban a tardar en llegar ─ dijo una voz desde la parte superior de la casa bajando las escaleras. ─ ¿Qué hace aquí? ─ pregunta Paola con el ceño fruncido. ─ Solo vine hacer una simple visita formal, pero… no fui muy bien recibido ─ ¿Dónde están nuestros padres, Alberti? ─ ¿Dónde más, señorita Doménico?, esperando en el comedor ─ contestó el director señalando con un leve agitar de su pañuelo, ambas muchachas, sin despegar la mirada del director, se dirigen a dicho salón. Tal cual como él dijo, sus padres estaban allí, pero yacían muertos de una manera brutal, tan espantosa que aun en sus rostros se reflejaba la desesperación, el horror. Todos, con sus manos clavadas en la mesa con los cubiertos, sus cabezas servidas en los platos de porcelana, y sus copas llenas a rebosar con la sangre drenada de sus cuerpos, en la parte central de la mesa, aun derramando sangre por el suelo, estaba Lucio, con el estomago y su pecho abierto y todas sus entrañas desperdigadas por la mesa en diferentes platos y su pecho y estomago rellenados de vegetales, ¿Dónde diablos está Dragnan? La furia comenzó a invadir las entrañas de Paola, sin embargo Mónica no pudo evitar desperdigar y vaciar sus entrañas vomitando en un rincón, Paola traga saliva para controlar su temperamento, los ojos se le vuelven plateados, toma por la mano a Mónica sacándola a rastras del comedor, aun ésta con arcadas sale dando traspiés tratando de vomitar lo que ya no tenía en su estomago. ─ ¿Cómo pudiste… tu, maldita rata? ─ pregunta Paola con los dientes apretados controlando su furia. ─ ¡Que vocabulario tan soez!, debes dirigirte a mi con más respeto, soy el director de la academia y por tal subordinación te esperan grandes sanciones jovencita. Y para responder a tu pregunta… es que como hubo un banquete y no fui invitado, pensé en darles uno de mi parte ─ la voz sardónica y su sonrisa socarrona mostrando sus blancos dientes, el director Alberti no disimulaba su gozo, en cambio Paola solo podía pensar en las miles de formas que lo mataría. ─ Pero eso no es todo, señorita Doménico, tenemos invitados, invitados de verdad que estarían encantados con el menú servido ─ Alberti levanta ambas manos haciendo un gesto de presentación, en ese instante aparecen como aberraciones visuales el profesor Salvaterre junto con la señorita Ana, dos cadáveres andantes, hambrientos, que al posar los ojos en Mónica y Paola no pudieron evitar comenzar a babear como perros, unos compañeros de clases aparecieron igual estado al punto de la putrefacción, Paola aun trataba de asimilar lo que estaba presenciando, Mónica no dejaba de temblar detrás de Paola. ─ También tuve la dicha de conversar con un estudiante del instituto, era gran admirador tuyo, creo que su nombre era… Stefano… si, Stefano ─ el joven irrumpe en el salón desde la entrada de uno de los jardines, convertido en una lujuria. ─ Pero tenemos más sorpresas, jovencita, deberías quedarte para el postre ─ Paola ya no pudo aguantar más, Mónica nota los puños de Paola, la cual, comenzaron a reflejar las runas. ─ ¡Volaverunt pira inferno! ─ Paola golpea el piso con su pie fuertemente, la casa se estremeció desde sus cimientos y desde los rincones sombríos de la casa, berridos de criaturas volaron por los aires convirtiéndose en cenizas, el director la mira con una expresión llena de pánico. ─ ¡Ataquen! ─ grita Alberti, en ese instante Paola aplaude enviando una honda enorme de luz, derribando a todos a su alrededor, pero Stefano se reincorpora velozmente, buscando de sujetar a Mónica, pero la reacción de Paola fue aun más rápida, apartando a Mónica a un lado con su brazo izquierdo, con el derecho, en un parpadear, sale una cuchilla cortando su brazo y con la izquierda otra cuchilla brilla, logrando hacer volar por los aires la cabeza de Stefano. Las cuchillas vuelven a su lugar de origen, el profesor Salvaterre y la señorita Ana, junto con sus compañeros de clase, aun se encontraban aturdidos, Paola toma por la muñeca a Mónica enfilándose a su habitación, pero sin antes hacer volar por la ventana al director Alberti con una fuerte corriente de viento golpeando en su pecho, cayendo así empalado por la nuca en una de las bardas del jardín, en cuestión de minutos, todos los compañeros y profesores del instituto se enfilan a la carrera detrás de ambas, gruñendo y lanzando bramidos como animales. Cerrando con llave, Paola comienza a buscar entre sus cosas, Mónica rueda uno de los armarios con todas sus fuerzas para impedir el paso, Paola saca su daga de la peinadora, se la ata a su muñeca, en el armario saca el sable de hoja negra y fina, tan reluciente gracias a los cuidado recibidos, en cambio Mónica se encontraba desorientada, mirando a todas direcciones peinando su cabello con una mano. ─ Hola, Morrel ─ musitó Paola saludando la espada con una media sonrisa, y le hace entrega a Mónica. ─ ¿Sabes usarla?... Mónica. Mónica escúchame ─ Paola le da unas leves palmadas en las mejillas. ─ ¿Ah? ─ ¿Qué si recuerdas como usarla? ─ ¡Si!, ¡si!... ¿Qué pasó?, nuestros padres… yo… no entiendo ─ No hay tiempo, Mónica, hay que salir de aquí ─ ¿El señor Dragnan? ─ Él no está, tendremos que apañárnosla solas ─ el terror se le reflejaba a Mónica en el rostro, golpes y golpes azotaban la puerta haciéndola vibrar desde los goznes, ya faltaba poco, o cedían las bisagras o la puerta se convertiría en astillas, no había tiempo para esperar y ver que pasaba. Paola se para en el alfeizar de la ventana. ─ ¡Hay que saltar! ─ ¡¿Estás loca?!, estamos en un tercer piso ─ Confía en mi ─ Paola sujeta fuertemente a Mónica por la cintura, ésta se aferra al alfeizar negando con la cabeza con horror, Paola cuenta hasta tres y con todas sus fuerzas salta, Mónica grita de pánico a todo lo que daban sus pulmones durante todo el trayecto del salto, hasta sobre uno de los tejados en brazos de Paola. Paola cae con la ligereza de un gato sobre sus pies. Colocando a Mónica en el piso, a ésta le fallan las piernas, pero su mejor amiga la ataja antes de que cayera, Mónica observa con asombro el gran salto dado por Paola, un salto de quince metros. ─ No hay tiempo para desmayarse, hay que correr ─ aun temblando en los brazos de Paola y los ojos como platos, Mónica asiente, tragando saliva con dificultad, ambas comienzan a correr por los tejados. Piedras, hachas y palos volaban en dirección de las muchachas, las cuales, ambas evitaban con dificultad cubriéndose con sus brazos sobre sus cabezas, Mónica se resbala, se aferra a Paola arrastrando a su amiga, ambas ruedan hasta quedar colgando en el filo de uno de los tejados; una losa cae al suelo volviéndose trocitos. Como pudo, Paola se subió con mucho esfuerzo nuevamente, luego le tendió la mano a su amiga, y con un gran esfuerzo la subió también. Un cuchillo se arrojó a la pierna de Mónica, pero el vestido atajó el cuchillo evitando una profunda herida, aun con la adrenalina a millón por sus venas, prosiguen con la huida. Grupos de personas recorrían las calles buscando a las muchachas. ─ ¡Encuentren a las brujas! ─ se escuchaba por un callejón. ─ ¡Mátenlas! ─ ¡Hay que encontrarlas! ─ se escuchaba desde plazas y avenidas, ¿acaso la gente se había vuelto loca?, Paola y Mónica se encontraban agazapadas debajo de un gran tanque de agua de uno de los tejados. ─ ¿Qué vamos hacer? ─ pregunta Mónica con su voz temblorosa por el miedo. ─ Tenemos que seguir moviéndonos, no podemos quedarnos aquí para siempre, no tardarán en subir y buscarnos ─ Y… ¿Esta espada? ─ Es mi sable Morrel, ten mucho cuidado, está hecha a base de piedras y encantamientos demoníacos, si te dejas llevar por el poder que desprende, podría confundir tu mente y perderte ─ Y… ¿Por qué me la das? ─ pregunta Mónica con los ojos desorbitados. ─ Sé que puedes dominarla, tengo fe en ti y sé lo fuerte que te has vuelto ─ Mónica sopesa la respuesta de Paola contemplando la espada. ─ ¿Toda tu vida siempre ha sido así? ─ ¿Cómo? ─ Huir, correr, sobrevivir y ver tantas muertes horribles ─ Paola fija la mirada a una luna que unas nubes amenazaban con ocultarla. ─ Si, siempre… desde que tomé la decisión ─ Debe ser horrible… digo, ver morir tanta gente que a la final se vuelven como tu familia… (segundos de silencio), ¿Cuántas veces lo has presenciado? ─ ¿El qué? ─ Ver morir tanta gente ─ (bufido) Ya perdí la cuenta ─ Paola se pone de pie y le tiende la mano a su amiga, ésta se queja de dolor en la pierna por culpa del rasguño realizado por el cuchillo, Paola le revisa y le realiza un torniquete rasgando una parte del vestido, a pesar de que su cortada no era profunda, era bastante larga. Una vez vendada la herida, Paola busca a su alrededor, se consigue con una saliente, ambas, poco a poco, bajan hacia un balcón, y entre peldaños y salientes de bloques, bajan aun más hacia un callejón apartado y oscuro. ─ ¿Crees que es buena idea pasar por aquí? ─ pregunta Mónica susurrando, levantándose su capucha al igual que Paola. ─ Mientras más apartadas estemos de la gente mejor ─ Mónica gruñe suavemente en afirmación. Ambas aprovecharon las sombras de las calles y callejones para ocultarse de las personas; cruzando por una oscura avenida, cerca de La Piazza, Paola mira a un lado, luego al otro, afinó sus oídos, nada se escuchaba, ni el cantar de los animales nocturnos, solo la brisa fría de la noche y la luz taciturna de la luna, Mónica se confía y se adelanta, pero es frenada por Paola tirando de su brazo obligándola a ocultarse detrás de unos barriles, una turba de personas pasaban por las calles con antorchas, palos, cuchillos y tridentes repiqueteando al paso de la gente, el grupo se detiene, consultando entre si por donde deberían buscar, unos decían para volver a entrar al callejón oscuro, otras a las avenidas, hasta que toman la decisión en separarse en tres grupos, dos se adelantaron, otros se quedaron para prepararse, el corazón de Paola y Mónica se aceleran retumbando hasta en sus oídos al oír los pasos de los hombres armados con cuchillos y palos. Cuando ya solo estuvieron a pasos de ambas, un grito se escuchó desde el otro lado de La Piazza, todas las personas se enfilan a la carrera, Mónica suspira de alivio, Paola traga saliva sonoramente; inesperadamente un cuerpo cae desde las alturas salpicando de sangre negra a las muchachas, era un cuerpo mutilado, le faltaban algunos dedos de la mano derecha, las orejas, una pierna y un brazo, Paola se asombra de horror al reconocer el cuerpo de Dragnan, solo que el brillo de sus ojos azul-plata habían desaparecido, ya que también se los habían arrancado. Un grito desde una de las calles oscuras se sintió. ─ ¡AQUÍ ESTÁN!, ¡AQUÍ ESTÁN! ─ era un hombre señalando a las muchachas, ambas se enfilan a la carrera hacia las calles oscuras de Venecia, pero de nada les sirvió, una pequeña turba les tranca el paso, Paola saca su daga y la cuchilla de su brazo izquierdo, Mónica, armándose de valor, saca su sable, haciendo brillar en la poca luz el filo negro de la hoja. Comienza la pelea de vida o muerte, durante el cruce de espadas y golpes, Paola se percata de que algo no andaba bien, la gente era diferente, al producir unas cortadas con su daga, la gente sangraba y se retorcían de dolor, sin embargo, su sangre aun era roja, y en las cortadas no salía el olor a carne quemada, ni mucho menos la sangre negra. Paola evitaba y empuja, cortaba y aturdía, solo los incapacitaba. ─ ¡No los mates! ─ grita Paola a su amiga que se debatía a muerte con dos hombres con grandes y afilados cuchillos, sin embargo para el momento del aviso de Paola, ya era tarde, Mónica había asestado una estocada en el corazón de uno de ellos, inesperadamente una sonrisa demencial se curvó en los labios de Mónica al sentir la sensación del filo de la hoja rasgar carne y huesos, una sensación que palpitó a solo fracciones de segundo haciendo caso omiso del llamado de su amiga, fue fácil matarlo, era su vida o la de ella, para Mónica fue claro en ese momento, o lo pareció, ya que en un parpadear agitó su espada rajando el estomago del otro.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
Cuarto Reino

Populares

Populares

close 0/500