Cuarto Reino

Cap. 14.2
Toda la casa se encontraba en un gran y sereno silencio, sin señales de las jóvenes, los padres miran a todos lados confundidos preguntándose el paradero de las niñas, inclusive Lucio parecía estar confundido, Dragnan los guía a sus habitaciones para alistarse, una vez que los padres de ambas muchachas suben las escaleras, un siseo rompe el silencio, Dragnan mira hacia los lados y se percata que detrás de unas cortinas hay unas zapatillas, Dragnan se acerca, aunque por alguna razón, Mónica se sentía intimidada por la presencia del demonio, pero trató de no demostrarlo. ─ ¿Dónde están? ─ Pregunta buscando sobre el hombro de Dragnan alguna señal de sus padres. ─ Arriba. Cambiándose ─ Bien, cuando bajen, que pasen al comedor directamente ─ Dragnan asiente, una vez retirado el demonio, Mónica suspira de alivio, por unos instante se queda pensativa, reflexionando sobre los acontecimientos desde el momento que conocieron a Dragnan y al enterarse de la verdad oculta detrás de Paola, ¿Quién lo diría?, ella hablando con un demonio y que éste fuera ¿amable?, habían muchas cosas en el mundo que desconocía y verdades a medias bien manipuladas, todo su mundo se había puesto patas arriba, ¿Qué más podría pasar?, lo más loco sería que un humano se enamore de uno de estos seres. Esbozando una sonrisa ante tales locas ideas, se va tarareando hasta el comedor. Una vez que llega al comedor, Mónica le hace señas a Paola para comenzar a encender las velas, pasos se escuchan acercarse, conversaciones curiosas y entusiasmadas lejanas se iban aproximando, cuando por fin las puertas del comedor se abren, ambas yacen delante de la gran larga mesa dándoles a sus padres una cálida bienvenida, los padres de las jóvenes se quedan boquiabiertos por la sorpresa, mirando todo el gran banquete mientras que sus niñas les instaban con sus manos para que pasaran adelante. ─ ¡Santo cielo! ─ exclamó Claudia con asombro. ─ ¿Ustedes hicieron todo esto? ─ preguntó Pietro fascinado, Carlota y Mario solo parpadeaban con perplejidad tratando de asimilar lo que veían. Tomando sus asientos, Mónica y Paola servían vino a sus padres, los padres de ambas no sabían si fijar sus miradas llenas de fascinación en sus hijas que lucían hermosas o en lo que estaba servido en la mesa. Una vez servidas las bebidas, Paola propuso un brindis por los mejores padres y familias de la historia, todos levantaron en un brindis chocando sus copas alegremente, el tintineo resonó por todo el salón, felices, risas desbordantes, tanto júbilo no cabía en el comedor. Comieron y bebieron otro poco, degustaron los diversos platos preguntando quien de las dos había preparado cada uno de ellos y desde luego ambas, con una gran sonrisa y solemnidad, expresaban como los habían preparado y con la ayuda de quien, los padres fascinados y llenos de amor por sus hijas, se sintieron sorprendidos y asombrados; asintieron con una mezcla de orgullo. La velada fue una de las mejores y de las más amenas que tuvieron ambas familias esa misma noche, cuando un cuchillo de untar golpea melodiosamente una copa, todos fijan su atención en quien había golpeado sutilmente. ─ Papá. Mamá ─ inició Paola con nerviosismo en su voz. ─ Señores Farizzi… tenemos un gran anuncio que darles ─ Paola y Mónica se miran la una a la otra sintiendo cuan pesados tenían sus estómagos a causa del miedo y los nervios, sus corazones azotando a punto de salir por sus gargantas. ─ Nos alegra profundamente a Mónica y a mi el que les haya gustado la cena, eso nos llena de emoción de verdad, (risa nerviosa), pero… ésta sorpresa no lo es todo, ésta sorpresa viene acompañada de otra sorpresa aun mayor ─ anunciaba Paola recorriendo con la mirada el rostro de cada uno de los presentes con una sonrisa ansiosa, todos se miran a las caras, nerviosos, preocupados y con algo de entusiasmo. Mónica se aclara la garganta. ─ Paola y yo decidimos darle un regalo sorpresa ─ ¿Y cual es ese regalo, mi princesa? ─ pregunta Mario con impaciencia y entusiasmo. ─ ¡Habla ya, querida!, ¡estamos impacientes! ─ exclamó emocionada Claudia y ésta vez fue el turno de Paola. ─ Hemos decidido darles un viaje especial, un viaje por todo el mundo, como uno de esos viajes de recién casados, recorrer los lugares donde ni ustedes pensaron imaginar llegar, y si así lo desean, podrán quedarse donde ustedes quieran ─. Las caras llenas de perplejidad no tenían precio, ni mucho menos forma de explicar, Carlota todo color de su piel y rostro se le fue por la impresión, Pietro y Mario entrecierran los ojos con el ceño y la boca abierta, en cambio Claudia solo podía parpadear, toda palabra u opinión se habían ido de sus bocas, las sonrisas de Mónica y Paola se convirtió en preocupación escrutando los rostros de sus padres. ─ Y dígannos… ¿Qué les parece la idea?, ¿No es genial? ─ pregunta Paola forzando una sonrisa. ─ Pero… pero… pero, ¡¿Se han vuelto locas?! ─ pregunta Pietro tirando su pañuelo sobre la mesa. ─ Pero, señor Doménico, por favor, no se moleste, es un gesto que quisimos darles Paola y yo… es algo que vimos que se merecen por ser tan buenos padres ─ ¿Ustedes saben lo costoso que eso es? ─ Además, ¿Quién cuidara de ustedes? ─ espetan Claudia y Carlota con horror. ─ No, definitivamente no nos vamos, no sin ustedes ─ replicó Carlota con indignación; Paola y Mónica se frotaban las manos y estrujaban sus pañuelos con los nervios y el miedo a flor de piel. ─ Papá. Mamá. Señores Farizzi… ─ ¿Y de dónde sacarán el dinero? ─ interrumpió Mario bruscamente. La mirada de Lucio iba y venia como un juego de pelota durante la discusión. ─ El señor Dragnan accedió en proporcionar y pagar los gastos necesarios de sus viajes ─ explicó Paola. ─ ¿Y es todo?, ¿Aceptaremos el dinero de un multimillonario extraño así sin más?, ¿A cambio de qué?, ¿De que te cases con él? ─ pregunta Pietro con indignación. ─ ¡Papá! ─ Carlota, dile algo a la niña, casarse con un hombre que tiene la edad de su padre… ─ ¡Papá, ya basta! ─ se levanta Paola indignada y con rabia ardiendo en sus ojos. ─ El señor Dragnan no me ha propuesto matrimonio a cambio del viaje, ni mucho menos me ofrecí a tal… cosa ─ Pero, Paola, tu padre tiene razón, ¿Qué otra cosa puedes ofrecer para que el señor Dragnan acceda a tu petición de buena gana? ─ pregunta Claudia tratando de ser impasible e imparcial en su comentario. ─ A cambio de salvar y conservar sus vidas ─ se escuchó desde las puertas del salón como un trueno a punto de iniciar una tormenta, todos miran asombrados en esa dirección, Dragnan se encontraba allí parado, imponente e intimidante, con las manos entrelazadas a su espalda, erguido como un gran general. Dragnan se fue acercando, sopesando cada paso como un león, acechando, mirando fijamente a los padres de Paola y de Mónica con su rostro inescrutable, Pietro se levanta de la mesa con todas las intenciones de confrontarlo. ─ Tu, ¿Cómo te atreves a…? ─ Deberían sentirse orgullosos de las clases de hijas que ambos tienen, debería ser yo el ofendido al ustedes negarse ante mi generosidad, sin embargo estoy aquí para aclarar los motivos, no estoy aquí para casarme con su hija, usted más que nadie debe saber eso señor Doménico ─ No nos iremos sin nuestras hijas ─ espetó Mario poniéndose de pie. ─ Claudia. Mónica, nos vamos ─ Pero… ¿Adonde, papá? ─ pregunta Mónica con horror. ─ De vuelta a Florencia, no debimos salir de allí para empezar ─ Si me lo permite señor Farizzi, ahora sus hijas son mi responsabilidad ─ Mario lanza un bufido. ─ ¿Y por orden de quien? ─ Por orden mía ─ todos miran a Paola con los ojos tan abiertos como platos y boquiabiertos. ─ Es complicado. Papá. Mamá, Mónica y yo decidimos darles éste viaje no solo para darles la felicidad plena de vivir tranquilamente y felices como se merecen, también es por su bien. Si confían en nosotras, por favor, por favor acepten éste viaje en nuestro honor. En su honor. Estaremos bien al cuidado del señor Dragnan, se los prometo ─. El silencio reinó por unos minutos mientras todos contemplaban a Paola, llenos de asombro, ¿acaso las sorpresas nunca se iban a acabar? ─ ¿De, de, desde cuándo hablas como si fueras toda una mujer de edad? ─ pregunta Pietro exasperado parpadeando de espabile. ─ Papá, por si no te has dado cuenta ya, Mónica y yo tenemos edad ─ refutó Paola con una tierna sonrisa. ─ Solo tienen veinte años ─ replicó Claudia con una sonrisa triste. ─ Veinte años agradecidas por todo lo que nos han dado ─ objetó Mónica con amor. ─ Ahora es nuestro turno de devolverles todo ese amor que nos han dado ─ añadió Paola abriendo sus brazos como queriendo abrazarlos a todos al mismo tiempo; más silencio se hizo presente en el gran salón por un largo minuto. ─ No espero que lo entiendan al momento o lo acepten, si lo desean pueden pensarlo… por favor, piénsenlo. Son nuestros padres y los amamos profundamente y queremos darles lo mejor ─ finalizó Paola retirándose del comedor seguida por Mónica con la vista fija en el suelo con un deje de tristeza. Cerrando la puerta detrás de si, ambas se enfilan a una de las habitaciones, una vez frente a la puerta de la habitación de Paola, Mónica pregunta algo en el instante de que su mejor amiga coloca la mano en el picaporte. ─ ¿Qué pasa si nuestros padres no quieren? ─ Tienen que querer, es por su bien y su seguridad, espero que Dragnan se encargue de convencerles ─ contestó con mirada reflexiva hacia la puerta. Despunta el alba, trayendo consigo un nuevo amanecer, un nuevo día lleno de imprevistos y sorpresas, la madre de Paola se cuela muy temprano por la mañana a la habitación de su pequeña, la jovencita se encontraba sentada en su peinadora arreglándose el cabello, todos aquellos recuerdos de la infancia de Paola cruzaron por su mente y pensó que todo lo vivido no fue suficiente, nunca será suficiente para seguir viendo a su Paola como una pequeña niña, por lo tanto, no pudo evitar sentir un ardor en su pecho al ver a su niña tan lejos de su mano, lejos de su calor y su protección, ¿Cuándo Paola se volvió toda una mujer independiente? Paola mira el reflejo de su madre en el espejo y se gira con una sonrisa plantada en sus labios. ─ Buenos días, cariño ─ Buenos días, mamá ─ Has despertado con muy buen humor ─ Me estoy arreglando para salir con Mónica al mercado ─ Creí que iríamos a la iglesia ─ Mamá… no creo que ir a la iglesia sea seguro ─ Si te oyera tu abuelo diría que Dios te castigará por rebeldía ─ Creo que… debo terminar de arreglarme, Mónica me espera ─ ¿Quién eres, hija mía?, ¿Qué te ha pasado que has cambiado tanto? ─ preguntó Carlota con una sonrisa llena de tristeza y añoranza mientras tomaba asiento en un lado de la cama, Paola la contempla a través del reflejo, con un profundo suspiro por la nariz deja su cepillo sobre la peinadora. ─ Sigo siendo yo, madre, es cierto que muchas cosas han pasado y bueno… admito que si, he cambiado un poco ─ luego Paola frunce ligeramente el ceño. ─ ¿Por qué quieres que vayamos a la iglesia? ─ con mucho cuidado Paola abre disimuladamente una de las gavetas y hurgando entre sus cosas empuña su daga. ─ Por nada, hija, (suspiro profundo), es solo que quisiera recuperar algo de nuestras viejas costumbres, algo de nuestras vidas, aunque sea por un momento, ser una familia una vez más ─ Paola suelta la daga para darle una mirada a su madre a través del espejo y solo pudo ver tristeza en su cara, ella extrañaba a su pequeña, extrañaba su vida y a su familia, se levanta y sujeta por los hombros a su madre escrutando sus ojos profundamente, después de un largo e incomodo silencio… ─ ¿Qué? ─ pregunta Carlota algo nerviosa. ─ ¿Qué ocurre, hija? ─ (siseo)… Guarda silencio, madre, solo será un momento ─ Paola buscaba el centro, un punto exacto, que si las sospechas de Paola fueran ciertas, cegaría a su madre lo suficiente causándole un dolor terrible de cabeza, asunto que le llevaría a Dragnan para que se hiciera cargo junto con ella, y si fuera todo lo contrario… en un parpadeo los ojos de Paola brillan con un leve destello plateado, la madre de Paola se levanta de un brinco horrorizada haciéndose la señal de la cruz con su rostro drenado de todo color. ─ ¡Paola! ─ nombró Carlota en un jadeo, arrinconándose en una esquina del cuarto con la mano en su pecho tratando de frotar el dije de la virgen María. ─ No… tu no eres mi hija… ¿Qué has hecho con ella? ─ Si quieres saber, te sugiero que te sientes y escuches, créeme, mamá, te conviene saber la verdad ─ Carlota meditó por un largo minuto la petición de Paola, ésta toma asiento en su peinadora y con un gesto de su mano, invita a su madre a tomar asiento nuevamente en la cama. Lentamente Carlota, tratando de estar lejos de su hija, toma asiento al otro lado de la cama. ─ Madre… sigo siendo yo, si, admito que he cambiado, pero no para mal, solo quiero protegerlos a como de lugar, y las cosas que han cambiado son éstas ─ Paola chasquea los dedos y las velas de los candelabros de la habitación se encienden, Carlota mira a su alrededor con asombro y miedo a la vez. ─ Eres… eres… eres… ─ (sonrisa picara), No, mamá, no soy una bruja, digamos que poseo algo de… magia ─ Es imposible ─ Nada es imposible, mamá, ¿Complicado?, (segundos cavilando), tal vez, pero no imposible ─ ¿Pero… tu… (jadeo), como…? ─ el rostro de Carlota, el temor se había desvanecido por reemplazarla por fascinación. ─ Papá y tu no deben tenerme miedo, sigo siendo Paola, su niña, pero con ciertos dones ─ ¿Dones?, ¿Cuáles dones?, ¿Tienes más? ─ Paola comenzó agitar un dedo ligeramente haciendo círculos y un viento frío comenzó a colarse en la habitación, Carlota se estremece y se abraza a si misma. ─ Madre, el señor Dragnan me enseñó todo lo que sabe, y ahora por estos dones tengo que quedarme ─ Pero… ¿Por qué tu? ─ Así debe ser, mamá, si me quedo con ustedes, correrán peligro ─ contestó Paola sentándose al lado de su madre tomando sus manos con cariño. ─ ¿Recuerdas cuando mezcle las pinturas? ─ Carlota asiente con mirada expectante. ─ Es uno de los motivos, mi talento no solo viene por instinto, mamá, están en mi… siempre estuvo en mi y el señor Dragnan lo sabía y ahora en Mónica ─ ¿Mónica también? ─ Si, y por eso ella debe… debe no, tiene que quedarse ─ Y nosotros… ─ Ustedes son mi mayor tesoro, madre, por eso quiero cuidarles al darles éste viaje, que es lo menos que puedo hacer por ustedes, además, el señor Dragnan les contó la verdad sobre mi ─ Aunque no toda, debo admitir… pero entiendo, querida, o creo entender… aunque no quisiera que me lo recordaras, aun me niego a aceptar, aceptar eso, el tener que perderte ─ Te amo, mamá, no me perderán, se los prometo ─ Yo también te amo, hija ─ madre e hija se abrazan con fuerza y con amor, unas lágrimas corren por sus mejillas, luego Paola sorbe por su nariz rompiendo el abrazo. ─ Soy una tonta llorona ─ dijo Paola limpiándose las mejillas con el pulgar tratando de sonreír. ─ Creo que lo heredaste de mi ─ Eso creo ─ ambas ríen tontamente. ─ Y… ¿Qué fue lo que hiciste con los ojos? ─ No fue nada, mamá, solo quería… sorprenderte ─ contestó Paola sonriendo con un ligero encogimiento de hombros. ─ Y vaya que si lo hiciste, hija, vaya susto el que me diste ─ ambas ríen nuevamente y… ─ Con referente al viaje… ─ ¿Si, mamá? ─ Hablaré con tu padre, sé que si hablo con él accederá, pero eso no quitará que serán horas de intentos para convencerle, sabes lo tozudo que es tu padre ─ (risitas) Y que lo digas… pero, ¿Y el señor Dragnan no habló con ustedes? ─ Si, pero aun él tiene dudas, sabes como es Pietro, es tu padre ─ Paola sonríe con ternura. ─ Lo sé… deberían hablar con los Farizzi, también ─ Eso haremos… será mejor que te pongas en marcha, hija, Mónica te debe estar esperando ─ Paola mira el reloj en la peinadora y se sobresalta al ver la hora, ya se había pasado mas de veinte minutos, Paola se despide de su madre, apenada con una sonrisa y un tierno beso en la coronilla, Carlota le da sus bendiciones con una sonrisa llena de indulgencia. ─ Tengan cuidado, hija ─ Claro, mamá ─ contestó Paola cerrando la puerta ahogando sus pasos, las cuales, se convirtieron en carreras, Carlota no pudo evitar sollozar minutos después, todos aquellos sentimientos chocando dentro de ella como un tsunami. Como siempre, Mónica yacía en el salón recibidor sentada de brazos cruzados tamborileando con su pie en la moqueta roja traída desde china, Paola se excusa nuevamente con su mejor amiga, Mónica resopla de frustración entornando la mirada sobre Paola. ─ ¿Cuándo vas a aprender a ser puntual? ─ Paola se vuelve a disculpar. Ambas toman sus capas con capuchas y salen de la casa reconciliadas y riendo juguetonamente. La salida hacia el mercado, transcurrió como cualquier día ordinario, nada fuera de lo normal, algunos hombres agrupados en algunas esquinas y callejones, silbaban y lanzaban elogios a las muchachas al pasar, algunos creativos, otros no tanto, algunos solo saludaban con un leve asentimiento, algunos conocidos y vecinos enviaban saludos y beneplácitos a sus padres, el plan de la salida al mercado fue más que todo para las conversaciones y cuchicheos de adolescentes, la mejor combinación de ropa, dos jóvenes conversando, planificando cuando conozcan a su prometido amor eterno, los viajes que relazarían con sus novios una vez casadas, solo sueños de juventud, cosas que para ellas y sobre todo para Paola se hallaban muy lejos, el real motivo de la conversación era la planificación del viaje y los planes a seguir después de estos, solo que los disfrazaban con temas mundanos de jovencitas enamoradas.
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