Cuarto Reino

Cap. 13.2
Llegando a la habitación de su madre, Claudia se encontraba a su lado sosteniendo de su mano tratando de consolarla, su llanto silencioso le produjo a Paola un vuelco en su pecho, Claudia al verlos entrar, se levanta excusándose para darles algo de privacidad. ─ ¿Mamá? ─ llamó Paola con la voz tan baja que pareció un susurro lleno de nostalgia y dolor, su madre levanta la vista hacia su hija con sus labios temblorosos y los ojos rojos de tanto llanto. ─ Estás delgada ─ Carlota hace un intento fallido por sonreírle a su hija, ella veía a su niña en un lugar la cual era imposible de alcanzar, un lugar donde su cuidado, amor y protección nunca llegarían, Paola da un paso hacia su madre tentativamente, Carlota niega levemente con su cabeza, luchando con todas sus fuerzas por no romperse delante de su hija, solo que por más que luchó y luchó fue imposible, se levantó de su cama y corrió hacia su hija amada y la abrazó tan fuerte como aferrándose al único aliento de vida que le quedaba, rompiendo ambas en llanto desesperado. Pietro se une abrazándolas, llenándolas de besos. Largos minutos después, la madre de Paola se queda dormida en sus brazos. Con sus ojos hinchados de tanto llorar, miraba a su madre peinando su cabello con sus dedos delicadamente con tanta ternura que consumió a Pietro en un profundo dolor y felicidad al mismo tiempo que no pudo evitar dejar brotar una par de lágrimas más. ─ Mamá tiene que comer ─ dijo por fin Paola sin levantar la mirada de su madre, con sus labios tensos aguantando el dolor y el llanto, su voz temblorosa le delataba el esfuerzo sobre humano hacía por ser fuerte por sus padres, sorbe por la nariz, mira a su padre con una sonrisa triste, pero llena de amor y ternura. ─ ¿Te encargarás de que madre coma? ─ Pietro asiente en silencio. ─ También quiero que le enseñes a Lucio a ser como tu, un hombre de honor, de respeto, moral, honesto, y que ame a su familia del mismo modo que tu nos amas a nosotros ─ Pietro quería decir algo, pero sus labios temblorosos y sus mejillas húmedas, delataban que si apenas abría la boca rompería en llanto nuevamente, después de un profundo y nostálgico silencio. ─ Estoy orgulloso de ti, y no me arrepiento de nada ─ comentó por fin Pietro con voz suave, como si arrullara a su hija una vez más. ─ Yo también estoy orgullosa de tener una familia como ustedes ─. Paola se levanta con mucho cuidado de la cama, le da un beso en la cabeza a su padre retirándose de la habitación cerrando la puerta detrás de si, Paola mira a un lado del largo corredor, a uno de los extremos a Dragnan se encontraba con su hermano menor comiéndose un dulce, Paola le sonríe a Lucio y se retira a su habitación, una vez allí, parada frente a la puerta con la mano en el pomo, reflexiona sobre las cosas que están por venir, suspira profundamente entrando a la alcoba, cierra la puerta y cerrando los ojos, deja escapar unas lágrimas mientras rodaba su espalda por la puerta hasta solo quedarse abrazando sus rodillas. ─ ¿Qué harás? ─ se oyó una pregunta en el fondo de la oscura habitación, Paola levanta la mirada buscando quien había hecho la pregunta, cuando por fin sus ojos se adaptaron a la oscuridad de la habitación, se consigue con Mónica sentada sobre su cama con una sonrisa alentadora, Paola se levanta poco a poco, se sienta en la cama y abraza a su amiga dejando escapar sus lágrimas nuevamente apoyando su frente contra el hombro de Mónica, ella acaricia la espalda de Paola para tratar de tranquilizarla. Minutos después que dejó de llorar ─ Deberíamos dormir, mañana será otro día y pensaremos mejor las cosas ─ propuso Mónica en voz baja, una voz tranquilizadora, Paola asiente sin despegar la frente del hombro de su amiga. ─ Gracias por estar aquí… conmigo ─ ¡Eh!, eres mi hermana y mi mejor amiga, eso es lo que hacen las hermanas, ¿No? ─ Paola ríe por lo bajo sorbiendo por la nariz, aun con la frente pegada al hombro de Mónica. ─ ¿Te importaría quedarte conmigo ésta noche? ─ pregunta Paola con ojos suplicantes, ésta muestra una media sonrisa. ─ ¿Como cuando éramos niñas? ─ Como cuando éramos niñas ─ repitió Paola con una sonrisa triste. Esa noche se durmieron sino hasta de madrugada, hablando de todo un poco, de sus chicos y pretendientes, de sus amistades y las fiestas, recordando de cuando sus travesuras de niñas y los divertidos dolores de cabeza que les causaban a sus padres, luego un silencio se cruzó entre ambas. ─ ¿Qué se siente? ─ pregunta por fin Mónica para romper el silencio. ─ ¿Qué se siente que? ─ Vivir tanto tiempo ─ Es… confuso, complicado y a veces algo frustrante ─ ¿Por qué? ─ Siempre tienes que empezar de cero, si no fuera por Dragnan y su preocupación por mantener mis recuerdos, yo ya hubiera (suspiro profundo) muerto ─ Cuéntame de tu vida, el como era antes de… ser así ─ Bueno… ¿Por donde empiezo?, recuerdo que vivía en una cabaña pequeña, mi madre había muerto al yo nacer, o eso me contó papá, me crié con mi padre y tres hermanos, me dedique al hogar y cuidar de ellos, la hermana de mi madre siempre discutía con mi padre ya que muchos sospechaban de ella, decían que pactaba con demonios porque todas la noches se iba a las montañas ─ ¿Y que hacia? ─ (bufido), Buscar hierbas ─ ¿Era sanadora? ─ Si, mucho les daban de sus… bendiciones y otros buscaban formas de destruir su reputación ─ ¿Y tú? ─ Era una niña miedosa, solo contaba con diecisiete años… creo, claro las cuestiones de edades no se tomaban tanto en cuenta como ahora, cuando ya tenias tu primer sangrado era buena señal y prueba más que suficiente para tener hijos y vivir con tu marido, y las peleas con mi padre era que ya tenía edad para casarme y tener hijos, yo no quería, traté por todos los medios de ocultar que ya había tenido mi sangrado más de una vez, al darse cuenta arregló mi matrimonio con un hombre acaudalado por una dote de ganado y tierras ─ ¡¿Te vendió?!, ¡¿Tu papá te vendió?! ─ preguntó Mónica con los ojos abiertos con indignación y horror apoyándose sobre sus codos. ─ ¡Baja la voz! ─. Inesperadamente los ojos de Paola se tornaron tristes ante los recuerdos, Mónica se vuelve acostar controlando su temperamento. ─ Perdona ─ ¿Por qué? ─ No quería hacerte recordar cosas dolorosas ─ Descuida, eso paso hace mucho tiempo… mucho tiempo en realidad ─ reflexionó Paola. ─ ¿Cómo eran las casas de antes? ─ Chozas, caminos de tierra, claro no tan concurridas como las de ahora, a veces el vecino más cercano se encontraba a millas… ─ cuando Paola iba a proseguir su relato después de un par de minutos de silencio, se percata de que su amiga ya se encontraba dormida, sonríe tiernamente, le aparta un mechón de cabello de la cara y se acuesta acurrucada al lado, tomando sus manos entre las de ella.
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