Cuarto Reino

Cap. 13.1
Cap. 13 La maravillosa ciudad de Venecia, ya han pasado seis meses desde que Paola arribó a la ciudad a una nueva gran mansión, retomó sus clases en el colegio de arte, incluyendo las lecciones de Dragnan junto a Mónica en las salas privadas en el sótano, ambas practicando, para la sorpresa de Dragnan, ambas eran buenas en la lucha, Paola con daga y espada, Mónica con un sable de hoja fina, el estoque, aprendieron rápido, y más Paola; por un instante Mónica sintió celos de su amiga por su tan pronta y rápida manera de aprender, sin embargo no duró mucho sus celos ya que Paola le había contado su gran secreto; durante su relato, Mónica se mostraba renuente a creer, pero poco a poco fue entendiendo, aceptando la idea y la verdad sobre la vida de Paola, desde ese entonces, Mónica se propuso a alcanzar en nivel a su amiga entrenando el doble de duro. Los únicos momentos separadas, eran en sus días de clases, cada una iba a colegios diferentes, los más caros desde luego, y gracias al patrocinio de Dragnan, casi no tenían tiempo para compartir con sus padres, siempre apuradas, tareas, entrenar y sus clases, por otra parte Dragnan tampoco se mostraba indulgente con sus entrenamientos. La noticia del asedio contra Forli nunca llegó, para muchos, solo cayó la peste y la hambruna. Los que intentaron escapar de la ciudad, terminaron infectados o muertos, los lugareños de la gran ciudad realizaron vigilias y elevaron oraciones para la sanación y por las almas que partieron de éste mundo, pero Paola y su familia sabían la verdad, inclusive, las noticias de Florencia nunca llegaron. Para el mundo, la vida seguía su curso como si nada maligno hubiera albergado en las sombras en Florencia, Mónica y Paola, reunidas en el estudio privado con Dragnan, él le mostraba unos libros, libros que contenían todo el conocimiento de la vida pasada de Paola, otra tarea que debía desarrollar. Recordar, y para lograrlo debía leer los grandes libros, eran un total de doce tomos, diez veces más grandes que un libro ordinario y diez veces más grueso que cualquiera, Paola mira con asombro uno de los grandes libros. ─ ¡¿Tengo que aprender todo esto?! ─ pregunta Paola horrorizada ante la idea. ─ No te será difícil, ya que todo esto lo has escrito tu ─ contestó Dragnan con una expresión impasible, señalando con su mano los doce libros. ─ ¿Yo?... pero si no… mierda… ─ Paola se frota la frente con sus dedos, como si una fuerte jaqueca la estuviese azotando. ─ No conforme con todo lo que tengo en la escuela de arte y los entrenamientos, también tengo que aprender toda ésta mierda ─ Dragnan enarca una blanca ceja, Paola discurre la vista de los libros a Dragnan frunciendo el ceño. ─ ¿Qué? ─ pregunta totalmente estresada. ─ Te espero para el fin de semana y ver que tanto has aprendido ─ ¡¿Qué?¡─ Paola abre los ojos como platos. ─ Dime que es una broma, porque no tiene ninguna gracia ─ Dragnan se mantuvo en silencio. ─ Pero, pero, ¡pero si hoy es martes!, ¡solo estamos a cuatro días para el sábado! ─ sin decir media palabra, Dragnan se retira dejando a Paola junto con sus libros antiguos, ella se deja caer en un sillón con los hombros caídos en derrota. Mónica, después de haber presenciado toda la diatriba en silencio, diatriba que Paola sostuvo sola contra Dragnan, se acerca para consolar a su amiga colocando una mano sobre su hombro. ─ Ni siquiera he empezado a leer esto y ya me duele la cabeza ─ musitó frotándose las sienes. ─ Si de algo te sirve, puedo ayudarte a memorizarlo ─ Gracias, pero no creo que puedas ─ comentó Paola con resignación tomando uno de los libros con esfuerzo en sus manos colocándolo en su regazo. ─ Estas cosas están escritas en una lengua que ni entiendes y yo ni recuerdo ─ Paola sospesó y escrutó el gran libro, las hojas hechas de un papel grueso, amarillento por los años, la portada lisa de cuero negro sin labrar, el lomo ornamentado con líneas doradas horizontales, cada uno sin nombres, Mónica aprieta su hombro en gesto de apoyo, Paola hace una mueca mirando a su amiga sintiéndose agradecida por su amiga. ─ ¿Cómo voy a saber el orden? ─ Mónica solo se encoge de hombros, en cambio Paola, tomando un profundo suspiro. ─ Bueno… para luego es tarde ─ dijo abriendo una página al azar. Ambas ponen los ojos como platos, horrorizadas, todo era como matemáticas en cientos de idiomas diferentes, las letras extrañamente escritas, sin aparente orden, les eran desconcertante, Paola frunce el ceño, cada una irreconocible, hasta juró que eran imposibles de entender, Mónica abre los ojos impresionada por el tipo de escritura, ¿Quién coño había escrito semejante mierda?, solo pudo ver garabatos sin sentido. ─ ¿Estás segura que eso lo escribiste tu? ─ Así parece ─ contestó levantando la mirada hacia su amiga con el mismo asombro que mostraba Mónica, a pesar de que eran irreconocibles y faltos de lógica, pasando pagina por pagina con mucho cuidado, las letras y símbolos, a pesar de todo, les eran familiares. Paola posa la vista en una de las paginas, las letras parecían moverse, frunce el ceño entrecerrando un poco la vista, ¿acaso estaba alucinando?, sin duda alguna, las letras se movían; colocando una mano en la pagina, un fuerte choque eléctrico le recorrió por el brazo, luego por todo su cuerpo dejándola en shock, Mónica se echa para atrás trastabillando al ver el fuertes espasmo de Paola acompañado con un jadeo, se horrorizó aun más al ver que su amiga tenía los ojos totalmente en blancos, sus retinas y pupilas, todo se había desvanecido quedando en un blanco total, por más que quiso acercarse a su amiga para despertarla de aquel trance, no se atrevió dar ni un paso hacia ella, solo lo suficientemente cerca para darse cuenta de que las letras se habían borrado del libro. Segundos después, Paola pierde la conciencia, quedando lánguida y con los brazos caídos en cada lado. Dragnan caminando por los corredores de la casa, mira por la ventana, escrutando como el cielo comenzó a encapotarse como si una gran tormenta quisiera azotar la ciudad de Venecia; el viento golpeteando fuertemente las ventanas al punto de casi romperse, haciendo volar las hojas y el polvo, gente corría de aquí para allá, buscando refugio de la extraña tormenta, Dragnan dio una mirada en dirección al estudio y prosiguió su caminó. ─ ¿Paola? ─ pregunta Mónica tentativamente, el fuerte viento movía las pesadas cortinas del despacho de Dragnan, los libros agitándose, abriéndose como locos haciendo volar las páginas, al no ver respuesta alguna por parte de su amiga, se acerca un poco más, toca su frente, a pesar de tener la frente llena en sudor, su piel se encontraba fría al tacto. Sintiendo su respiración débil, Mónica la sacude a duras penas, y nada recibió en respuesta. ─ ¿Paola? ─ preguntó con la voz un poco más firme, se acercó un poco más, trató de abrir un ojo de su amiga, acto seguido se tapa la boca con horror, los ojos de su amiga estaban plateados otra vez. inesperadamente Paola abre los ojos aun con sus pupilas plateadas, mira a su amiga como a una extraña, mira a los otros libros, tirando el que tenia en su regazo toma el otro, abre el libro en una pagina al azar y vuelve a repetir la operación, sus ojos blanquecinos aparecieron nuevamente, Mónica da un jadeo con ambas manos en su boca para ahogar un grito, da un par de pasos atrás totalmente asustada, sus piernas tiritaban sintiéndolas como gelatinas, sin aguantar más sus piernas ceden hasta que se dejó caer al suelo, con la boca abierta y sus ojos bien abiertos del miedo, una mano apoyada al suelo y la otra en su pecho, sin aliento, no podía articular ni siquiera un gemido, así se mantuvo hasta que Paola terminó con los doce libros para caer de nuevo en la inconciencia. Mónica no supo cuanto tiempo habían pasado desde ese espantoso momento, su corazón aun galopaba desbocado, su rostro drenado de todo color, sus labios temblorosos por fin ceden en nombrar a su amiga en un susurro, traga saliva con dificultad; tratando de levantarse, Mónica no despegaba la vista de su amiga, de pronto vio que en los brazos de Paola comenzaron a brillar unos símbolos, los mismos que eran del libro para luego desaparecer, solo fueron unos segundos. Paola abrió sus ojos plateados escrutando su alrededor en reconocimiento después en un profundo jadeo, Mónica se sintió petrificarse cuando los ojos de Paola se posaron en ella, ¿Quién o que es Paola?, la mirada de Paola analizaron a Mónica de arriba a abajo haciéndola sentir desnuda. ─ ¿Mónica?... ¿Estás bien? ─ pregunta Paola frunciendo levemente su ceño, confundida al ver a su amiga tan pálida y temblando notablemente. ─ Mónica, soy yo ─ Mónica espabila sin dejar de temblar. ─ No tienes nada que temer ─ los ojos de Paola volvieron a su color original en varios parpadeos, luego le sonríe, se levanta y se acerca hasta quedar frente a ella, colocando una mano sobre su hombro, Mónica se tensa ante su contacto, levanta la mirada para encontrarse con la de Paola. ─ Todo está bien, ya recordé todo ─ Pa, pa, pa… ¿Paola? ─ Mm. No es mi nombre, pero… ─ contestó sopesando alegremente en consideración, moviendo su cabeza de un lado a otro. ─ Pero me gusta, y si te sientes cómoda llamándome así, por mi está bien ─ agregó encogiéndose de hombros con la misma sonrisa. Un suspiro triste y amargo lanzó discurriendo la vista sobre los libros desechados en el piso. ─ Tantos años, tanto tiempo, tantas vidas y siento que todo sucedió ayer ─ ¿De verdad eres… tu? ─ ¿Qué clase de pregunta es esa? ─ contestó Paola con una amplia sonrisa, luego consideró la pregunta de su amiga segundos después, paseándose por el estudio de un lado a otro, con ceño fruncido y una mano en su barbilla y su codo apoyado en su brazo, reflexionando, luego vuelve a sonreír. ─ A decir verdad es complicado, si, sigo siendo Paola y a la vez no, soy la misma persona de hace muchos, muchos años, pero lo único diferente han sido mis nombres, y si no se tiene el mayor cuidado con respecto al asunto, puede afectar notoriamente ─ aclaró Paola finalmente. ─ Pero… ¿Cómo… es posible? ─ pregunta Mónica casi sin aliento. ─ Creo que los mortales lo llaman reencarnar, otros volver a nacer o renacer, es lo mismo. ─ ¡Dios santo! ─ Paola hizo una mueca divertida en desacuerdo. ─ Digamos que “Dios” no tiene nada que ver con eso… pero no tienes que estar desanimada, ni mucho menos triste, sigo siendo yo, no me has perdido si es lo que te preocupa ─ el rostro de Mónica no tenía precio mostrando su asombro, miedo y fascinación, claro con un deje de tristeza al pensar que posiblemente haya perdido a su amiga para siempre, luego Paola frunce el ceño algo molesta, colocando sus manos en sus caderas comienza a tamborilear con su pie. ─ Si voy a ser la única que va a hablar, creo que por lo menos merezco que debería saber tu opinión al respecto ─ Mónica sin palabras solo asentía con la boca abierta como una idiota. Durante un par de segundos, Paola estuvo esperando que Mónica dijera algo. ─ ¿Cuántos años tienes? ─ pregunta por fin, Paola abre sus ojos de par en par con asombro. ─ De todas las preguntas que se te pueden ocurrir… ¿Vienes y me haces esa?, además, ¿No es de mala educación preguntar la edad de una dama? ─ ¡¿Y yo que sé?!, y ¿Tu eres una dama?, ¡esto nunca me ha pasado!, ¡¿Qué quieres que pregunte?! ─ ¡¿Yo que sé?! ─ Wau, (bufido) alguien que posiblemente puede ser inmensamente sabia o lo que sea, con posibles miles años de vida, no tiene ni idea que responder ─ Los humanos son inmensamente inestables, se puede esperar cualquier cosa ─ Y me lo dices tu que no esperabas que te preguntara tú edad, además, se oye extraño eso viniendo de ti ─ ¿Qué puedo decir?, otra pregunta ─ Mónica comienza a pasear de un lado a otro por el estudio. ─ Déjame pensar… otra pregunta, otra pregunta, ¿Qué puedo preguntar?... (gruñido de frustración) ¡Mierda!, ¡ha!... entonces, ¿Cuál es tu verdadero nombre? ─ ¿Mi nombre? ─ Paola enarca una ceja. ─ Si, ¿Me dirás tu nombre o no? ─ Paola levanta un dedo abriendo la boca a punto de objetar algo, luego detenidamente reflexiona al respecto. ─ Bueno, por lo menos te mereces eso ─ cuando estuvo a punto de decirle su nombre, tocan a la puerta, ambas giran su atención en la misma dirección con mirada expectante, la puerta del estudio se abre a duras penas y alguien se asoma. ─ ¡Papá! ─ saludó Paola con cariño acercándose a Pietro para darle un beso y un abrazo. ─ Mi linda muñequita, el señor Dragnan me dijo que estabas aquí ─ Mónica se cruza de brazos, estrechando la mirada hacia su amiga, Paola siente aquellos ojos y se voltea ─ ¿Qué? ─ pregunta Paola, sin decir una palabra, Mónica se encoge de hombros saliendo del estudio, en el instante de que pasa al lado de Paola, Mónica susurra algo que solo Paola pudo escuchar. ─ Descarada ─ abre los ojos con asombro sintiéndose algo ofendida, luego estrecha la mirada fulminado a su amiga, Mónica sigue su camino con una sonrisa socarrona haciendo un gesto grosero con el dedo del medio a espaldas de Pietro. Pietro escruta aquel lenguaje extraño entre amigas muy confundido. ─ ¿Qué se traen? ─ pregunta enarcando un ceño intrigado con una leve sonrisa. ─ Nada, papá, solo estudiábamos ─ Mm, ¿Segura? ─ Claro, papi ─ Pietro vuelve a escrutar a su hija con ternura, y una sonrisa llena de añoranza y tristeza cruzan su rostro. ─ ¿Ocurre algo papá? ─ No, nada querida mía, es que… has cambiado tanto en tan poco tiempo… que ya no pareces tu misma, hasta juraría que eres otra mujer… ─ ¿Otra mujer? ─ Apenas recuerdo como si fuera ayer que solo te sostuve en mis brazos y mírate ahora… toda una mujer, con edad de tener marido y… ─ Pietro suspira profundamente. ─ ¿Y? ─ El… el… ─ Pietro traga saliva para ahogar su dolor. ─ El señor Dragnan nos contó la verdad ─ ¿Cuál verdad? ─ pregunta Paola frunciendo el ceño. ─ Del destino que se te espera, de verdad, de verdad, mi niña hermosa, no quisiera que tuvieras que hacerlo, ¡es mucha carga para ti sola!, pero es… inevitable, y no quiero perderte, me niego a aceptarlo, pero… ─ comentaba Pietro agitando su cabeza, cerrando fuertemente los ojos alejando tales ideas de su mente.─ Papá… ─ Es que te amo tanto, eres mi pequeña, mi artista, la obra de arte de tu mamá y mía ─ Pietro no pudo evitar que su voz se quebrara, Paola sujeta con sus manos el rostro de su padre con ternura mientras que con sus pulgares acariciaba con amor sus mejillas. ─ Papá… mírame… mírame por favor ─ Pietro levanta la mirada hasta encontrarse con los de Paola, que también en sus ojos las lágrimas amenazaban con salir. ─ No me perderás… estaré bien… de verdad ─ Me niego a que algún día tendré… ─ Pietro sorbe por la nariz, los labios temblorosos de su padre se negaban a decir aquellas palabras, palabras que devoraban su corazón, ahogándolos en un dolor absoluto quemando su pecho. ─ ¿Y mamá? ─ Tu mamá… ─ Pietro suspira profundamente por la nariz. ─ Tu mamá aun no lo asimila del todo… también se niega a aceptarlo ─ padre e hija se miraron en silencio, las lágrimas amenazando con brotar de los ojos de Pietro, Paola traga saliva con dificultad al ver tanto dolor y amor desbordar de los ojos de su padre, que en los de ella no pudo evitar dejarlas correr. ─ Yo, también, te amo papá, siempre seré su niña, no me van a perder ─ ¿Me lo prometes? ─ pregunta Pietro mirando a su hija, implorando esperanzas. ─ Lo prometo, papá ─ Paola abraza a su padre con fuerza, respirando su aroma profundamente, aferrándose a calor, a su amor como si su vida dependiera de ello. ─ ¿Y esos libros? ─ pregunta Pietro rompiendo a duras penas el abrazo, señalando con la barbilla hacia los libros antiguos tirados al suelo. ─ No es nada, son solo libros viejos que el señor Dragnan iba a tirar, le dije que me los diera para pintar ─ ¿Y aceptó? ─ Si ─ Parecen viejos y costosos ─ Sabes como es la gente adinerada, cuando se aburren de algo, los botan ─ Es cierto… no le digas a mamá que me has visto llorar ─ confesó Pietro forzando una triste sonrisa. ─ Tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo. Quiero ver a mamá ─ solicitó Paola dándole un beso en la mejilla a su padre, Pietro mira a los ojos de su hija por un instante, reflexionando su petición, luego asiente y ambos se enfilan para la habitación para hablar con su madre.
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