Cuarto Reino

Cap. 12.2
Momentos después, Paola se despierta en una cama, junto a Mónica que seguía acurrucada a su lado, mira a su alrededor con somnolencia y se percata que se encontraba en su habitación, escucha pasos de un lado a otro correteando por el largo pasillo, Paola se levanta de la cama con mucho cuidado para no despertar a Mónica, ¿Qué pasó?, un fuerte dolor de cabeza le azota haciéndola trastabillar, hasta la simple luz de la tarde era molesta, Paola se vuelve a sentar en la cama, preguntándose que había pasado; de pronto, su mente comienza a dar vueltas trayéndole imágenes, Mónica en el instituto, con el miedo reflejado en su rostro, la señorita Ana y el señor Dragnan ¿Qué hacia el señor Dragnan en el instituto?, luego recordó ir hasta el portón principal, cruzando el patio frontal, un gran jardín, y allí estaba Mario asustado, Dragnan le entregó un paquete envuelto en un pañito blanco, luego nada. Tratando de recordar, su mente dio varias vueltas sintiendo su boca reseca, mira a su amiga Mónica que aun estaba dormida, la sacude a duras penas para despertarla. Mónica frunce el ceño gimiendo somnolientamente, abre los ojos con dificultad, al cruzarse de miradas con Paola, se levanta de golpe, asustada, dando un gritillo agudo, ─ ¡Aléjate de mi! ─ gritaba Mónica entrando en pánico, Paola trata de que su amiga entre en razón, pero Mónica se rueda a un lado de la cama y sin medir la distancia, cae estrepitosamente de espalda al suelo, Paola rodea la cama para ver si su amiga se había lastimado, pero Mónica se levanta rápidamente haciendo una cruz con sus dedos rezando Padres Nuestros y Salves María, pero ella mira a su amiga como si se hubiera vuelto loca. ─ Mónica, soy yo. Paola ─ Tu no eres Paola, mi, mi, mi, mi amiga… que, que, que, que, ¿Qué le hiciste a mi papá? ─ ¿De qué estás hablando?, yo no le hecho nada ─ Te vi, te vi y, y, y, le hiciste algo con ese cuchillo ─ ¿Cuál cuchillo? ─ No te hagas la idiota. Uno blanco, el señor Dra, Dra, Dra, Dragnan dijo que era tuyo ─ Paola trata de acercarse a su amiga, pero Mónica se monta sobre la cama aun con sus dedos haciendo la señal de la cruz delante de ella. ─ ¡A, a, a, a, aléjate!, solo aléjate, ¿okay?... quédate allá y yo aquí ─ Paola se va al otro extremo de la habitación. ─ Muy bien… ¿Ahora que? ─ Si… si de verdad eres Paola, so, so, solo Paola puede contestar preguntas que solo Paola pu, pu, pu, puede responder ─ Mónica, te lo juro, soy yo, suenas como una demente ─ Yo no soy la que está demente ─ espetó Mónica sintiéndose ofendida. ─ Yo no era quien, le, le, levantaba la mano, diciendo, co, co, cosas que ni, ni, ni siquiera se entendían ─ Mónica, relájate y respira ─ No me voy a relajar, no me voy a relajar, ¿Qué le hiciste a mi amiga? ─ Mónica, estoy aquí, justo delante de ti ─ El señor Dragnan te hizo algo, yo lo sé, él te hizo algo, y… ya no eres la misma ─ la voz de Mónica se quiebra dejándose caer en la cama abrazando sus rodillas, no obstante, Paola suspira profundamente buscando como demostrarle a su amiga que era ella. ─ Okay, te probaré que soy… Paola. En mi cumpleaños número 13, nos escapamos en la noche a la cocina a seguir comiendo tarta de mora que había hecho tú mamá, al día siguiente nos dio un gran retorcijón de estomago que duramos en cama dos días enteros ─ Mónica levanta la mirada enarcando las cejas sorprendida; al recordar ese momento trata de sonreír. ─ ¿Quieres más pruebas?... he… déjame pensar… ¡Leonardo!, ¿Te acuerdas de Leonardo?, a los 15 fue tu primer amor y llegó a casa debajo de tu balcón ebrio a cantarte, dijiste lo horrible que cantaba, pero el gesto te llegó al corazón, tanto, que tu mamá salió detrás de ti y lo bañó de agua fría ─ Mónica suelta una risa nerviosa, luego ríe más abiertamente peinándose con los dedos. ─ Si, eres Paola, solo ella sabe esas cosas, eras mi confidente ─ admitió Mónica por fin, Paola se fue acercando tentativamente a ella para tomar de sus manos, levantar y abrazar por fin a su amiga, instándola a sentarse a su lado. ─ ¿Y por qué terminaron Leonardo y tu?, si se veían felices ─ (bufido), Me enteré que estaba comprometido con otra ─ Paola hace una mueca de dolor. ─ Auch… bueno, si, era un poco mayor para ti… ¿Cuántos años tenía?, ¿veinte?, ¿veinticinco? ─ Ya ni lo recuerdo ─. Ambas se quedan sentadas en la cama en un silencio reflexivo. ─ ¿Qué fue lo que te pasó? ─ No… lo sé… no recuerdo nada ─ ¿De verdad? ─ Paola asiente haciendo una mueca, Mónica toma de las manos a su amiga en un gesto de apoyo. ─ ¿No recuerdas ni lo que dijiste, ni lo que hiciste? ─ Solo recuerdo que el señor Dragnan me dio algo envuelto, y cuando lo abrí, todo quedó a oscuras… ¿Qué hice? ─ No eras tu, tus ojos cambiaron, hablabas diferente, solo dijiste y lo único que pude entender fue sobre un mensaje o algo así, le dijiste al señor Dragnan algo, luego te acercaste, levantaste la mano y papá comenzó a gritar, de sus ojos salió algo horrible y luego… me desmayé, pero me diste miedo, nunca te vi así… ─ Mónica apoya su cabeza en el hombro de Paola. ─ Solo quiero que nuestros días sean como eran antes ─ Ahora que lo recuerdo, Lucio me preguntó lo mismo ─ ¿Qué te preguntó? ─ Paola reflexiona sobre el asunto, pero solo Dragnan podría darle las respuestas. ─ Creo que deberíamos ver a tu papá ─ propuso Paola. ─ No quieras cambiar el tema ─ No es cambiar el tema, es que tengo muchas preguntas y solo el señor Dragnan puede dármelas ─ Mónica estuvo de acuerdo. Ambas salieron de la habitación para ver lo que había pasado, en ese instante se topan con Dragnan, éste les hace un gesto para que lo siguieran, Paola y Mónica se cruzan miradas y temerosas lo siguen, entrando a su estudio, Dragnan saca un baúl de un rincón, lo abre y le hace un gesto a Paola y a Mónica para que se acerquen, ambas miran dentro del baúl. Unos brazales hermosos de oro y plata encontraron dentro, Mónica nunca había visto nada igual, sin embargo, por alguna razón, a Paola le resultaban familiares, la espada de hoja negra y delgada, y en un cofre dentro del baúl, Paola lo abre, era la daga blanca, contemplando el contenido de aquella caja, llena de confusión y horror, Dragnan le anuncia: ─ Todo esto te pertenece. Son tuyos ─ ¿Míos?, ¿Cómo que míos?, ¿Qué quiere decir? ─ Tú los creaste. Son tuyos ─ ¿Yo los creé?, ¿Cuándo? ─ Los vas a necesitar ahora más que nunca ─ ¡Si yo no se pelear!, ¿Cómo esperas que blanda una espada?, es más, odio pelear ─ Tendrás que aprender, ya saben donde estás, te buscarán y si no aprendes a defenderte, todos a los que amas morirán ─ ¡Esto es una locura! ─ protestó Mónica con los ojos tan abiertos como platos. ─ Ya aquí no es seguro, hay que moverse ─ ¿Si?, ¿A dónde? ─ pregunta Paola de brazos cruzados. ─ Mónica, dile a tus padres y a los Doménico que empaquen, ellos irán a la Toscana, ustedes y yo nos vamos a otro lugar ─ Pero, pero, ¡quiero saber! ─ No me iré sin mi familia ─ espeta Paola. ─ Es muy arriesgado, Paola, si ellos van a otra dirección, no los buscaran y estarán protegidos, ellos ignorarán a tus padres y vendrán directamente hacia nosotros ─ refuta Dragnan. ─ Y… ¿Cómo estás tan seguro que no irán detrás de mis padres y mis amigos para usarlos en mi contra? ─ Ellos se mueven rápido, no hay tiempo que perder, te sugiero que empaques también. Iré al instituto ─ ¡Espera!, no me has dicho a donde vamos ─ Iremos a Venecia, durante el viaje te enseñaré a pelear ─ Yo también quiero aprender ─ Dragnan la miró de arriba abajo. ─ ¿Qué?, puedo ser útil ─ Las cosas que se acercan no son humanos, y los que son, ya no más. Son esclavos y usarán cualquier artimaña para acercarse y asesinar. No confíen en nadie ─ ¿Cómo está papá? ─ Tu padre está bien. Solo necesita descanso, sin embargo su descanso nos retrasaría. Ve si puedes hacer que se levante y comience a empacar ─ Mónica sale disparada del estudio para hacer su cometido, Paola se va detrás de ella. ─ Paola, quédate. Necesito hablar contigo ─. Para la tarde, ya todo estaba hecho, el equipaje listo para abordar los carruajes rumbo a los muelles, Pietro ayudaba a Mario a caminar, Claudia y Carlota entre advertencias ayudaban a sus esposos con cualquier cosa necesitaran, todo un revuelo de gente entraba y salía de la casa ayudando con las cosas. Uno de los carruajes salió primero con el equipaje, el segundo con la familia a bordo, excepto Paola y Mónica, ambas se fueron en el carruaje personal de Dragnan, el sol se mostraba en el horizonte como llamaradas infernales acercándose a Forli, por primera vez para los ojos de Paola, el paisaje parecía aborrecible, no había belleza en la oscuridad que estaba a punto de cernirse sobre la ciudad, mirando por una de las ventanillas, Mónica se percata de una gran multitud abordando carruajes con sus equipajes, eran estudiantes y maestros de la escuela de arte, Dragnan había dado el aviso de desalojar cuanto antes las instalaciones, irían al puerto de la Romaña, abordarían un barco y zarparían de inmediato rumbo a Venecia, dos barcos esperaban, uno para Paola y su familia y otro para los estudiantes y los profesores. Los pueblerinos miraban confusos tanto alboroto, tantas personas abordando los barcos, primera vez que los puertos de la Romaña se veía tan agitados y concurridos. Dragnan, junto a los profesores, supervisaban de que todo se hiciera como era debido, la tripulación del barco cargaban todo, Paola y su familia abordaron el barco, sin embargo, Paola no pudo despegar la mirada de Dragnan mientras abordaba; Dragnan, a diferencia de los profesores, contemplaba el horizonte, como si pudiera ver lo que se acercaba, los profesores y asistentes, incluyendo a la señorita Ana, daban ordenes a los trabajadores y guiaban a los estudiantes, solo Dragnan estaba allí, parado en silencio. Una vez que todo estuvo listo, los profesores abordaron su barco, y Dragnan abordó donde se encontraba Paola, cuando los barcos comenzaron a moverse, aferrándose a su camafeo colgado en su cuello, Paola, sin saber porqué, suspira llenándose su cuerpo de un alivio al alejarse de un lugar donde posiblemente el peligro era inminente, inclusive, nunca se había sentido más amenazada e inquieta en su vida, Dragnan se para a su lado, Paola lo observa, luego vuelve a posar sus ojos en la Romaña. ─ ¿Así va a ser siempre?, ¿Huir? ─ Mi deber es llevarte a tu destino, no soy quien para cuestionar ─ ¿Por qué yo? ─ Así lo decidiste, para proteger lo que considerabas lo correcto, la verdadera libre elección ─ Y… ¿Ahora que? ─ Les enseñaré a pelear, solo espero que el tiempo, ésta vez, esté a nuestro favor ─ sin decir más, Dragnan se retira con sus pasos desapareciendo en la distancia, minutos después, llega Mónica con Lucio tomado de la mano. ─ ¿Cómo sigue tu papá? ─ Él dice que bien, yo sé que miente, se nota que le cuesta respirar ─ Mónica… quiero pedirte perdón ─ ¿Por qué?, no tienes porque… ─ Si, si debo, yo no quería que esto les pasara, hubiera sido preferible que Dragnan me hubiera llevado a mi sola y ustedes estarían tranquilos y a salvo ─ Eso no era del todo seguro, nadie sabe lo que en realidad va a pasar, sino hubiera sido por ti o por el señor Dragnan, posiblemente yo estaría muerta, incluso tus padres y mi familia ─ ambas se abrazan, Lucio estaba entre las dos en silencio mirando el gran océano fascinado, hubo un silencio reconfortante entre ellas por un largo minuto. ─ Con que Dragnan ¿He?, ¿Ya hay tanta confianza entre ustedes? ─ pregunta Mónica con una sonrisa llena de picardía, Paola no pudo ocultar su sorpresa esbozando una sonrisa cómplice, ─ ¡Claro que no!, es solo… solo que… ─ Ya lo entendí, él es con quien debes estar ─ Pero no de la forma en que piensas, él solo me está llevando a donde pertenezco ─ hubo otro momento de silencio. ─ Él… me lo contó todo ─ ¿Qué te contó? ─ Quien soy realmente y por las cosas que he pasado, y ahora sé lo que tengo que hacer, por eso te pido perdón, no solo a ti, sino a tus padres ─ minuto de silencio. ─ Si éste mundo está tan loco como se pinta… ─ ésta vez Mónica rompió el silencio. ─ ¿Tú te imaginas si una de nosotras hubiera sido un chico? ─ Paola ríe por lo bajo. ─ De seguro nuestros padres no hubieran dudado un minuto en comprometernos ─ ambas ríen con complicidad, Mónica se aleja solo un poco para mirar a su amiga con el ceño fruncido con profunda diversión, como escrutando la interrogante seriamente. ─ ¿Cómo sonaría mejor?, ¿Paola Farizzi o Mónica Doménico? ─ (risas), ¿Qué locuras dices?... me alegro que ya estés de vuelta ─ Si, yo también me alegro ─ Mónica se recuesta del hombro de su amiga. Los padres de ambas chicas las miran con añoranza y nostalgia, solo sonriendo con tristeza al ver que toda una vida posible y normal se esfumaba delante de todos.
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