Cuarto Reino

Cap. 11.2
Una lágrima rodó por la mejilla de Paola, tomando de las manos de su mejor amiga, Mónica se estremece al contacto, la mirada de Mónica se suaviza al ver como Paola lloraba implorando por su perdón. ─ ¿De verdad… estás… arrepentida? ─ Paola asiente humedeciéndose los labios. ─ Sobre Humberto ─ dijo Paola, la mirada de Mónica se ensombreció. ─ No quiero hablar de él en éste momento ─ ¿Alguna vez te llevó a su casa?, ¿Dijo donde vivía? ─ Paola… ─ Por favor… es importante ─ (minutos de silencio)… No, solo nos veíamos y… y… ─ Mónica se estremece al recordar como la hacia sentir Humberto a la hora de hacer el amor. ─ Él fue el primer hombre en mi vida, ¿Sabes? ─ De eso quería hablar, él nunca te tocó hasta ese punto, él no era… humano ─ ¿Estás diciendo que aun soy virgen? ─ Mónica ríe incrédulamente. ─ Si estás buscando la manera de reconciliarte conmigo, esa es la excusa más barata que has inventado ─ ¡No!, para nada, es verdad lo que digo, lo juro ─ Paola, ¿Te estás escuchando? ─ Paola dice la verdad. Puedo probarlo ─ Mónica mira con el ceño fruncido a Dragnan, éste se acerca al ventanal cerrándolo, sumergiendo su cuerpo en la penumbra de la habitación, de pronto se gira hacia ambas y los ojos de Dragnan brillaban en la oscuridad, como dos gemas de sangre, Mónica se tapa la boca horrorizada y Paola abraza a su amiga en un gesto protector. Dragnan se da la vuelta para abrir los ventanales otra vez, regresando la luz a la habitación, se acerca hasta la cama lentamente, ambas se aferraban una a la otra. ─ Tu novio… “Humberto”, como lo llamabas, no era un simple humano, era un demonio rastreador, te utilizó para encontrar el camino a casa y encontrar a Paola y matarlos a todos ─ Mónica buscaba decir algo, pero solo balbuceaba, tartamudeaba. ─ También se alimentaba de ti, de tu sangre ─ prosiguió Dragnan, inflexible, sin sentimientos, frío ante la explicación. ─ Te hizo sentir de esa manera para que accedieras a todo lo que él te pidiera. Los rastreadores, carecen de emociones, sentimientos, solo un hambre insaciable por la sangre y lujuria sin control y usó tus sentimientos en tu contra, y lo que dice Paola es verdad, no te tocó a ese punto, ya que ellos no poseen… partes íntimas… ahora, la pregunta es, ¿Has hecho un algún trato con el demonio? ─ Mónica ni siquiera podía abrir la boca, sus labios temblorosos no le dejaban articular palabra alguna, inclusive su voz había desaparecido, solo de su boca emanaba jadeos y gemidos de terror, Paola pudo sentir el corazón de Mónica tan acelerado que pensó que explotaría dentro de ella. ─ ¿Has hecho algún trato?, ¿Aceptaste alguna petición del demonio a cambio de algo? ─ insistió Dragnan, Mónica negó con la cabeza casi imperceptible, solo con la mirada llena del puro terror sobre Dragnan, él demonio se acercó, Paola se aferró a su amiga para protegerla, Dragnan se detiene cerca de ambas mirando a Paola, de pronto Paola suelta el agarre de su amiga, en cambio Mónica no quería apartarse de ella, Paola trata de calmar a su amiga; con mucho cuidado y delicadeza, Dragnan la sujeta por la barbilla con su pulgar y su índice, mirándola profundamente a los ojos, Mónica se sumergió en aquellos ojos azul-plata; en silencio, Dragnan analizaba a Mónica. Lentamente, poco a poco, Mónica va aflojando su agarre en Paola hasta quedar atontada contemplando los ojos de Dragnan. ─ Está bien, no ha hecho ningún pacto, está limpia, solo hay que esperar un poco que se la pase el efecto que el demonio tuvo en ella ─ Paola suelta un suspiro aliviada, su amiga estaba bien. No supo en que momento o cuando, pero su amiga ya estaba dormida en sus brazos. ─ Mañana estará mejor ─ con mucho cuidado, Paola acuesta a su amiga abrigándola, Dragnan sale de la habitación y más atrás pisando los talones, Paola lo seguía, antes de entrar al estudio Dragnan se detiene con la mano en el picaporte. ─ Te sugiero que descanses… mañana tienes clase ─ ¿Por qué me ayudas? ─ Del mismo modo que tú me ayudaste a mí ─ sin decir una palabra Dragnan entra al estudio, Paola coloca su mano impidiéndole cerrar la puerta. ─ ¡Me dijiste que me darías respuestas! ─ exigió Paola. ─ Dije que respondería a tus preguntas, pero no dije cuando. Tienes clases a primera hora, ve a dormir ─ Dragnan cierra la puerta del estudio dejando a Paola sola en el pasillo, ella aprieta con fuerza sus puños y dando un gruñido de frustración se dirige a zancadas a su habitación. En el resto de la noche, no pudo conciliar el sueño, a pesar de todo lo que había pasado no se sentía cansada, apartando a un lado el terror de la demostración de Dragnan, se sintió feliz, porque pudo hablar con su amiga, no fue una reconciliación del todo, pero al menos le había hablado. Paola recordó ese instante en que Dragnan reveló su identidad, el hombre no era nada humano, ni siquiera estaba segura si denominarlo hombre, era algo más, algo sobrenatural, un demonio, pero si los demonios son para destruir y corromper, ¿Por qué éste en particular ayudaba?, ¿Qué tenía ella de especial para que éste demonio se tome tales molestias? Paola se levanta pesadamente de su cama, para sofocar el sueño, que ya la comenzaba a invadir, se da una ducha de agua fría, sale del baño secándose el cabello, se mira al espejo para ver cuan demacrado tenia su aspecto por no haber dormido anoche. ─ Por culpa del señor Dragnan ─ pensó Paola molesta frunciendo el ceño, enarca una ceja, sus ojos somnolientos la delataban, así que suspiró con resignación, lo que la mantenía en pie era que hoy es su segundo día de clases, hurga entre el armario en busca de su uniforme, cierra el armario y cuando se da vuelta para colocar el vestido en la cama, recibe el susto de su vida dejando caer al suelo su vestido, Mónica se encontraba en el umbral de la habitación, al igual que ella, con una cara de haber pasado una mala noche. ─ ¿Tampoco pudiste dormir? ─ pregunta Mónica sonriendo a duras penas; recogiendo el vestido del suelo, Paola hace una mueca en afirmación, Mónica se sienta en la cama con los hombros caídos y sus manos juntas sobre su regazo, Paola se comenzaba a cambiar detrás de una pantalla. ─ Quiero ir contigo ─ anunció Mónica; asombrada asoma su cabeza detrás de la pantalla, luego frunce el ceño confundida del motivo del porqué su amiga quería ir con ella al instituto y su cambio tan repentino. ─ ¿Estás bien? ─ pregunta Paola sopesando a su amiga. ─ Estoy aburrida ─ Paola se cambia su uniforme rápidamente. ─ ¿Qué rayos es eso? ─ Mi uniforme o así lo llaman ─ el vestido azul cielo y el corpiño de igual color con brocados de melocotón y blanco, en su pecho al lado izquierdo, yacía el escudo del instituto, el vestido a solo unos pocos centímetros a los tobillos, zapatillas negras brillantes con broches dorados, era un vestido algo extraño, pero bonito. ─ Quiero ir ─ insistió Mónica, Paola medita sobre la petición de su amiga, sin embargo, las políticas eran muy estrictas, no eran aceptadas las visitas o acompañantes, Mónica mostró una cara de decepción y derrota, sin embargo, Paola hablaría con Dragnan al respecto, pero ¿Cómo haría para no llamar tanto la atención?, algo se le ocurrirá después, por ahora no podía pensar bien con el estomago vacío, Paola motiva a su amiga en bajar al comedor a desayunar. El desayuno ya estaba servido, todos se encontraban presentes en el comedor, menos Dragnan, que hizo otra vez sentir su ausencia, todos los presentes quedan atónitos ante la presencia de Mónica en el comedor, la joven expresa una sonrisa apenada pidiendo disculpas por todo lo que había pasado, se disculpó con los padres de Paola dejando escapar un par de lágrimas de arrepentimiento, los padres de Paola asintieron aceptando las disculpas, levantándose de sus puestos abrazándola, comprendiendo por lo que había pasado, ya que ella no sabia con quien se estaba enredando, las cosas eran mucho más que ni sus mismos padres podrían manejar, Claudia y Mario, con lágrimas en los ojos, se levantan para abrazar a su hija con mucho amor y júbilo por su recuperación, cuando los padres de Mónica pasaron al lado de Paola, ésta se estremece por un escalofrío que le invadió de los pies a la cabeza, algo no andaba bien, sin embargo trató de no pensar mucho en el asunto, su amiga se había recuperado y por los momentos, era más que suficiente para alegrarle el día. Ambas se sientan en la mesa, comen plácidamente, todo parecía volver a la normalidad, Lucio y Paola se van a sus respectivos colegios, una vez que se cierra la puerta de la casa, Dragnan aparece invitando a Mónica a su despacho, ésta lo sigue diligentemente con la mirada fija en el suelo y sus manos entrelazadas delante de ella, sumisa, no dijo nada hasta llegar al despacho. ─ Usted dirá, señor Dragnan ─ Dragnan, sin decir una palabra, hurga entre las gavetas de su escritorio, una vez encontrado el objeto envuelto en un pañito blanco, lo coloca sobre el escritorio. ─ Quiero que sostengas algo ─ propuso acercándose a Mónica con el extraño envoltorio, le fue desenvolviendo hasta solo quedar una daga blanca enfundada en cuero marrón brillante, al estar a solo centímetros de Mónica, le hace entrega de la daga, Mónica se encontraba más confundida que nunca. Tomando la daga en sus manos, la saca de su funda, el rostro de Mónica queda cargado de fascinación, nunca había visto nada igual, antigua y a la vez tan sofisticado, Mónica no tenía palabras al ver una daga como esa, parecida a un colmillo blanco con exquisitos grabados en la hoja, grabados antiguos. ─ Debe valer una fortuna… ¿Dónde lo encontró? ─ Es de Paola ─ contestó Dragnan secamente, Mónica detiene su contemplar para mirar a Dragnan con muchas interrogantes en su cara. ─ ¿Cómo que es de Paola?... ¿Es una herencia?, no sabia que sus padres tuvieran tanto dinero ─ Es de Paola por derecho, no es una herencia ─ ¿Derecho?, ¿Derecho de que?... no me diga que usted... no… tiene que ser una broma… sus padres no accederán a que… us, ¡usted podría ser su padre! ─ Soy su guardián, y lo que te acabo de revelar, no debe salir de ésta habitación ─ Un momento, ¡si no me a revelado nada!, ¡¿Cómo que su guardián?! ¡¿Qué quiere decir?! ─ sin decir nada más Dragnan estira la mano para que Mónica le haga entrega de la daga, desde luego Mónica se niega, ella quería saber y mucho menos quería que su amiga se comprometiera con alguien como él, si algo tan costoso como esa daga era el precio para una unión con ella, y la fortuna que los padres de Paola amasarían con aquella daga…, Dragnan se acerca más a Mónica exigiendo la entrega de la daga, Mónica se niega rotundamente ocultando la daga detrás de ella mientras caminaba a un rincón de aquel estudio. ─ No voy a permitir que mi amiga se case con usted ─ Estás entendiendo mal, te entregué la daga por una razón, no es lo que piensas ─ en el instante de que Mónica busca de correr hacia la puerta Dragnan se interpone en su camino en un parpadear, Mónica da un respingo con el miedo inyectado en sus ojos, ¿Cómo se le ocurre a ella confrontar algo como él?, ¿Cómo pudo moverse tan rápido?, sus ojos implacables puestos sobre ella, impasible, como un depredador, se acercaba a ella lentamente, Mónica amenaza a Dragnan con la daga sosteniéndola con ambas manos, éste se detiene. ─ Déjeme salir ─ exige Mónica. ─ Déjeme salir o gritaré ─ No ─ Entonces dígame… ¿Por qué Paola?, ¿Por qué ella? ─ No lo entenderías, es algo que va mucho más allá… ─ Póngame a prueba ─ Dame la daga y te lo explicaré ─ No… hable ahora o apártese ─ un silencio tenso se cruzó entre ellos, y en un parpadear, Dragnan da un manotazo a la daga mandándola a volar lejos de Mónica, la sujeta por le cuello llevándola a una pared cercana y… ─ Paola es mi responsabilidad, ustedes son prescindibles, si a ella le pasa algo, su mundo se acaba… y es mi deber velar de que nada le pase, guiarla a su destino… y te di la daga era para comprobar si aun estabas bajo los efectos del rastreador, hay ciertas criaturas y personas que no pueden tocar la daga, así seas la amiga de Paola, no subestimes mi paciencia ─ Dragnan suelta el agarre del cuello de Mónica, la mujer se le había ido todo color de su rostro mirando aquellos ojos como el hielo. Dragnan, con mucho cuidado, enfunda la daga otra vez y la envuelve en el pañito devolviéndolo al cajón de la gaveta. ─ Ya sabes, ni una palabra… ahora vete ─ ordenó Dragnan duramente, Mónica se levanta a toda prisa y sale de la oficina como un rayo muerta del miedo, dejando la puerta del estudio abierta, llega a su habitación cerrándola con llave, Mónica mira a todas direcciones como loca, buscando, pensando, ella tenia que salir de allí, pero no dejaría a su amiga a merced de alguien como Dragnan. Busca un vestido, se cambia y sale de la casa, sus padres la llamaron para conversar con ella, pero Mónica hizo caso omiso a sus llamados saliendo de la casa como alma que lleva el diablo, tenía que sacar a Paola de ese instituto, no importa lo que haya costado entrar, su vida valía más que todo los favores y cumplidos hechos en nombre de ella, no obstante, no tenía ni idea donde quedaba dicho instituto, tenía que dar con el lugar, luego pensaría en como convencer a sus padres de salir de allí, Mario aparece llamándola con la preocupación reflejada en su rostro, resollando por la carrera tratando de darle alcance. ─ Tengo que encontrar a Paola, papá, y rápido ─ ¿Qué ocurre, hija? ─ Después te cuento, pero debemos sacar a Paola de esa academia, pero ya ─ Si, claro, claro, hija yo te acompaño, pero ¿Qué ocurre? ─ Ya te lo dije, después te explico, papá, pero hay que llevarnos a Paola lejos de aquí ─ ¿Por qué? ─ Papá, el señor Dragnan no es quien dice ser ─ silencio recibió por parte de su padre, luego asiente seriamente. ─ ¿Qué tengo que hacer? ─ ¿Sabes donde queda el instituto? ─ No, pero preguntando se llega a Roma, ¿no?, igual no te preocupes que yo te acompaño ─ Gracias, papá ─ Mónica abraza a su padre reconfortada y aliviada al saber que su padre le ayudaría incondicionalmente y más por su mejor amiga. Ambos se ponen en marcha para el instituto.
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