Cuarto Reino

Cap. 11.1
Cap. 11 Paola llega a la mansión de Dragnan, los padres la estaban esperando en la entrada con mucha alegría, se morían por saber como le había ido en su primer día de clases, al igual que Lucio, ambos abrazan a sus hijos colmándolos de besos, preguntando sobre su día. ─ Hice muchos amigos hoy ─ anunció Lucio con entusiasmo, en cambio Paola solo les sonreía a sus padres con amor, luego desvía la mirada a uno de los ventanales, unos ojos azul-plata la contemplaban fijamente, vacíos, inexpresivos, falto de alma o emoción alguna, como si no fuera humano, Paola le ofrece una sonrisa nostálgica, le saluda y Dragnan se aparta de la ventana dejando caer la cortina cerrándose por completo. ─ ¿Está todo bien, cariño? ─ pregunta la madre de Paola. ─ Si, mamá, estoy bien… ¿Qué hay de cenar?… muero de hambre ─. Juntos, sentados en la mesa como una familia, conversaban de todo un poco, las cosas que habían hecho los padres de Mónica durante el día al igual que los padres de Paola, obviamente Paola y Lucio los ponían al día de lo genial que fue su primer día de clases, sin embargo… ─ Papá… ¿Por qué quisiste estudiar en ese instituto cuando joven? ─ Digamos que fue un… capricho de muchacho ─ Tu padre estaba empecinado en estudiar allí, pero después de varios intentos fallidos… ─ agregó Carlota. ─ Pero gracias al cielo que alguien de la familia logró entrar… y eso me llena de orgullo ─ decía Pietro levantando su copa, brindando en honor a su hija, no obstante a pesar de que no quería prestarle mucha atención a su alrededor, no pudo evitar percatarse de dos puestos no estaban ocupados, obviamente uno era el de Mónica, el otro… posiblemente Dragnan estaría ocupado en su estudio. ─ Él no acepta visitas, mucho menos concede una audiencia ─ recordó Paola, aquella conversación con la secretaria del director Alberti. ─ Papá. Mamá, ¿Sabían que el señor Dragnan costeó todos los gastos del instituto?, inclusive convenció a los directores en darme una beca ─ todos se miran a las caras, no se veían para nada sorprendidos. ─ Ustedes ya lo sabían, ¿No es así? ─ Nos acabamos de enterar hoy cariño ─ contestó Claudia. ─ Fuimos al despacho del señor Dragnan y conversamos un poco ─ agregó Mario restándole importancia. ─ ¿Fueron a su despacho?, ¿Y los recibió? ─ Si, Paola, fue bastante amable de hecho ─ contestó Claudia. ─ ¿Sabes algo que nosotros debamos saber? ─ No, no, nada en particular, solo que me sorprendió un poco, el señor Dragnan no se ve como un hombre muy conversador ─ Pero si lo es, cariño ─ contestó Carlota con una sonrisa. ─ Como verás, no todos son lo que aparentan ─ aquellas palabras dichas por su madre removieron algo muy en el fondo de Paola, o eran ideas suyas o su familia ya no era la misma, algo había ocurrido durante su ausencia y se lo preguntaría ella misma a Dragnan cuando llegase el momento. El resto de la cena corrió sin novedad, todos se fueron a sus habitaciones, los padres de Paola se despidieron de sus hijos dándoles las buenas noches acompañados de besos y abrazos, cuando sus padres por fin se retiraron a sus habitaciones, Paola no pudo conciliar el sueño, sino hasta altas horas de la madrugada, algo no andaba bien, ¿Por qué lanzar una advertencia de algo trágico y de la noche a la mañana todo volvía a la normalidad?, como si nada. Mario visita a su hija, que aun se mantenía con la mirada fija en la ventana, perdida en la nada; acariciando el cabello de Mónica, Mario andaba rogando y orando para que Dios le devolviera la cordura a su pequeña, al levantarse de la cama y llegar al picaporte de la puerta… ─ ¿Papá? ─ Mario se detiene en el acto, asustado, nervioso con su corazón latiendo como el aleteo de un colibrí, era la voz de su hija, su dulce niña, Mario se gira para cerciorarse que no estaba soñando; su hija aun estaba acostada con la mirada fija en la ventana. ─ ¿Mónica? ─ llamó Mario en voz baja, no hubo respuesta, cuando se giró hacia la puerta. ─ No me dejes sola, papá ─ Mario se vuelve a girar para descubrir a su hija sentada en la cama, sus manos entrelazadas sobre su regazo, con sus ojos bien abiertos posados en su padre, con una sonrisa un tanto inquietante. ─ Tengo frío, papá ─ Mario niega con la cabeza con los ojos cerrados con fuerza, los vuelve abrir para encontrarse con una Mónica que lo observaba fijamente sin parpadear, no, esa no era su niña, su sonrisa, su forma de mirar, no es su niña. ─ Papi ─ Mónica estira sus brazos hacia su padre como esperando un abrazo de él, Mario cierra nuevamente los ojos respirando profundamente, su frente llena en sudor, ¿será posible?, cuando los abre nuevamente, su hija… ya la tenía a solo centímetros de él, ¿en que momento se movió sin hacer el menor ruido?, mirándolo con ojos bien abiertos y su sonrisa demencial, su camisola de algodón ondeando al son del frío viento que se colaba por la ventana, descalza, con la única luz que iluminaba gracias a la luna. Mario da un respingo al ver a su hija tan cerca ─ ¿Me amas papi? ─ Mario asiente en silencio tragando saliva con dificultad, considerando el estado mental en la que se hallaba su hija, no vio muy conveniente llevarle la contraria. ─ ¿Qué tanto me amas? ─ Mu, mu, mucho ─ ¿Qué tanto… me amas? ─ Con mi vida, hija ─ ¿Seguro? ─ la sonrisa de Mónica se ensancha ─ ¿Qué harías por tu hija? ─ los ojos de Mónica se oscurecen a tal punto en que sus ojos se llenan de un negro profundo, en el instante que Mario iba a contestar, una daga atraviesa la boca de Mario desde la nuca. Paola se levanta gritando llena de histeria y pánico aun con los ojos cerrados con fuerza, pataleando y luchando, sus padres entran a la habitación en tropel para ver lo que le había pasado a su hija, el motivo de su histeria, Pietro abraza a su niña para tratar de calmarla, Paola temblando de terror mira a sus padres. ─ Mónica ─ susurró Paola. Separándose de sus padres, Paola corre a la habitación de los padres de Mónica, ambos estaban dormidos, fue corriendo a la habitación de su amiga, ella se encontraba acostada con la mirada fija al techo, Paola se frota la parte trasera del cuello ya con su respiración más calmada, algo anda mal, ella podía sentirlo, los padres de Paola la siguieron de un lado a otro confundidos, querían saber que le pasaba, llegando al cuarto de los Farizzi nuevamente, dejando la puerta abierta para que entrase luz, los agita para despertarlos, no hubo respuesta, los agita con más fuerza, nada, al tratar de girarlos, se consigue con algo horroroso, el pecho de Claudia abierto como si fuera un pez, desparramando sus entrañas sobre la cama y los ojos vidriosos fijos a la nada, Paola ahoga un grito tapándose la boca, solo gimiendo de pánico, se gira para ver a sus padres y solo consigue ver a su mejor amiga con una sonrisa demencial, con la cabeza de su hermano colgando en su mano, bañando el piso en sangre. ─ Por tu culpa, maldita ─ fue lo único que dijo Mónica lanzando la cabeza de su hermano hacia ella, en el instante que atrapa la cabeza, ya no era la de su hermano, era la de ella misma. Paola se levanta jadeando, sus manos temblorosas al igual que sus labios, su cuerpo bañado en sudor. ─ Papá. Mamá ─ susurró Paola levantándose de la cama, salió disparada de la habitación sin siquiera abrigarse, llegó a sus habitaciones, se acercó lo suficiente para sentir sus respiraciones, satisfecha se fue al cuarto de su hermano, dormido, paso por la habitación de los Farizzi, dormidos, cuando se regresa a su habitación aliviada y cierra la puerta es sorprendida por Mónica que la esperaba detrás de la puerta con una expresión cadavérica, Paola da un respingo acompañado de un jadeo por el susto. ─ Ayúdame ─ fue todo lo que dijo Mónica antes de desaparecer de su habitación, Paola se sienta en su cama pasándose una mano temblorosa por su cabello, minutos que pasaron como horas, Paola pensaba, meditaba, reflexionaba el como podría ayudar a su mejor amiga, solo un nombre se le vino a la mente, cuando abre la puerta de su habitación para enfilarse al estudio de Dragnan se lleva la sorpresa de que dicha persona ya estaba parada justo delante de ella. ─ ¿Me llamaste? ─ Paola abre los ojos como platos con horror, ¡ella no había abierto la boca para llamar a nadie!, Paola da un par de pasos hacia atrás, tropezando con sus mismos pasos cae sentada sobre la cama con una mano tapándose la boca y otra en el pecho, su corazón desbocado parecía querer salir de su cuerpo, Dragnan entra a la habitación cerrando ligeramente la puerta sin hacer mucho ruido. Ahora Paola con su mente en blanco, bloqueada con la boca abierta, buscando algo que decir o que sus labios articularan algo, todas las preguntas se le fueron de la mente en un parpadeo, solo una se mantenía a flote, ¿Quién es Dragnan?, traga saliva con dificultad, mirando aquellos ojos azul-plata tan profundos que la escrutaban sin mostrar emoción humana alguna, dio pasos lentos hacia Paola, sus pasos no se oían, era como si flotara. ─ Yo, yo, yo no… ¿Quién eres? ─ Hay que ir con la hija de los Farizzi antes de que sea tarde, luego responderé algunas de tus preguntas… vamos, aun queda tiempo ─ con las manos y los labios temblorosos Paola asiente, siguiendo muy de cerca sale de su habitación detrás de Dragnan, solo sus pasos se escuchaban a través del pasillo, pero no los de Dragnan, se movía con gracia, como un felino, sin embargo solo mantenía su vista posada en la ancha espalda de Dragnan, éste abre la puerta para que Paola pudiera entrar, ya dentro de la habitación, observa a su amiga aun mirando hacia el techo, con pasos lentos y cautelosos se va acercando hacia Mónica; nerviosa y algo temerosa, Paola jugueteaba con sus dedos y sus labios formando una fina línea, por su mente pasaban imágenes de cómo era su vida junto a su mejor amiga, compartiendo, riendo, jugando, las pocas veces que peleaban se reconciliaban al momento, diecinueve cumpleaños compartidos. Paola se sienta a un lado de la cama, el ventanal que conducía al balcón se encontraba abierto, con la luz de la luna iluminando la habitación, el viento agitando las cortinas suavemente, como danzares de fantasmas en una coreografía espectral. ─ ¿Mónica? ─ nombró Paola en voz baja, casi susurrando, después de un largo y tenso silencio. ─ ¿Qué haces aquí? ─ pregunta Mónica con voz áspera y monótona, sin despegar la vista del techo con mirada sombría que hizo estremecer a Paola. ─ Me pediste que viniera ─ Yo jamás haría tal cosa ─ Me pediste ayuda ─ Mónica lentamente desvía su mirada hacia Paola, inexpresiva, vacía, Paola traga saliva nuevamente haciendo una mueca, mostrando preocupación por su amiga. ─ ¿Qué puedo hacer para ayudarte? ─ Morir ─ contestó Mónica con los dientes apretados demostrando toda su ira. ─ ¿Qué hice para merecer tu odio? ─ Mónica resopla por la nariz. ─ ¿Y todavía preguntas? ─ la habitación cada vez se volvía más fría, las respiración y las palabras se volvían nubes blancas en sus rostros. ─ Me has quitado lo que era mío… siempre lo has hecho… ¿Qué tienes que todos te prefieren?, te protegen, ¿Eres una puta o una santa? ─ Perdóname… no tenía ni idea… yo… ─ Claro que no tenias idea, siempre eras el centro de todo, todos los chicos giraban en torno a ti, queriendo complacerte solo para ganar una mirada tuya ─ Mónica yo… ─ Solo lárgate y déjame sola ─ No ─ Lárgate ─ repitió Mónica lentamente haciendo denotar su odio. ─ Mónica, quiero arreglar las cosas contigo, quiero reconciliarnos, volver a como éramos, hermanas ─ (bufido), Jamás seremos hermanas, me quitaste lo último que era mío ─ Mónica… sobre Humberto… ─ Ni siquiera lo menciones, te queda muy grande en la boca ─ Él no era lo que decía ─ ¿Y qué sabes tu?, Él me amaba y tu lo mataste ─ Mónica, él iba a matarnos… viste cómo estaba matando a tu padre ─ Él solo se defendió ─ ¿Cómo lo puedes justificar? ─ ¿Cómo puedes ser tan fría? ─ Lo único que te puedo decir y pedir, es perdón, mi intención no era hacerte sufrir de esa manera, no sabía que te sentías así al respecto acerca de mi… perdóname ─.
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