El umbral

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°Presente° Narra Mary: Mis lágrimas se escurrían y empapaban mi rostro. ¿Que estaba haciendo? ¿Que estaba ocurriendo? ¿Por qué yo? El chico con mascara de colibrí, me había despojado de mis prendas para vestirme estilo muñeca de porcelana, se había apoderado del vehículo minutos después de ingresar en el. Mi cuerpo estaba siendo suministrado por inumerables liquidos que ingresaban por vía intravenosa. El hermoso automovil de Jaden estaba oculto a la vista. Este, se encontraba en el garage de una pequeña casa aparentemente abandonada, muy adentro del bosque. Mi cuerpo descanzaba en el asiento trasero del vehículo. Mis labios estaban teñidos de un rosado palido. Cada cierto tiempo el "Chico Colibrí" venía a cambiarme los líquidos, susurraba ante mis labios —" tu no me vas a abandonar, jure que siempre cuidaría de ti"— y se escabullia nuevamente en la oscura habitación, dejandome completamente sola. A pesar de estar conectada a múltiples líquidos algunos de estos vaciavan su contenido lentamente gota a gota. Un goteo intermitente se escuchaba en el oscuro y solitario vehículo. Estos líquidos eran los responsables que estuviera en mi estado actual. Ubicada entre el humbral de la vida y la muerte. —Mirate tan ... pisoteable—susurro aquella ronca voz a unos centimetros de mi. —¡Ya, déjala!—dijo el viento. —Nunca estuve en un bosque— dije sin dejar de mirar mi cuerpo ubicado a unos metros de mi—Ud no son reales —complete totalmente atónita, tras unos minutos de silencio. —No, muñeca. En algo te equivocas—comenzo a decir la oscuridad. —Si estuviste y estás en un bosque Pero, nunca fuiste parte de nosotros.—susurro— Nosotros, si somos reales. Dehecho somos entes que vivimos y compartimos este bosque con las almas que viven aquí. Pero, tú ...— hizo una pequeña pausa—...Nunca fuiste parte de aquellas almas. Nunca perteneciste aquí, no eres parte de las almas que componen este lugar.—completo. —Ahora que sabes la verdad, tienes dos opciones. Dejar este mundo terrenal o seguir luchando por tu infame existencia— Volvió a decir la ronca voz. Me desplome a unos centímetros de mi inmóvil cuerpo. —¿Que sentido tiene vivir en un mundo así? —logre decir entre balbuceos. —Es el precio que debes pagar — escuché decir al viento. —Adelante. Como la cobarde que eres, dirígete a la oscuridad. Abandona este mundo terrenal.—se burló la ronca voz. — Abandona este cuerpo, y acaba con tu dolor — dijo la oscuridad con dulzura. —Pero, si lo aceptó. Jamás podré saber ¿quién lo hizo y por qué yo? Abandonaré toda la fe que e impregnado en cada uno de mis objetos. Y divagare sin rumbo y llena de remordimiento por un mundo que nunca podré palpar nuevamente. — susurré entre sollozos. El silencio nuevamente reinó sobre el lugar, tras unos minutos de perpetúa penumbra pregunte — ¿Quien es el responsable de entregarme dichos regalos? —. No se escuchó más que un silencio sepulcral. Tras unos minutos parecía que los tres entes se habían esfumado de mi presencia, de mi subconsciente y me habían dejado sola a mi merced. En un lugar oscuro, frente a un cuerpo inmóvil. Levanté con firmeza mi rostro, con el firme deseo de despertarme. En ese momento mis ojos chocaron con tres entes corpóreos. La primera, una chica con piel blanca, ojos miel, y su cabello color azabache, el cual caía caprichosamente por su rostro. Vestia un vestido señido al cuerpo, con mangas holgadas. La segunda, una chica con piel terza color morena, al contrario de la primera vestía ropa mucho más corta, sin dejar nada a la imaginación. Sus ojos eran color azul cielo y su cabello estaba recogido por una infinidad de trenzas. Finalmente, el último. Un muchacho mucho menos arreglado que las dos primeras, su ropa se encontraba rasgada, un pequeño rasguño acompañado de dos moretones se asomaban en la comisura de sus labios, sus ojos eran de color negro, y observé claramente como de su bolsillo colgaba una pequeña pistola gris. Me quedé perpleja por unos minutos. ¿En qué momento habían entrado estos tres aquí? y ¿Por qué parecía que podían verme? —Andale Mary, deja de mirarnos así. Parece que se te va a caer la baba por ver tanta hermosura. —Bromeo la primera chica. —Calla oscuridad, la confundes.—dijo el tercer chico. —No le hagas caso, ellos siempre se tratan asi—dijo la segunda chica. Un momento, dos chicas y un chico. La primera, oscuridad. Segunda, Viento y el tercero, la ronca voz. ¿Quien era la ronca voz? y por qué hasta ahora aparecía ante mi. —Tu—señale al tercer chico— ¿Quien eres? —pregunte sin duda alguna. Ambas chicas lo miraron con burla. —Yo, mi querida Mary. —Se inclino ante mi — soy la esperanza. —dijo a unos centímetros de mi rostro —El brillo color amarillo que depositaba cada cierto tiempo múltiples objetos aparentemente sin función en aquel roble. Tus obsequios. Tus regalos, son transportados por mi. — sonrio burlonamente—Aveces, brindo esperanza plasmandola en pequeños detalles. Pero, otra veces brindo... —...Panico, sensación de muerte, desesperación, irá, cólera. ¿Quieras que siga enumerando?— le interumpio el viento. El chico le miro de reojo—¡Eso depende ella!— me señalo—deoende de su deseo más profundo. La oscuridad se dirigió a mi persona, empujó levemente a la esperanza para abrirse paso. Posteriormente, se acurrucó frente mío.—Dime, Mary ¿Ya tomaste tu desicion? Dirigí mi vista a cada uno de los entes corpóreos e asentí firmemente mientras observaba mi cuerpo inmóvil. La esperanza sonrío burlonamente antes de ofrecerme su mano.
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