El umbral

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—"¿Estás segura que quieres terminar esto con ella aquí presente?" — susurraba Anamaria a ambos chicos. —"Tranquila, ¿que tan malo puede ser?" —respondio el chico antes de abrir el baúl y sacar de este una tablet de color pastel. ¿Que era eso? —"Bueno, chicas como siempre. La foto"— Dijo el chico. De su bolsillo saco un camara digital. Está se parece tanto a mi camara. Pero, mucho más limpia y menos rota. —"Digan, ¡fin!”—grito el chico antes que llegara una la luz de flash. Antonia se acercó a mi. —"¿Segura que no quieres irte? todavía podemos llevarte a la fiesta de Mauricio". — dijo la peli blanca. —"Bueno, ya suficiente. Desde que salgo con Mauro no eh compartido tiempo con ud Chicos, yo quiero disfrutar cada minuto que me queda. Quiero estar con mis mejores amigos. Y con Tigo Anamaria". — dije bruscamente. Los chicos y yo nos abrazamos tiernamente. El sonido de un mensaje de texto interumpio el momento, los chicos se separaron de mi abrazo con nerviosismo. ¿Que estaba sucediendo? —" Bueno chicos, ya saben lo de siempre a esconderse. — Dijo Antonia — Pónganse sus pasamontañas y sigan las instrucciones de sus celulares, apartir de ahora no nos conocemos" — me observó . —"Hermosa Mary...—comenzo a decir el chico— esto es para ti, no te lo quites hasta las 4am" — me entrego un pasamontañas. —"Te recomiendo quedarte en el carro y apesar de escuchar algún ruido no sali. Es recomendable que no te hagas en los asientos si no en el piso. Apartir de ahora tienes que defender tu vida Mary Antonella"— dijo la morena antes de sacar del baúl del coche una Acha. ¿Que estaba sucediendo? Me estremecí, —"no podemos ir a casa"— comencé a decir mientras un pequeño Tic me comenzaba en el ojo. Los tres chicos se miraron con pesar. —"Si quieren déjenme en el parque principal, caminaré hasta donde Mauro" — dije temerosa. Anamaria me abrió la puerta del coche, entre a este decidida en irme. —"Lo siento, pero ya es demasiado tarde para irnos"— Dijo la morena, antes de estamparme la puerta en la cara. El chico sumergió su mano en los bolsillos de sus jeans. De este saco las llaves del coche, abrió la puerta del conductor e arrojo estás dentro del coche. —Espero que no las necesites, y escuches lo que escuches. NO SALGAS DEL COCHE. —¡Jaden! —se escucho en la lejanía. El chico, el cuál respondía aparentemente al nombre de Jaden me médico una sonrisa, que pareció una mueca. Antes de cerrar la puerta y dejarme en aquel coche. Recogí las llaves, y le puse alarma al carro. Me arrope con una de las chaquetas que encontré en la parte trasera del coche. Prendí mi celular. Ni una sola llamada. Ni un solo mensaje. Ingresé a la app de spotyfi y reproduje mi playlist de "música para dormir". Si iba a estar atascada en este coche toda la noche tendría que recuperar el sueño que había perdido en las últimas semanas. . . . La imagen se dicipó y pronto me encontré en medio del bosque. El frondoso árbol no tenía hojas, un fino escalofrío me recorrió. Recorrí con mi mirada cada rincón del bosque, no encontré a nadie. Cuando me iba a dar por vencida lo escuché. —Nunca, pensaste que sería la última vez que despertarias...— murmuró aquella ronca voz. —...Hasta ahora— complemento la oscuridad. —¿Que sucedido? —pregunte torpemente, mi vista estaba fija en una rama. No se escuchó nada por unos momentos. —¿Que paso? — volví a insistir. Otro silencio. —Quiere saber que sucedio— Está vez hablo el viento. —¿Crees que estás lista para saberlo? — Volvió a hablar la ronca voz. —Si, estoy lista—solo habría una oportunidad y si está era quería aprovecharla. Antes que me despojaran de todos mis recuerdos. Necesitaba saber todo. Necesitan saber sobre mi existencia. —¿Estás segura? Si no quieres ver. Solo tienes que gritar. — dijo la oscuridad. —Lo tendré en mente—mucite. —Grita y todo tu dolor desaparecera— volvió a decir la ronca voz. Asentí levemente con la cabeza. El frío y opaco bosque fue transformado en el interior del vehículo. Me veía a mi misma, acurrucada entre ambos asientos. Mi pequeño y delgado cuerpo se encontraba incomodamente entre el espaldar del asiento del conductor y uno de los asientos de la parte trasera. Mi celular descansaba en el tapiz del carro a unos centímetros de mi rostro. Me veía tan tranquila durmiendo. El vestido blanco con el cuál siempre estaba vestida se encontraba debajo de mi. Parecía que lo hubiera escogido como un colchón.
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