La Boda de mi Ex

Capítulo Cuarenta y Uno
En la tarde del día siguiente estábamos un poco lejos de la casa de Allie. me acomodo la mochila al hombro mientras dejo escapar un suspiro totalmente abatida. —Necesitas esto —habla Allie pasando su brazo por mis hombros mientras miraba el edificio—. Entrarás y sacarás todo lo que lo que tenga su sello. —Vamos, no quiero que mi mamá sepa que vine a esto. Habíamos tomado un avión a primera hora de la mañana con dirección a Nueva York con el fin de borrar cualquier rastro de la presencia de Alexander en mi vida y no tenía nada de que preocuparse dado que Allie arregló todo en casa, en el trabajo y con Christian, a este último tuvimos que limitarnos a decirle lo que era únicamente esencial. Así que entramos a mi casa para ir directamente a donde era mi cuarto, el cual mi madre había conservado perfectamente en orden, de debajo de mi cama saqué una pequeña caja con fotos y cartas, al igual de las que estaban escondidas en mi escritorio y un suéter que estaba en mi armario. Era a lo único que habíamos venido.  Al salir, Allie pidió un taxi para que nos llevara al penthouse del novio de su madre el cual nos lo prestó amablemente y que contaba con una excelente vista hacia Central Park aunque no puder verlo muy bien ya que la rubia me hizo lanzar mi mochila a un sillón para forzarme a subir por unas pequeñas escaleras hacia la azotea, la cual la habían convertido en pequeño jardín y en medio de este había un pequeño espacio para hacer fogatas. —¿Lista? Ella comienza a hacer los arreglos para encenderla mientras yo tomaba las cosas para pegarlas en mi pecho, y así comenzó la denominada "primera noche de mi nueva vida" lentamente comencé a lanzar las cosas para que las llamas las devoraban lentamente cada recuerdo generado, cada foto tomada con la cámara Polaroid de su hermana e incluso era como si las llamas quemaran los recuerdos que estaban en mi mente, cada cosa desvaneciéndose y dejando todo en orden para nuevos recuerdos. —Ponla ahí —escucho que ordena con el rostro serio. La volteo a ver confundida y me señala notando que estaba abrazando el suéter contra mi pecho, había sido la única prenda que me permití quedarme cuando huí del departamento que compartíamos en una oscura noche de lluvia. Respiro hondo y lo lanzo a la luz anaranjada y miré cómo se consumía de poco a poco, al desaparecer dejé escapar un suspiro. Aquel peso y aquellos recuerdos se convirtieron en cenizas y desaparecieron tanto en mi mente como en mi corazón. —¿Christian sabe dónde estamos? —pregunto tras unos segundos en silencio. —Dije que iríamos a algún lado, que no se preocupara pero que regresaríamos a tiempo para su cumpleaños. —He sido una idiota, ¿sabes? —volteo a ver la ciudad neoyorquina—. He estado malgastado mi vida pensando en él cuando ahora te tengo a ti, a Christian, mi hermano y una vida mucho mejor que la de hace un año. Ella se acerca a mí dándome un leve empujón mientras sonreía, mirando también hacia la ciudad. Ahora sólo sería la boda y ya no habría ningún anclaje que me hunda. Viviré como se debe ahora con las personas que tengo y haciendo un mejor esfuerzo siempre. —Gracias —la miro de reojo—. Por todo. —Para eso son las mejores amigas, ¿no? —Bueno, ¿y ahora qué haremos? Mi plan era volver algo día siguiente pero como ahora nos quedaban dos días en Nueva York estaba casi cien por ciento segura de que ella ya tenía todo planeado. —Vamos a salir. En mi mochila sólo había empacado ropa sencilla, mi pijama y mi neceser pero en la maleta que ella traía había ropa para quedarse una semana entera sin siquiera repetir el mismo conjunto así que no tuvo ningún problema en lanzarme una falda plateada y una blusa blanca sin mangas con un escote un poco pronunciado, también sacó un vestido de lentejuelas doradas, al final rendida completamente y sin interés de hacerla enojar me dedico a darme una ducha rápida y arreglarme. —¿Por qué empacaste tacones? —¿Qué clase de persona sería sino los trajera? —responde cuando sale del baño y se ponía unos aretes. —Una persona normal, tal vez. Me da un leve empujón sacándome una sonrisa, aunque era ropa que sólo Allison usaría no me sentía insegura con ella. Estaba en la ciudad donde crecí y donde sufrí bastante pero al final, todo había dejado de doler y había desaparecido la sensación de miedo, me di cuenta que después de todo estaba empezando a sentirme bien.  Cuando la rubia estuvo lista tomamos dinero suficiente para pasar la noche y salimos, uno de los muchos superpoderes que podría tener Allie, era que siempre sabía dónde quedaba el mejor club nocturno o donde buscar a los chicos guapos aunque en esta ocasión, sólo íbamos a divertirnos nosotras dos únicamente. Pedimos un taxi dónde le di la dirección al señor, y está vez me tocó a mí pagar. Al estar afuera del club tuvimos que esperar en la fila unos 10 minutos hasta que logramos pasar a los sujetos de seguridad para entrar en un ambiente lleno de luces de neón que iluminaban cada lugar y la música estridente donde todos bailaban en el centro. Nos acercamos a la barra pidiendo unas cervezas y haciendo que el que nos atendía nos guiñara el ojo generando risas de parte nuestra como si fuésemos chiquillas. Conforme a cada trago que daba me sentía más eufórica envuelta en el ambiente, en algún punto de la noche ya estábamos bailando animadamente en el centro de la pista al ritmo de alguna canción de Beyoncé. —¡Ya vuelvo! —hablo en voz alta cerca de su oído—. Voy por otro trago. Ella asiente y la dejo un poco mareada pero capaz de caminar de manera decente así que pedí un vodka a lo bebí de un trago sintiendo el líquido quemar mi garganta, en mi cerebro ebrio salió el pensamiento de Christian, así que pido una cerveza y preguntó por un teléfono a un grupo de chicas el cual me señalan uno un poco alejado de la pista de baile, camino hacia el metiendo el dinero y marcando el número. —Hola guapo —murmuro en cuanto noto que contesta. —¿Eryn? —¿Tienes alguna idea de lo sensual que eres? —hablo arrastrando las palabras—. Podría comerte a mordidas. —¿Estas ebria? —le escuchó hablar por el teléfono. —Sí Mi cabeza estaba tan nublada por el alcohol que no me importaba nada así que comencé a reír a carcajadas sin saber el porqué. —¿Dónde estás? —No tengo idea —me distraigo un segundo viendo a muchas personas rodeando una mesa—. Pero me estoy divirtiendo mucho. Le doy un trago a la cerveza notando a Allie encima de la mesa bailando al ritmo de la música y al verme comienza a hacerme gestos para que me acerque. —Ya me voy, Allie está bailando en una mesa. —¡Eryn, dime donde estas! —No te diré, Allie dijo que no debía decirte nada. Cuelgo la llamada alcanzando a escuchar como gritaba por un segundo sintiendo la euforia y me decidí a subir a la mesa con Allie aunque y tal parece que mi diversión acabó de forma abrupta por unos hombres que llegaron a bajarnos de la mesa pero sin siquiera lastimarnos, por unos segundos debatieron cómo llevarnos pero al final nos cargaron para subir a un coche, sólo cerré mis ojos y me dejé llevar. Cuando desperté la cabeza me dolía al igual que el cuerpo y noté que seguía con la misma ropa de ayer y que lo que me hizo despertar fue el ruido de alguien pelear en voz alta afuera del cuarto. Me envuelvo en la cobija y camino con pasos torpes saliendo de la habitación pero encontrando a Bornout sentado en el sillón y créanme que decir que estaba ligeramente molesto era poco.
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