La Boda de mi Ex

Capítulo Treinta y Nueve
Comienzo a correr por las escaleras y del edificio con los pulmones ardiendo y las piernas adoloridas y en cuanto abro la puerta de madera con el hombro noto que Christian, quien tenía sangre en la ceja y en algún punto del hombro que fluía muy rápido el líquido rojizo, me acerco a él haciendo presión en la herida. En uno de los sillones de su oficina estaba Alexander mirándome con los ojos fijos en mi rostro, tenía el labio partido pero eso no le impedía sonreírme. Miro a Chris por unos segundos y luego su herida, sin más me levantó y sin saber con qué valentía me acerco al chico que una vez amé y sin pensarlo lo golpeo en el pómulo sintiendo el dolor recorrerme toda la mano. —¡Te dije que me dejarás sola! —grito dándole un golpe tras otro. Siento unos brazos alrededor mío que me abrazaban, volteo unos segundos encontrando el rostro de Alexander a centímetros mío con una sonrisa llena de orgullo. —Mira lo que has hecho —susurra señalando hacia el frente con la barbilla—. Eres igual de peligrosa que yo. Regreso la mirada viendo a la persona que estaba en el suelo pero notando que quién se encontraba ahí era Christian. Despierto sobresaltada y desorientada por unos segundos hasta sentir que los brazos de Christian se envuelven sobre mi cuerpo, noté que lo había despertado también. —¿Estás bien? —pregunta en un susurro ronco. —Sí. —¿Segura? —vuelve a preguntar. Me doy media vuelta quedando frente a él, las palabras que dijo Alexander en mi cabeza resonaban pero decidí no contarle, así que simplemente asentí y me acomode quedando lo más cerca de él. —Cántame —suplico. Christian aún confundido sólo me abraza dejando un beso en mi cabello para empezar a tararear lo que era una canción de cuna, cierro los ojos permitiéndome dormir de nuevo pero con la sensación de miedo recorriendo mi cuerpo. Con el sonido de la alarma la cual apago para recorrer con los ojos cerrados el lado donde debería estar Christian pero sólo sintiendo su ausencia, me levanto hasta sentarme en el borde de mi cama recordando aquel sueño. —¿Por qué sigues destrozando mi vida? —murmuro a la nada. Dejo escapar un suspiro levantándome al fin hacia mi ropero para tomar un short y ponérmelo, me acomodo un poco mi cabello y salgo en búsqueda de Chris hasta encontrarlo en la cocina dándome la espalda, me acerco en silencio y lo abrazo por la cintura. Él al ser sorprendido sólo volteo por encima del hombro y relajándose al instante. —Eres tú. —¿Esperabas que fuera Jay? —bromeo. —Tal vez —responde con una sonrisa siguiéndome el juego—. El problema es que se fue hace media hora. —Tengo que hacer algo con él. —¿Por qué lo dices? Christian había preparado el desayuno dejándolo listo en la mesa, así que mientras ambos comíamos le conté de lo que estaba pasando con Jason desde su llegada inesperada de los ejercicios marítimos, su ahora recién adquirida costumbre de tomar de manera desenfrenada y manejar su moto hasta su baja definitiva del ejército. —... Ethan cree que sea por algo mental en vez de algo físico —concluyo dándole una mordida a la tostada— ¿Qué opinas? —Yo creo que es estrés postraumático —pronuncia lento—. Es lo que afecta más a los soldados. —¿En verdad lo crees? —Lo supongo pero alguien del ámbito médico te podría decir mejor, podríamos llevarlo con el médico que te atendió. No podía aceptar de momento aquella oferta, porque sentía que primero debía hablar con mi hermano para saber que era realmente lo que pasaba, si tan sólo tuviera tiempo para hablar con él ya que se iba muy temprano y regresaba muy tarde. Al acabar el desayuno y llevar los platos en el lavavajillas, en lo que Christian veía quien le traería un cambio de ropa para irnos juntos al trabajo me meto a bañar disfrutando por unos minutos de la cálida lluvia artificial, salgo envuelta en una toalla caminando directo a mi cuarto. Me visto con un vestido rojo de manga larga y mis botines negros de tacón, decido dejar mi cabello suelto haciendo que se noten sus ondas naturales y me maquillo solamente con rímel, rubor y labial. Cuando estaba arreglando mi bolsa Christian entra con un porta traje, y con una pequeña bolsa de papel blanco que extiende a mí antes de retirarse para darse un baño también, en la bolsa noté al instante que eran dos playeras nuevas para mí colección de pijamas, la acercó a mi rostro oliendo la loción que él usaba, sonreí instantáneamente. Por mi cabeza volvió a rondar la lo que me había dicho hace un tiempo sobre mudarnos juntos, prácticamente ya no necesitaría de sus playeras o de pedirle que se quedara dormir conmigo porque al final de cada día dormiría plácidamente entre sus brazos, era una idea tan seductora que casi quería ya guardar mis cosas e irme pero me detuvo mi hermano, aún cuando quería mi felicidad a lado de Christian primero tendría que arreglar lo que estaba ocurriéndole a Jay. Al salir de la casa subiendo a la camioneta negra que nos llevaría al trabajo le mande un mensaje a mi hermano para ver si podía pasar por mí cuando saliera esperando que realmente aceptara. De momento, para mí todavía era raro entrar al edificio tomada de la mano de Christian sintiendo la mirada fija de todos, en especial de las mujeres que trabajaban ahí, si tan sólo las miradas mataran ya habría sido asesinada múltiples de veces. Lo primero en la agenda era ver lo de un posible viaje dónde sólo iría Christian a Washington para una entrevista, así que estuve como siempre, organizando el vuelo pero tenía la anotación de que sólo iría él está vez. Aunque se me hizo raro decidí sólo hacer mi trabajo organizando la reserva de hotel, pidiendo el plan de vuelo y haciendo una llamada hacia quienes dirigirían la entrevista para confirmar todo.  Después de ello, me despedí de Cass y bajé al piso 23, dónde todo estaba tranquilo y no se veía que hubiesen problemas con la boda de la chica mimada y las variables de blanco con otros colores ya estaban esperando para ver a cual le daría su aprobación. —Señorita Pryest —me llama una chica de las que estaban atendiendo a quienes llegarán al piso 23 —. Un hombre llamado Jason está buscándola en la recepción. —Dile que ya bajo —respondo dejando todo en la mesa. Tomo mi bolsa y le doy la carpeta a un chico para que de la de a Mike y revise los ajustes que había hecho. En el elevador le avisé a Christian que me iría con mi hermano y que todo estaba listo para su vuelo en la noche. Al salir y pasar por los revisores estaba mi hermano atrayendo una que otra mirada furtiva. —Hola hermanito —saludo—. Pensé que no vendrías. —Realmente no tenía otra cosa que hacer —se encoje de hombros—. Ethan me obligó a no llevarte en la moto por lo que iremos en la camioneta. —Me encargaré de que alguien regrese la moto a la casa —aseguro notando cómo veía su moto a través del cristal—. ¿Vamos? Él asiente metiendo las manos en la chamarra negra mientras salíamos del edificio y subíamos a la camioneta negra, Ethan ya sabía a dónde iríamos por lo que sólo encendió el motor y se internó en el tráfico habitual de Los Ángeles. Esperaba que realmente mi hermano fuera capaz de confiar en mí para decirme lo que había pasado en el ejército como para darlo de baja definitiva, después de todo, si él me cuidó y me ayudó en mis momentos malos hace un tiempo atrás ahora era mi deber y mi responsabilidad cuidarlo pero para hacer ello necesitaba saber exactamente qué estaba ocurriéndole sólo deseaba que no sea algo tan grave.
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