La Boda de mi Ex

Capítulo Treinta y Ocho
Me encontraba sentada en una de las múltiples mesas que estaban ahí dando sorbos a la copa de champagne que me habían traído, Christian se había ido en búsqueda de sus padres saludando en su camino a toda persona que se le acercara. Estaba en medio de una ligera crisis dónde no sabía si seguir sentada sosteniendo la copa como si mi vida dependiese de ello o levantarme a caminar por el lugar aunque de hacerlo estaría completamente sola y Christian tardaría más en encontrarme por lo que decidí quedarme sentada. Recordaba a la madre de Christian pero en ese momento yo era una simple empleada del montón y ahora iba a ser presentada ante ella como su novia. Dejo escapar un suspiro para después notar a alguien sentándose a mi lado. —Si suspiras de esa forma es porque algo va mal —señala mirándome fijo—. ¿Todo bien, querida? —Sí, es sólo que nunca había venido una fiesta como está. —Eres muy joven para ser de los amigos de Julia y Dave, ¿amiga de Christian o de Morgan? —Un poco de ambos podría decir. —¡Oh, espera! Pero que descortés soy, me llamo Elise —extiende su mano hacia mí—. Fui la niñera de los Bornout hace unos años. —Mucho gusto —estrecho su mano con una ligera sonrisa—. Eryn Pryest. —Veo que ya se conocen. Christian estaba frente a nosotras con una sonrisa, unos cuantos pasos atrás se encontraban sus padres saludando a unos señores aunque sabía que vendrían así que me levanto intentando no hacer notar mi nerviosismo aunque para él no pasó desapercibido porque me tomó de la mano dándome un ligero apretón para darme valentía. —¿Lista? —pregunta al ver a sus padres acercándose. Asiento rápido mordiéndome el interior de la mejilla, su madre me observa sorprendida al notar quién era para luego mirar a su hijo esperando una explicación del motivo de mi presencia. Los nervios que sentía me hizo recordar cuando, en otro tiempo, fui presentada ante la hermana y la madre de Alex. —Ella es Eryn —pronuncia Christian—. Es mi novia. Su madre nos mira a ambos con la mirada sorprendida antes de soltar un ligero grito de alegría para abrazar a su hijo. —Gracias Dios mío —habla para tomar mi rostro entre sus manos—. Esto es increíble, ya sabía yo que ustedes terminarían juntos desde el primer momento en que los ví. Me abraza por unos segundos haciendo que soltara la mano de Christian mientras mi vista se posa en su padre el cual estaba centrado completamente en su hijo al cual sólo le asiente. Cuando su madre se separa, él extiende su mano hacía mí, al extender la mía para estrecharla tira de mí para abrazarme también. —Espero que mi hijo no te cause tantos problemas —comenta separándose de mí pero tomándome por los hombros—. Puede ser un necio a veces pero es un buen hombre. —Pues, hasta ahora no han sido tantos —le respondo volteando a ver a Christian quién puso los ojos en blanco. —¿Me permiten a mi chica? —habla viendo a sus padres—. Me gustaría bailar con ella. Ellos nos dejan para sentarse donde momentos atrás yo estuve para saludar a Elise, él me vuelve a tomar de la mano para llevarme al centro del salón donde una canción lenta sonaba.  Aún no me acostumbraba a la sensación de cercanía y seguridad que Christian transmitía cada vez que lo tomaba de la mano o siquiera cuando me miraba con aquellos ojos grises hipnotizantes, cosas así bastaban para hacer que mi corazón lata alocado y mi estómago se llene de cosquilleos. Era esa clase de sensación que creí nunca iba a volver a sentir. —¿En qué piensas? Lo volteo a ver unos segundos mientras nos movíamos al compás de la música, me hace girar mientras pensaba qué contestarle. —Pienso que eres una clase de milagro en mi vida. —¿Por qué lo dices? Niego con la cabeza, no le diré aún no. Christian me mira por unos segundos y al final tira de mí mano para sacarme del salón con una sonrisa quisquillosa lo que hizo que la curiosidad me inundara mientras caminaba detrás de él siguiéndolo por la enorme mansión que tenían sus padres hasta que se detiene en una habitación para abrirla. Las paredes de un tono azul muy oscuro fue lo primero que ví al entrar, era la habitación de alguien, había un escritorio con una pila de libros completamente acomodados junto a unos cuadernos y la cama era lo que más ocupaba espacio de lugar. —Déjame adivinar —empiezo a hablar caminando por el lugar—. Es tu habitación. En uno de los libreros que habían ahí encontré varios libros sobre finanzas y economía, varias fotos estaban colgadas en las paredes: algunas de su familia y otras de lugares a dónde había ido. Me centro en una dónde se ve a un Christian bastante joven junto a Morgan cuando siento sus manos rodearme por la cintura y dejar un beso en mi hombro desnudo. —Bienvenida a mi habitación —murmura cerca de mi oído. —Eres peligroso cuando hablas de esa forma. Ríe haciendo que mi cuerpo vibre bajo el movimiento de su cuerpo, vuelve a besar mi hombro y me gira para quedar frente a él, sus ojos grises recorren mi rostro por unos segundos cuando posa una de sus manos en mi mejilla, de un segundo al otro sus labios se deslizan sobre los míos. Fue una leve caricia tan suave como el roce de una pluma, un ligerísimo roce de su labio inferior con los mío. Se separa sólo un poco dejando un pequeño espacio entre nosotros, muy pequeño con nuestros rostros casi pegados, mi estómago cosquillea alegre al sentir la pasión que brotaba de ambos y podría jurar que cualquier persona escucharía cómo latía mi corazón golpeando mi pecho queriendo salir. Y de nuevo, aquel pequeño espacio desapareció entre nosotros y lo único que quedó fue el beso. Intenso y profundo. Christian hunde las manos en mi cabello aferrándose a él haciendo que me pegará más a él, deslice mis manos por su pecho desabrochando su camisa blanca y mis manos recorrieron su piel haciendo que temblara. Empuja mi cuerpo llevándolo hacia la cama obligándome a acostarme en el mullido colchón, se pone encima mío sosteniendo su peso entre sus brazos sin dejar de besarme pero haciendo cada vez más intenso aumentando el calor de mi cuerpo. —Nos van a extrañar en la fiesta —murmuro ahogando un gemido al sentir sus labios recorriendo mi mandíbula y mi cuello. —Que lo hagan —responde ahora mordiendo ligeramente el lóbulo de mi oreja. Eso fue lo último que hizo que me desconectara del mundo a mi alrededor y sólo me centrara en el hombre de ojos grises ante mí. —Deberíamos volver —murmuro. Muevo mi mano acariciando su piel con la punta de los dedos a la vez que escuchaba el latir de su corazón, por un instante mi atención se volvió a centrar en el tatuaje de ancla que tenía en el costado de su abdomen por las costillas. —Esta bien, un rato más y nos vamos —murmura levantándose. Me deleito un par de segundos admirando el cuerpo desnudo Christian, así que cuando nota que no me había movido se acomoda el bóxer para tomarme de la mano y sentarme en el borde de la cama envuelta en la sábana. —Por más que ame verte así —se acerca para besarme en la frente—. Tienes que vestirte. Dejo escapar un sonido de fingida molestia pero comienzo a vestirme sin decir más, como pude, arreglé el desastre que se convirtió mi cabello hasta hacerlo ver más decente, me acomodo uno de los tacones para al final arreglar el cuello de la camisa a Christian robándole un beso para después salir de nuevo hacia el salón donde parecía que nadie había notado nuestra ausencia. En toda la noche no me separé de Christian en parte porque me tenía tomada de la cintura hasta que tuvimos que retirarnos pero tuve que prometerle a su madre que saldría con ella un día para tomar café. —Tus padres son agradables —comento en el camino de regreso a casa. —Mi madre ahora te adora, ¿sabes? —Es porque soy encantadora. Ríe por unos segundos ante mi respuesta, y por una petición mía decidió quedarse a dormir en mi casa, más que nada porque estaba en un punto en que necesitaba su presencia. Lo necesitaba cerca, así que cuando entramos en silencio para no despertar a mi hermano —si es que estaba en casa— al llegar a mi cuarto, saqué la pijama que había dejado aquí hace un tiempo mientras que yo me ponía una de sus tantas playeras como si fuera un vestido. Pero quisiera que su presencia, su calor y la forma en que envolvía mi cuerpo con sus brazos dándome seguridad ayudará a alejar las
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