El umbral

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Caigo de bruces, me levanto a tientas, mis rodillas sangran, una fina capa color carmesi decora las medias blancas. Logro ver el viejo roble, este está florecido. Esquivó con éxito las hojas que van en mi dirección, grito fuertemente cuando veo que la luz amarilla está apunto de depositar mi nuevo presenté. Antes de poder alcanzarla una rama se enreda en mis pies haciéndome tropezar, veo como el robe se ilumina por una fracción de segundo. Una caja aparece en mi campo de visión antes de perder el conocimiento. Se a ido mi oportunidad. El goteo intermitente hace ruido en mi subconsciente. Cada cierto tiempo la luz llega a este paradero, deposita un presente aparentemente sin función. Si logro alcanzarla alberga un nueva memoria en mi, de lo contrario la oscuridad me arrebata una. Y hoy a Sido el día en el cual una de mis memorias será extraída de mi... Yupi, ahgs. ¿Recuerdas que te dije que las memorias son los recuerdos que nos hacen quienes somos? ¿Que sentirías si estas, te son arebatados cada cierto tiempo? ¿Tiempo? Si, es algo muy subjetivo aquí. La verdad el tiempo aquí es muy subjetivo, no sé si sean horas, días u años. Solo se, que las plantas aqui florecen y mueren completando su ciclo de vida. Pero, alcontrario de ellas, yo permanezco exactamente igual. Las cicatrices que me hago aquí se curan increíblemente rápido, pero no puedo decir lo mismo de la ropa... Volviendo a mis recuerdos. No puedo recordar el rostro de mis padres, o algún familiar. Mucho menos mi memoria más valiosa, supongo que estás son las primeras que te arrebatan al llegar aquí. De lo contrario, serías una molestia. Tendrías por qué luchar, y eso no es algo beneficioso para este lugar. A menudo me preguntó si acaso no soy un experimento... pero si lo fuera me encontraría con otras personas como yo. Otras réplicas, otros datos... no un experimento olvidado a su suerte... Me levanto del suelo, limpio mi mejilla izquierda, ya no recuerdo cuando fue mi último baño, sacudo mi falda y dirijo mis pasos al roble. Cuando llegó, veo una caja mediana de cartón. Genial, y yo que pensaba que era una lupa... Abro sus orejas con sumo cuidado, un cuaderno es lo primero que logro ver, la caja trae con sigo múltiples objetos: un pequeño espejo, un cuaderno con el diseño de un colibrí, un sobre y unas flores marchitas. En la base de la capa descansa una capa de tierra color negro. Desempolvó el espejo, me doy cuenta que este no es un espejo común, es el espejo retrovisor de algún coche. Veo mi reflejo en el. Ojos color miel, unos finos y delicados labios, y mi rostro lleno de pecas se refleflejan en el reflejó del espejo. Mi enredado cabello cae pesadamente sobre mi rostro. Depósito el espejo frente la cámara digital. Observó está última con pesar, tenía la esperanza de poder ver el contenido de esta. Pero, creo que es demasiado para pedir. Incluso para mí... El cielo se escurece rápidamente, es ella. Está enojada. La oscuridad está enojada y antes que llegue tengo que ver mis regalos. Agarró el esfero, y lo enredó en mi cabello. Le doy una rápida vista al cuaderno. Colores, tachones y letras cursivas es el contenido de este, parece un diario a simple vista. Pero, a juzgar por su contenido me doy cuenta que es el cuaderno de apuntes de alguna materia. Introduzco esté en el cuerpo de la guitarra, no es muy grande ... Y finalmente recojo el sobre. Me sorprende ver qué está lleno. Quisiera pensar que es dinero, pero ¿para que necesito dinero? Si, aquí solo somos la oscuridad, el viento y yo. Oculto dicho sobre en mi brassier. En un parpadeo mi alrededor se oscurece, sé que es hora. Pronto perderé el conocimiento y uno de mis recuerdos me será arrebatado. Recuerdo que no sabía que existía en mi subconsciente. Cierro los ojos esperando el impacto pero, el impacto nunca llega. Espero unos segundos, veo como la oscuridad se dispersa. ¿Que a ocurrido? No lo entiendo, veo como las plantas siguen floreciendo, esto es sumamente raro. Me arrecuesto sobre el tronco del árbol. Obsevo como mi vista se llena de colores, la primavera sigue su curso, y parece ser que yo no eh perdido ningun recuerdo. Resoplo por el susto. Desabrochó el camisón y saco con brusquedad el sobre. "Para mí querida Mary" se lee en el frente de la carta, pero el remitente es inexistente. Abro con brusquedad la carta. Veo que el interior está lleno de fotos y un papel doblado múltiples veces. Sin cuidado riego su contenido sobre mis piernas, un objeto me llama la atención. Una fina y brillante pulsera cae sobre mis muslos. La recojo con cuidado, mi primera reacción es morderla pero sabe a óxido. Guardo el papel arrugado, por ahora este no me interesa. Quiero tratar de saber quiénes son los rostros estampados en las fotos. En las primeras fotos veo un chico. Su mirada exprésa desinterés, odio o talvez fastidio. Sus ojos son azules, tiene brakets y una grandes gafas. Posteriormente veo a una familia o eso parece, la verdad es un grupo de jóvenes. Tres chicos y tres chicas. Me reconozco en aquella foto, rápidamente agarro el espejo, y veo el parecido que tiene la chica de la foto con migo. Su cabello está recogido en dos coletas, al contrario al mío, el cuál está semi suelto y semi recogido por una mugrienta coleta. Sus ojos se encuentran semi cerrados. Se está riendo. Su fina piel es tan blanca, al contrario de la mía... En su brazo derecho cuelgan 3 pulseras entre ellas reconozco la que anteriormente trate de morder. La recojo del suelo con delicadeza, e ingresó la muñeca en el orificio de está. Bueno por lo menos se que este objeto pudo ser mío... Detallo la foto y veo como el chico de gafas de las primeras fotos ve con recelo a... mi. Parece una familia feliz a fin de cuentas, 3 barones y tres chicas. Pero, no existen padres. Al acercarme más la foto a mi cara, veo que a mí costado derecho se encuentra una peli blanca, está última tiene la misma Manilla que yo. ¿Una peliblanca y yo? Abro nuevamente la carta y comienzo a leer, la letra no es tan pequeña y la caligrafía es hermosa. "Antonella... no puedo simplemente decirte adiós. Pero parece ser que los hechos son ciertos. Nuestros caminos al final si se separan. Y yo siemplemente no puedo dejar de llorar. Entonces eh decidió que te daré mi pulsera, para que tengas una parte de mi sin importar dónde". Detengo la lectura. Apenas e leído las tres primeras oraciones y no entiendo nada. ¿Antonella? Busco rápidamente el final de la carta, una fina e elegante firma se ve plasmada en la esquina inferior. "Attentame: Antonia" "Con amor a la mujer que me enseñó a cachetear la vida si está me pisotea. Te adoro infinitamente Mary Antonella" —¿Antonella? —repito en voz alta. Un pequeño susurro se instala en mi mente — los humanos tienen usualmente dos nombres querida Mary, o su nombre termina en un apellido— un viento sutil choca contra mis sonrojadas mejillas, asiento con la cabeza. —Gracias por recordarmelo, le digo a nadie en particular, solo al viento. Observó la última foto, estampada en el trozo de papel —Antonia— susurro mientras veo una chica con una cabellera color blanco...
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