Ante los encantos del prostituto

El joven vuelve, trayendo heridas de un pasado
En un pequeño rincón de aquel departamento, el oficinista se encontraba sentado en el suelo. Sus manos estaban en la pancita del gato pero su mente no se encontraba allí. Sus nervios lo volvían loco, más aún cuando atacaban a sus pensamientos con imágenes trágicas en donde su persona más querida estaba en peligro. Pronto sonó el ruidoso timbre que despierta a cualquiera. Brais, que estaba ido, volvió en sí, y de forma súbita se levantó y dirigió su mirada a aquella puerta. Parado y completamente helado, sentía en su corazón una extraña sensación. Sus piernas no se movían de forma normal. Tambaleando llegó hasta allí. Abrió la puerta como pudo aún cuando su corazón muy palpitante le impedía. Al otro lado, un joven estaba. Con su cuerpo que temblaban, y una camisa que no ocultaba sus brazos con marcas rojas. Su hermosa cara se encontraba hinchada y en ella unos pequeños ojos intentaban mirar a quien estaba frente suyo. En aquella monstruosa imagen, el muchacho se resistía y seguía mostrando su ahora perturbada sonrisa. Brais le devolvió el gesto apenas levantando las comisuras de sus labios pero su expresión exasperada y lo invitó a pasar sin decir nada. Yannick siguió y cerró la puerta sin dejar de ver los ojos de Brais. Con una aguda y quebrada voz iba a decir: "Ha pasado tanto tiempo" pero ni una sílaba fue soltada. Brais lo cubrió con un fuerte abrazo y ambos, cansados de fingir que todo estaba bien, cayeron al suelo. El oficinista se aferró a él, hundiendo su cabeza en el pecho de este sin intención de soltarlo. Por otra parte, Yannick se encontraba arrodillado, su cabeza inclinada al costado y los brazos tendidos. Ambos tomaron su tiempo para tranquilizarse, para abrazarse en silencio y sin interrupcciones, para dejar que sus dos almas se unan, conecten hasta sentir el mismo dolor que el otro. Ese es el verdadero amor, o es así como inconcientemente lo interpretan muchos: Aquel que está dispuesto a perseguir y no dejar, sin la certeza de que lo obtendrá, sin embargo, sigué allí, para ayudar, para darle aliento. Esto es difício de cumplir, y el que lo hace vivirá con la gran condena de sufrimiento a precio de su infinito amor. Estando un largo rato así, los dos se calmaron un poco: El más joven movió sutilmente su pecho como si tratara de llamarlo. Brais con su cabeza hundida allí, resonó su ronca voz: "Temo mucho soltarte, no lo haré". Continuó: - Temo dejar ir por hoy a este bello joven, y no volverlo a ver más; temo desapretar mi abrazo, y no poder dártelo más; también temo no poder escucharte en este momento, sin saber si tendré la oportunidad de volverlo a tener. Al terminar, Brais alzó su cabeza para mirar al chico que tenía en frente suyo. Creía ver una hermosa sonrisa, unas mejilla rojas y una cálida mirada, no obstante, una exoresión sombría lo esperaba: "¿Te arrepientes?" Brais, sin saber a lo que se refería preguntó: "¿De qué?" - De esto. - Nunca lo haría. El joven prostituto inhaló profundo: - ¿Lo dices en serio? - Completamente. Finalizada la palabra Yannick secamente respondió - Yo sí lo hago. No solo de esto, sino de muchas cosas más. Aún con su corazón estrujado, Brais trató de preguntar: - ¿De qué cuál cosa más te arrepientes? - Haber visto aquella luz en ese momento. ¿A qué te refieres con eso? - Si tan solo no la hubiera tomado en cuenta, de cuantas cosas habría evitado. Perdido entre la confusión no se percató que el joven se había levantado ya y lo siguió hasta donde se dirigía. Llegaron hasta el cuarto, el joven miró la cama y dijo: - Vamos a hacerlo. - ¿Hacerlo...? Creo que, creo que no es el mejor momento. - Si que lo es, ha pasadoun buen tiempo. - Ten cuidado. - advirtió agitadamente Brais. En la parte lastimada del brazo de Yannick, fue rozando con la cajonera de madera, esto le traería un fuerte dolor. - ¿Estás bien? Preguntó preocupado mientras alcanzaba el brazo lastimado. - Suéltame...Si no vamos a tener nada es mejor que me vaya. - Espera, ¿por qué? - ¡Porque no quieres hacerlo! encaró a Brais con sus ojos plenamnete abiertos. - Entiende, no podemos seguir así, no soy de lo mejor para ti. - No, sí lo eres. - ¡MALDITA SEA! ¿NO ENTENDISTE? ¡NO SOY DE LO MEJOR, SOY UN PROSTITUTO! ¿ACASO NO TE DA ASCO VERME Y TOCARME? - No digas eso. - Brais trató de pararlo. -ES LA VERDAD, ¿SIQUIERA SABES TÚ CON CUÁNTOS HOMBRES HE ESTADO EN UN SOLO DÍA? - Tú, no digas más. - A lo largo de esta semana he tenido más de 30 clientes, con eso es suficiente para que puedas calcular. ¿O creías que era solo tuyo? Esto último pareció herirle al oficinista, sin embargo, botó palabras de seguridad. - Se quién eres, y jamás me arrepentiré de conocerte. - Solo dices mentiras. - agachó su cabeza. Brais fue directamente hacia él: "No te preocupes, no te atormentes más, no te hagas más daño". "Sabes que yo...que yo te amo, y de eso no nadie me lo cuestionará". Besó su frente y sonrió cálidamente. Yannick rió irónicamente: - Vine aquí precisamente para terminar todo tipo de relación contigo y mírame, al final ganaste tú. - ¿Eso quiere decir que me estás aceptando? - Ellos quieren hacerte daño y de ninguna manera permitiría eso, porque te quiero más que a nada. - No importan ellos, lo único importante eres tú, así que, ¿no quieres contarme? - Te lo diré después, tengo algo más intersante qie hacer. Acto seguido besó los labios de Brais y murmuró a su oído: "Contarlo se hará largo, ¿estás dispuesto a escucharme? - Sin duda alguna. - Bien, tal vez decírtelo me hará mejor.
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