A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

La plaza de los tres reinos. Parte I. Una sociedad de frutas
Koréen entreabrió sus ojos tratando de acostumbrarse a esos despertares excéntricos, sentándose con dificultad trato de enfocar lo que le rodeaba. Siendo interrumpida por un inesperado proyectil que impacto contra su frente — ¡Auch! — se quejó al sentir otro pequeño proyectil chocar contra su cara, seguido de uno más grande— ¡Duele! Exclamó mientras se sostenía el costado de su frente con ambas manos, mirando en la dirección de dónde venían esos proyectiles, descubrió que no estaba en la pequeña colina donde acostumbraba despertar; en su lugar estaba el guerrero que había arrastrado hasta la cueva, o al menos el que ella creía que era, ya que estaba tan lejano a su ultimo recuerdo que era difícil decirlo. Ya no estaba cubierto de una masa amorfa de su sangre y lodo, tenía su rostro limpio, así como toda su persona ¡incluso su ropa mostraba el color crema original, como si hubiese lavado con esmero su ropa! Pero podía decir que era él por la montura delgada de sus lentes, aunque un poco de su pelo oscuro llegaba a cubrirlos, lo hacía ver menos amenazante…a esa distancia. Pero el hombre no dio tregua a Koréen, arrojo otra pequeña piedra en su lugar, atinando de lleno sobre sus manos, quien las retiro en un quejido de dolor para percatarse de como su pequeña barra de vida, que había sido de un saludable color verde en días anteriores, ahora había pasado a un tono anaranjado, situándose a la mitad ¿cuántas piedras le había arrojado aquel tipo? — ¡Estoy despierta! — aclaró al ver que el hombre parecía dispuesto a arrojarle una piedrecilla más. Quedando su movimiento detenido en el aire y ante un silencio originado por ella, ambos entraron en un punto muerto que resultaba incómodo para un par de desconocidos-----. — ¿Estás mejor---? — ¿Qué este lugar? —interrumpió con voz ronca, interrumpiendo a Koréen, y logrando que le dirija una mirada más, antes de centrarse en el borde de la laguna, mientras respondía en un susurro de disculpa. — No lo sé — ¿Qué es este lugar? — No lo--- — ¿Por qué estás aquí? — Yo… — ¿Por qué me trajiste aquí? Estoy herido, así que matarme es sencillo— acusó. — Yo no-- — ¿Qué haces aquí? — No lo sé---- — ¿¡Cómo es que no lo sabes?! — ¡¡No lo sé, no lo sé, no lo sé!! — explotó Koréen, elevando su rostro se enfrentó al guerrero, mostrando su debilidad acumulada en el borde de sus ojos en forma de pequeñas gotas de agua. —No lo sé, por última vez, no lo sé; no recuerdo como llegue aquí ¡ni sé qué demonios es este lugar! ¡Ni si quiera se mi verdadero nombre! Maldita sea…no lo sé. Agotada por su repentino exabrupto dejo caer su cabeza por su propio peso, luchando con las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, tenía la esperanza que aquel hombre la ayudase y al ser el primer contacto en días sus ilusiones habían sido grandes; pero no tenía las respuestas que quería y ahora su mayor temor era que ese tipo se marchara sin darle ni una sola respuesta a sus tantas dudas. — Tu nombre— habló el hombre— al menos recordaras como leer tu nombre. — …Koréen— susurró. — Así que esta laguna es tuya— ella se mostró confundida, levantando el rostro verifico que el hombre veía las características del lugar con atención y curiosidad, como si intentara descifrar los secretos que ahí se esconden. — …Ya te dije mi nombre, di el tuyo— tanteó a la par que rehuía de la mirada del hombre — Alecksz, — el hombre se quitó sus lentes dando un suspiro profundo, parecía que su encuentro con Koréen también le había decepcionado. — Oye ¿vendes comida o algo por el estilo? Koréen estuvo a punto de indicar que bebiese del agua de la laguna, pero considerando que estuvo antes ahí en una masa asquerosa y maloliente miro a sus alrededores en busca de algo, encontrando rápidamente sus pequeñas reservas de moras, sin responderle, se levantó para alcanzar un puñado, encontrándose al filo del agua, negó con la cabeza ante la sola idea de pisarla, tantas veces ya, había aprendido su lección. Por lo que al ver al hombre a distancia opto por arrojarlas una a una, con algo de suerte el hombre las recibiría, tras probar algunas, se notó que el sabor no le desagradaba. — ¿Cuánto quieres a cambio? — hablo tras un par de moras. Koréen tenía el deseo de decirle que nada, pero vio una oportunidad de salir de las tinieblas. — Información — Tres por una pregunta— con el precio establecido, la castaña creyó un poco más en su suerte, después de todo solo eran moras. — Antes lo llamaste mundo ¿Dónde estamos? — ¿En serio, no recuerdas nada? — preguntó incrédulo, solo recibió la mirada baja de la joven, como respuesta, lo que le causó cierta gracia por el panorama general. — Es increíble que aun acepten jugadores en este maldito sitio. — farfullo entre dientes, siendo oído por Koréen a causa de la acústica. — Escucha, este es el mundo, aparecimos aquí porque un estúpido ente o dios lo decidió y nada más. Su respuesta era escueta y solo parecía confusa, provocando que ella dudase si era la respuesta correcta o al menos la veraz, por lo que busco en su memoria y volvió a preguntar en voz baja, como si de un secreto se tratase. — ¿eres un NPC’s? Desconocía el termino, pero aquel hombre llamado Alecksz parecía muy sensible al mismo cuando se acercó la primera vez, y como respuesta inmediata a su pregunta, él se perdió uno de sus lanzamientos, y la fruta cayó sin siquiera rozar las manos del hombre, hundiéndose en el lago, seguido de un quejido doloroso de Alecksz, al mismo tiempo que se refugiaba en sus propios brazos, con muecas de dolor. — Duele demasiado— siseo con esfuerzo, alertando a Koréen, tal vez el hombre estaba limpio pero las heridas se guardaban bajo su ropa aun vivas y recientes. — Creo que será mejor ir por la comida antes de que me abra el estómago al tratar de alcanzarla— explicó con una media sonrisa de tinte doloroso, Alecksz se irguió y a paso lento se adentró en la laguna Esta vez el agua conservo la mayor de su quietud, solo las conocidas ondulaciones provocadas por los pasos de Alecksz, se manifestaron, aquella calma hizo que la castaña se sintiera más segura, mas no entro a ayudar al hombre herido, no iba a tentar su suerte. Alecksz se le acercó hasta estar a un solo paso de distancia, se detuvo y extendió su mano en dirección a ella, mostrando una expresión facial de disculpa, como si le causara una molestia a Koréen, quien no dudo en estirar su propia mano y dejar en la de él, el resto de moras. Pero las moras ni si quiera habían caído, cuando Alecksz forzó su mano sobre su muñeca, jalándola hacia delante con fuerza, hasta hacerle perder el equilibrio; situándose a sus espaldas, cerro su agarre poniendo sus brazos alrededor del delgado cuello de Koréen y ejerció presión hasta que soltó un quejido en busca de aire. Ahí la diferencia de altura se hizo significativa, Koréen había dejado de sentir el suelo bajo sus pies. — ¿¡Eres un maldito NPC`s?! — toda calma había desaparecido de su rostro, para dejar una cara envuelta en furia, dejando que su aliento amenazante estremeciera el cuerpo de su víctima. — ¡¡Responde!! ¡Qué clase de maldito papel es el que desempeñas! — No lo sé— respondió con el poco aire que le quedaba— Desperté aquí, ya te lo dije…no recuerdo nada, incluso mi nombre lo leí encima de una barra gris. Alecksz la liberó de su fuerza, haciendo que Koréen cayera a sus pies mientras tosía compulsivamente, él había obtenido su respuesta y quien le había salvado era un jugador como lo era él. Uno lo suficientemente débil como para no causarle problemas, por lo que no vio dificultad en responder su anterior pregunta, después de todo había sido como ella en algún momento; un jugador novato muy confundido con todo. — Este lugar para nosotros es solo un videojuego, uno donde hemos sido atrapados y abandonados; somos una especie de invasores para los NPC’s, que son los habitantes originales de este su mundo. ¿Si alguien invadiese tu hogar, no quisieras matarlo? Lo mismo aplica para ellos, ocultarse es una opción que jugadores novatos aceptan y ese es mi consejo para ti. Es todo, la transacción a finalizado. Alecksz se quedó quieto por varios segundos, mirando el cumulo de moras en un rincón, mirando también los caminos con obvio interés. Algo que no pasó desapercibido por Koréen, parecía que tenía un cierto interés por las moras de su pequeño plantío. Sin dar una sola palabra más, Alecksz se adentró en uno de los pasajes, aunque no tardaría en salir por otro en un extremo opuesto; sorprendiéndose al ver la figura de la jugadora, se adentraría en otro pasaje, para volver a aparecer en su punto de inicio. Para Koréen esta visión le resulto por demás entretenida, sentándose cómodamente en la tierra vio el espectáculo que el guerrero mostraba saliendo de un pasaje con obvia ilusión en su rostro que desaparecía al encontrarla; hasta que, en una de esas salidas, ella le arrojó una mora, cosa que solo lo exaspero más. — ¡¡Tu!! — grito y la señalo cuando salió de un pasaje por décima vez, Koréen sintió el peligro sobre su cuello y se levantó con prisa para adentrarse a uno de los pasajes cercanos, y escapar. No sabía si Alecksz le seguía la pista, pero a falta de ruido permaneció dentro del pasaje a la espera de algo. Alecksz habló y el eco de la caverna trasmitió el mensaje. — ¿¡Dejaras a un hombre herido a su suerte!? — Koréen no cayó en aquella trampa otra vez, ahora de solo pensarlo el miedo se apoderaba de ella, mientras negaba al aire que no se acercaría de nuevo. Ante la falta de respuesta volvió a intentar tratar con ella. — ¿¡Un trato, hagamos uno!? ¡Necesitas información y yo salir de aquí! ¿Información? Ella sabía qué clase de información podía darle y no le resultaba nada útil, por breves instantes maldijo sus buenas intenciones y deseo no haberse encontrado con aquel tipo. — ¡El pasaje a la derecha! — se sabía los pasadizos de memoria después de todos esos días, pero no podía ver donde estaba así que solo soltó eso; quería que se fuera, quería volver a estar sola, todo el valor que había acumulado había desaparecido y su refugio parecía una idea sumamente tentadora. No oía nada más, por lo que creyó que aquel tipo ya había desaparecido, era lo mejor, se repetía mientras volvía a la laguna, tal vez podría pasar sus días ahí si cultivaba algo en la tierra ¿el mundo de donde venía antes? Ya no le interesaba, estaba agotada de todo. Por lo que grande fue su sorpresa al encontrar a Alecksz de brazos cruzados al borde del agua, viendo ceñudo los pasajes, parecía que trataba de adivinar de cual saldría. Koréen ya no tuvo fuerza para salir corriendo, solo se arrimó a unos de los muros mientras lo veía por debajo, pero él no se le acerco, solo se removió su cabellera exasperado mientras soltaba un sonoro suspiro, parecía derrotado. — Las moras— inició. — ¿De dónde son las moras? — …Hay un plantío en una de las salidas, por ahí puedes marcharte de aquí…aunque la última vez apareció una bestia. —advirtió por lo bajo. — Así que no solo el lago te pertenece, también esta caverna— bufó molesto— Quiero esas moras, véndemelas— Koréen no mostro indicios de salir de su refugio por lo que el hombre solo podía añadir— Soy un hombre de palabra, de negocios. Solo quiero las moras y me marchare. — Solo son moras simples…—respondió incrédula. — Nada es simple en este estúpido juego— refutó molesto, levantándose la camisa le mostró a Koréen su abdomen, en especial la gran mancha rosada que se extendía cerca de su ombligo, uno podía imaginar que antes de ser traído aquí, era una herida mortal, pero ahora solo era piel nueva de aspecto saludable, como si nunca hubiese ocurrido nada. — Este lago lo hizo, y esas pequeñas moras son un mito en este juego; uno muy bueno si sabes usarlo, por la cantidad que tienes he de suponer hay más y que este lago las alimenta, ¿dónde están? Ante la mirada confusa de Koréen, termino por exasperarse, tomando del suelo una pequeña piedra la golpeo con fuerza en su palma, haciéndose un corte, para después sumergirla en el agua; como la vez pasada, el agua respondió con una ondulación continua y su superficie se cubrió de una luz tenue; para cuando desapareció, Alecksz mostro su palma sana hacia Koréen, quien a la par había sentido una chispa de picor en su cuerpo, así como una leve disminución en su fuerza de vida. Alecksz no se detuvo ahí, tomo una de las moras tiradas anteriormente para aplastarlas entre sus dedos, el jugo lo unto en la piel rosa de su abdomen por segundos hasta quitarla al instante, dejando su piel del mismo tono que el resto de su cuerpo. — Estas moras son un suplemento a cualquier acción simple del juego, pueden ocupar un pequeño papel y remplazar materiales en menor medida, para un guerreo esto significa otro día. Es obvio que no puedes vivir de moras y yo me ofrezco para comprarlas, en un par de días tendrás lo suficiente para vivir aquí por un largo tiempo. Alecksz le lanzo una mora a Koréen, quien la sostuvo y vio detenidamente por un segundo ¡solo era fruta para ella! Pero resulta que tenían un valor tan alto, la búsqueda anterior del hombre le indico que trataba de hallar el plantío y al no hallarlo, sacaba la conclusión de que ella era la única que podía acceder a este. Quedarse ahí para armar una especie de refugio sonaba tentador, demasiado para ser verdad ¿pero cuántas personas podrían llegar a la caverna en busca de aquel producto? Podía imaginar que Alecksz había aparecido ahí por la misma razón, teniendo una disputa antes de ingresar a aquel lugar ¿cuánta podría ser su suerte para no ser encontrada? El riesgo era demasiado y ella no lo quería averiguar. — Las vendo— la sonrisa de satisfacción en el rostro de Alecksz duro poco. — A cambio de que armemos un grupo. — ¿Qué? — pregunto incrédulo. — Este lugar no es seguro, llegaste aquí y muchos pueden llegar de igual forma… ¡sería mejor formar un grupo! Sería más seguro para ti como para mí— ante la clara negativa próxima del hombre, aumento en voz baja. — Puedo venderlas a alguien más si no te interesa. Alecksz presiono sus dedos contra su cien, en un intento de retener su mal genio y un dolor de cabeza que amenazaba por iniciar; era tan molesto el intercambio, pero tan beneficioso para él que solo pudo bufar una respuesta afirmativa. — No estorbaras Koréen asintió con fuerza, desapareciendo en el pasaje; poco le tomaría llegar al plantío de moras, aunque había tenido cierto recelo por la bestia que había encontrado la primera vez, dicho ser no volvió a acercarse, y en su ilusión, las hojas verdes se arrastraban en un saludo cuando aparecía nuevamente. Tal ilusión era consecuencia de tantos días en soledad. Usando su vestido gastado recolectó un buen número de moras, despidiéndose del lugar con una sonrisa, volvió a tomar el camino para salir de la caverna, aún tenía un poco de recelo por parte de aquel hombre, pero la idea de una sociedad era suficiente para darle ánimos. Una vez que salió de la caverna, el mundo parecía saludarle con una fuerte brisa que le resultaba casi amable, a unos pasos se encontraba la figura de Alecksz, como una presencia conocida que le dio el impulso para abandonar aquel lugar. Su viaje estaba por comenzar.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

Populares

Populares

close 0/500