A.R.D.D.R.A.C La armadura de un Dios

El hombre que pidió ayuda
Cuando alcanzo la salida, una corriente violenta de aire la empujó hacia atrás, encontrándose desprevenida, cubrió su rostro con sus brazos mientras dirigía su vista solo a donde pisaba; no le tomó más de dos pasos distinguir como la sangre se mezclaba en una pasta viscosa con el suelo y la hierba. Dicha pasta parecía moverse en un vaivén débil de vida. Koréen cubrió su rostro del feroz viento hasta aproximarse a aquel ser, repitiéndose que en ese estado era imposible que la atacase, armándose de una piedra del tamaño de su puño, solo como una medida preventiva; se detuvo cuando una tos seca vino de la masa amorfa. — Morir por una piedra…— habló con voz ronca en una exhalación cargada de burla, la respiración de Koréen se detuvo por un instante al percibir una mirada aguda, cargada de desprecio, sobre su persona. — Los NPC’s son, en verdad, crueles. La respiración de aquel ser se hacía más pesada mientras parecía tomar fuerza para alejarse de Koréen, moviéndose solo unos milímetros hasta quedar quieto mientras jadeaba de forma ruidosa; Koréen solo dejo caer la piedra cerca de sus pies, se veía reflejada en aquel ser agonizante, no podía dar crédito a sus sueños de alguien salvándola, pero la otra presencia herida la empujo a ayudarle. Colocando su cuerpo contra el viento trato de tomarlo en brazos y arrastrarlo dentro de la cueva, a fuera no era seguro, no sabía quién lo había herido, si habría refuerzos o incluso si era el quien propicio toda esa masacre, por lo que era más seguro llevarlo a la caverna. Aunque su pequeño cuerpo le jugaba en contra, no solo por la obvia diferencia de tamaño, ya que aquel ser agónico era más grande que ella, sino por la fuerza, ya que lo más difícil fue despegar al hombre de la pasta dura de sangre y lodo, tiró con tanta fuerza, que cayó sobre sí misma, con él. Tomando una inhalación profunda miro suplicante a los cielos “¿¡por qué es tan difícil!?”. Su suplica se quedó en su mente cuando vio lo que tenía en frente, la caverna, especialmente su entrada fue lo que la sorprendió; no existía una sola entrada, había muchas dispersas en la roca, similares a nichos oscuros, de contorno ovalado, tan grandes como pequeños, que se agrupaban como en una colmena. Animándose a continuar, solo le dio una mirada a lo que la rodeaba, horrorizándose lo suficiente para contener un grito en su garganta, mientras tragaba con fuerza. Parecía que aquel lugar era el campo de batalla que tantas veces había imaginado tener enfrente, era probable que a quien sostenía era uno de los combatientes de esa feroz lucha. En un principio pensó en la mala suerte del tipo que sostenía, pero ahora compadecía a quienes lo habían enfrentado. Mirando por el rabillo del ojo, era difícil reconocer todo lo que había, pero a primera impresión, no era más que sangre con grumos de carne, huesos y otros fluidos, como puré. El crujir de las hojas le advirtió, sacándola de su ensoñación, de que algo parecía acercarse; no miro a sus espaldas, pero sabía que debían huir ¿Qué importaba que ruta tomara? Una vez dentro ya podría planteárselo mejor. Koréen maldijo entre dientes mientras cargaba al hombre, sí, aun sin esa masa asquerosa podía decir que era un hombre que le ganaba en altura y peso. Arrastrarlo al interior de la caverna no solo resultaba pesado para ella, también resultaba doloroso para el sujeto, soltó varios jadeos producto del dolor, incluso algunos regaños débiles. — Este juego de…era más fácil si solo tiraras una piedra, eres estúpido. Esto último se repetía bastante, Koréen creyó en un principio que se lo decía a sí mismo, pero después de batallar todo el tramo hacia la laguna, era consciente de que se trataba de ella, la desesperación se había gestado en su interior para cuando el hombre bloqueo sus pasos con su brazo, haciéndoles caer. Irritada con su mala suerte, quería decirle que no le haría daño alguno, pero al solo abrir su boca supo que sería imposible, sus días anteriores de gritos y risas histéricas la habían dejado sin voz; soltando un sonido ronco de exasperación miro al hombre agonizante, tan cubierto de suciedad como lo estuvo ella, casi irreconocible. Tal similitud provocaba empatía, con la intensión de ver la gravedad de sus heridas y la laguna cerca, lucho contra los esfuerzos torpes del hombre que la detenían, para arrastrarlo lo poco que quedaba de camino En los últimos pasos el hombre había llegado a jalar sus prendas en un intento de resistencia, no se podía decir que eso no le había irritado más a Koréen ¡eran sus únicas prendas y este hombre las estaba desgarrando! En respuesta a ese terco proceder, reunió sus fuerzas para tirarlo a la orilla de la laguna, cayendo con un chapoteo alto y en un quejido de reproche. — ¡¡Te estoy ayudando!! — le hubiese gustado gritarle eso. Koréen vio su obra mientras recuperaba aire, apoyando sus puños en su cintura en un intento de recuperar la movilidad de sus brazos; el hombre había caído de espaldas al agua y aunque su rostro era difícil de distinguir, lo más notable era la montura delgada sobre sus ojos. Koréen vio con extrañes que aun en esa situación los lentes del hombre no parecían dañados, justificándolo en el fondo de su mente con la lógica sin sentido de un videojuego. Pero su atención fue dirigida a otro evento, aunque era coherente que el agua respondiera con ondulaciones ante la caída del hombre, estas ondulaciones no se habían detenido, siguiendo un ritmo cada vez más acelerado provocando que el agua resbalase de los bordes de la laguna, cada vez con más fuerza, absorbiendo en su interior al hombre, de forma tan lenta como extraña, incitando a ver cuál sería su desenlace. Cuando el hombre flotó un poco más lejos de la orilla, las ondulaciones se detuvieron dejando el agua quieta, una quietud que no duro mucho. Desde el fondo una brillante luz dorada emergió hasta cubrir todas las superficies del agua, incluso los hilos que se perdían en los pasajes rocosos adquirían ese fulgor; parecía que de esa misma luz se desprendían pequeñas “estrellas” o chispas que se mezclaban con el aire, para luego desaparecer. Muy similar a cuando un espejo refleja al sol, es hermoso de ver, pero incomodo si se mira por mucho tiempo. Para Koréen era distinto, tuvo un impulso de tocarlo, extendiendo su mano al resplandor hasta sentir el cosquilleo de la luz chocando con la punta de sus dedos, generando en ella una sonrisa débil e incitándola a adentrarse. Deteniéndose en seco a causa de un latido seco en su pecho, su sonrisa se deformo en una mueca de agonía, su mano extendida se multiplico, la distorsión de su visión la hizo ver doble, así como borroso, y todo comenzó a girar, desde las paredes rocosas, hasta el agua. Con un latido seco en su pecho podía augurar lo que se avecinaba, pero esta vez se entregó a la oscuridad de su mente antes que al dolor. Koréen cayó desmayada cerca de la orilla, parecía que aquel mundo tenía un serio rencor hacia su vida.
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