La Tercera hija del Rey

Capítulo 6
La princesa entró a la ciudad, guiando el caballo del principe de Witgate. Mientras el jinete avanzaba Xana saca de entre sus ropas unas ramitas y las tira frente al animal sin que nadie lo note. El caballo sucumbe ante su naturaleza asustadiza, se espanta ante la presencia de la rama y se para en sus dos patas traseras sacudiendo al principe que con facilidad logra dominarlo. La reacción del caballo no fue la esperada por Xana, al animal la había sacudido y tirado al suelo. La princesa ve como las patas del animal se precipitan sobre ella y cierra los ojos esperando el impacto. Momentos después Xana es arrastrada fuera de las patas del animal, y cae justo al lado del cuerpo del caballo junto con quién la salvó. Abre los ojos y suelta un suspiro de alivio. El hombre se pone en pie y le ofrece una ayuda para levantarse, Xana agarra su mano y una vez está en pie logra ver el rostro del hombre, era Ronda. El principe coloca una capa sobre sus hombros, la aleja con lentitud de la multitud y la deja en su pabellón. —Alteza, eso fue muy arriesgado, mi majestad no la envío aquí para morir. —Habla en Lizzy una vez se ha ido Ronda. —Tranquila Lizzy, todo es por una buena causa. Aunque, fue muy arriesgado, no pensé quedar debajo del caballo, solo quería darme un golpe y salir disparada del camino. Si el principe de Ronda no hubiese actuado temo que ahora mismo estaría muerta. —No debe exponer su vida, por favor —lloriquea su criada. —No te preocupes Lizzy, no lo haré. El príncipe de Ronda era un ser enigmático, detallista y meticuloso. Todo en el le resultaba un misterio, uno que ella misma quería descubrir. Casi de manera automática a su mente llegaron las palabras de su padre; "recuerda confío en tí". No podía ser complaciente con los príncipes y defraudar a su padre solo por su infundada obsesión con el principe de Ronda. —¿Qué debo hacer? —Excelencia. El principe de Ronda pide una audiencia con usted —Lizzy entra a su habitación con una expresión de disgusto —Dile que espere afuera ya saldré. Xana salió de su habitación. Su mirada se posó sobre aquel hombre, quien la esperaba en el umbral de su pabellón con las manos sobre su espalda. La mujer estudia con detalle la figura del príncipe, aquel hombre era alto podía estar rondando entre los 1.80 de estatura y que a comparación de Xana ella quedaba como una pulga. Aunque, era más alta que otras mujeres de su edad. Xana llega la encuentro del príncipe y esperó pacientemente hasta que él notara su presencia. —Princesa —saluda con cortesía —Alteza, ¿para que me necesita? —Espero que haya pensado en las palabra que le dije en la cacería, ¿lo ha hecho? Yo no he dejado de desear que usted acepte mi propuesta —Le agradezco alteza pero temo decirle que no estoy a la venta. —El soborno... Usted cree que lo utilizaría para convencerla pero se equivoca, princesa. Lo que le propongo no le afectaría en nada con su tarea en Herem. —No me afecta pero tampoco me beneficia, principe. No juegue con sus palabras, no soy una niña y usted no es un jovencito. —¿Por qué es tan contundente en su negativa? Xana sonríe apenas mostrando sus dientes en realidad moría de ganas de aceptar su propuesta, pero también tenía muy clara su misión, apoyar a su padre y no buscar sus intereses. Lo que sentía era sólo un encaprichamiento pronto pasaría y ni se acordaría del príncipe. El recuerdo que tenía de él era tan distinto a lo que sus ojos tenían frente a ella; un hombre silencioso meticuloso y sobretodo calculador. El príncipe de Ronda pretendía obtener algo, algo grande. Xana lo supo. Ya había obtenido su principado, ahora pelearía con sus primos por el trono, los otros príncipes eran unos tarados ¿cómo no darse cuenta? "Tarde lo haría muy tarde", pensó Xana. —Sea sincero ¿cuál es su verdadero motivo? Porque no creo que esté interesado en mí —la llameante mirada de Xana quemaba. —¿Cómo puede estar segura de eso? —el hombre respondió, la intensidad de su mirada del principe confundió a Xana. ¿Qué quería decir con eso?
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