Cuarto Reino

Cap. 9.2
Durante el viaje, no hubieron inconvenientes, ni contratiempos, todo fue tranquilo, todos miraron desde la pequeña ventanilla de la parte trasera de la lujosa carroza, el como se alejaban de las puertas de Florencia, de sus rostros se vio la nostalgia y los recuerdos viajaron en sus mentes el día que llegaron a ésta hermosa ciudad, todos esos años conviviendo con gente que los admiraban y los querían muchísimo, se sintió que toda esa alegría se fue de sus vidas en un parpadear. Fue cuestión de días en llegar a Forli, su recibimiento fue casi desapercibido, para los lugareños, eran otra familia más en mudarse, ¿la única diferencia? La gran casa donde se alojarían. Todos quedan boquiabiertos, la casa era enorme, con amplios ventanales y balcones, alfombras rojas carísimas al igual que su decoración, jarrones, cuadros de un valor de miles de florines, pisos de azulejos pulidos al punto de ser casi espejos, al igual que algunas secciones del suelo eran mármol de igual de pulido, algunos hombres ayudaron con el equipaje, aunque para su sorpresa, Dragnan ya había pensado en ello, las habitaciones, las cuales, tenía pensado asignar, estaban equipadas y amobladas, armarios llenos de vestidos y trajes para todos, trajes finos de finas telas traídas de todas partes del mundo, de distintas tallas, todo era lujoso, cada habitación acompañado con su propio baño y agua corriente, calentador, ¿calentador?, Paola suspira de gusto y maravillada, ya no tendría que calentar agua para bañarse. Mientras que todos se acomodaban, Lucio y Paola deciden dar un paseo por la casa, en su recorrido, descubrieron que contaba con pocos sirvientes, llegando a la cocina, se topan con una señora preparando algo que olía delicioso en un caldero, la mujer los recibe con una amplia sonrisa dándole un trozo de tarta a ambos, la mujer se presenta como Julia Benedetti, aquella cocinera hablaba con un acento extranjero, cosa que le pareció a Paola algo extraño y sospechoso, la mujer aclara que es originaria de Rumania, que gracias a Dragnan, ella fue salvada de ser violada y empalada por ladrones de carretera, Lucio se quedó con la señora queriendo escuchar sus historias de viajes y como había llegado a Italia, Paola se despide de la señora agradeciendo por la tarta. Caminando por un largo pasillo, con las grandes cortinas danzando por el viento que se colaba por las amplias ventanas, curiosamente gira a su derecha encontrando un portón grande, con imágenes inquietantes talladas en la puerta, eran garabatos que Paola no entendía para nada, pero le resultaban familiares, toca a la puerta, no hubo respuesta, abre con mucho cuidado y se desliza sin hacer el menor ruido quedándose ella en el umbral, para su sorpresa, se consigue con Dragnan parado frente a un gran librero leyendo algo con desinterés. ─ ¿Hola? ─ saluda Paola mirando curiosamente a su alrededor, éste cierra el libro y… ─ Te esperaba ─ dijo Dragnan sin mirar a Paola. ─ Me… ¿Me esperaba? ─ Si, pasa… toma asiento ─ Paola entra al gran estudio, no podía creer todo lo que había en ese gran salón, muebles caros traídos de algún lugar que Paola ni sabía, ya que la confección no era italiana, un gran bar, licores de toda clase y traídos de todos los lugares del mundo, estantes llenos de libros de todas partes y un Atlas. ─ Éste hombre tiene gustos finos y variados ─ pensó Paola. Una vez que Paola se puso cómoda, Dragnan deja el libro en su lugar, camina hacia un gran escritorio de caoba pulido, saca unos documentos de una de las gavetas. ─ Me tomé el atrevimiento para que tus clases empezaran cuanto antes ─ No logro entenderle… ¿Por qué lo hizo?... ¿Cómo lo hizo? ─ Tengo mis medios. Tus clases de pintura comienzan a partir de mañana a primera hora. Tienes que buscar a este hombre, al… señor Alberti, Hugo Alberti; él te asignará a un profesor, tu profesor se llama Octavio Salvaterre… ─ ¿Cómo sabe usted todo eso? ─ interrumpió Paola muy intrigada. ─ ¿Acaso usted…? no puede ser… es imposible… ¿Usted… hizo que me aceptaran? ─ No. simplemente me comentaron sobre una chica muy talentosa que tal vez fuera bueno darle una oportunidad ─ No lo entiendo… ¿Qué… quiere decir? ─ Todo a su tiempo Paola, todo a su tiempo, supongo que debes tener hambre. Sígueme, ya es casi la hora de cenar ─ En realidad… estoy algo cansada… y… preocupada por mi amiga, ¿Acaso esa cosa le hizo algo? ─ Te sugiero que comas algo, mientras, te aclaro tus dudas durante el camino ─ ¿Por qué nos ayudas? ─ preguntó Paola ante el gesto de Dragnan al abrirle la puerta con sus ojos azul-plata posados en ella, durante la cena, a pesar de que las preguntas de ambas familias carcomían sus mentes, ninguno se atrevió a abrir la boca, fue la situación más incómoda para todos. Con un extraño silencio cerniéndose sobre todos en la cena, Paola se aclara la garganta para romper la incómoda elipsis. ─ Señor y señora Farizzi, pueden estar tranquilos por Mónica. Ella se pondrá bien ─ ¿Cómo lo sabes? ─ preguntó Mario espabilando. ─ No ha dicho ni una palabra desde que llegamos, ni mucho menos en el viaje ─ ésta vez fue el turno de Dragnan. ─ Solo está conmocionada. No es fácil haber sido testigo topándose cara a cara con una de esas criaturas, ahora imagínense… estar enamorada de uno o creer estarlo y sin saber a ciencia cierta lo que es, por suerte las lujurias son asexuados ─ ante aquella aclaratoria, Pietro y Mario se ahogaron con sus bebidas y bocados, Carlota parpadea de asombro con el rubor en sus mejillas. ─ Mamá, mamá… ¿Qué es un asexuado? ─ preguntaba Lucio al ver la expresión de su madre tirando la manga del vestido, Paola baja sus cubiertos con mucha delicadeza ocultando una sonrisa, en cambio Claudia escupió el jugo de nuevo en su vaso, ya que si no lo hacía terminaría ahogándose como Piero y Mario. ─ ¿Podríamos terminar ésta conversación cuando el niño no esté presente? ─ Pregunta Pietro con exigencia ante la presencia de Lucio. ─ Pero yo quiero saber ─ espetó el niño. ─ Por ahora te quedarás con las ganas, hijo, esto no es conversación para un niño de tu edad ─ aclaró Carlota enarcando una ceja mirando en dirección a Dragnan, en cambio Dragnan, solo tomaba pocos bocados escrutando cada rostro de los presentes, terminando con la mirada fija en Paola. Pietro al darse cuenta que Dragnan mantenía la mirada en su hija, se aclara la garganta, Dragnan desvía la mirada a Pietro. ─ Tengo una duda, señor Jerome ─ Usted dirá ─ Es sobre el instituto donde mi hija comenzará a estudiar arte ─ Aja ─ No sé… si es coincidencia o no, pero ¿Usted tiene algo que ver con el hecho de que mi hija fue aceptada en dicho instituto? ─ preguntó Pietro tomando un sorbo de su jugo. ─ Honestamente… no. Su hija me hizo la misma pregunta, señor Doménico, y no negaré que soy parte de la junta de directores de ese instituto ─ todos se miran atónitos a las caras. ─ Y dada la situación de que gracias a esa carta de solicitud, pude encontrar a su talentosa hija, sin embargo, sé que también tienen muchas otras dudas más… inquietantes, así que sugiero que descansen por ésta noche y nos reunamos por la mañana cuando los niños estén en sus escuelas ─ todos se volvieron a mirar a las caras, estuvieron de acuerdo en ese detalle en particular, el resto de la cena continuó en paz. En la noche, para algunos, las horas de sueño resultaron ser extrañas, ahora ambas familias vivían bajo un solo techo como una sola, claro, no les incomodaba por una parte; ya que ambas familias se consideraban como tal, la cuestión en si, era que vivían todos juntos en la casa de un extraño que los había salvado de una posible y extraña muerte segura, y con la hija de los Farizzi en un estado de shock que no podía superar, y la hija de los Doménico confiando plenamente en el extraño, cuyo extraño sabía más de lo que aparentaba, aunque una pequeña espina no dejaba de punzar en la mente de Pietro, y era la forma en la que Dragnan había confrontado aquella cosa con mucha calma, era como si estuviera acostumbrado a combatirlas, Lucio era el único que parecía no tener problemas para conciliar el sueño, Dragnan aun continuaba en su estudio sentado en su escritorio contemplando un baúl labrado en madera y cuero muy antiguo que se hallaba en el fondo, oculto entre las sombras.
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