Cuarto Reino

Cap. 9.1
Cap. 9 Paola llega a la plaza con su cuaderno de bocetos con un par de minutos de retraso, bueno, media hora de retraso en realidad; con la respiración algo agitada y jadeando, se excusa con su mejor amiga desde la infancia, Mónica la recibe de brazos cruzados y con el ceño fruncido. ─ ¿Sabes que hora es? ─ se miran la una a la otra en un incomodo silencio, Paola algo nerviosa, jugueteando con el borde de su cuaderno y Mónica tamborileando con su pie con exasperación, luego avanza hacia su amiga con una amplia sonrisa abrazándola; por haber sido amigas de toda la vida, Mónica no podía durar mucho tiempo enojada con su mejor amiga, o mejor dicho, su hermana, siempre llegaba tarde a sus compromisos, así que solo sonríe resignada ya que su amiga no tenía arreglo. ─ Me muero por contarte algo ─ saludó Paola con entusiasmo, aun con su respiración ya algo calmada y con un brillo de alegría infinita en sus ojos. ─ Y yo tengo que presentarte a alguien ─ canturreó Mónica con la misma expresión con algo de picardía mordiéndose el labio inferior, a los pocos minutos llega un joven alto de cabello castaño claro, ojos ámbar brillantes, una fila de pecas por sus nariz y pómulos suaves, los más llamativos que jamás había visto en su vida, de barbilla afilada, aunque no poseía un cuerpo fornido, su delgadez, de piel blanca, muy blanca, tuvo que darle crédito, le hacían ver apuesto, a juego con su delicado rostro, como si fuera un príncipe o algo parecido, Paola cargaba sus guantes blancos y abrigada con su capa de capucha mullida, su favorita; a pesar del frío de la mañana, Mónica no cargaba ningún tipo de abrigo, sin embargo, no parecía estar incomoda al respecto. ─ Paola, él es… mi novio… Humberto, ya lo habías visto, pero nunca te lo presenté… Humberto, mi amor, ella es mi hermana Paola ─ Mucho gusto, Paola ─ se presentó el muchacho con un tono de voz algo nervioso, al igual que su sonrisa, quitándose su cachucha apresuradamente y tendiéndole la mano. Paola, con la delicadeza de una dama distinguida y una sonrisa, le tiende la de ella, pero en el momento que hubo contacto con la de él, un escalofrío punzante le recorrió por todo su cuerpo. Paola retira su mano de la del joven como si le quemara, su sonrisa desaparece con los ojos abiertos como platos, lo miraba con horror y asombro, con una mezcla de desconcierto, ¿Quién rayos era este chico? ─ ¿Ocurre algo, Paola?, estás pálida ─ Paola espabila parpadeando. ─ Si, si… si, estoy… bien ─ afirmó Paola con la respiración algo acelerada. ─ ¿Estás segura?, si quieres te podemos acompañar hasta la casa ─ Estoy bien, gracias, Mónica, solo… solo pasé una mala noche… es todo ─ el joven la miraba algo preocupado, aun así, no dijo nada. ─ Voy a tomar asiento ─ señaló Paola como excusa la más viable. Al girarse sobre sus talones, el mundo se tornó oscuro nuevamente, sin nadie en las calles, de noche, las farolas encendidas, todo cerrado, ni los animales correteaban por las noches, pero algo estaba mal, todo se veía derruido, como si una gran guerra se hubiera cernido sobre Florencia. Paola escucha un llamado, una voz muy familiar, su amiga Mónica, ahora parada detrás de ella, colocaba una mano sobre su hombro. ─ ¿Está todo bien? ─ Paola se vuelve a girar prestando atención a su amiga, nada había cambiado. ─ ¿Dónde están todos? ─ preguntó Paola, sorprendida y atemorizada, Mónica esboza una sonrisa confundida por tan extraña pregunta. ─ ¿Qué te pasa?, ¿Qué quieres decir con todos?... Paola… ¿De verdad estás bien?... te ves pálida, me preocupas ─ Paola miraba a su alrededor, no podía ver nada ni a nadie, solo a su amiga con un aspecto más demacrado de lo normal, como si su cuerpo careciera de… sangre, de pronto una horrible bestia alta, extremadamente flaca, de piel blanca como el papel, largos brazos hasta las rodillas o lo que parecían serlo y afiladas garras negras, ¡¿pero que demonios?!, no tiene ojos, tenía una nariz como los murciélagos, siempre olfateando, retrayendo sus extremadamente finos y babeantes labios, mostrando sus dientes aserrados. Paola traga saliva con dificultad sonoramente. ─ ¡Dios mío, Paola estás fría! ─ dijo Mónica, ésta vez con la angustia en su voz, Paola parpadea trayéndola nuevamente a la realidad, mira al joven con el mismo terror, luego a Mónica. ─ Creo que me iré a casa, y creo también que deberías venir conmigo ─ Pero… ─ Ahora ─ Pues… creo que no ─ replicó Mónica confrontando a su amiga. ─ Y no me moveré si no me das una buena razón ─ Has lo que quieras ─ refutó Paola girando sobre sus talones; una vez que se perdió entre la multitud, Mónica se acerca hasta Humberto, el joven la sujeta con ternura por la cintura, mientras miraba en dirección por donde había desaparecido Paola. ─ ¿Por qué no vas a hablar con tu hermana? ─ En realidad no es mi hermana, nos criamos juntas ─ Aun así deberías hablar con ella ─ insistió el joven pasando un dedo por la barbilla de Mónica, ésta emite un jadeo lleno de placer acompañado casi con un gemido, apenas cerrando los ojos. ─ Si me lo pides así… inclusive, si me pides que lo hagamos aquí en la plaza tampoco me importaría ─ ronronea Mónica con una sonrisa traviesa, el joven le corresponde a la sonrisa estudiando el rostro de Mónica. Paola cruza las calles y avenidas a zancadas, ni siquiera prestando atención por donde iba, tropezó con un hombre, éste protesta al ver que sus cosas caen al suelo, Paola se gira para disculparse, pero lo que vio fue todo menos humano, un gran cadáver de ojos negros con cara de cerdo la fulminaba con la mirada, Paola se tapa la boca ahogando un grito, solo emitiendo un leve gemido de terror, sin decir una palabra, se gira y prosigue su andar, ya las conversaciones de las personas ya no eran conversaciones, ni voces, eran berridos de bestias y aullidos de animales salvajes, noche y día, noche y día, noche y día, era cada cruzar de cada avenida, cada calle y callejones, hasta que por fin llega a su casa, con la frente empapada en sudor y su cuaderno de bocetos aferrado a su pecho. Entra a la casa cerrando la puerta con fuerza, los padres de Paola, incluyendo los Farizzi, hacen acto de presencia, acercándose hasta Paola preocupados al ver la cara de pánico de la muchacha, por más que insistieron en preguntar lo que pasaba, Paola con los labios temblorosos solo tragaba saliva mirando cada rostro en frente de ella como si fueran un montón de extraños, a pocos segundos tocan a la puerta, Paola da un respingo aferrándose a sus padres, Mario hace un gesto con su mano indicando que esperaran, se fue a la cocina y en un santiamén había vuelto con un cuchillo de carnicero, en silencio afirma que ya podían abrir, Pietro le deja Paola a cargo de su madre, Carlota abraza con cuidado tratando de consolar a su pequeña. Pietro apenas entreabre la puerta. ─ Buenas tardes, señor Doménico ─ todos los presentes reconocen la voz, Paola aun seguía aferrada a los brazos de su madre mirando con alto terror la puerta. ─ ¿Qué se le ofrece? ─ ¿Podemos hablar?, es muy importante y muy delicado ─ No espero que lo entienda, señor Dragnan, pero en estos momentos estamos… ocupados ─ Dragnan en silencio miraba impasible a Pietro, luego insistió. ─ Señor, Doménico, lo que vengo a decirle, le concierne a toda su familia, es sobre el futuro de Paola ─ ¿Futuro?, ¿Qué futuro? ─ Solo déjeme entrar y se lo explicaré todo ─ Pietro estudia a su hija que seguía mirando con horror la puerta. ─ Solo váyase, señor, mi hija está enferma ─ Y si no me escucha pronto estará muerta… todos ustedes, incluyendo a los Farizzi ─ ¡¿Nos está amenazando?! ─ Les estoy advirtiendo, algo se acerca y vienen por ella, y asesinarán a todo aquel que esté relacionado con la joven Paola o quieran protegerla ─ Pietro intentó cerrar la puerta en la cara de Dragnan, pero éste coloca la mano empujando la puerta sin nada de esfuerzo, a pesar de toda la fuerza que aplicaba Pietro en conjunto con Mario para cerrarla, fue en vano. Dragnan logra entrar, Mario se abalanza con cuchillo en mano, pero fue inútil, Dragnan le sujetó la muñeca torciéndola, forzando que soltara el cuchillo, Mario gruñe del dolor, las tres mujeres se arrinconan en la sala. ─ Gracias al cielo que Lucio está dormido en su habitación ─ pensó Carlota. ─ Solo vine a hablar ─ comentó Dragnan, Paola parpadea varias veces reconociendo al hombre que había irrumpido en la casa. ─ Dragnan ─ murmuró Paola en voz baja, la joven se desprende del agarre protector de su madre, por más que ésta intentó mantener a su hija lejos de aquel hombre, Paola insistió en soltarse e indicar de que todo estaba bien, no entendía el porqué, pero lo sabía, Dragnan presta toda su atención en la joven haciendo una leve reverencia inclinando solo su cabeza, Mario y Pietro tomando un segundo aliento, uno muy grande, trataron de mantener el coraje interponiéndose entre Dragnan y las mujeres, sacudiéndose sus pantalones y sus manos. ─ Muy bien señor… Dragnan ─ convino Mario dando un paso al frente. ─ Le daremos solo un minuto para explicar el, el… el motivo de su visita ─ Dragnan solo lo mira ladeando la cabeza en silencio, como considerando la situación. ─ Bien, dada la situación, supongo que llegué a tiempo ─ ¿A tiempo para qué? ─ pregunta Pietro dando el otro paso. ─ Deben salir de Florencia cuanto antes, si es preciso hoy mismo ─ advirtió Dragnan, ambos hombres se miran confundidos, miran a sus mujeres y éstas se encogen de hombros, al parecer, ellas tampoco tenían idea. ─ Y… ¿Por qué tendríamos que irnos de Florencia? ─ preguntó Mario desconcertado. ─ Y si nos vamos, ¿Para donde iríamos? ─ pregunta Pietro, mostrando sus palmas. ─ Seré breve, algo se acerca… ─ Si, ya lo dijo ─ interrumpió Pietro. ─ Vienen por su hija, señor Pietro ─ Podremos arreglárnosla ─ Dragnan enarca una blanca ceja. ─ Claro que si ─ apoyó Mario. ─ Ni el soldado más experimentado de Italia podrían con estas cosas. Hablé con los Medici, les facilité suficientes armas para enfrentarlos ─ Y si le dio tales cosas… ¿Por qué tendríamos que irnos? ─ Porque sus hombres no resistirán mucho tiempo, no están entrenados lo suficiente ─. Ambos hombres parecían sopesar la propuesta de Dragnan. ─ Papá, el señor Dragnan tiene razón, pienso que deberíamos irnos de Florencia ─ ambos hombres miran a Paola que ya estaba más tranquila. ─ ¡Pero, Paola…! ─ Puede estar tranquilo papá… no sé porqué… pero… confío en él, no me pregunten por qué o como, solo sé que cada parte de mi, me dice que le crea y que debemos salir de aquí ─ Paola no podía despegar la mirada de Dragnan, ambos hombres respiran profundamente, luego se giran para confrontar a Dragnan. ─ Bien… cuéntenos más sobre “esto”, sea lo que sea que se acerca ─ Dragnan no da muchos detalles, pero lo suficiente para ser tomado en cuenta y consideración, todos se miraban a las caras, como esperando alguna opinión por parte entre ellos, por cada vez que Dragnan aclaraba sus dudas o parte de ellas, los rostros de los presentes, cada vez, eran más pálidas, cuando ya Dragnan terminó su explicación, todos se encontraban en silencio. A solo pocos segundos, todos reaccionaron de su perplejidad, en el instante en que decidieron ir a empacar, tocan a la puerta, Dragnan se aparta a un lado para que Mario, ésta vez, tomara el turno de abrir, Dragnan afirma, para su sorpresa se encontraron con Mónica, ─ ¡Hija! ─ exclamó Mario para recibir a su niña. ─ Gracias al cielo que estás bien, sube a tu cuarto ─ ¿Por qué?, ¿Qué ocurre? ─ Nos vamos ─ ¿Para donde? ─ No preguntes, hija, hazle caso a tu padre, solo sube y empaca tus cosas, solo lo necesario ─. Mónica se planta de brazos cruzados, frunciendo el ceño esperando una explicación, Paola mira hacia la puerta como si esperase que alguien más apareciera. ─ ¿Dónde está? ─ pregunta Paola. ─ ¿Dónde está quien? ─ pregunta Mónica sin siquiera mirar a Paola. ─ Tu novio. Humberto ─ Mónica lanza un bufido. ─ No sé de quien hablas ─ ¿De qué está hablando Paola, Mónica? ─ pregunta Mario con la intriga y la confusión reflejada en su rostro. ─ ¿Yo que sé, papá?, debe estar loca o mintiendo, a lo mejor el novio es de ella y me culpa a mi ─ Mónica, Paola puede ser muchas cosas, pero mentirosa no ─ intervino Claudia, Mónica confronta a sus padres indignada con una sonrisa desdeñosa. ─ ¿Ahora todos la protegen?, ahora ella es Santa Paola ─ De hecho ella es mucho más que eso ─ todos miran sorprendidos a la puerta, la cual, aun estaba abierta, todos olvidaron cerrarla, Paola vuelve a palidecer, las mujeres dan un respingo. ─ Humberto ─ susurró Paola muy aterrada. ─ ¿Éste es Humberto? ─ pregunta Mario acercándose con el ceño fruncido al muchacho que aun estaba en el umbral. ─ ¿Qué le has hecho a mi hija, lorido porco? ─ pregunta Pietro acercándose aun más, Humberto agradece a Mónica por haberle llevado a casa, el momento no podía traer más sorpresas, cuando Mario estuvo a punto de abalanzarse sobre el muchacho, en un parpadear éste lo sujeta por el cuello, un grito de horror y varios jadeos llenos de pánico fluyeron de los rostros de las mujeres, la mano de Humberto se había vuelto una mano blanca como el papel con garras negras que parecían cortar hasta el aire, el rostro de Mario estaba contorsionado, pero no en agonía, era de puro placer. Un silbido se siente en el aire, inesperadamente la mano del joven cae al suelo con leves espasmos, Humberto chilla como un cerdo torturado, todas se arrinconan horrorizadas, Mario pierde el equilibrio dando unos traspiés casi cayendo al suelo, Humberto los fulmina a todos con la mirada con ojos inhumanos, en el momento en que Humberto, el demonio ataca, algo atraviesa su pecho; era el filo de una espada de cristal. El demonio da un jadeo agónico, Dragnan da varios pasos obligándolo retroceder, como por arte de magia sale de la otra mano de Dragnan, otra espada más delgada con la hoja negra como el ébano, con dicha espada le corta la cabeza al presunto Humberto cayendo al suelo, cambiando a su verdadera forma demoníaca. Más gritos agudos de terror. No hubo sangre, el cuerpo se volvió cenizas a los pocos minutos. ─ Hay que movernos ─ anunció Dragnan entrando a la casa con ambas espadas, todos miran atónitos ambas espadas, ¿De dónde las sacó?, Dragnan se enfoca en los pantalones de Mario, al parecer el pobre hombre había eyaculado encima de su ropa. Mario se sonroja y sube corriendo a bañarse. ─ ¿Qué coño era eso?, ¿Un murciélago albino? ─ pregunta Pietro buscando la forma de disimular su miedo. ─ Si lo quieren ver así. En realidad son demonios rastreadores, les llaman lujurias. Se alimentan de sangre ─ Pero creí que los demonios… o, o, lujurias, como se llamen mordían a sus presas ─ De hecho, no les hace falta morder, con el solo roce de sus manos o el más leve contacto con su piel, comienzan a alimentarse, hacen que la sangre de sus victimas, broten de sus poros, sumergiéndolos en el más absoluto placer y éxtasis, consumiéndolos hasta los huesos ─ todos miran a Mónica horrorizados, Claudia tira de un lado del vestido de su hija mostrando varios arañazos y moretones, Mónica estaba en un especie de shock, ya que no prestaba ni la más mínima atención a lo que hacía su madre. ─ No perdamos más tiempo, hay que salir de aquí, ya están cerca ─ avisó Dragnan, más una orden que una sugerencia, todos corrieron a empacar sus cosas, Carlota le pide el favor a Paola de cuidar a Mónica que aun no reaccionaba de su estado, Paola asiente gustosamente tomando de la mano de su amiga guiándola a uno de los sofá, Paola trató de consolar a su amiga, sin embargo, Mónica seguía con la mirada perdida en la nada. Una vez empacado lo más esencial, esperaban más instrucciones. ─ ¿Adónde iremos? ─ pregunta Pietro. ─ Forli ─ indicó Dragnan. ─ Tengo una carroza lista para salir en éste mismo momento ─ cada uno tomó de sus maletas y se dirigieron a la entrada de Florencia, durante todo el trayecto, Dragnan estuvo atento en cada esquina, en cada balcón, en cada uno de las personas que caminaba a su lado, de pronto una pregunta afloró en el aire. ─ ¿Por qué no vamos mejor a Roma? ─ Dragnan sin siquiera detenerse contesta. ─ Roma es el peor lugar para viajar ─ ¿Por qué? ─ pregunta Paola. ─ ¿No se supone que es la tierra santa?, ¿Cerca de donde reside el papa? ─ Ese lugar es el más corrompido de todos, Paola ─ contestó Dragnan secamente. ─ Pero… ─ quiso objetar Mario, pero fue Carlota quien se adelantó. ─ ¿No es en Forli donde está la academia donde quiere estudiar Paola? ─ Pietro frunce el ceño, ¿será posible?, sin embargo no hubo más conversación por ninguna de las partes.
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