Cuarto Reino

Cap. 8.2
Carlota y Pietro ríen por la pregunta. ─ Aun no, querido, por ahora solo ir a la escuela ─ contestó Carlota con una sonrisa llena de amor maternal. ─ Que aburrido ─ se quejó Lucio cruzándose de brazos frunciendo el ceño y los labios. Al día siguiente, Pietro dejó a Carlota encargarse de Paola y el curandero; aun con las dudas en su mente rondando, durante el tiempo que duraron en la visita con el sanador, Pietro hurga entre las cosas de su hija con mucho cuidado, tratando de no alterar nada de su lugar, para su alivio, no encontró nada, solo bocetos de paisajes y retratos de personas caminando por la plaza y aparte, entre su diario, un retrato de sus padres sumergidos en un beso apasionado, el rubor se le subió a las mejillas con sus ojos tan abiertos como platos, ¿Cuándo Paola los había visto besarse?, no quiso pensar en el asunto, así que lo dejó donde estaba, esbozando una sonrisa por el retrato, lo contempló otro minuto, lo analizó y descubrió que en la firma había un borrón, puso el retrato a contra luz, habrá sido una ilusión, quizás su visión estaba fallando, pero creyó haber leído en el borrón un nombre Samara, y encima, el nombre de su hija Paola, ¿Quién rayos es Samara?. Intrigado, regresó el boceto donde estaba, en su diario, sin querer, ojeó unas líneas, hoy 12 de mayo de 1519, tuve la sensación de que alguien me observaba mientras dibujaba en la piaza, a pesar de que disimuladamente miraba a mi alrededor, no pude ver nada sospechoso, solo mi amiga Mónica conversando con un chico, no lo puedo negar, el chico es lindo, creo que su nombre es Humberto, aun no me lo ha presentado, parecen enamorados, me alegro por ella, en cambio yo no sé si es normal, pero ninguno me llama la atención, gracias papá, eres mi héroe ja, ja, ja, lo único que me apasiona es pintar, debí heredarlo de él, sin embargo, esta sensación de que algo falta me abruma, algo no está bien en mi, las pesadillas que tengo cada noche empeoran, y solo veo un hombre parado delante de mi en mis pesadillas, supongo que para protegerme, porque cuando lo veo, me siento segura, en las pesadillas digo su nombre, él toma mi mano y cuando despierto no recuerdo su nombre, solo su rostro y unos garabatos pintados en mi piel, no soy yo, sé que no soy yo, pero en ese momento, al ver a mi alrededor tanta desolación y muerte debo estar locao por lo menos volviéndome, veo miles de personas, miles de vidas pasando delante de mi, todas mías, pero ninguna de ellas vividas por mi, solo yo con diferentes nombres, diferentes familias, ninguna las recuerdo cuando despierto, no recuerdo sus nombres, o lo que hice en esas vidas, solo sé que las viví, no entiendo nada, quisiera que alguien me diera alguna respuesta. Pietro cierra el diario de golpe al escuchar que la puerta principal se abre y escucha la voz de su esposa llamar, Pietro regresa el diario a su lugar como estaba, con cuidado sale de la habitación de su hija cerrando la puerta con un ligero clic. ─ ¿Dónde estará tu padre? ─ pregunta Carlota dando vueltas sobre si misma, mirando a su alrededor. ─ ¡Mi vida!, no sentí cuando llegaron, ¿Qué tal les fue con el sanador? ─ recibió Pietro desde la parte superior de la casa, aferrándose a la barandilla miraba a madre e hija varias veces con una expresión algo nerviosa, luego le hace un gesto con la mano para que esperasen bajando rápidamente por las escaleras, cuando por fin estuvo frente a su esposa y a su hija, las abrazó y las llenó de besos, Paola siempre había conocido a su padre como una persona alegre y cariñosa, pero algo no andaba bien con él hoy. ─ He… el sanador no encontró nada fuera de lo normal con ella, solo una ligera… anemia ─ informó Carlota posando los ojos en su hija, sintiéndose aliviada, pero con una reprimenda suave en su voz. ─ ¿Ven?, les dije que estaba bien ─ Sin embargo, no has comido bien ─ espetó su madre. ─ Es… es… es el pintar, hace que el tiempo se me pase y olvido comer ─ refutó Paola tratando de mantener su barbilla en alto. ─ Hoy no vas a pintar, hija ─ objetó Pietro enseguida. ─ Te dedicarás a descansar y guardar fuerzas para impresionar al maestro Alberti ─ ¡Pero padre!, solo faltan dos semanas ─ espetó Paola con los ojos muy abiertos. ─ Sin peros, muchachita ─ intervino Carlota quitando la capa de su hija y la colocaba en el perchero, al ver que sus padres no cederían ante sus protestas, dejó caer los hombros en derrota. ─ Esto es increíble… me voy a mi habitación ─ protestó Paola resoplando, ─ ¡Ya sabes lo que te dijo el sanador! ─ ¡Si, mamá…! ¡Que debo descansar y alimentarme bien! ─ contestó Paola desde la parte superior rumbo a su habitación. Cuando escucharon la puerta de la habitación de Paola cerrar, sus padres corrieron hacia la cocina empujándose para cuchichear en voz baja. ─ ¿Dónde está Lucio? ─ pregunta Carlota con los ojos casi desorbitados. ─ Se quedó con los Farizzi ─ Ah… ─ ¿Y? ─ ¿Qué? ─ ¿Descubriste algo? ─ No, nada, solo bocetos y… y ─ el rubor se le subió a la cabeza recordando el boceto de ellos besándose, cavilando si debía decirle o no, Carlota con las manos levantadas esperaba con exasperación lo que Pietro quería decir. ─ ¡Nuestra hija nos dibujo besándonos! ─ contestó Pietro con frustración, pero sin levantar la voz. ─ ¿Qué? ─ de pronto la puerta de la cocina se abre y Pietro, sin pensarlo dos veces, besó a Carlota con pasión tomando a la mujer desprevenida, era Paola, la cual, también fue tomada por sorpresa al descubrir a sus padres en medio de un Gran beso. ─ Perdón ─ dijo Paola excusándose ruborizada. Tratando de taparse inútilmente los ojos, sus padres disimularon haber sido sorprendidos y apenados, su madre comenzó a balbucear algo, pero solo Pietro se encogía de hombros tratando de sonreír. ─ No, no, tranquilos, no tienen que disculparse, solo vine por… agua… si por agua y ya me voy ─ Paola tomó su vaso con agua y se fue a toda prisa con la cara roja por la vergüenza, ambos se miran a las caras y ríen con complicidad. Acostados en su cama ninguno de los dos podía conciliar el sueño, siempre en silencio mirando al techo, sintiéndose una mitad aliviados y otra… aun dudosos. ─ Leí algo en su diario que me inquietó un poco ─ anunció Pietro en voz baja, Carlota se gira, expectante, esperando a su marido a que continúe; al ver que aun guardaba silencio… ─ Dijiste que no encontraste nada ─ Es cierto, no encontré nada con referente a un pretendiente… o algo ─ ¿Entonces? ─ Pietro suspira profundamente por la nariz. ─ Leí que… tiene muchas pesadillas ─ Eso es normal ─ ¿Pero casi a diario?, y dice que una es peor que la anterior ─ ¿Y? ─ ¿Cómo que y? ─ ¿Qué ve en sus pesadillas? ─ Sangre, muertos, cosas horribles y alguien que la cuida… ¡ah!, y que la hija de los Farizzi está saliendo con un chico llamado “Humberto” ─ ¿Sus padres lo sabrán? ─ Pietro vuelve a suspirar. ─ No lo sé ─ reflexionando entra en cuenta. ─ De todo lo que te dije, ¿Eso es lo que más te inquietó? ─ Pues claro, es muy joven y cualquier chico podría aprovecharse de ella ─ Lo que no te conté es que al parecer, Paola siente que alguien la observa, la siguen y ella no tiene idea ─ Hm. Eso si me inquieta, fue buena idea enviarla a la academia, solo hay que mantener un ojo en ella mientras llega el día, gracias a Dios que le gustó la idea de ir ─ No tenemos más opción ─ desde ese momento, no pudieron conciliar el sueño en toda la noche, pensando, planeando, sin embargo, aliviados de que no tuviera un pretendiente o un chico que quisiera arruinarle la vida con mentiras y falsos amoríos destrozando su inocente corazón. A la mañana siguiente, Paola sale de la casa a toda prisa tomando solo una manzana de la cocina, se despide de su madre con un beso en la mejilla, le alborota el cabello de su hermano, éste se queja acomodándoselo de nuevo y otro beso a su padre, ambos tratan de objetar algo para que se quedara a desayunar, pero ella se excusó que tenía un compromiso con su amiga Mónica y que comerían juntas, ambos sabían que ellas no se guardaban secretos y que le contaría sobre la academia, y que la prisa se debía a ello, y también, porque iba tarde; otra cosa que agregaron a sus sospechas, era que Mónica le contaría sobre su amorío, la cuestión es como hacer para que su hija les contara sobre el asunto, ya que Mónica, a pesar de todo, también era como una hija más para ellos, ¿de verdad los Farizzi sabían del amorío de su hija?, Carlota oraba frotando el dije de la virgen para que éste pretendiente de Mónica fuera un buen chico de buena familia, les dolería un montón que la virtud de la jovencita Mónica quedara en tela de juicio y en boca de todos.
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