Cuarto Reino

Cap. 6.1
Cap. 6 La celda se abre de un gran esfuerzo y un tirón, sin necesidad de una llave, despegándolas de sus goznes, manos salían de las otras celdas pidiendo a gritos poner fin a sus miserables y consumidas vidas, pero éste solo ponía atención en Samara. ─ Dragnan ─ dijo con asombro en un susurro, no sabia si alegrarse o sentirse aterrada, pudo ver que debajo de ese casco dorado con plata, el rostro de Dragnan no se asemejaba ni de cerca de la apariencia humana con la que lo conoció, Samara traga saliva con dificultad, ¿estará alucinando?, ¿será de verdad que Dragnan la vino a sacar de allí?, pudo ver que entre la armadura se hallaban magulladuras y grietas, signos de que una fuerte batalla había librado, un fluido espeso y negro brotaba de ellas. ─ Estás herido ─ dijo Samara en un jadeo preocupado. ─ No hay tiempo para eso. Hay que moverse ─ Samara sin perder tiempo, asiente humedeciéndose los labios secos y partidos, se coloca el hueso tallado en la parte de atrás sujetado con su pantalón y el otro lo lleva en su mano como una extraña espada. ─ Creí que te… habían… ─ trató de decir algo, pero su asombro no le dejaba hablar, aun Dragnan mantenía su verdadera apariencia demoníaca; guardia que se atravesaba por su camino, recibía su final en un parpadeo, otros solo tratando de huir se convertían en vapor de sangre y cenizas cuando apenas Dragnan levantaba su mano. ─ ¡Mis cosas! ─ con los ojos bien abiertos dijo Samara, Dragnan con la mirada fija al frente da un gruñido de afirmación, indicando que a eso irían. Atravesando unos cuantos pasillos, girando un par de veces a la izquierda, luego a la derecha, mirando siempre a ambos lados, llegan a una amplia habitación, varios estantes y unos guardias que también encontraron su final en manos de Dragnan, Samara revisó cada estante, cada tramo, cada cajón, desesperada, mientras que Dragnan montando guardia esperaba. Cofre que abría y no eran sus pertenencias, las tiraba al suelo o a algún rincón de aquel salón, cada uno con un gruñido de exasperación y desespero. ─ ¡Apresúrate! ─ grita Dragnan mirando sobre su hombro. ─ ¡Eso hago! ─ espetó Samara. En un rincón aislado, un cofre grande cerrado con un gran candado, con la mirada fija en aquel baúl, Samara siente un gran tirón mágico en sus adentros, como si el cofre le estuviera llamando. ─ ¿Dragnan? ─ nombró Samara con duda e intriga en su voz. ─ ¡Dragnan! ─ llamó ésta vez con voz firme, Dragnan se acerca y observa el gran baúl, con un fuerte golpe con la empuñadura de su espada, soltando un gran chispazo por el impacto, el candado cae al suelo, Dragnan abre el cofre, Samara se acerca para ver que todas sus pertenecías se encontraban allí, guarda el hueso junto al otro en su espalda, se coloca sus brazales, su daga, Colmillo se la ata en la muñeca, la espada negra, ¿Dónde coño está la espada negra?, Dragnan ya se había vuelto a parar en el umbral a montar guardia. ─ ¿Buscabas algo, hija? ─ Samara se gira con sorpresa en su rostro. ─ ¡Madre! ─ dijo Samara en un jadeo, Marie se acercaba a pasos lentos, inaudibles sosteniendo la espada de Darrel. ─ Madre, no tenemos que hacerlo ─ ¿Hacer qué, hija?, es obvio que ya tomaste tu decisión ─ refutó Marie encogiendo solo un hombro. ─ Solo dame la espada y me iré ─ se miraron en silencio solo un par de segundos. ─ Ya están cerca ─ advirtió Dragnan, el segundo que produjo de distracción, le bastó a Marie para atacar, Samara esquiva la estocada que iba directo a su corazón con dificultad trastabillando, contempló horrorizada a su madre, ¡intentaba matarla!. Temblando, los labios de Samara susurraban algo, Marie estrecha la mirada prestando atención a lo que trataba de decir, Marie esboza una media sonrisa de triunfo, podía sentir el miedo de su hija. ─ Es inútil que pidas perdón en éste momento, “hija” ─ mofaba Marie ensanchando su sonrisa maliciosa. Algunos guardias hicieron acto de presencia imposibilitando algo de ayuda que pudiera proporcionar Dragnan, madre e hija se debatían en una lucha a muerte, sin embargo, la falta de experiencia de Samara, las cosas parecían estar más en su contra que a su favor, a duras penas podía cubrirse de ciertos ataques y usaba cuanto tuviese al alcance para protegerse, en cambio Marie, parece gozar de la ventaja, deleitándose rodeando a Samara, midiendo por donde empezaría a cortar; otra estocada por el lado izquierdo, Samara esquiva girando su cuerpo como una bailarina y con el mismo impulso propina un fuerte codazo en la mejilla de Marie, ésta retrocede un paso asombrada por el golpe sujetándose la mejilla. ─ Osas a golpear a tu madre ─ dijo Marie con un aspecto no solo de sorprendida, también de indignación. ─ Mi madre murió hace tiempo ─ espetó Samara. ─ De la misma forma que morirá mi hija ─ gruñó Marie con los dientes apretados. ─ Esto me dolerá más a mi que a ti ─ agregó Marie con algo parecido al dolor en su rostro, ultima artimaña para hacer bajar la guardia de Samara, sin embargo, ésta se mostró impasible, esperando con unos cuantos cortes y arañazos en su cara, cuerpo y ropa. Marie se prepara para el ataque al igual que Samara con una postura firme, la cual, le mostró Dragnan, una postura firme que a la hora de atacar, le permitiría fluidez en el movimiento, con su pie izquierdo al frente, el derecho atrás, ligeramente encorvada, y su torso casi de frente a su oponente, sus manos, una al frente casi abierta y la otra a la altura de la cintura formando un puño, Marie ataca desde arriba, Samara recordando las enseñanzas de Dragnan, da un paso atrás, bloquea con el brazal izquierdo, dando un paso al frente, golpea con todo su peso y fuerza con el puño derecho, ¡crack!, un puñetazo directo a la nariz que hizo tambalear a Marie varios pasos atrás, fue algo casi instantáneo y veloz, Marie se sujeta la nariz sangrando a borbotones, pero no era sangre humana, era sangre negra y espesa. ─ ¡Pagarás por esto, maldita malcriada¡─ gruñó Marie, sin esperar la reacción de parte Samara, arremete en contra de su hija buscando de cortarle la cabeza, Samara esquiva agachándose y responde con velocidad, dos puñetazos más a la cara, impactando uno en la boca y el otro en la mejilla, Marie suelta la espada tambaleándose, Dragnan ya venia en su ayuda, pero Marie se abalanza con las manos en forma de garras, ambas forcejean. ─ ¡Te matare! ─ escupió Marie. Entre el forcejeo, Marie esboza una sonrisa maníaca y triunfal con las manos casi aferradas al cuello de Samara. ─ Tienes fuerza para ser humana ─ bufaba Marie ensanchando su sonrisa viciosa. ─ Pero no la suficiente ─ El asunto… ─ espetó Samara haciendo notar el gran esfuerzo que le costaba mantener a raya a su madre endemoniada, ─ Es que no soy humana del todo ─. Los ojos de Samara soltaron un destello azul mientras que en sus brazos se dibujaron trazos de runas antiguas, las mismas de su daga Colmillo, éstas ardieron en sus manos quemando las muñecas de Marie, ésta grita de dolor saltando hacia atrás, retorciéndose en un rincón con sus muñecas ardiendo en fuego azul, Dragnan le ayuda a levantarse, Samara se levanta algo aturdida, toma la espada de Darrel enfundándola, espera un par de segundos para centrar su mente y proseguir su huida acomodándose su enmarañado cabello. Otras explosiones más dentro del castillo, todo un jaleo montado, los guardias corriendo en todas direcciones. Dragnan y Samara corren por las altas murallas, soldados en ambos lados acompañados de arqueros, ¿Dónde estaba su hermano?, posiblemente salió en busca de sus jefes o algo parecido, ─ ¡Sujétate! ─ gritó Dragnan sujetando a Samara por la cintura. ─ ¿sujetarme a que? ─ se pregunta confundida, sin dar chance de nada, Dragnan se tira al vacío, Samara se aferra a Dragnan con todas sus fuerzas sintiendo como su estomago se vuelca ante la caída libre. ─ ¡¡ESTÁS LOCO!! ─ gritó Samara mientras caían. Ahogándose el grito entre el vacío y la caída, los arqueros dispararon sus flechas, una tras otra como una lluvia letal; el fuerte viento golpea su cara impidiendo un buen respirar, un fuerte tirón es acompañado con un bum estando abrazada a Dragnan, no solo con sus brazos, sino también con sus piernas con todas sus fuerzas y sus ojos bien cerrados. Samara no sintió el choque de los cuerpos contra el suelo, o lo que debería ser, ¿y como se supone que debía sentirse una caída o el impacto contra el suelo?, frunciendo el sueño al no sentir nada más que una brisa fría en su rostro, Samara se hacía aun más preguntas, ¿estaba en el cielo?, es imposible, ¿los muertos sienten frío?, al no contener más su curiosidad, decide abrir los ojos lentamente, primero un ojo, luego el otro, pues no, no estaba muerta, aun estaba abrazada a Dragnan y éste la sujetaba fuertemente contra su pecho, recorre con la mirada a su alrededor y se percata con asombro de unas alas rojas con negro de gran envergadura, ¿alas de murciélago o de dragón?, el corazón de Samara aun paralizado, no sabia si estaba respirando o no, quiso tratar de alcanzar una, pero no pudo, ni un solo dedo respondía a su orden de querer tocar la dichosa ala, trató de girar su cabeza para ver a su alrededor, ¡pero que coño!, estaban a cientos de metros de altura, ¡volando!, ¡estaban volando!, bueno en realidad quien volaba era Dragnan y ella… solo estaba pegada a su cuerpo, cierra los ojos con fuerza ocultando su rostro en el pecho de Dragnan, un par de aleteos más, creando un bum en cada agitar, alcanzaron una velocidad increíble. ─ Debemos bajar ─ anunció Dragnan con el fuerte viento tratando de apagar su voz, Samara advirtió que era debido a las heridas, una gota de su sangre oscura corría por un costado de Samara; acercándose a un claro, Dragnan fue bajando poco a poco, Samara no quería despegarse de su cuerpo, estaba aterrorizada, ¿Cómo diablos bajarían?, Dragnan la sujetó por las axilas como a un bebé apartándola de él poco a poco. ─ Confía en mi ─ dijo Dragnan, Samara traga saliva con fuerza asintiendo mientras miraba al suelo, necesitaban un descanso. Dragnan comienza a agitar sus alas disminuyendo la velocidad, Samara cae sobre su trasero al momento en que ella toca suelo, se apoya sobre sus codos fulminándolo con la mirada, Dragnan cae postrado sobre una rodilla un par de metros más allá, viéndose muy débil y su respiración irregular. Samara corre en su auxilio, rodeando a Dragnan por la cintura y el brazo de él por su cuello, lo ayuda a levantarse y caminar adentrándose a las profundidades del bosque. Era de noche, las estrellas brillantes, millones de ellas, y ellos bajo un cielo hermosamente despejado, sin embargo el frío dejaba por sentado su presencia, Samara cae agotada junto a un Dragnan moribundo. ─ Pesas demasiado ─ protestó Samara resollando, quejándose mientras trataba de incorporarse, arrastra a su demonio protector hasta recostarlo sobre un árbol, la armadura de Dragnan se va evaporando lentamente hasta solo quedar con su túnica negra y el rostro humano y encantador con la que lo había conocido, solo la sangre oscura afeaba su cincelado rostro, aun los ojos con el rojo demoníaco y el azul hielo aun fundidos, la analizaban, la estudiaban. Samara comenzó a hurgar entre las pertenencias de Dragnan en busca de las hierbas que él le enseñó. Ella concentrada en la elaboración del extraño ungüento, Dragnan mirando al cielo estrellado. ─ Eso fue… asombroso ─ musitó Dragnan, lo que parecía ser más para si mismo que para entablar una conversación, Samara se distrae un poco para mirar sobre sus hombros, luego prosigue con la labor. ─ ¿De que? ─ pregunta Samara. ─ En la forma en que te defendiste… fue… asombroso ─ ¿acaso le estaba haciendo un cumplido?, Samara esboza una sonrisa frunciendo el ceño, realmente se estaba muriendo, ya que desde que lo conocía, nunca le había dado un elogio, ni cuando le enseñaba a luchar.
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