Tierra de Mercenarios

El poder del dragón
A la mañana siguiente, Daqingshan descubrió que su boca estaba hinchada; el veneno era demasiado fuerte y su débil lengua no podía soportarlo. Sacudió su cabeza vigorosamente, luego agarró un gran puñado de nieve del suelo y se lo estrelló con fuerza en la cara. Aunque Sharuo evitaba mirar a Daqingshan, pudo notar como sus mejillas estaban un tanto hinchadas. Como sacerdotisa, Sharuo supo de inmediato lo que ocurría, por lo que cantó ligeramente un pequeño hechizo y una luz blanca brilló alrededor del rostro de Daqingshan, quien inmediatamente sintió como la hinchazón desaparecía. Entonces, ambos inclinaron la cabeza al mismo tiempo en señal de agradecimiento. Daqingshan tomó a los perros y a Lu’er para abrir el camino, seguidos por Sharuo quien avanzaba al final. Como ambos eran novatos, les resultó imposible adivinar la situación que les esperaba, y cuando los perros de nieve empezaron a ladrar desesperadamente, se dieron cuenta que era demasiado tarde. Daqingshan y Sharuo levantaron sus cabezas sorprendidos: delante de ellos había cinco caballeros con una armadura negra, montando a caballos del mismo color y con sus rostros ocultos bajo cascos. Inconscientemente, Daqingshan levantó su escudo con la mano izquierda, y con la otra sostuvo su espada larga, bloqueando a Sharuo detrás suyo. Lu’er también se había sorprendido, e hizo vibrar ligeramente sus alas para ponerse detrás de Daqingshan. —Era un buen plan; podrás engañar a otros tontos, ¡pero no a mí! — señaló un caballero negro —. Ríndanse, espero que esto se pueda resolver pacíficamente. Los labios de Daqingshan se apretaron con fuerza, sus ojos miraban directamente a su oponente mientras levantaba ligeramente el escudo. El caballero del medio, que parecía ser quien les lideraba, suspiró brevemente y levantó la mano derecha. Tras recibir la orden, el resto de caballeros tomaron unas jabalinas de tres metros de largo que llevaban al costado de sus caballos, la mantuvieron erguida y comenzaron a avanzar. Los cinco caballeros negros comenzaron a moverse amenazantemente, prolijos y consistentes, el sonido que hacía la herradura de los caballos en el barro demostraba que su formación tenía las habilidades de impacto conjunto, impacto sincronizado e impacto provocativo. Aquello era no solo una técnica extremadamente letal, sino que también ejercía una tremenda presión psicológica. Avanzaban a tal ritmo que sin darse cuenta estaban cada vez más cerca. A unos veinte metros de distancia, los cinco caballeros estiraron sus lanzas verticalmente, reflejando sus puntas con la luz del sol. —¡Lu’er, despega, utiliza tu magia! — gritó Daqingshan. En aquel momento crítico, el chico esperaba que su dragón pudiese liberar un poco de magia relámpago u otra del tipo ofensivo. Aunque los rayos no provocarían un golpe falta al enemigo, al menos podía paralizarlos por un momento para retrasar sus ataques. Las alas de Lu’er se extendieron e inmediatamente se elevó en el aire sin pausa alguna. El aire frente suyo comenzó a moverse rápidamente generando pequeños remolinos, de pronto, un dragón amarillo apareció en el aire, seguido por el segundo, un tercero y un cuarto… En el mundo de los mercenarios, todas las habilidades de invocación, de cualquier oficio, eran de hasta cuatro criaturas, ya fueran elfos u otros animales. Los dragones fantasmas exhalaban un viento frío, extendían sus enormes alas y se lanzaban directamente desde el aire. Los caballeros estaban aturdidos por la vista frente a ellos, ya que incluso un mago de primer nivel no podría convocar a cuatro dragones de viento en un período tan corto, sobre todo tomando en cuenta que el dragón de viento amarillo era una magia de la más elevada. Los caballeros que pretendían crear un gran impacto eran ahora quieres recibían dicho impacto desde el aire. A una distancia de tan solo diez metros, todos los caballeros se habían sobresaltado, incluyendo sus monturas que se movían desesperadas. Los enemigos trataron de ajustar la dirección de la punta de la lanza hacia arriba, con la esperanza de apuñalar al dragón directamente. Tiraron de la cabeza del caballo hacia atrás para ajustar bien sus lanzas y ganar más espacio, de lo contrario, la formación anterior que estaba sobrecargada debido a sus armaduras, resultaría inútil si eran blanco de dicho monstruo. El resultado fue el deseado, y los caballeros que iban a los costados salieron de la brecha, mientras que los del medio también pudieron ampliar el espacio sacando a sus caballos de la formación. Solo aquel que parecía ser el líder no pudo escapar, pero afortunadamente para él, los cuatro dragones convocados se dirigieron todos hacia sus compañeros, lo que le dejó libre para ir directamente a por Daqingshan. Los dragones amarillos son una encarnación del viento, aunque no son tan ágiles como los dragones reales, obviamente tienen ventaja contra los caballeros comunes, especialmente en situaciones de uno contra uno. Los caballeros son buenos en combates grupales, debido a su coordinación y poder atacan como si fueran uno solo; sin embargo, en uno contra uno y especialmente contra ataques aéreos, es difícil para el caballo estar atento a tantos cambios sin tener a otros como guía. También hay que mencionar que la enorme armadura que poseen está atada al cuerpo y la flexibilidad que ofrece es muy pobre, provocando que en ese sentido, la capacidad de combate de un caballero ni siquiera fuera tan buena como la de la infantería común. Un dragón de viento arrancó la cabeza de uno de los caballeros, haciéndola volar en círculos, y se aproximó directamente hacia el otro. Las enormes patas traseras se estiraron, levantando al hombre que todavía estaba luchando con el otro dragón, elevando al sujeto por el aire. El destino de dicho caballero resultaba miserable. El dragón se elevaba sin descanso al cielo, y si tomamos en cuenta que la vida máxima de un dragón fantasma es de diez minutos, el caballero caería del cielo en esa misma cantidad de tiempo… Lo cierto era que Daqingshan no esperaba que el poder de la magia de Lu’er cambiara repentinamente de nivel dos al nivel cuatro. Cuando Lei Ge estuvo a punto de irse le había dado a Lu’er una evaluación mágica y creyó que el nivel del dragón había alcanzado el de un humano de primer nivel, aunque claramente ahora que pudo convocar a cuatro dragones amarillos, y con la ayuda que había recibido del Dios Dragón, Lu’er definitivamente había superado esa limitación. Antes que pudiera pensar en ello, el líder de los caballeros ya estaba corriendo hacia adelante, lanzándose directamente hacia él. En un combate uno contra uno, la carga de la justa del caballero no tenía ventaja alguna. Lo ideal no era usar la lanza, pues esta no servía mucho en un combate de uno contra uno; lo mejor hubiera sido cambiar el arma a una cimitarra o una espada, pero en esos momentos el oponente ya no tenía tiempo de cambiar de armas. Aunque hubiera sido sencillo esquivarle, Daqingshan no podía hacerlo, pues Sharuo estaba detrás de él y si lo hacía, ella quedaría expuesta ante la lanza del enemigo. El muchacho levantó el escudo en alto, y en el momento en que el arma le golpeó, lo inclinó hacia afuera, desviando la punta. La espada larga en la mano de Daqingshan brilló con su luz plateada y cortó directamente en el cuello del caballo. Sabía que una vez que abandonara la montura, el impacto y poder del jinete decaería drásticamente, y sería inútil para él enfrentársele incluso usando otras armas. Cuando trató de seguir cortando, el caballero enemigo le bloqueó el ataque con el dorso de la lanza, haciendo rebotar la espada del chico. Daqingshan también recordó las palabras de Chi Hanfeng. Como no tenía una montura, y poseía la combinación de espada más escudo, estaba familiarizado con los enfrentamientos ante una carga de caballero con una sola espada. Era consciente de que si fuera un caballero Eudemon, no podía cortar a su montura tan fácilmente, puesto que al momento de atacar, esta se elevaría en los aires; aunque ahora se enfrentaba solo a un caballero ordinario, y Daqingshan estaba bastante informado del cómo vencerle. Cuando el enemigo se giró, Daqingshan no dudó en absoluto, y se llevó rápidamente el escudo a la cara para protegerse de las patas traseras del caballo que se precipitaban desde la izquierda. Con su mano derecha estiró la espada y su cuerpo se arqueó, observó que la lanza se encontraba en la izquierda, lo que dejaba al descubierto el vientre del caballo, lo que aprovechó al instante para lanzarle una potente estocada. El caballo gritó y salió corriendo unos metros hasta caer al suelo. El jinete fue expulsado de la montura por la inercia, y Daqingshan dudó de si seguir o no. Un dragón de viento zumbó desde lo alto y cayó en picada, estrellándose contra el casco del caballero que seguía en el suelo, destrozándole el cráneo. La batalla terminó muy rápido. Los cinco caballeros murieron casi en diez minutos y pronto, la figura de los dragones amarillos se estremeció y desapareció en el aire. Daqingshan se limpió la sangre de la cara y llamó a Lu’er, quien todavía flotaba en el aire. El dragón bajó rápidamente y Daqingshan, quien se había mostrado reacio a hablar, no pudo evitar palmear la cabeza de Lu’er exclamando: —Eres genial, muchacho. Sin embargo, Lu’er comenzó a oler y a meter la cabeza dentro de la mochila de Daqingshan. Obviamente, su mejor recompensa no eran los halagos, sino que los deliciosos lagartos fritos. Los caballeros negros resultaron no ser muy buenos en la batalla, pero si muy buena fuente de transporte. Se encontraron quinientas monedas de oro y una gran cantidad de medicina curativa en sus cadáveres, aunque lo que hacía que Daqingshan estuviera más satisfecho, era que había cuatro caballos negros sanos. Era una lástima que el tiempo que tenían fuera escaso, de lo contrario, se les podía quitar la armadura a los cadáveres para cambiarla por dinero. Incluso si hubiera tenido el tiempo para hacerlo, el joven Daqingshan probablemente no hubiera tenido el corazón para hacer ese tipo de cosas; si fuera en camio Amy, no importa cuán apretado estuviera de tiempo, sería capaz hasta de afeitar el cabello de los muertos para venderlos como fertilizante. Aunque las ideas brotaban en la mente de Daqingshan, se distrajo rápidamente, dado que Sharuo observaba a los cadáveres mientras susurraba exhausta. La última responsabilidad de los clérigos tras las batallas era rezar para que las almas perdidas fueran liberadas lo antes posible. Dos horas después, la puerta de la Ciudad Camponeva se apareció frente a ellos. Daqingshan y Sharuo redujeron un poco la velocidad y se apresuraron hacia la guardia de la ciudad que se encontraba custodiando la puerta. Las docenas de soldados Hami que custodiaban la ciudad no habían visto a una caballería extranjera tan descuidada en mucho tiempo, aunque esto no evitó que las cimitarras de los Hami fueran sacadas de sus vainas al unísono, provocando que el grupo se detuviera hasta que el líder del pelotón salió de la cabina, hablándoles en el lenguaje común estándar del Continente Helado. —¿Quiénes son y por qué quieren entrar a la ciudad? Sharuo había crecido en la iglesia y más tarde se desempeñó como enviada especial de la misma con el Imperio Amy, debido a esto, estaba muy acostumbrada a la comunicación entre funcionarios. Sacó dos fichas de sus brazos, una dorada y otra azul, entregándoselas directamente al líder de los guardias. —Somos en enviado especial del Imperio Amy y la Sagrada Iglesia — explicó —. Vinimos a encontrarnos con unos Eudemons, pero en el camino nos topamos con un ataque enemigo en el Bosque de Hielo, nosotros dos escapamos con la esperanza de obtener del Reino Hami una ayuda de salvación; por favor, comuníqueme con el general más alto de la defensa de la ciudad. El símbolo que representaba al país mostró su debida efectividad: bajo la escolta de los guardias de la ciudad, Daqingshan y Sharuo irrumpieron en la mansión del más alto general de la ciudad, el Barón Minas. Después de escuchar el informe, el Hami de cuarenta años, Minas, salió a recibirlos en persona. Tras ello, por la puerta de la ciudad salieron quinientos Jinetes Hami junto a sus respectivos lobos de nieve. —Todo estará bien, todos estarán bien — rezaron en silencio tanto Sharuo como Daqingshan. Recorrieron la llanura de diez kilómetros rápidamente para llegar al denso bosque del frente. Según el acuerdo, Amy y los demás debían atraer al enemigo hasta allí. Bajo los ojos sorprendidos de todos, Daqingshan extendió la mano para señalar a Lu’er, dejando que volara a gran altitud para encontrar los rastros de Amy. Pronto, bajo la guía de Lu’er, Daqingshan y los demás encontraron muchas huellas de herradura en un área ligeramente abierta del bosque, pero no quedó nada más en la escena.
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