Tierra de Mercenarios

V1C33 - ¿Eudemons?
Hace mucho tiempo, los estudiantes de una academia de magos llamada Tsinghua, escribieron una especie de canción que recitaba: “Desde la antigüedad, los héroes aman a las mujeres hermosas; y los que no son héroes ¡también! El final de cada historia de amor es el mismo: el príncipe y la princesa vivieron felices para siempre. Pero toda historia de amor evita mencionar los siguientes dos hechos que deben de tenerse en cuenta: 1.La belleza envejece, y la belleza de las humanas es de tan solo diez años como máximo, mientras que el comportamiento picarón de los príncipes humanos a menudo puede durar hasta por treinta años. 2.Después de que un príncipe se convierte en rey, a menudo suele tener muchas… confidentes. Shan Hai Jing, Charla encantadora. *** Amy y Daqingshan oyeron pasos desordenados; una gran cantidad de mercenarios y miembros de otros grupos se precipitaron al gremio de mercenarios, rodeando a las personas que acababan de entrar. Amy frunció el ceño levemente, había tanta gente reunida alrededor que casi no se podía escuchar nada de lo que los recién llegados estaban hablando. —Queremos encontrar… para completar una… escolta de… — se oía decir a una dulce voz femenina al empleado — … mil monedas de oro… Amy se levantó inmediatamente de un salto y se precipitó al gremio. Había demasiada gente, en tan solo unos minutos había más de treinta personas apretujadas dentro. Amy y Daqingshan se pusieron de puntillas con los ojos muy abiertos para poder ver bien quienes estaban al otro lado. La altura de Amy podía catalogarse de media-alta a moderada, y no faltaban mercenarios como los berserkers que bloqueaban la vista como una sólida pared, no dejando ver nada. Amy respiró hondo y dijo en voz alta: —¡Tranquilo, Lu’er, no te avives! Inmediatamente, todos en la sala, incluidos los empleados, bajaron la cabeza o directamente huyeron de allí. En los últimos días, todos habían apreciado el encanto de Lu’er, quien no necesitaba recitar un hechizo para lanzar mágica esporádicamente, además que tampoco tenía el miedo de quedarse sin maná. Debido a esto, ya todos en el Bar del Árbol sabían como evitar los rayos; si no se agachaban de inmediato se convertirían en un pararrayos humano. —Permiso, permiso… Amy y Daqingshan caminaron cautelosamente de puntillas hasta el mostrador, atravesando el río de personas que continuaban agachadas tras el susto. —No te preocupes, lo detuve a tiempo — decía el joven mientras llegaba a donde estaban las chicas —, por desgracia cuando tienen doscientos años aún son jóvenes, es un poco ignorante, pero buen chico. Cuando finalmente llegó al lado de ellas, levantó la cabeza y las miró directamente a los ojos. —Señorita, ¿está buscando mercenarios? — sonrió — Recomiendo a mi grupo, ¿son mil monedas de oro, dijo? Las dos muchachas eran claramente humanas. La chica con ropas rojas era un poco más alta, con el cabello negro, largo y recogido suavemente por la cabeza y cayendo por la espalda; su rostro era sonrosado y con pecas que la hacían parecer un durazno; sus ojos eran marrones y poseía una linda sonrisa en las comisuras de la boca. Por otra parte, la muchacha de ropas azules tenía todas las pintas de ser una maga, pues poseía su marca de nivel dos sobresaliendo de su pecho. Tenía el cabello largo y castaño, que descansaba suavemente sobre su pecho desde sus orejas; tenía grandes ojos azules y su rostro denotaba una sensación de paz. Era bastante posible que ambas chicas tuvieran menos de veinte años. Detrás de ellas había algunos soldados imperiales que parecían ser caballeros, con armas en sus manos y algo de sangre en sus cuerpos. Los recién llegados se habían sorprendido por la peculiar ceremonia de presentación, aunque, a ojos de Amy, a las chicas también les llamó la atención la apariencia de ambos mercenarios. Amy estaba vestido con ropa de cuero blanco, la mitad de sus hombros estaba expuesto; su piel estaba tostada, labios y nariz vigorosos como estatuas, y poseía una pequeña mueca de arrogancia en su sonrisa superficial que solo podían tener los nobles. Por otro lado, Daqingshan era un poco más alto que Amy, con ropa de cuero negro; la mitad de sus hombros también estaba expuesto; poseía gruesas cejas y sus ojos, negros y grandes, eran puros y simples. —Lo siento — dijo la chica de azul frunciendo levemente la boca —, buscamos alguien de nivel A, la misión es peligrosa. —Y nosotros mil monedas de oro — respondió ansioso Amy, con una pequeña sonrisa —; somos de nivel A. La muchacha no le creyó, pero no dijo nada más. Sacudió ligeramente la cabeza y se dirigió al empleado recepcionista que acababa de levantarse del suelo. —Encuentra un mercenario de nivel A o un veterano de nivel B — le ordenó al secretario —, que nos lleve a la capital del Reino Hami, nuestro antiguo guía murió en un conflicto. El empleado tomó el pergamino de tareas y escribió seriamente: Misión de escolta de nivel B, requiere un grupo de mercenarios por encima del nivel B. El número no es limitado, la tarifa es de mil monedas de oro (no por adelantado): —Si llegan al mismo tiempo grupos de nivel A y B, señorita, ¿a cuál prefiere? —A, definitivamente — respondió la joven de azul. —Oh — el empleado se aclaró la garganta y se dirigió a la multitud—. Empiecen a registrarse ahora, todo el mundo lo ha oído: necesitamos un grupo de mercenarios de nivel B o A. —Yo quiero participar. Amy, quien era el que estaba más cercano, levantó la mano primero. Hubo varios grupos de mercenarios que respondieron dispersos por detrás, pero rápidamente desistieron, pues las condiciones habían quedado claras cuando se mencionó al grupo de nivel A; a menos que hubiera un miembro de Los Lobos Grises, nadie podía participar en la competencia. —Señorita, es un gran honor recomendarle a uno de los pocos grupos de mercenarios de nivel A en todo el mundo — dijo el empleado, acercándose a Amy de manera muy profesional —. Con ustedes, el señor Amy pertenece a dicho grupo. —Ah… — dijo la muchacha incrédula. Las chicas y los soldados no podían creerlo, incluso, uno de estos últimos no pudo evitar interferir: —Disculpe, requerimos que los mercenarios también sean de nivel A o B — especificó el hombre —. Aunque sea un mercenario de Los Lobos Grises, si es de nivel G o F no lo precisamos. —Lo supuse — persistió el secretario —, el querido señor Amy y sus socios son también mercenarios de nivel A, ellos son el jefe y el subdirector de su equipo, respectivamente. Una sonrisa de suficiencia se dibujó en el rostro de Amy. —Señorita, somos los Pequeños Mercenarios, pero contrario al nombre, tenemos una fuerza extraordinaria — comentó el chico —. Créame, seremos cien por ciento responsables de las mil monedas de oro… digo, la misión. —Pero — interrumpió la chica de rojo —, el camino es peligroso. —Je, je, ¿qué cosa que hacemos los mercenarios no es peligrosa? — admitió Amy —. Si no creen en nuestra fuerza pueden preguntarle a cualquiera de los mercenarios que están aquí sobre todos los peligros que hemos experimentado. Todos los mercenarios alrededor asintieron con la cabeza. —Está bien, serás tú — respondió la chica de azul —. Ven, hablaremos de la misión. Al decir aquello, ambas chicas intercambiaron opiniones. No era que hubieran encontrado un grupo de mercenario adecuado, aunque sí que les habían causado una buena impresión los dos jóvenes de edades similares. No importaba cuanto objetara el otro soldado, al final tuvieron que llegar a un acuerdo. En una cabaña separada, algunas personas comenzaron a hablar de negocios; la chica de azul pidió a uno de los empleados del bar que les creara una barrera insonorizada en su lado, para así evitar ser oídos y a la vez oír lo que hablaban los demás. Resultó que las dos chicas eran enviadas del Imperio Amy hacia el Reino Hami para recoger Eudemons. —¿Eudemons? — se sorprendieron Amy y Daqingshan; este último prosiguió — ¿No deberían haberlos recogido el año pasado? Ahora tendrían que esperar cinco años… ¡Clank, clank! Rápidamente, los tres soldados imperiales se levantaron de un salto y desenvainaron sus espadas. —Dime, ¿cómo sabes la verdad sobre los Eudemons? —¿Fueron quienes atacaron la misión? —¿Qué tiene de raro saber eso? — respondió Amy, quien aun continuaba relajado y echado en la silla —. Mi maestro es el gran Archimago Lei Ge, ¿cómo podría no saberlo? Amy estimó que, a esa altura, Lei Ge ya habría llegado a la capital imperial para obtener su título, aunque tampoco quería mencionar que tanto él como Chi Hanfeng querían robarse algunos lobos espirituales anteriormente. —¿El Archimago Lei Ge? — respondieron ambas chicas, sorprendidas. —¿Eres su aprendiz? — preguntó la de azul —. Eso es genial, tener clases con un gran mago como él a una edad tan joven; generalmente un alumno sale tan bueno como su maestro. Los soldados imperiales parecían desconocer el nombre de Lei Ge, pero al ver a las muchachas aceptarlo de tal forma, decidieron que no debería ser un problema y guardaron sus armas. —Debería haber sido el año pasado — explicó la chica de rojo —, pero el Sol Negro y el Sol Blanco no se superpusieron, por lo que el Jardín Sagrado de Eudemons no se pudo abrir. Tras la coordinación de varios países y los cálculos de magos celestiales, el tiempo de apertura se pospuso para este año. —Partimos de la capital imperial hace dos meses y llegamos a estas tierras el mes pasado — prosiguió la muchacha de azul —. El imperio limita con el Bosque de Hielo, por lo que nos enviaron un pequeño grupo de infantería glaciar para protegernos. Sin embargo, no esperaba que cuando saliéramos del bosque de repente nos encontráramos con un grupo de caballería negra atacando; eran veinte hombres en el escuadrón, hubo ocho muertos y seis heridos. La muchacha continuó explicando lo sucedido. En aquella incursión, casi todos los soldados imperiales fueron derrotados; los enemigos parecían estar muy familiarizados con su itinerario. En los bordes del bosque, había aparecido un sujeto de la nada, que simplemente había asomado la cabeza, acto seguido, dio un silbido que advirtió a más de cuarenta hombres enmascarados con un velo negro que les cubría todo el cuerpo; caballos de cabeza alta y túnicas negras corrieron en fila. El que iba al frente era un jinete Eudemon del mismo color, así que se decidió dividir el grupo en dos para atacar y defender de mejor forma. El capitán de la infantería glaciar llevó a diez personas a enfrentarse al líder Eudemon, mientras que el Secretario de Asuntos Exteriores del Imperio Amy llevó al resto del equipo a esconderse. Tanto el capitán como siete de sus diez compañeros resultaron muertos. Tras la batalla, los sobrevivientes de ambos grupos se reunieron, pero a penas lo hicieron, una flecha disparada a ciegas y a larga distancia le atravesó el pecho al secretario, que casi muere en el acto. Después de pensarlo urgentemente, los heridos graves tuvieron que regresar, incluyendo a una dama de la corte que también era una gran maga imperial. La aprendiz de dicha dama era una maga de segundo nivel: Lin Yuchang (la chica de azul), quien junto a una clériga llamada Sharuo (la chica de rojo) rompieron por completo el itinerario original y se desviaron del camino al Reino Hami para solicitar ayuda junto con el resto de los caballeros. —Se encontraron con el enemigo más tarde, ¿no? — preguntó Amy. —¿Cómo lo sabes? — replicó Lin Yuchang. —Están todos heridos y su número es demasiado pequeño — añadió Daqingshan. —Sí… — intervino la chica de rojo tímidamente —. El oponente parece estar persiguiéndonos de varias maneras. Nos encontramos con uno de ellos, solo quedamos siete personas… ambos guías murieron, también dos soldados se perdieron. Utilizamos magia para eliminar al enemigo, así que esperamos encontrar guías y mercenarios que nos ayuden a llegar a Ciudad Camponeva, la capital del Reino Hami. —¿Tan peligroso? — se avergonzó Amy —. Si ese es el caso, entonces el dinero… —Hasta donde yo sé, si partimos de inmediato podemos llegar a Camponeva en diez días — intervino un soldado. —Dios mío, diez días significan doscientos cuarenta horas de vida o muerte — se comenzó a cuestionar Amy —. Bueno, no quiero aumentarles el precio, aunque nos estén dando un estrés mental en estos momentos… —Tú… — dijo Lin Yushang, enfadada. —No quise hacer las cosas difíciles — dijo Amy, agitando la mano. —Amy, olvídalo, ayudémoslos de una vez —Daqingshan interrumpió la actuación de su amigo. —Desmayado estoy — suspiró Amy —, ¿cómo es que yo soy el malo y tú el bueno? Está bien, ayudaremos. Lo cierto era que no había otra alternativa para el chico, el subcomandante de los Pequeños Mercenarios había expresado su actitud y no podía refutarle. —Nunca había visto a una persona así — susurró un soldado —, que no se compadeciera y apreciara tanto el oro. Al mirar al cielo que se oscurecía afuera, Amy y Daqingshan discutieron brevemente y decidieron partir de inmediato. Podrían correr durante la noche y alejar a los soldados que los perseguían durante medio día. El camino más conveniente desde el Bar del Árbol hasta Ciudad Camponeva era por la Carretera Continental de la Montaña Colmillo Dragón. En el verano, toda la nieve del camino se derretía, lo que la volvía muy fácil de transitar a pie. Sin embargo, considerando que había caballos que les perseguían, sería muy difícil escapar de su impacto si eran atacados en el camino, por lo que se planeó sumergirse directamente hacia el norte por el Bosque de Hielo, para luego desviarse al este hacia Ciudad Camponeva. El grupo tenía originalmente cuatro trineos, pero los perros de nieve de larga distancia que tiraban de ellos habían viajado demasiado en los últimos días y se habían agotado. Amy le aconsejó a Lin Yushang que se gastara cien monedas de oro en la estación junto al bar para reemplazar a los perros por unos nuevos. La noche acababa de aparecer, y ante la mirada envidiosa de otros mercenarios, los cuatro trineos abandonaron el Bar del Árbol. Poco después de salir del bar, Amy le dio unas palmaditas a Lu’er, que acababa de quedarse dormido a su lado. —Hmm… Lu’er se dio la vuelta, volvió a poner la cabeza debajo de la ropa de Daqingshan y continuó descansando. —Oye, oye, es tu turno — replicó Amy —. No puedes comportarte así cuando ya eres mayor, Lu’er. —Uh, Uh — Lu’er puso sus dos patas delanteras debajo de la ropa de Daqingshan y abrazó su cabeza con fuerza, como si bloqueara sus oídos. —Oye… — dijo Amy, mientras sacaba dos lagartijas crocantes de un paquete, dejando libre el olor a carne que llegó directamente a las narices del dragón. —Ah…Hee… Lu’er olió el aroma de sus amadas lagartijas, entrecerró los ojos y comenzó a localizarla con la nariz. Amy cubrió su boca con una mano: —Si no trabajas por un día, no comes por un día — le dijo — ¿Sabes el significado de esta frase? Lu’er se encogió de hombros. —Primero, no has trabajado en cuatro días — explicó Amy —; segundo, ahora estamos en una situación muy peligrosa, y mucha gente está montando a caballo para arrebatar tus lagartijas. Amy parecía como si estuviese hablando con un niño pequeño. El rostro de Lu’er se arrugó de inmediato y dejó escapar un pequeño aliento de dragón de color verde al oír que querían quitarle su comida. —Volarás al cielo en una ahora para ver si vienen — le indicó —. Si ves a alguien persiguiéndonos a caballo por la noche, entonces son ellos y le daremos una lección. Amy se guardó las lagartijas mientras a Lu’er se le hacía agua la boca y le dio unas palmaditas en el trasero. —Ve, comerás y te irás a la cama durante el día. … En el aire, Lu’er extendió sus enormes alas planas y se elevó sobre el bosque con la ayuda del silbante viento nocturno, mirando cada movimiento en el suelo. En tierra, Amy estiró la colcha de piel de oso en su cuerpo y la apretó junto a Daqingshan. —Lu’er se está volviendo cada vez más difícil de engañar — le susurró a su amigo —. Debemos encontrar otras excusas, me temo que se está cansando de comer lagartijas, ¿qué haremos entonces? Después de terminar de hablar, ignoró la expresión estupefacta de Daqingshan y roncó con fuerza.
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