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El corazón del Rey Lobo (parte 6)
Odette que había dormido hasta medio día de repente despertó al escuchar un grito. ¡Lasai! Salió corriendo a toda prisa hasta el lugar donde se encontraba Lasai y se sorprendió al ver lo que la niña estaba señalando, era un Lil con una armadura de lombrices sobre su espalda. Odette suspiró aliviada hasta que recordo a los polluelos, dejo a Lasai y a Lil, cuando regreso a su habitación descubrió que un gran pichon se había devorado la mitad de la planta venenosa y estaba a punto de alimentar con la otra mitad al pequeño pichon. " pequeños ingratos, ¿se atreven a devorar mi planta?" Odette le arrebató la mitad sobrante y coloco a ambos pichones en el nido que su madre les había construido. sintió pena por el par de pichones, uno había ingerido veneno y el otro se quejaba de hambre, de pronto Lil apareció con menos lombrices de lo que había antes, lo más seguro es que había derramado algunos por toda la mansión. Al ver Lil con un pelo sucio enternecio el corazón de Odette, ese pequeño felino había perdido a su familia y la capacidad de hablar, sabía cuánto odiaba lucir sucio, sin embargo no le importaba ensuciarse si es por el bien de sus nuevos hermanos, sin embargo, ese fugaz sentimiento se extinguió cuando Lil derramó accidentalmente a las lombrices sobre sus pies. Las manos de Odette temblaban y sudaban, Lil no tolera la suciedad y ella no tolera a los insectos o toda cosa que se parezca,... bien, fue culpa suya no decirle que esas aves solo comen plantas, pero... "¡Lil! estas aves no comen carne, si les das eso, su próxima cena serás tú, saca a... a esas lombrices de aquí" Lil al ver a la asustada Odette no dijo nada y se apresuró en sacar a las lombrices, solo cuando estaba fuera de la puerta se dio cuenta que había derramado muchos de caminó hacia la habitación, negándose a cometer el mismo error cambió a su forma infantil y llevó a las lombrices en sus manos. [¡Ahhh!! sucio, esta sucio, esta sucio, sucio..."] Odette pudo escuchar el grito interno de Lil, sin embargo ella se encontraba en el mismo estado y no podría acudir a él. " esas terribles criaturas, se retuercen, estan en todas partes, puede que uno este oculto" Este temor que ambos poseían era igual, ambos se petrificaban, se ponían histéricos y sudaban frío hasta el punto de parecer bloques de hielo. Los que conocen esta debilidad son pocos, uno de ellos el Emperador, en algún momento de inseguridad había preguntado a una persona de confianza ¿quien se parecía más a la emperatriz? ¿el príncipe o el pequeño Lil? esta persona no dudó en contestar, que quien más se parecía era Lil. El pequeño príncipe tenía una apariencia similar, pero solo eso, en cambio Lil y la Emperatriz poseían un mismo temperamento, ambos se comportaban de la misma manera, sus miradas eran iguales, y eran igual de cuidadosos y astutos. En ese momento todos creían que Lil era el hijo bastardo de la Emperatriz y un espíritu, por supuesto este rumor había sido creado con malas intenciones, las reinas y concubinas planeaban librarse de ella de este modo, creían que el Emperador la rechazaría y el puesto de Emperatriz estaría vacante, sin embargo el emperador no solo no hizo eso, sino que adoptó a Lil, reafirmando el puesto de Emperatriz, y dejando en claro que confiaba plenamente en la palabra de la emperatriz. Estos rumores malintencionados se habían originado por la desaparición de la Emperatriz dutante un año, durante la batalla habían sido emboscados y para salvar al Emperador, Odette sirvio de señuelo y fue herida, antes ser capturada prefirió arrojarse por un precipicio, durante el tiempo que no apareció todos la creyeron muerta, sin embargo después de casi un año volvió al campo de batalla aún mas fuerte de lo que era antes, fue el fin para el Sacro Imperio Valez, después de cuatro años al final de la guerra, volvió a la capital con un niño a su lado, todos creyeron que era su hijo, pero no el de su majestad, por lo tanto, un hijo bastardo de la Emperatriz, todos estaban sorprendidos, durante los años de distancia el Emperador y la Emperatriz habían tenido hijos bastardos, definitivamente habría tensión en el futuro si ambos no tenían un hijo juntos, sin embargo aquello no ocurrió y se coronó como príncipe heredero a el bastardo del Emperador, el pequeño príncipe Ackley. Odette que parecía tranquila e indiferente a los rumores en realidad estaba muy confundida, ese niño, antes era solo un gato, ¡¡un gato!! y de repente un día, poco antes de volver a la capital se transformó en un niño, esto estaba mal, muy mal, por si no fuera poco ahora decían que era su hijo, ¡un hijo ilícito!. ¿Quién en el mundo no sabe que la infidelidad de una Emperatriz se castiga con la muerte? Si las cosas continúaban de ese modo todo lo que había hecho se arruinaría, todo por lo que había luchado ¿se perdería así?, si es así... a aquellos que pidieron su vida los arrastraría junto a ella al infierno. Pero contrario a lo que esperaba, el juicio nunca llegó, el Emperador decidió reconocer como parte de la familia real al supuesto "bastardo" de la Emperatriz y dejar en claro que ella tenía el mismo poder que él y su relación no se desmoronará fácilmente por sospechas infundadas. Él decidió creer en ella y la llenó de los honores bien merecidos por sus años luchando en el ejército. En todos sus años de casados, no habían podido interactuar mucho y su relación era solo como la de buenos amigos o camaradas, creyó que si podían pasar más tiempo juntos finalmente desarrollarían un sentimiento de romance, pero como una espina esta idea solo le causo dolor y desesperación. Cuando los papeles de divorcio fueron dejados sobre la mesa, cierto emperador deseó enloquecer, desafortunadamente su deseó se realizó. Odette que estaba intenando tranquilizarse en su habitación unos pequeños golpes en la puerta la rescataron, esta era una joven sirvienta que en sus manos traía una carta con el cello imperial. El Emperador ordenaba su regresó, Odette envió una respuesta con el mensajero que había traído la carta e ignoró su pedido, no era idiota, por supuesto sabía de los sentimientos del Emperador, pero simplemente no los aceptaría, algo tan desgraciado como el amor no traería felicidad, al menos no a ella. El amor no correspondido suele transformarse en odió, locura y desesperación, esta tan familiarizada con esas emociones que jamás los dejará crecer en su corazón otra vez.
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