La Boda de mi Ex

Capítulo Treinta y Cuatro
Llegando a casa recibí el mensaje de Ethan diciendo que todo había salido bien haciendo que la preocupación por la hermana de Christian desapareciera, al menos ahora sé que no era una cita que terminaría en una especie de broma pesada o algo parecido. Camino primero hacia el cuarto de Jay, notando que estaba completamente dormido, me recargo por un momento en el marco de la puerta viéndolo dormir unos segundos. Era tan raro tenerlo en casa y aunque yo fuera la hermana menor a veces los roles cambiaban, respiro hondo cerrando la puerta para ir a mi cuarto por mi pijama para darme una ducha. Quería quitarme la sensación de haber sido revolcada por las olas. Al salir con el cabello húmedo y el aroma frutal del shampoo camino hacia mi cuarto casi corriendo al escuchar el sonido de mi teléfono contestando casi al instante y poniendo el altavoz. —¿Qué tal le fue? —pregunto al instante cerrando la puerta con seguro. —Regresó feliz —responde Christian—. Y parece que es un buen chico. —¿Lo conociste? —¿Por qué no iba a hacerlo? ¿Te das cuenta de que soy el hermano mayor? —Eso no implica que tengas que serían sobreprotector. Me acomodo el short de mi pijama y me pongo una playera negra que le había robado hace tiempo a Christian y que ahora era mi pijama. —Lo dice quien mandó a Ethan a vigilar a Morgan —contraataca él con burla. —Confío más en Ethan que en los que mandaste con ella —hablo y huelo la playera notando que ya casi no olía a él—. Necesito una playera nueva por cierto. —¿Playera para qué? —Porque está ya no huele a ti. La línea se queda en silencio unos segundos para luego escuché como rompe en risas estruendosas al entenderlo. —Si durmieras cada noche conmigo no tendrías porque robarte mi ropa. —Tú eres el que siempre está ocupado, señor Bornout. —Podrías mudarte conmigo y no tendríamos ninguno de estos problemas. Ahora la que se quedó callada fui yo, ¿mudarme con él? Me pregunto sentándome en el borde de la cama, no era como si no hubiese dormido ya en su cama o compartido el mismo baño pero aún no me sentía lista en ese aspecto de volver a vivir con una pareja bajo el mismo techo. —¿Eryn? —Aquí estoy —murmuro quedando en silencio unos segundos y decidí cambiar de tema—: ¿Qué quieres para tu cumpleaños? Él se dió cuenta del cambio de tema de la conversación pero no dijo nada en ese momento aunque sabía que no se quedaría callado. Seguimos hablando por otro rato de cualquier cosa y me contó del chico que invitó a salir a Morgan, su nombre es Lukas y realmente parecía ser alguien agradable por lo que escuchaba. Era hijo de una cantante de ópera. —¿Te estás quedando dormida? —No —respondo al instante haciéndolo reír. —Duerme un poco, ya mañana hablaremos —duda unos segundos—. Descansa nena. —Descansa Chris —respondo sonriendo estúpidamente al escucharlo—. Te quiero. Cuelga la llamada dejándome en silencio haciendo que notara como la puerta de Jay se abre al igual que la principal, supuse que saldría a dar una vuelta o algo por lo que no dije nada, sólo me acomode entre las cobijas y me quedo dormida. Aunque prácticamente mi sueño no duró demasiado o eso decía el reloj que marcaban la una de la mañana mientras mi teléfono sonaba de forma insistente por una llamada de un número que no conocía. —¿Bueno? —hablo con el cansancio tirando en mi voz —Hola, no me conoces pero tu hermano, Jason, bueno... Está un poco pasado de copas. Mientras me espabilaba lentamente escucho la voz de mi hermano gritando al fondo que no estaba tomado. Suspiro aferrando el teléfono a mi hombro con mi mejilla y levanto a tientas las manos buscando el botón para encender la lámpara de noche. —¿Dónde están? —pregunto encendiéndola y camino hacia el armario para tomar una sudadera. —Estamos en Iva Avenue. Cuelgo la llamada ya completamente despierta, me pongo unos tenis y tomo las llaves del departamento y de la camioneta, para después salir y bajar hacia el estacionamiento poniendo la dirección en el teléfono. En cuanto llego los nuevos "amigos" de mi hermano lo sostenían por los hombros para que pudiera mantenerse de pie, me estaciono junto a ellos y los ayudo a subirlo en los asientos de atrás de la camioneta dejando la moto estacionada junto al bar prometiendo venir mañana por ella. —Dime la verdad, ¿has estado haciendo esto cada noche? —pregunto molesta manejando de regreso a casa. —Como si eso te importara —habla claramente ebrio—. Tú vida es perfecta ahora. —¿Y por eso te pones a tomar cada noche? —Me echaron del ejército, ¿feliz? Me detengo al ver el semáforo rojo y volteo lentamente entendiendo porque había regresado antes de que concluyeran los ejercicios RIMPAC y que ya no hablara más de sus compañeros del ejército o que ya se hubiese tardado demasiado en irse. —No puedes dejar que esto te destruya —hablo firme golpeando el volante mientras aceleraba de nuevo—. Te dejé entrar a mi casa porque creí que querías empezar de nuevo aquí pero no puedes hacerme esto cada noche, no puedes irte intentando matarte regresando ebrio en la moto. —¿De la misma forma en que tu lo hiciste con Alex? —responde jalando las palabras. Me muerdo la parte interna del labio pero decido quedarme callada, lo que hice o no hice en su momento y con mi cabeza pérdida parecía lo correcto para aquel entonces. Al llegar al estacionamiento tuve que cargar con el peso muerto de Jay hasta que logré entrar a mi casa y dejarlo caer en su cama y mientras caminaba hacia la mía estuve calculando cuántas horas de sueño me quedaban y así volver a dormir. Doy un sorbo al café terminando el líquido amargo mientras veía a mi hermano entrar con una mano sosteniéndose la cabeza. Extiendo el vaso con jugo de naranja y la pastilla para el dolor hacia él sin decir nada aún. —Debo admitir que ese lugar fue fantástico —habla con una sonrisa. —¿Puedo hacerte una pregunta? —hablo dejando la taza en la mesa. Él asiente, confuso mientras yo tomo una foto y la deslizo frente a él—. ¿Cuándo tomamos esta foto? Su confusión incrementó en cuanto vio lo que le estaba mostrando, fue tomada el día de su cumpleaños, estábamos los dos abrazados sonrientes con un trozo de pastel cada uno. —Fue en mi cumpleaños. —¿Qué pasó dos días después? Una ráfaga de dolor cruzó su rostro haciendo que se endureciera casi al instante. Y a mí me dolió el pecho. —Trataste de quitarte la vida con las medicinas de mamá. —Las malas decisiones que tomamos en los peores momentos tal vez parezcan las mejores pero sólo nos dañan más —hablo dejando la taza a un lado—. Yo me arrepiento ahora de ello, ¿entiendes? Sólo imagina que lo hubiese logrado, ¿qué hubiese pasado contigo y con mamá? Él no responde nada, sólo mira la foto unos segundos más, extiende su mano hacia mí tomando la manga de mi suéter para tirar de el haciendo que me acerque para así abrazarme como si con ello pudiese arreglar todo. Pasó mis brazos por sus hombros correspondiendo el abrazo que él también necesitaba. —Lo arreglaremos Jay —murmuro recargando mi mentón en su cabeza—. Lo prometo. —Gracias, Ryn -responde con la voz neutra. Conocía a mi hermano, en el estado que estaba porque es la misma forma que yo usaba hace unos meses en Nueva York, la misma cosa repetitiva y autodestructiva en una escala diferente. Aunque la verdad, no tengo idea de cómo salí adelante, quiero creer que fue por mi pequeña familia e incluso con el apoyo de Allie quien veló por mí desde el inicio. Dejo a Jay en casa siendo yo ahora la que le marcaría cada tantos minutos para saber cómo estaba y como medida de seguridad para saber que no hiciera alguna estupidez peor que manejar ebrio. Aunque también tuve que prometerle que pasaría por la moto en cuanto saliera del trabajo, así que Ethan fue por mí sin preguntarle motivo de ello. Por mensaje le pido a Allie que si podía visitara a mi hermano en cuanto pudiera sólo para que yo estuviera más tranquila y era claro que aún no podía pedirle a Guillian que fuera, ya suficiente fue que él estuviera durmiendo en mi sillón, dejo escapar un suspiro que no pasó desapercibido a Ethan quién me miró por el espejo pero no dijo nada. Me recargo en el asiento mirando por la ventana sin ningún pensamiento en mi cabeza más que el de concentrarme en cuidar de mi hermano.
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