La Boda de mi Ex

Capítulo Treinta y Tres
Al salir con la tarjeta negra en mano le aviso a Cass que iría al piso 23 y que luego vería un asunto con la hermana de Christian, quién me veía desde mi escritorio. Tomo mis cosas juntos con el casco, cosa que hizo que Morgan preguntara si iríamos en moto aunque le tuve que decir que no, que su hermano le pidió a Ethan que nos llevara. Primero pasamos con Mike quien dijo que todo iba bien, que ya terminaron los ajustes del vestido y quiénes harán el pastel ya tienen el pedido sobre la revelación de sexo del bebé y que mañana se elegirá las flores que se usarán en la iglesia, los centros de mesa y en su ramo. Así que revisando ello bajamos para encontrar al guardaespaldas de Christian, Larch, junto con mi guardaespaldas listos para lo que sería una tarde de compras con Morgan. Así que juntos fuimos a Westfield Century City donde estuve gran parte de mi tiempo aportando opiniones al igual que Ethan sobre vestidos, faldas y blusas consiguiendo un pequeño montón de bolsas de marcas lujosas. Estando en otra tienda Morgan eligió un vestido gris no tan corto con mangas de encaje color negro y al notar nuestra aprobación sonríe. —Necesito pedirte un favor —murmuro mirando hacia arriba a la vez que Morgan corría al vestidor. —¿Cuál? —Que cuides de ella. —Estará bien vigilada —habla sin entender aún—. Sabes que el señor Bornout no la dejaría sola. —Lo sé, pero quiero que alguien conocido cuide de ella. Por favor, Ethan. No confío en el chico. Él suspira rendido pero accede a ir con ellos con tal de que yo pueda estar tranquila, era una de las pocas citas que ella tenía y las anteriores siempre había un fotógrafo intentando avergonzar el apellido Bornout o la dejaban en la cita por lo que esperaba que esta vez saliera bien, por ella. Al acabar de comprar fuimos por un café obligando a Ethan a sentarse con nosotros para evitar dejarlo solo en alguna mesa. —¿Ustedes creen que está mal que Christian y yo mantengamos la relación en secreto en el trabajo? —pregunto soltando la pregunta tras un silencio y volteo a ver a ambos. —Señorita Pryest, no creo que eso sea algo que deba preguntarme —murmura Ethan dejando su vaso en la mesa. —Te lo pregunto porque te considero mi amigo. Él se muestra sorprendido de que lo considerara de esa forma pero es que era en serio mis palabras. Después de convivir tanto con él ya no era como una molestia sino que se había convertido en alguien cercano, un amigo. —Yo creo que sí es malo —responde Morgan atrayendo mi atención—. Digo, en algún punto todo el mundo se va a enterar que lo son, ¿de qué sirve esconderlo si de todas formas lo descubrirán? Es más fácil que se enteren porque ustedes lo dijeron. —Además, el señor Bornout es alguien mundialmente conocido, es probable que ya esté tu cara en alguna noticia o algo —habla Ethan. Le doy un sorbo a mi café pensando en sus palabras, quizá tenían razón. Lo más conveniente era contarles a toda la compañía o bueno, darles a entender que éramos pareja, no había nada de malo en ello, ¿o sí? Al acabar decidí llevar a Morgan a mi casa para que pudiera peinarla, cuando entro miro detenidamente cada cosa que teníamos pero no dijo nada, para ellos era la primera vez que entraban en mi casa y era raro tenerlos aquí pero traté de quitarme aquella sensación, dejamos a Ethan en la sala con una cerveza en mano y el control en la otra para que Morgan se pudiese cambiar en paz en mi cuarto. Le mandé un mensaje a Christian diciendo dónde estaba sin mirar de nuevo por si había contestado. Morgan se vistió con unos pantalones negros rasgado de las rodillas, con una blusa blanca, una cazadora verde militar y unos botines café mientras se quejaba por no saber cómo peinarse por lo que la siento frente al tocador y comienzo rizar su cabello con cuidado haciendo que se noten más sus ondas castañas. —¿Estás lista? —pregunto cuando termino de arreglarle el cabello. —Si, eso creo, sólo estoy nerviosa. —Todo estará bien, ¿okey? —murmuro viéndolo por el reflejo—. Y si necesitas ayuda me mandas mensaje e iré por ti. —¿En serio? —Lo prometo. En cuanto salimos del cuarto Ethan da el visto bueno a su atuendo y antes de irse me vuelve a asegurar que cuidaría de ella, así que cuando se fueron yo tomé el lugar donde mi guardaespaldas estuvo sentados hace unos momentos tomando la bolsa de papas que había dejado a medio terminar cuando la puerta se abre abruptamente dejando entrar un torbellino rubio con un cachorro siguiéndola con un trote alegre. —Levántate y deja de comer papas —recrimina Allie al verme. La miro desafiante mientras tomo un puñado de papas y me las meto a la boca masticando de forma ruidosa, ella sólo bufa y pone los ojos en blanco. —No sé porque me regañas —hablo aún con la boca llena—. Sabes que a mí no me pesa bajar el kilo que subí. Y era cierto. Tenía el milagro de la vida de no subir de peso sin importar cuanto comiera, y si lo hacía era lo mismo que baja casi al instante. —Y eso no cambia el hecho de que debes dejar de comer papas —me arrebata la bolsa—. Vamos a salir, así que cámbiate. —Oh, por el amor de Dios —me quejo levantándome—. ¿A dónde me llevarás ahora? Me toma de la mano llevándome a mi cuarto para abrir mi ropero y comenzar a hurgar en el a la vez que yo jugaba con Kenji quien parecía alegre por volver a estar en mi casa, Allie saca una de mis mochilas pequeñas para lanzármela al igual que un bikini negro. —No voy a usar eso —reclamo al instante. —¿Por qué no? Sólo levanto la playera y ella al instante lanza una blusa blanca holgada que dejaba un hombro descubierto, me pide que me cambié y mientras lo hago la escucho hablar por teléfono diciendo que ya íbamos a bajar. Al salir mientras me acomodo el short noto que ya tenía colgada mi mochila en un hombro y cargaba al cachorro entre sus brazos. El motivo era que iríamos a la Santa Mónica a surfear con Guillian para que no estuviera en casa sola dado que ya estaba acostumbrada a la presencia de alguien más conmigo. En la Jeep de Guil estuve mirando por la ventana mientras los escuchaba hablar sobre un viaje a no sé dónde, al llegar ayudamos a bajar las tablas de surf mientras Kenji corría alrededor nuestro como queriendo que nos apuramos. Al llegar a la playa acomodamos nuestras cosas, yo dejé el teléfono con el sonido al máximo en caso de que Morgan me llegase a llamar. —¿Sabes algo de surf? —Soy de Nueva York, ahí no había mucho con qué o dónde surfear. Él ríe por unos momentos pero decide enseñarme en un curso rápido todo lo básico para poder surfear, Allie estaba en el mar haciendo ver que era demasiado fácil pero cuando entré al agua me di cuenta de que era realmente difícil porque varias veces caí de la tabla sin siquiera poder ponerme de pie hasta después de múltiples intentos en lo que lo logré escuchando los gritos de júbilo de Guil y Allie antes de tirarme al agua. —Deberías ir con nosotros —murmura la rubia cuando nos sentamos en la arena jugando con Kenji—. Te servirá para distraerte. Miro hacia el frente notando al novio de Allie surfeando como el profesional que era, ambos irían a Oahu para disfrutar de las olas. —No iré a hacer de estorbo en su salida, además tengo muchas cosas que hacer aquí —respondo pasando mis brazos por mis rodillas—. Además, necesito organizar algo para el cumpleaños de Christian. —¿Qué se te ocurre? —La verdad, no tengo idea, ¿opciones? Allie dió la opción de una fiesta o una pequeña reunión con los amigos cercanos lo que me hizo recordar uno de los lugares a donde lleve a Anne para ver donde sería la recepción de su boda y decidí que era lo que haría para ese día importante.
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