La Boda de mi Ex

Capítulo Treinta y Dos
Vuelvo a gruñir claramente molesta moviendo todas mis cosas del tocador del baño, abriendo los cajones y quejándome en voz alta cada vez que no encontraba un dije que mi madre me dió hace unos años.  —¿Estás segura de que lo empacaste? —grita Jay desde la cocina—. Tal vez se quedó en Nueva York. —¡No! Estoy segura de que lo guardé —Pues andar refunfuñando y lanzando todo no hará que aparezca por arte de magia.  Gruño una vez más mientras salía de mi baño y me asomaba debajo de mi cama tomando la caja de madera que tenía algunas joyas que nuestra abuela dejó antes de morir y que ahora era mía. La abro moviendo los pocos collares y pulseras pero me detuve abruptamente al encontrar una caja de terciopelo negro que no había visto antes. La tomo entre mis manos y la abro con cuidado notando el diamante brillando entre dos esmeraldas pequeñas, dentro de la tapa que contenía el anillo traía granado tres palabras: ¿te casarías conmigo? Sabía de quién era y hacía quién iba dirigido porque parecía que la letra la había escrito en papel para mandarlo a grabar dentro de la caja.  —¿Lo encontraste? Reaccionó a su voz cerrando la caja para lanzarla debajo de la cama pero metiendo el anillo en mi bolsa y cerrándola. —No, no lo encontré —murmuro con la sensación de querer huir.  Me levanto tomando mi bolsa y saliendo del departamento ignorando a mi hermano en el camino, subo a mi camioneta aventando la bolsa al asiento del copiloto y salgo sin siquiera molestarme en la camioneta negra que tardó unos segundos en seguirme, hoy prefería tampoco ver a Ethan quién era claro que iría a decirle a Christian. Sentía que la pequeña caja negra me quemaba y golpeé el volante con fuerza, ¿cómo es que podía existir un anillo de compromiso del que nunca me llegué a enterar? ¡Dios te maldiga Alexander! Pienso en mí manejando por otro rato hasta que entró al estacionamiento del edificio y parando en mi lugar.  Ahora, ¿a quien se supone que le diría de esto? A Jay era claro que no lo haría porque él entraría en cólera y es la misma situación que se aplicaba a Christian y no podía hacerlo tampoco con Allie porque no estaría un par de días porque mi vecino se la llevó junto con Kenji y dos tablas de surf.  —¡Eryn!  Me detengo antes de pasar por los revisores para voltear a ver a Ethan acercarse a mí con paso rápido. —¿Se encuentra bien?  Medio asfixiada. Desesperada por borrar la sensación de estar atrapada de nuevo en sus redes. —Bien. Él no dice más, sólo me deja continuar mi camino aunque me di cuenta que él sabía que no estaba bien y que había algo molestándome. Pasó por los revisores y tomo el elevador marcando mi piso, cuando salgo paso directamente a mi escritorio sin saludar a Cass quien parecía estar bastante ocupada, me dejó caer en mi silla dejando escapar un suspiro.  —¿Estás bien? —pregunta la pelirroja alzando la mirada de sus papeles.  —Si, es sólo que descubrí algo que probablemente no debía descubrí y que está arruinando mi día. —¿Tan malo es?  —Como no tienes idea. Pongo mis brazos en la mesa para recargar mi cabeza en mis manos sintiendo como crecía el dolor de cabeza. Está vez parecía que iba a necesitar un poco más que el medicamento para la ansiedad aunque el sonido de las puertas del elevador abriéndose me distrajo lo suficiente. Sabía que era Christian llegando, Cass se levanta para recibirlo a la vez que yo lo hacía con movimientos lentos con tal de que no se mostrara mi malestar pero sólo logré que me mirada por varios segundos deteniendo si avanzar frente a mí. —No te ves muy bien. —Le aseguro que lo estoy, señor —murmuro con la mayor sinceridad que podía fingir mientras usaba el escritorio como punto de apoyo.  —¿Qué tienes? —pregunta rodeando mi escritorio para pararse frente a mí.  Miro hacia a un lado notado como la británica se mostraba sorprendida por la actitud de Christian hacia mí, sin embargo él no pareció molestarle mucho.  —Cass, está es una situación en la que requiero que olvides que soy tu jefe por unos segundos. Estoy saliendo con Eryn, quiero saber si mi novia realmente está bien y no, no quiero que nadie se entere por ahora de esto, ¿entendido?  Sin esperar una respuesta pasa su brazo por mi cintura junto con mi bolsa y me guía hacia su oficina cerrando la puerta dejando a Cass totalmente desconcertada por lo que acaba de pasar, él me sienta en la silla frente a su escritorio dejando mis cosas en la mesa y sentándose frente a mí, abre mi bolsa sacando el frasco de pastillas aunque en vez de dármelo vuelve a meter la mano para sacar aquello que me tenía en tan mal estado. Lo abre leyendo las palabras escritas y por un momento sonríe.  —¿No crees que es muy pronto para que me pidas matrimonio? —bromea con alegría—. Aún no conozco a tu madre ni tú a mis padres, cariño. Lo miro unos instantes deseando contagiarme de su sonrisa alegre y que realmente fuese de esa forma, que mi nerviosismo se deba al hecho de querer casarme con él pero la vida no ha jugado en mi favor últimamente, sabía que no debía mentirle porque eso sería peor, respiro hondo y hablo: —Ese anillo no es para pedirte matrimonio por más que quisiera hacerlo —murmuro viéndolo fijo con la sensación de querer llorar—. Lo encontré esta mañana. —¿Y de quién es?  —La letra es de Alexander.  Su rostro se contrae con la sola mención del nombre mientras cerraba la caja que hace unos momentos lo había hecho sonreí de una forma maravillosa, no era difícil sacar la conclusión de que en algún punto pude haber sido la que estuviera en lugar de Anne. La que estuviera organizando su boda, viendo cada detalle buscando la perfección. Siento las lágrimas bajar por mi rostro al pensar en ello, no como si me doliera no serlo sino por el recuerdo de alguna vez quererlo. Cierra la caja dejándola en la mesa y se acerca a mí para abrazarme, fue eso lo que hizo que empezara a llorar.  —Haremos esto —habla separándose un poco de mí—. No te puedo dejar sola ahora así que cancelaré la junta de hoy e iremos a mi casa, ¿está bien? —No, esa junta es importante y lo sabes —murmuro negándome—. Es algo importante, llamaré a Jay si eso te consuela.  —No te voy a dejar sola. —¡Y yo no voy a dejar que detengas tu vida por mis problemas! Ve la junta, estaré aquí hasta que Jay venga y te avisaré cuando esté con él.  Sabía que era difícil para él dejarme así pero no podía detener sus asuntos de empresario porque su novia se encuentre perturbada por un anillo que quién sabe cuánto tiempo tenía guardado sin que supiera. Así que al final se rindió, me pidió miles de veces que le avisara cuando mi hermano me recogiera y que iría a verme a mi casa en cuanto saliera, también que hablaría con Cass para disculparse por su trato e informar de que me iba. Cuando él salió, me di cuenta que la caja mágicamente había desaparecido de dónde lo había dejado, algo que me alegro dado que el simple hecho de cargarlo ya me fastidiaba lo suficientemente. Pero lo que hice fue tomarme una de las pastillas y me di cuenta de que pronto tendría que pedir más de ellas. Cass entró minutos después para informarme de que mi hermano ya estaba en camino, que Ethan había ido por él y prometió que no diría nada de mi relación con Christian pero que realmente estaba alegre de ver al señor Bornout con alguien. Al sonar mi teléfono con el aviso de la llegada de Jay tomo mis cosas y salgo de la oficina, al salir me di cuenta de que mi camioneta estaba afuera, me subo en al asiento del copiloto en silencio. En cambio, él encendió el motor y comenzó a manejar llevándome por las calles de una ciudad casi idéntica a Nueva York con un destino incierto del cual está vez no tenía ganas por saberlo pero no me costó descifrarlo mucho al notar que me estaba llevando al bosque nacional de Los Ángeles. —Christian dijo que tuviste un ataque de ansiedad —comienza a hablar cuando nos metemos casi siendo rodeados por naturaleza al instante—. ¿Qué ocurrió? —Lo mejor sería que te detuvieras —murmuro decidida mirando por la ventanilla—. Eres más peligroso cuando vas al volante. —Sabes que soy un excelente conductor, te consta.  —Él está en Los Ángeles.  No tuve que decirle a quien me refería ir al instante hizo presión en el volante haciendo que sus nudillos se tornaran blancos por la fuerza que estaba ejerciendo.  —¿Por eso traes una nueva cicatriz? —comenta viéndome por un segundo notando que me había quedado congelada mientras que instintivamente cubría mi cintura—. Soy tu hermano, Eryn, y esperaba que realmente confiaras en mí. —¿Cómo lo supiste?  —Una vez te quedaste dormida en el sillón, y al llevarte a tu cama me di cuenta de ello. ¿Tienes idea de que tan mal me hace sentir?  Me di cuenta de que pisó el acelerador tal vez de manera inconsciente pero yo si me había dado cuenta de ello. Era esa fase en la que se enojaba tanto consigo mismo que hacía cualquier estupidez. —No te dije por eso mismo, además está vez están Allie y Christian.  —Vaya sorpresa, ¿no? ¿Dónde estaba él cuando te hicieron eso?  —No puedes juzgarlo sin saber la historia completa, Jason. Noto que estaba acelerando aún más de lo permitido y por un momento olvidé sobre lo que estábamos peleando.  —Jason, baja la velocidad —pido con miedo viendo la flecha moviéndose cada vez en aumento.  —Es que se supone que por eso te mudaste aquí, para tener una mejor oportunidad de vida, no para encontrarte con ese bastardo de mierda que lo único que hice fue lastimarte de nuevo. —¡Jason! —chillo. Sin siquiera darnos cuenta nos habíamos metido al carril contrario, mi hermano gira el volante haciendo que demos un giro brusco. Me pego lo más que pueda al asiento hasta que se detiene dejándonos en la lateral de la carretera, todo el coraje o la molestia que sentía se había esfumado sin más. Con cuidado me quito el cinturón y abro la puerta bajando para quedar casi arrodillada en la hierba, era uno de los peores días de mi vida. Escucho la puerta abriéndose, cuento los 8 pasos que dió y se sienta junto a mí con el cabello despeinado y las manos temblorosas.  —Christian fue a verme cuando le dije que no iría a trabajar el día siguiente de que me hizo esto —hablo calmada sin voltearlo a ver—. Trajo un doctor, se quedaba conmigo medio día, traía de comer y vigilaba que no cometiera estupideces. —Prometí que no dejaría que te hicieran daño de nuevo y ve lo que te ocurrió cuando me fui. —No estuve sola, Allie y Chris estaban conmigo siempre. Sólo, no quise decirte porque sabía que te sentirías decepcionado contigo mismo cuando la verdad es que no deberías hacerlo, eres el mejor hermano del mundo muy a pesar de todo —hablo tomando su mano para darle un apretón—. Sigo aquí gracias a ellos ahora pero tú siempre estuviste conmigo desde el inicio.  Ambos nos quedamos sentados en silencio tomados de la mano sintiendo el viento en la piel y el ahora a tierra húmeda y vegetación que brindaba el bosque, ninguno se movió, sólo miramos hacia el frente. Nunca lo culpé por lo que me había pasado tanto hace un año como hace unos meses. Siempre lo consideré como un salvador a fin de cuentas porque en realidad él había sido quien me sacó de todo como siempre lo había sido. El hermano perfecto que pude tener en la vida y esperaba entendiera ello.
Descubre más en Bookista
Descarga la app y continúa leyendo
La Boda de mi Ex

Populares

Populares

close 0/500